Algunas cifras sobre la “trata de negros”

6 noviembre 08

El comercio de esclavos africanos no sólo fue un acto de crueldad extrema en sí mismo, si no que además, produjo grandes males en las regiones afectadas.

Las personas raptadas eran transportadas a grandes barcos y nunca jamás volvía a saberse de ellos. Esto despertó un terror supersticioso entre los nativos que en su pugna por por mantener la libertad o por arrebatársela al vecino llevaron al continente a un estado de caos sin precedentes. Podríamos decir, que todavía no ha sido resuelto. Vigorosas sociedades y civilizaciones incipientes fueron arrastradas a una destrucción prematura y todo el continente vivió un gran retroceso tanto en nivel de vida como en fuerza civilizadora.

Naturalmente, la esclavitud ya existía desde mucho antes, tanto en Europa como en África, pero se trataba de una esclavitud doméstica, con poca repercusión económica. Apartir del sIX, los árabes del norte y el este de África empiezan a comprar esclavos, dando pie al surgimiento de los primeros estados esclavistas en lugares como el Valle del Níger, el Sudán, el Cuerno de África o en el extremo sur del Sahara (Songhai).

Era la esclavitud que buscaban los árabes distina a la que querrían luego los europeos. Las mujeres eran más apreciadas que los varones, y generalmente los esclavos no eran destinados a trabajos extenunantes (con excepciones). En cualquier caso, la esclavitud anterior al gran comercio atlántico no tuvo las repercusiones que esta tendría sobre los estados subsaharianos.

La cifra de esclavos comprados por los árabes no empezaría a reducirse hasta bien entrado del sXIX, pero apartir del sXVI los europeos superarían su importancia como clientes. El dudoso honor de iniciar este comercio lo tiene Portugal, que ya en 1444 realizó su primer cargamento. La colonia portuguesa en Santo Tomé se convertiría, a su vez, en la primera gran economía de plantación de caña de azucar basada principalmente en el trabajo esclavo.

Los primeros colonos españoles y portugueses en el continente americano se encontraron con serias dificultades a la hora de esclavizar a los nativos. Tanto por motivos legales como, simplemente, porque fueron exterminados en gran medida. Como lo que no iban a hacer era ponerse a trabajar, decidieron comprar esclavos procedentes de allí donde se vendían tradicionalmente, África.

Fue el inicio de la que, seguramente, haya sido la mayor tragedia sufrida por este continente… Y ya es decir.
Es muy complicado establecer cifras fiables sobre la trata de esclavos africanos. Pocas veces hay documentación apropiada, y cuando la hay no tiene en cuenta el contrabando que, sabemos, llegó a ser muy importante. Basándose en distintos estudios, Marc Ferro hace las siguientes hipótesis:

*Esclavos comprados por los árabes antes de la llegada de los europeos: entre 3,5 y 10 millones.

*Esclavos deportados por los franceses: no inferior a 1.200.000

*Esclavos deportados por los ingleses: cifra muy superior a 4.000.000

*Trata portuguesa: 2.250.000

Esclavos deportados durante:

*sXVI

Por los árabes: 900.000

por los europeos: 900.000

*sXVII

Por los árabes: 700.000

por los europeos: 1.800.000

*sXVII

Por los árabes: 700.000

por los europeos: 6.100.000

*sXIX

Por los árabes: 1.800.000

por los europeos: 3.300.000

*Total sXVI-sXIX

Por los árabes: 4.100.000

por los europeos: 12.100.000

DESTINOS:

colonias españolas en América: 1.600.000

Brasil: 4.000.000

Caribe británico, francés, holandés y danés: 3.700.00

EEUU: 500.000

Mortalidad aproximada de los esclavos durante el traslado: como mínimo más optimista, un 10%

UNA NOTA SOBRE LA ESCLAVITUD EN EEUU

Es importante señalar las diferencias de trato en unos lugares y en otros. Por ejemplo, en 1860 la población de origen africano en los EEUU rondaba los 3.000.000, seis veces superior al número de africanos que habían sido transportados. En cambio, en Jamaica, la población esclava era dos veces menor que la cantidad de africanos trasladados a la isla.

Esto es así porque en EEUU en general, el trato recibido por los esclavos fue algo menos brutal que en el área del Caribe. Y (para los amantes de las teorías raciales en que, supuestamente, algunos pueblos europeos hicieron mejores colonialismos que otros) al hablar del área del Caribe estamos incluyendo las posesiones españolas (Cuba, Santo Domingo), las francesas (Haití), las portuguesas (Brasil), las holandesas (Curaçao) y las británicas (Jamaica)

El hecho de que los esclavos fueran mejor tratados en EEUU que en el área del Caribe no se debe tampoco a la bondad intrínseca de estos, sino a otros factores. Generalmente, las explotaciones norteamericanas eran mucho más pequeñas que las grandes plantaciones antillanas y, al contrario que sus homólogos coloniales, los propietarios de esclavos estadounidenses solían vivir en la misma explotación, cerca de sus esclavos. Por otra parte, las plantaciones coloniales solían ser atendidos por grupos de cincuenta o más esclavos, mientras que en EEUU lo normal era que un propietario no tuviera más de cinco.

Si convives con tus esclavos, no es buena idea llevarles a tal grado de desesperación que no les importe las consecuencias de cortarte el cuello por la noche. Además, si sólo tienes cinco esclavos, sale más caro maltratar físicamente a uno de ellos hasta el punto de que no pueda trabajar al día siguiente.

Tampoco debemos olvidar que los jóvenes señores estadounidenses crecían y jugaban con los hijos de los esclavos de sus padres, que un día serían de su propiedad. En EEUU se creó un paternalismo inédito en el resto del área esclavista en el que los propietarios se veían a sí mismos como patrones benevolentes que buscaban elevar el nivel espiritual de sus esclavos.

