Existe la creencia generalizada de que en el África subsahariana no existían civilizaciones dignas de tal nombre antes de la llegada del “hombre blanco” y que el estado caótico actual no es fruto del saqueo colonizador sino a una especie de caracter particular de los africanos. Esta falsedad es en parte fruto de una enseñanza absolutamente eurocéntrica y, por qué no decirlo, racista.
Sin embargo, en cuando ahondamos un poco en ese gran mapa dibujado con tiralíneas que es África, encontramos multitud de formas estatales que, en algunos casos, fueron capaces de importantes logros culturales. Destaca, por ejemplo, el relato del viaje a la Meca de Kango Musa, emperador de Mali que como buen musulman decidió emprender la que debe haber sido la peregrinación más cara de la historia. Y es que piadoso sí, pero modesto no, el buen señor decidió acompañarse por cosa de cien camellos cargados d eoro, diez mil esclavos, criados… todo un ejército que atravesaría el sahara, el Mogreb, Egipto, Medina y, por fin, La Meca. No es de extrañar que los árabes quedaran boquiabiertos.
Imperio de Mali en tiempos de Kango Musa
Kango Musa (1307-1332), simboliza el apogeo del Imperio de Mali, una potencia que llegó a controlar el extremo sur del Sahara Occidental, desde Gao hasta el mar. De esta forma, Mali se aseguraba el lucrativo papel de intermediario entre las minas de oro del Golfo de Guinea y los mercados árabes del norte de África. Tan importante era este tráfico que gran parte del oro de las monedas que corrían por el occidente medieval (incluida la Cristiandad) eran originarias de esta región y las ciudades de las que partían las caravanas hacia el norte eran ciudades cosmopolitas fueron comparadas por los árabes con los puertos más transitados del Mediterráneo, sólo que más allá de sus puertas se extendían kilómetros de arena, y no de mar. Al regreso de su viaje, Kango Musa, trajo multitud de eruditos y arquitectos que provocarían el florecimiento de la legendaria Tombuctú, la ciudad que se convirtió en la capital del Islam en mitad de una región todavía entonces dominada por el animismo y cuyas bibliotecas se harían famosas incluso en el muy lejano Oriente.
Tombuctú
No podían saber, sin embargo, lo poco que le quedaba al Imperio de Mali para iniciar su declive. Los marineros portugueses durante las décadas siguientes irían abriendo rutas comerciales directas entre el oro guineano y Europa. A la pérdida del monopolio comercial le seguiría durante los siglos siguientes un golpe todavía más brutal, la trata de esclavos que sembraría el caos en la región hasta fomentar el crecimiento de los violentos ashanti.
Emperador de Mali representado en mapa medieval
MÁS SOBRE EL ÁFRICA SUBSAHARIANA


