El Rey Arturo de los ashanti

¡Aquí estás!

Osei Tutu, historias tuyas oigo sin cesar

¡Cuán famoso eres! tantas son tus leyendas

como las hojas

de tres árboles enteros.

Oigo sin cesar cuentos sobre ti;

sólo me impediría escucharlos la muerte.

Al oírlos, se oye la tensión del combate,

la energía del valor,

la escala de la grandeza[…]

Estos versos tan sólo son los primeros de una de las numerosísimas composiciones épicas que los ancianos ashanti recitan de memoria. Si los ashanti fueran un pueblo europeo, su cruel y despiadado imperio sería conocido por todos. Pero son africanos.

Lo que sabemos de los ashanti comienza en torno al sXII cuando se asentaron en la cuenca del río Volta, en las selvas que se encuentran entre la Costa de Oro y las sabanas que se abren a las rutas comerciales del Níger al sur y la legendaria Tombuctú al norte. Formaban parte de un pueblo más grande denominado Akan que por entonces se dividió entre los que se quedaron allí y los fanti que siguieron emigrando hacia la costa.

Los ashanti se organizaron en ciudades-estado que guerreaban entre sí sin que ninguna pudiera imponerse sobre las demás, si bien dos de ellas consiguieron una cierta hegemonía, obligando a las demás a convertirse en vasallas de una o de la otra.

Y en esas estaban cuando, desde finales del sXV, sus primos de la costa empezaron a comerciar con unas extrañas criaturas de piel pálida que llegaban en enormes casas flotantes y que estaban obsesionadas por el oro. La tierra de los ashanti estaba repleta de minas de oro y los recién llegados venían con extraños artilugios que maravillaban a los ashanti. El comercio, con los fanti como intermediarios, no tardó en organizarse provechosamente para todas las partes.

Pero apartir de mediados del sXVI los europeos empezaron a querer algo más que oro. El comercio de esclavos se convirtió en algo mucho más rentable y no dudaron en entregar armamento moderno a los fanti a cambio de su cruel mercancia.

Los fanti empezaron a realizar expediciones cada vez más atrevidas, y no tardaron en atemorizar a los ashanti que se veían incapaces de defenderse. Los fanti llegaban con lanzas que escupían fuego y que rompían a los escudos más poderosos, y se llevaban a los ashanti a un lugar del que jamás regresaban… El terror se extendió por el corazón de los ashanti.

Los tiempos desesperados se caracterizan por servir para convertir a personas comunes o incluso mediocres en héroes, Wiston Churchill podría ser un ejemplo cercano. Los ashanti tuvieron su héroe. Desde Asafo, una de las ciudades-estado menos importantes, Osei Tutu se levantó contra ashanti y fanti por igual.

Sorpresivamente, consiguió matar al poderoso rey de Denkira y en poco tiempo creará una confederación ashanti que aglutinará a todo su pueblo contra los fanti. Era Osei Tutu un guerrero legendario, cuando su brazo caía, las cabezas rodaban. Cuando su brazo se alzaba, el terror se apoderaba de sus enemigos. En una ocasión clavó una espada y dijo “¡aquí se fundará Kumasi, la capital de todos los ashanti!” y la clavó tan firmemente que todavía hoy los orgullosos ashanti muestran la empuñadura en el suelo. En una ocasión reunió a todos los jefes y reyes de los ashanti al pie de un gran árbol y estos pudieron ver como el cielo se enfureció, los truenos resonaron por todas partes y el viento encolerizado les llenó de polvo. Una banqueta dorada, cubierta de oro bajó del cielo y se convirtió en el asiento de Osei Tutu. Nadie jamás le puso en duda en vida, y cuando murió su respeto era tanto que ningún otro ashante volvió a sentarse jamás en su banqueta. De hecho todavía hoy es colocada la banqueta en un trono propio, al lado del trono en el que se sienta el rey de los ashanti.

[…]Su poder puede anular los presagios de los sacerdotes;

captura a los sacerdotes y les arrebata sus campanillas.[…]

Poema ashanti que describe como es un buen rey

El actual rey de los ashanti, junto al trono que soporta la banqueta dorada de Osei Tutu

Más allá del mito, Osei Tutu debió aprovechar la desesperación de sus compatriotas para que estos aceptaran la unión. Con la fuerza de todos los ashanti consiguió derrotar a los fanti y con la colaboración del mago Anokye, especie de mago Merlín Ashanti, organizó desde la nada todo un aparato imperial. El Imperio Ashanti manifiesta la originalidad (en África) de ser un Imperio profundamente civil en el que los poderes religiosos siempre estuvieron supeditados. El estado era lo principal para los ashanti, y así lo fue durante siglos.

Dame la salud y la fuerza,

y dale también la salud al rey,

y al pueblo,

y a las mujeres,

y a los extranjeros establecidos en la ciudad.

Que puedan las mujeres llevar hijos y los hombres

acumular riquezas.

Si alguien le desea mal a la ciudad,

que ese mal recaiga sobre él mismo.

Oración ashanti.

Se creo un sistema de funcionarios imperiales que gobernaron el Imperio. La sucesión recogió la herencia matrilineal de los ashanti, siendo la madre del rey (o su hermana, en su defecto) la que decidía el nombre del sucesor.