Probablemente, a todo esto se debe que en el Caribe hayan pervivido tantos rasgos culturales africanos y en EEUU no.

Por último, breve cronología de la abolición de la esclavitud:

1772: en el Reino Unido un juez proclama la libertad de un esclavo que había huído. Apartir de entonces se considera (aunque muchas veces no se cumpla) que todo esclavo que pise las islas británicas es automáticamente libre.

1788: Se funda un Comité para la abolición del comercio de esclavos en el Reino Unido. Un grupo de esclavos liberados por los británicos se establecen en Sierra Leona.

1788: Se funda en París la Sociedad de Amigos de los Negros

1791: Insurrección de los esclavos de Santo Domingo

1792: Dinamarca prohibe el tráfico de esclavos.

1793: la Convención decreta la abolición de la esclavitud en Francia y sus colonias.

1802: Napoleón Bonaparte reestablece la esclavitud

1807: El Reino Unido prohibe la trata.

1808: EEUU prohibe la trata.

1812: La Constitución de Cádiz otorga a los mulatos de las colonias españolas los mismos derechos civiles que al resto de ciudadanos, pero les niega el derecho al voto.

1815: Tratado de Viena. Se firman acuerdos para abolir la trata.

1817: Francia prohibe la trata.

1833: Queda abolida la esclavitud en todas las colonias británicas.

1848: Queda abolida la esclavitud en todas las colonias francesas.

1851: Queda abolida la esclavitud en Venezuela.

1853: Queda abolida la esclavitud en Argentina (donde nunca fue importante, por otra parte).

1857: El Imperio Otomano prohibe la trata.

1863: Holanda prohibe la esclavitud en sus territorios y colonias.

1865: Finaliza la Guerra de Secesión Estadounidense, la esclavitud queda abolida en todo el pais.

1867: España prohibe la trata.

1870: España prohibe la esclavitud en Puerto Rico.

1880: España prohibe, teóricamente, la esclavitud en Cuba pero se mantiene bajo una trampa legal a la que se denomina “patronato”.

1886: España prohibe definitivamente el “patronato”, con esto queda suprimida la esclavitud en España y sus colonias.

1888: Brasil prohibe la esclavitud.

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Etiopía, un reino cristiano al sur del Islam

29 julio 08

Dos ilustraciones sacadas del Baul de Josete

(sin su permiso, espero me perdone)

Cuando el Cristianismo primitivo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano, gozaba de una organización mucho más flexible que la actual. No existían la figuras del Papa de Roma ni del Patriarca de los cristianos ortodoxos, que surgirían posteriormente, y cada obispado tenía una gran libertad. Algunos de estos obispados, como el de Alejandría, se convertirían en importantes focos espirituales capaces de crear sus propias versiones del cristianismo, “herejías” se diría poco después.

Los obispos de Alejandría desarrollaron el llamado cristianismo monofista, que afirma que Cristo en realidad no sufrió nada de nada al ser crucificado. Y es que su naturaleza divina absorvió a su naturaleza humana (monos-fisis una-naturaleza). La influencia de Alejandría y su monofismo se extendió no sólo por Egipto sino por gran parte del África del norte y hacia el sur por la Nubia y la actual Etiopía.

Será así como los misioneros egipcios entrarán en contacto con el reino de Aksum.

EL REINO DE AKSUM

En torno al sI d.C. la ciudad de Aksum (en la actual Etiopía) crea en torno así un pequeño reino destinado a convertirse en la potencia comercial dominante del Mar Rojo. Financiados por el marfil del interior de África, los mercaderes de Aksum establecieron importantes relaciones con las provincias orientales del Imperio Romano, las vecinas ciudades árabes y los lejanos mercaderes de la India. Parece ser que la cristianización de Aksum se produce en torno al sIV, en cualquier caso, está suficientemente arraigada como sobrevivir a la destrucciónd el reino (por motivos desconocidos) poco después de la invasión islámica de Egipto (sVII).

El cristianismo de Etiopía comienza entonces su larga andadura en solitario manteniendo sólo contactos ocasionales con los cristianos ortodoxos de Bizancio (aunque abundantes con los cristianos coptos de Egipto, gracias a la tolerancia de que tradicionalmente gozó este país).

ETIOPÍA POST-ASKUM

Los nuevos reinos surgidos al sur mantendrán la tradición cultural y religiosa de Aksum (hasta el punto de que existen teorías que hablan de una migración)

Al igual que hicieron los reinos cristianos europeos, los reinos de Etiopía elaboraron sus propios santuarios y lugares de tradición sagrada. Destacan por ejemplo las once iglesias escavadas en la roca en torno al sXIII, con paredes hermosamente pintadas, que todavía hoy son lugares de peregrinación. Una de estas iglesias está dedicada al arcángel Gabriel y otra al arcángel Rafael, siendo las únicas iglesias que yo conozca dedicadas a ángeles. No es de extrañar por otra parte, ya que según cuentan estos arcángeles, junto a un grupo de ángeles y querubines, se tomaron la molestia de bajar a la tierra para ayudar a construir dichas iglesias.

Otro constructor célebre fue San Jorge, patrón de Etiopía, que se pasó por la región para ayudar con la excavación de las iglesias y construir el sistena de drenaje que, todavía hoy, sigue funcionando.

El aislamiento de los etiopes, fomentó el florecimiento de toda una tradición literaria que fue capaz de realizar grandes obras como el Kebra Nagast, epopeya compuesta durante el sXIV en el que nos narra la historia desde sus reyes. Reyes, por cierto, a los que hacen descender del Rey Salomón y la Reina de Saba.

El sXV trajo para la política exterior de Etiopía importantes cambios. Por una parte, Bizancio acabó cayendo bajo el poder de los turcos, y por otro lado los comerciantes portugueses, que buscaban el legendario Reino del Preste Juan (un reino cristiano más allá del mundo islámico, que cosas ¿verdad?), establecieron contacto con Aksum.

En un intento por acercarse a Roma, los reyes de Aksum impulsaron el culto a la Santa Cruz y a la Virgen, hasta entonces desconocidos en el país (los cultos, no la Cruz y la Virgen, evidentemente). Pero el cristianismo de la región seguiría desarrollando su propia línea que todavía hoy sigue diferenciándole bastante del catolicismo.

Uno de los muchos obeliscos levantados por los habitantes del reino de Aksum. Hasta hace poco se creían anteriores a la cristianización (quizás por su evidente influencia egipcia) sin embargo hoy se sabe que la mayoría se levantaron en una época en la que el reino ya había sido convertido.

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Y a todo esto… ¿por qué Roma?


Cuando Kango Musa peregrinó a La Meca

21 julio 08

Existe la creencia generalizada de que en el África subsahariana no existían civilizaciones dignas de tal nombre antes de la llegada del “hombre blanco” y que el estado caótico actual no es fruto del saqueo colonizador sino a una especie de caracter particular de los africanos. Esta falsedad es en parte fruto de una enseñanza absolutamente eurocéntrica y, por qué no decirlo, racista.

Sin embargo, en cuando ahondamos un poco en ese gran mapa dibujado con tiralíneas que es África, encontramos multitud de formas estatales que, en algunos casos, fueron capaces de importantes logros culturales. Destaca, por ejemplo, el relato del viaje a la Meca de Kango Musa, emperador de Mali que como buen musulman decidió emprender la que debe haber sido la peregrinación más cara de la historia. Y es que piadoso sí, pero modesto no, el buen señor decidió acompañarse por cosa de cien camellos cargados d eoro, diez mil esclavos, criados… todo un ejército que atravesaría el sahara, el Mogreb, Egipto, Medina y, por fin, La Meca. No es de extrañar que los árabes quedaran boquiabiertos.

Imperio de Mali en tiempos de Kango Musa

Kango Musa (1307-1332), simboliza el apogeo del Imperio de Mali, una potencia que llegó a controlar el extremo sur del Sahara Occidental, desde Gao hasta el mar. De esta forma, Mali se aseguraba el lucrativo papel de intermediario entre las minas de oro del Golfo de Guinea y los mercados árabes del norte de África. Tan importante era este tráfico que gran parte del oro de las monedas que corrían por el occidente medieval (incluida la Cristiandad) eran originarias de esta región y las ciudades de las que partían las caravanas hacia el norte eran ciudades cosmopolitas fueron comparadas por los árabes con los puertos más transitados del Mediterráneo, sólo que más allá de sus puertas se extendían kilómetros de arena, y no de mar. Al regreso de su viaje, Kango Musa, trajo multitud de eruditos y arquitectos que provocarían el florecimiento de la legendaria Tombuctú, la ciudad que se convirtió en la capital del Islam en mitad de una región todavía entonces dominada por el animismo y cuyas bibliotecas se harían famosas incluso en el muy lejano Oriente.

Tombuctú

No podían saber, sin embargo, lo poco que le quedaba al Imperio de Mali para iniciar su declive. Los marineros portugueses durante las décadas siguientes irían abriendo rutas comerciales directas entre el oro guineano y Europa. A la pérdida del monopolio comercial le seguiría durante los siglos siguientes un golpe todavía más brutal, la trata de esclavos que sembraría el caos en la región hasta fomentar el crecimiento de los violentos ashanti.

Emperador de Mali representado en mapa medieval

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Dr. Livingstone, supongo

26 enero 08

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El Dr. David Livingstone

El Dr Livingstone era el más famoso y popular de los exploradores británicos. Un buen día salió de Zanzibar en dirección al Lago Tanganika y, seis años después, seguía desaparecido.

Ni que decir tiene que muchos le daban por muerto. Especialmente desde que varios miembros de su expedición regresaron a la costa y afirmaron que le habían visto morir.

En ese momento es cuando el señor Henry Stanley (con el tiempo, llegaría a ser Sir), periodista americano, comienza su narración:

“El 16 de octubre del año 1869, cuando me hallaba en Madrid, y en mi casa de la calle de la Cruz, me presentó mi criado, a eso de las diez de la mañana, un parte telegráfico expedido por el señor James Gordon Bennet, director del New York Herald, de quien yo era corresponsal. Rasgué el sobre y leí lo que sigue: “Vuelva a París, asunto importante”

Dos horas después tenía ya recogidos mis libros y papeles, cerradas las maletas y todo preparado. Como el tren correo no salía hasta las tres, quedaba todavía algún tiempo disponible, que aproveché para ir a despedirme de mis amigos.

[…]

Cuando llegué a París, fui directamente al Gran Hotel, donde estaba alojado entonces el director de New York Herald; llamé a su puerta, y contestó una voz:

-Entre.

El señor Bennet estaba ya acostado; pero se puso al momento su bata y me preguntó vivamente:

-¿Quién es usted?

-Stanley.

-¡Ah! ya sé; tome asiento; se trata de confiarle una misión importante. ¿Dónde piensa que se halla Livingstone?

-Verdaderamente, no puedo decirle nada, caballero.

-¿Cree que ha muerto?

-Es posible que sí; puede ser que no.

-Pues a mí me parece que está vivo y que se le podría encontrar y le envío en su busca.

-¿Al centro de África? ¿Su intención es que emprenda semejante viaje?