Pero poco duró la decepción para los europeos. Si los ashanti habían demostrado ser demasiado buenos guerreros como para ser esclavizados, habría que utilizarlos como esclavizadores. Y los europeos tenían con qué pagar bien sus servicios. El Imperio Ashanti empezó a rebuscar formas de conseguir esclavos.

ashant1.jpg

Los ashanti ya conocían la esclavitud temporal por deudas, pero para satisfacer las demandas europeas comenzaron a endurecer sus leyes, conmutando las penas de muerte por la de esclavitud (y multiplicando los delitos que conllevaban pena de muerte). En su afán por no detener nunca el flujo de esclavos, los reyes llegaron a provocar sublevaciones en sus propios territorios para luego obtener gran cantidad de esclavos al sofocarlos. Todo una ironía para una Confederación que fue creada para evitar que los ashanti fueran esclavizados.

Pero la principal fuente de esclavos para los ashanti provino de las continuas guerras que mantuvieron con sus vecinos, guerras provocadas por un mero afán esclavista. Con los fanti de intermediarios, los europeos proporcionaron a los ashanti gran cantidad de armamento moderno para facilitarles su tarea. Los perseguidos se habían convertido en perseguidores.

La presencia de los fanti fue siempre enojosa para los ashanti, que hubieran preferido tratar con los europeos directamente sin intermediarios. Pero los europeos, en el fondo, le tenían miedo a los ashanti y, desde luego, no querían un imperio organizado en contacto con sus fuertes y colonias. Así que no estaban dispuestos a permitir que los fantis fueran conquistados.

Hasta que las guerras napoleónicas dio a los europeos algo más importante en que pensar. La coyuntura fue aprovechada por el rey Tutu Kwamina (más conocido como Osei Bonsu) que le dio al Imperio su máxima extensión al conquistar e incorporar al imperio a los fanti. Los europeos desde entonces se vieron obligados a tratar con ellos directamente, y el gobierno británico llegó a enviar un embajador a Kumasi, Thomas Bowdich se convertiría en el primer europeo en pisar la capital de los ashanti.

Pero el Imperio Ashanti había alcanzado su cima. Los británicos estaban dispuestos a acabar con el inhumano comercio de esclavos y desde el 1807 se dio la orden a su armada de perseguir los barcos negreros en todos los mares. Apartir de 1815 la orden se convirtió en efectiva al poder regresar la flota inglesa a la Costa de Oro tras sus campañas europeas.

El cese del comercio de esclavos arruinó a la economía ashanti, que tampoco podía apoyarse en unas minas de oro cada día más exhaustas. Pero todavía eran un imperio considerable, Osei Bonsu viviría su último momento de gloria al derrotar una expedición británica que pretendía expulsarles de la costa en 1824. El rey ashanti bebería en una copa formada con el cráneo del gobernador británico McCarthy.

Escena de mercado en Kumasi

Osei Bonsu murió poco después, librándose por lo tanto de ver la derrota que sufriría su sucesor apenas dos años después. Desde entonces y por cincuenta años, la frontera se estabilizará quedando la costa en manos británicas.

El rey Kofi Karikari (1867-1874) intenta recuperar la grandeza de su decadente imperio reconquistando parte de la costa, pero la respuesta británica será muy dura y los ingleses llegarán a conquistar y saquear Kumasi. Desde entonces las obras de arte ashanti se venderán por Europa. El duro tributo impuesto por los ingleses obligará a Kofi Karikari a saquear las tumbas de sus antepasados, provocando una sublevación que acabará con su vida y que iniciará una etapa de inestabilidad hasta que en 1888 Kwaku Dua III, con apoyo británico, se asentará en el trono. Kwaku Dua III tras un postrer intento por librarse del protectorado británico, será también depuesto en 1896 y la Confederación Ashanti se declarará oficialmente extinguida y la familia real será deportada a las islas Seychelles.

Todavía habrá, sin embargo, un último episodio de rebeldía bélica ashanti. En 1900 el gobernador británico comete la terrible blasfemia de sentarse sobre el trono de Osei Tutu y en tres días la noticia (y la revuelta) se ha extendido entre todos los ashantis. Un año necesitarán los ingleses para volver a derrotarles. Pero el trono habrá desaparecido sin dejar rastro, y ninguna pesquisa británica servirá para descubrir su paradero.

La banqueta dorada de los ashanti, desaparecida durante 35 años

En 1935, los británicos permiten el regreso de la familia real ashanti y Sir Agyeman Prempeh II es coronado rey. El título de “Sir” lo dice todo sobre su docilidad. Para la ocasión, sorpresivamente, el trono de Osei Tutu volvió a aparecer de donde fuera que los ashanti lo hubieran escondido. Con todas sus piezas de oro en su sitio.

En la actual Ghana, el rey de los ashanti no tiene ningún poder real, pero su voz sigue siendo tomada en consideración y con respeto por parte de los ashanti.

Osei Tutu, historias tuyas oigo sin cesar[…]

¡Oh, arco iris, que te curvas

sobre el cuello de las naciones!

Todos los pueblos hablan de Osei Tutu […]

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