-Sí; deseo que parta, que encuentre a Linvingstone, y que traiga de él todas las noticias que pueda recoger; y … ¡quien sabe!… quizá se halle muy necesitado el infatigable viajero. Llévese todo cuanto pueda serle útil, guíese por sus propias ideas. Haga lo que mejor le parezca; pero encuentre a Livingstone.

-¿Y ha reflexionado, caballero, los gastos que ocasiona este viaje?

-¿Cuánto piensa que costará?

-Burton y Speke gastaron de tres mil a cinco mil libras, y yo temo que se necesitarán al menos dos mil quinientas para emprender semejante expedición.

-¡Pues bien! voy a decirle lo que debe hacer: tome ahora mil libras; cuando estén gastadas gire una letra por otras mil, y luego una tercera, y así sucesivamente; pero encuentre a Livingstone.

-¿Debo ir directamente en su busca?

-No; primero asistirá a la inauguración del Canal de Suez, y desde allí reomntará el Nilo: he oído decir que Baker iba a marchar hacia el Alto Egipto, y por lo tanto convendrá que se informe lo mejor posible acerca de su expedición. […] Terminada esta primera parte de su cometido, será bueno que vaya a Jerusalén, […] Luegopasará a Constantinopla […] Pasando por Crimea, visite lso campos de batalla, y diríjase enseguida al Cáucaso hasta el mar Caspio […] Después se irá a la India, cruzando por Persia; en Persépolis podrá escribir una carta interesante. Bagdad está en su camino […] Y cuando esté en la India se embarcará allí para reunirse con Livngstone. Y ahora, amigo mío, buenas noches; páselo bien, y que Dios lo bendiga.”

¿Es esto el comienzo de una novela? En realidad no, aunque se parezca mucho. Es el inicio del libro que Henry Stanley escribió sobre su más famoso viaje. Uno de los viajes más espectaculares que jamás se han emprendido y que le llevó por primera vez al interior de África, pasando por regiones que jamás había visto ningún “hombre blanco” y donde encontró, vivo, al Dr Livingstone.

Pero empecemos por el principio. El Dr Livingstone era un pastor protestante que quería, bienintencionadamente, llevar el cristianismo a los paganos africanos. Para ello buscaba una ruta de acceso al interior del continente que permitiera la llegada de misioneros.

Siguiendo este propósito ya había atravesado el desierto del Kalahari (en la actual Sudáfrica) demostrando que no era, como se pensaba, el extremo sur del desierto del Sahara y que no estaba desértico todo el centro del continente (así de desconocida era la geografía africana). Había explorado también el río Zambezee y había descubierto las Catarátas Victoria.

Estos viajes habían servido para darle la fama, pero no le habían permitido encontrar una ruta cómoda para acceder al interior del continente. Con esta intención viajó hacia el Tanganika.

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Durante la segunda mitad del sXIX, el interior de África fue dejando de ser un enorme espacio en blanco y poco a poco los europeos fueron construyendo mapas del continente. En la imagen aparece un mapa a mitad del proceso.

Henry Stanley, como nos cuenta en su libro, se encontró con África de casualidad. Como buen periodista, nos cuenta con estilo ameno y entretenido los pormenores de sus desventuras y, hay que decirlo, no oculta su profundo sentimiento de superioridad racial sobre todo aquel que no es de raza europea.

Era su primer viaje al interior de África, y su inexperiencia le costó varios sinsabores. Después de varias semanas dando vueltas, en las que conoció el hambre, la fiebre, la ferocidad de las hormigas y las avispas africanas (nada que ver con las europeas), el ataque de los cocodrilos y los leones, la guerra e incluso una sublevación de sus portadores, por fin encontró a un anciano hombre blanco en un pueblo a orillas del Tanganika:

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“Mientras avanzaba lentamente, pude observar su palidez y su aspecto de fatiga: llevaba un pantalón gris, un chaquetón rojo, y una orra azul con galoncillo de oro. Hubiera querido correr hacia él, pero me sentí cobarde ante aquella multitud; hubiera querido abrazarle, pero él era inglés, y yo ignoraba cómo me recibiría.

Hice, pues, lo que me inspiraron la cobardía y un falso orgullo; me acerqué deliberadamente, y dije descubriéndome:

-¿El Doctor Livngstone, supongo?

-Sí, caballero – contestó con benévola sonrisa, descubriéndose a su vez.

Entonces nos estrechamos las manos.”

Necesariamente debía ser el Doctor Livingstone. No había ningún hombre de raza europea a cientos de kilómetros de distancia. Sus reservas sobre como le recibiría el inglés, puede hoy sorprender, pero no debemos olvidar que no hacía mucho más de cincuenta años desde la última guerra entre el Imperio Británico y su antigua colonia. La gran hermandad que hoy une a ambos pueblos anglosajones proviene principalmente de la II Guerra Mundial.

Stanley encuentra a Livingstone en una situación límite. Enfermo y, tras haber sido robado, prácticamente reducido a la mendicidad. Para Livingstone, la llegada de Stanley fue interpretada como un regalo de Dios, es posible que no hubiera podido sobrevivir sin su ayuda. Con el auxilio del norteamericano, el pastor emprendió su exploración del Lago, hasta identificar (acertadamente) que el río Cazembé no era el Zambeze, como se creía hasta entonces, y llegaron a la conclusión (errónea) de que era un afluente del Nilo (en realidad es un afluente del Congo).

Entonces se separaron ambos viajeros. Stanley, tras cumplir su misión, regresaba a casa. Livingstone por su parte, partía con la intención de despejar el gran misterio que llevaba inquietando a los europeos desde hacía más de dos mil años, los orígenes del Nilo. Nunca lo lograría, moriría años después sin haber vuelto a casa pero tras realizar importantísimos descubrimientos.

Stanley regresaría más adelante a África. Pero con otra mentalidad menos noble. Él mismo lo deja entrever al final de su relato sobre la búsqueda de Livingstone: “Con una suma suficiente, toda África se exploraría sin dificultad, y hasta se conquistaría, se civilizaría; y la veríamos cubierta de hierro en todos los sentidos. […]¿no está abierto para ustedes todo el mundo[…]?”

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Sir Henry Morton Stanley

Cuando realizó su búsqueda de Livingstone, no hubo ningún hombre blanco que contara su actitud con respecto a sus subordinados. Y cuando encontró al doctor, él mismo cuenta que se contuvo en infinidad de ocasiones para no desagradar al pastor.

Pero en su siguiente viaje al Congo, Stanley regresó con varios europeos que hablaron después sobre su injustificada crueldad. Stanley maltrató brutalmente a los nativos, los asesinaba e incluso llegó a arrasar pueblos enteros. Eran unos tiempos muy racistas, en los que se daba por supuesto que los africanos eran gentes inferiores a los europeos, pero aún así el salvajismo de Stanley le hizo perder la gran reputación ganada por su expedición en busca de Livingstone.

En estas condiciones, el Rey de Bélgica, Leopoldo I, le puso al mando de una operación que daría como fruto una de las mayores infamias de la historia de Europa (tiene mérito).

Al frente de un ejército de mercenarios, Stanley sometió brutalmente las tierras que, aproximadamente, hoy corresponden con la República Democrática del Congo (antiguo Zaire), sometiendo a sus habitantes a la esclavitud y matando a miles de personas obligandolas a realizar trabajos forzados. Este territorio fue denominado “Estado Libre del Congo” y no pertenecía legalmente a Bélgica, sino que era oficialmente un estado independiente gobernado por el Rey de los belgas. De esta forma, Stanley y sus secuaces eran libres de sembrar el terror sin acojerse a la legislación belga que, entre otras cosas, prohibía la esclavitud.

El periodista correría más aventuras. Pero seguramente su “Dr Livingstone, supongo” sería la más conocida… y la conquista del Congo la más importante.

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La aventura de Galvao, un pirata en el Caribe del sXX

7 junio 07

(Vale, lo reconozco, el título ha sido un burdo intento de atraerme visitas aprovechando el tirón de Piratas del Caribe III :P, pero tengo buenos pretextos para ello, que así fue definido por el régimen de Salazar)

Acababa de dar inicio el año 1961. Después de la II Guerra Mundial, toda Europa había sido limpiada de esos regímenes fascistas que Mussolinni y Hitler habían sembrado por todas partes. ¿Toda? ¡No! La Península Ibérica resistía todavía a la Democracia, la Libertad y todo lo que tuviera relación con el sentido común. Franco y Salazar, como firmes monumentos a la Sinrazón, habían conseguido salvar a sus régimenes de la oleada antifascista que barrió a los nazis.

Pero los pasajeros del trasantlántico Santa María eran un poco ajenos a todo esto, ya que, aunque el buque era portugués, ellos eran mayoritariamente anglosajones y no vivían en una dictadura política (tan sólo una dictadura económica como bien sabéis).

Así que para ellos fue un tanto sorprendente cuando, en plenas aguas del Caribe, 24 exiliados portugueses y españoles capitaneados por Henrique Galvao asaltaron el barco, se hicieron con él y proclamaron que apartir de este momento cambiaba su nombre por el de Santa Libertade y se colocaba al servicio de la libertad de Portugal, de España y la independencia de sus colonias.

El plan de Galvao era sencillo. El barco tenía destino a La Florida, donde no le esperarían hasta unos días después. Llamando por radio y anunciando problemas técnicos podrían ganar un par de días más, con lo que tendrían tiempo suficiente para alcanzar las colonias portuguesas en África sin que nadie se imaginara su presencia por aquellas aguas.

Una vez en África, Galvao contactaría con elementos del ejército portugués que le estaban esperando, y empezaría una sublevación que, esperaba, se extendiera por el resto del ejército. Sus hombres eran un tanto mayores, pero lo compensaban con sobrada experiencia (la mayoría eran veteranos de tres guerras antifascistas: la “de España” contra Franco, la II Guerra Mundial contra Hitler y Mussolinni y la Revolución Cubana contra Batista) y a Galvao le constaba que entre los soldados más jóvenes, reclutados a la fuerza, no le sería desagradable la posibilidad de un cambio.

Pero hubo un imprevisto en el abordaje. Galvao contaba con que su aplastante superioridad numérica y armamentística fuera suficiente como para que los marinos rindieran el barco sin lucha, al fin y al cabo era un trasantlántico de lujo, no un buque militar. Pero algunos de los marinos estaban armados y se produzco un pequeño tiroteo que acabó con dos de ellos malheridos.

Uno murió poco después, y el otro necesitaba urgentemente ser hospitalizado. Ante Galvao se abrío una horrible disyuntiva. Si tocaba algún puerto para dejar al herido, todo el mundo sabría lo sucedido y no podría llegar en secreto hasta África. Por el contrario, no podía dejar morir a aquel hombre. No sólo por motivos humanitarios, también porque para su causa era fundamental ganarse la simpatía del mundo libre, y realizar asesinatos de civiles no era el mejor camino para ello. Así que el Santa Libertade desembarcó a su herido en la primera isla que se encontró, y los periódicos de todo el mundo contaron la historia al día siguiente.

Ahora la disyuntiva se creo en otras esferas. Reinaba por la Casablanca el Presidente Kennedy, un hombre que tenía muy claro que eso de la libertad y la democracia estaba muy bien para que se lo creyera el vulgo, pero que lo realmente importante era luchar contra la Unión Soviética. Y claro, el gobierno de Salazar era un fanático enemigo de la URSS ¿por qué permitir al pueblo luso tener una democracia? ¿y si le daba por votar a alguien que no viera tan mal a los rusos? No, no, no podía permitirse que la aventura de Galvao tuviera éxito, no fuera a ser…

Pero claro, Galvao se había presentado como un defensor de la libertad. Trataba con gran amabilidad a los pasajeros secuestrados, comportándose como un verdadero gentleman ¡hasta hablaba inglés a la perfección!. Se ganó el corazoncito del pueblo norteamericano y para un presidente tan populista como Kennedy no era fácil ir contra él de una forma directa. Ante esta incertidumbre, la armada estadounidense se dedicó a conocer en cada momento la localización del trasantlántico y a facilitarle esa información a sus buenos amigos en Portugal.

Para su desesperación, Galvao vio como un destructor norteamericano le seguía permanentemente. Sabiendo que le sería imposible evadirse de un buque mucho más rápido que el suyo, decidió tomárselo con filosofía y se dedicó a invitar al almirante estadounidense a tomar el té. Este tuvo la ocurrencia de aceptar (varias veces) y de relatar a la prensa norteamericana lo maravilloso anfitrión que era el portugués, para desesperación de Kennedy. Le sería imposible criminalizar a Galvao.

Por si fuera poco, un periodista norteamericano cometió la audacia de saltar en paracaidas sobre el buque, y Galvao le concedió una entrevista, total, por ese buque ya pasaba todo el mundo. Lo de desembarcar en África cada vez se ponía peor.

Pero los días fueron pasando mientras el buque seguía rumbo a África, y la situación era cada vez más insostenible. Empezaba a existir una cierta presión mediática relacionada con los pasajeros. Vale que les tratara como un gentleman, pero eran personas con sus vidas que seguramente querrían salir del peligro. Por otra parte, se encontraba cerca un buque de la armada portuguesa y no parece que su almirante quisiera tomar el té con Galvao.

Al final Galvao tuvo que rendirse a la evidencia y giró rumbo a Brasil, para dejar marchar a los pasajeros y luego volver a África. Como era de esperar, le resultó imposible. Fuerzas portuguesas se quedaron esperando al trasantlántico dispuestos a echarlo a pique en cuantito saliera a aguas internacionales. Ya no tenía pasajeros que sirvieran de escudo.

Se dice (aunque yo nunca he encontrado confirmación) que la URSS tenía en la zona tres submarinos nucleares con órdenes (y capacidad) de defender al Santa Libertade. Pero si los rusos intervenían, los yankees se verían legitimados a hacerlo a su vez. Al fin y al cabo, la justicia internacional estaba con Salazar, el Santa María era un buque portugués que había sido asaltado ilegalmente.

Galvao comprendió que no tenía sentido seguir con este asunto y acepto el asilo político que le ofreció el gobierno brasileño para él y sus hombres.

Visto con perspectiva, aquello parece una loca aventura, absolutamente romántica y, como suele suceder, con casi ninguna opción de haber tenido éxito.

Sin embargo, no debemos olvidar que ese ejército con el que Galvao quería contactar fue el mismo que acabaría derrocando a Salazar. El 25 de abril de 1974 los jóvenes soldados que no querían ir a África a luchar por una patria que no les representaba, ocuparon los principales edificios de Lisboa y salieron a la calle a decirle a la ciudadanía que, por primera vez en 50 años, el ejército portugués estaba con ellos y no contra ellos. Se cuenta que una anciana le dio a un joven soldado un clavel y que este lo puso en su fusil, muchos siguieron su ejemplo y desde entonces ese día impresionante ha sido conocido como La Revolución de los Claveles.

[ACTUALIZACIÓN: Johansolo me chiva que existe un documental sobre este tema. Aquí tenéis un link que me ha dado él por si queréis, ejem, si queréis saber más cosas sobre el domcunetal.]

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Sahara Occidental. El proceso descolonizador pendiente.

17 abril 07

Esta historia comienza en Berlín. El año 1885 acababa de nacer cuando trece países europeos y uno norteamericano, acordaban el futuro de África. Ningún africano fue invitado a la conferencia.

En suerte (o en mala suerte) la costa situada frente al archipiélago canario fue asignada a España. España distaba mucho de ser una gran potencia, pero se las arregló para disimularlo (más mal que bien) ocupando los trocitos de África que sus vecinos le permitieron. Para ello tuvieron que morir miles de españoles (de clase pobre) y realizarse innumerables campañas militares que, en algunos casos, fueron desastrosas. Sin olvidarnos del derroche de gran cantidad de dinero que nunca fue recuperado.

El entonces llamado Sahara Español no era un territorio demasiado rico, únicamente destacaba por dos recursos naturales que, todavía hoy, siguen sembrando la polémica: sus fosfatos y sus caladeros de pesca. Los habitantes del territorio, los saharauis, eran pueblos nómadas a los que, en cierta medida, se les obligó a sedenterizarse.

Y así pasaron los años, y llegó la Segunda Guerra Mundial, y tras ella, las potencias europeas se fueron retirando de África iniciándose el llamado proceso descolonizador. A veces por las buenas, a veces por las malas, entre los 40, los 50 y los 60, todos los países europeos se retiraron de África.

Pero existían dos excepciones. Los atrasados gobiernos portugués y español no estaban por la labor. Pero algo empezó a cambiar en los 70. Las guerras coloniales en África le costaron a Salazar su puesto y provocaron en Lisboa la Revolución de los claveles, probablemente la revolución más maravillosa de la historia de Europa. Con tres décadas de retraso, Portugal también se retiró de África.

Sólo quedaba España. Pero el tiempo corría en contra, los vecinos del Sahara Occidental (Marruecos, Argelia y Mauritania) llevaban décadas de andadura como países independientes y pudieron organizar una estructura militar establecida. Marruecos incluso mantuvo una guerra (todavía no reconocida) contra España por el control del Ifni. Los saharauis por su parte, bajo la dominación española, no pudieron preparar ningún tipo de defensa.

En 1975 el general Franco encontró la muerte y millones de esperanzas se abrieron para el pueblo español. Marruecos supo aprovechar la circunstancia para organizar la llamada “Marcha Verde”. 325.000 marroquís se dirigieron hacia la frontera con la intención de apropiarse del Sahara Occidental. No llegaron a haber tiroteos, los soldados españoles se limitaron a minar la frontera, colocar carteles advirtiéndolo y esperando detrás. Los marroquís no la cruzaron.

Pero la situación se volvía insostenible por días, Marruecos amenazaba constantemente con la guerra abierta y el fragil gobierno español tenía demasiadas cosas en la cabeza como para meterse en una guerra por unos territorios que, en cualquier caso, seguramente serían abandonados poco después. En los Acuerdos de Madrid, se acordó una administración del Sahara Occidental compartida a partes iguales por España, Marruecos y Mauritania.

Mauritania primero ocuparía su región, pero ante la resistencia saharaui acabaría retirándose. España, por su parte, nunca ha tenido el peso que los Acuerdos le concedían. Marruecos acabó controlando el Sahara Occidental, y hasta ahora.

Los Acuerdos de Madrid reparten la administración, pero deja claro que la soberanía del Sahara corresponde al pueblo saharaui. Existen varias resoluciones de la ONU apoyando la independencia del Sahara. Sin embargo, Marruecos pretende convertir al Sahara en una provincia marroquí y para ello realiza una política de aislamiento del pueblo saharaui que vive en campos de concentración esperando a que la comunidad internacional recuerde la existencia del derecho.

El Sahara, nunca ha sido descolonizado. Es la única región de importancia que todavía no lo ha sido. Marruecos nunca ha tenido derecho sobre la soberanía del Sahara y la legislación internacional es muy clara al respecto.

Hasta ahora, uno de los principales escollos diplomáticos entre Marruecos y España era que España se negaba a reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sahara. Pero el señor Zapatero ha resuelto ese problema hace poco. Por primera vez, un presidente del gobierno español ha reconocido en un mitin la soberanía marroquí sobre el Sahara.

Supongo que semejante barbaridad está relacionada con la obsesión de Zapatero por ser amigo de todo el mundo. Todo el mundo que sea poderoso, por supuesto. Quedar bien con el perseguido pueblo saharaui no es relevante.


El Rey Arturo de los ashanti

8 abril 07

¡Aquí estás!

Osei Tutu, historias tuyas oigo sin cesar

¡Cuán famoso eres! tantas son tus leyendas

como las hojas

de tres árboles enteros.

Oigo sin cesar cuentos sobre ti;

sólo me impediría escucharlos la muerte.

Al oírlos, se oye la tensión del combate,

la energía del valor,

la escala de la grandeza[…]

Estos versos tan sólo son los primeros de una de las numerosísimas composiciones épicas que los ancianos ashanti recitan de memoria. Si los ashanti fueran un pueblo europeo, su cruel y despiadado imperio sería conocido por todos. Pero son africanos.

Lo que sabemos de los ashanti comienza en torno al sXII cuando se asentaron en la cuenca del río Volta, en las selvas que se encuentran entre la Costa de Oro y las sabanas que se abren a las rutas comerciales del Níger al sur y la legendaria Tombuctú al norte. Formaban parte de un pueblo más grande denominado Akan que por entonces se dividió entre los que se quedaron allí y los fanti que siguieron emigrando hacia la costa.

Los ashanti se organizaron en ciudades-estado que guerreaban entre sí sin que ninguna pudiera imponerse sobre las demás, si bien dos de ellas consiguieron una cierta hegemonía, obligando a las demás a convertirse en vasallas de una o de la otra.

Y en esas estaban cuando, desde finales del sXV, sus primos de la costa empezaron a comerciar con unas extrañas criaturas de piel pálida que llegaban en enormes casas flotantes y que estaban obsesionadas por el oro. La tierra de los ashanti estaba repleta de minas de oro y los recién llegados venían con extraños artilugios que maravillaban a los ashanti. El comercio, con los fanti como intermediarios, no tardó en organizarse provechosamente para todas las partes.

Pero apartir de mediados del sXVI los europeos empezaron a querer algo más que oro. El comercio de esclavos se convirtió en algo mucho más rentable y no dudaron en entregar armamento moderno a los fanti a cambio de su cruel mercancia.

Los fanti empezaron a realizar expediciones cada vez más atrevidas, y no tardaron en atemorizar a los ashanti que se veían incapaces de defenderse. Los fanti llegaban con lanzas que escupían fuego y que rompían a los escudos más poderosos, y se llevaban a los ashanti a un lugar del que jamás regresaban… El terror se extendió por el corazón de los ashanti.

Los tiempos desesperados se caracterizan por servir para convertir a personas comunes o incluso mediocres en héroes, Wiston Churchill podría ser un ejemplo cercano. Los ashanti tuvieron su héroe. Desde Asafo, una de las ciudades-estado menos importantes, Osei Tutu se levantó contra ashanti y fanti por igual.

Sorpresivamente, consiguió matar al poderoso rey de Denkira y en poco tiempo creará una confederación ashanti que aglutinará a todo su pueblo contra los fanti. Era Osei Tutu un guerrero legendario, cuando su brazo caía, las cabezas rodaban. Cuando su brazo se alzaba, el terror se apoderaba de sus enemigos. En una ocasión clavó una espada y dijo “¡aquí se fundará Kumasi, la capital de todos los ashanti!” y la clavó tan firmemente que todavía hoy los orgullosos ashanti muestran la empuñadura en el suelo. En una ocasión reunió a todos los jefes y reyes de los ashanti al pie de un gran árbol y estos pudieron ver como el cielo se enfureció, los truenos resonaron por todas partes y el viento encolerizado les llenó de polvo. Una banqueta dorada, cubierta de oro bajó del cielo y se convirtió en el asiento de Osei Tutu. Nadie jamás le puso en duda en vida, y cuando murió su respeto era tanto que ningún otro ashante volvió a sentarse jamás en su banqueta. De hecho todavía hoy es colocada la banqueta en un trono propio, al lado del trono en el que se sienta el rey de los ashanti.

[…]Su poder puede anular los presagios de los sacerdotes;

captura a los sacerdotes y les arrebata sus campanillas.[…]

Poema ashanti que describe como es un buen rey

El actual rey de los ashanti, junto al trono que soporta la banqueta dorada de Osei Tutu

Más allá del mito, Osei Tutu debió aprovechar la desesperación de sus compatriotas para que estos aceptaran la unión. Con la fuerza de todos los ashanti consiguió derrotar a los fanti y con la colaboración del mago Anokye, especie de mago Merlín Ashanti, organizó desde la nada todo un aparato imperial. El Imperio Ashanti manifiesta la originalidad (en África) de ser un Imperio profundamente civil en el que los poderes religiosos siempre estuvieron supeditados. El estado era lo principal para los ashanti, y así lo fue durante siglos.

Dame la salud y la fuerza,

y dale también la salud al rey,

y al pueblo,

y a las mujeres,

y a los extranjeros establecidos en la ciudad.

Que puedan las mujeres llevar hijos y los hombres

acumular riquezas.

Si alguien le desea mal a la ciudad,

que ese mal recaiga sobre él mismo.

Oración ashanti.

Se creo un sistema de funcionarios imperiales que gobernaron el Imperio. La sucesión recogió la herencia matrilineal de los ashanti, siendo la madre del rey (o su hermana, en su defecto) la que decidía el nombre del sucesor.

Pero poco duró la decepción para los europeos. Si los ashanti habían demostrado ser demasiado buenos guerreros como para ser esclavizados, habría que utilizarlos como esclavizadores. Y los europeos tenían con qué pagar bien sus servicios. El Imperio Ashanti empezó a rebuscar formas de conseguir esclavos.

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Los ashanti ya conocían la esclavitud temporal por deudas, pero para satisfacer las demandas europeas comenzaron a endurecer sus leyes, conmutando las penas de muerte por la de esclavitud (y multiplicando los delitos que conllevaban pena de muerte). En su afán por no detener nunca el flujo de esclavos, los reyes llegaron a provocar sublevaciones en sus propios territorios para luego obtener gran cantidad de esclavos al sofocarlos. Todo una ironía para una Confederación que fue creada para evitar que los ashanti fueran esclavizados.

Pero la principal fuente de esclavos para los ashanti provino de las continuas guerras que mantuvieron con sus vecinos, guerras provocadas por un mero afán esclavista. Con los fanti de intermediarios, los europeos proporcionaron a los ashanti gran cantidad de armamento moderno para facilitarles su tarea. Los perseguidos se habían convertido en perseguidores.

La presencia de los fanti fue siempre enojosa para los ashanti, que hubieran preferido tratar con los europeos directamente sin intermediarios. Pero los europeos, en el fondo, le tenían miedo a los ashanti y, desde luego, no querían un imperio organizado en contacto con sus fuertes y colonias. Así que no estaban dispuestos a permitir que los fantis fueran conquistados.

Hasta que las guerras napoleónicas dio a los europeos algo más importante en que pensar. La coyuntura fue aprovechada por el rey Tutu Kwamina (más conocido como Osei Bonsu) que le dio al Imperio su máxima extensión al conquistar e incorporar al imperio a los fanti. Los europeos desde entonces se vieron obligados a tratar con ellos directamente, y el gobierno británico llegó a enviar un embajador a Kumasi, Thomas Bowdich se convertiría en el primer europeo en pisar la capital de los ashanti.

Pero el Imperio Ashanti había alcanzado su cima. Los británicos estaban dispuestos a acabar con el inhumano comercio de esclavos y desde el 1807 se dio la orden a su armada de perseguir los barcos negreros en todos los mares. Apartir de 1815 la orden se convirtió en efectiva al poder regresar la flota inglesa a la Costa de Oro tras sus campañas europeas.

El cese del comercio de esclavos arruinó a la economía ashanti, que tampoco podía apoyarse en unas minas de oro cada día más exhaustas. Pero todavía eran un imperio considerable, Osei Bonsu viviría su último momento de gloria al derrotar una expedición británica que pretendía expulsarles de la costa en 1824. El rey ashanti bebería en una copa formada con el cráneo del gobernador británico McCarthy.

Escena de mercado en Kumasi

Osei Bonsu murió poco después, librándose por lo tanto de ver la derrota que sufriría su sucesor apenas dos años después. Desde entonces y por cincuenta años, la frontera se estabilizará quedando la costa en manos británicas.

El rey Kofi Karikari (1867-1874) intenta recuperar la grandeza de su decadente imperio reconquistando parte de la costa, pero la respuesta británica será muy dura y los ingleses llegarán a conquistar y saquear Kumasi. Desde entonces las obras de arte ashanti se venderán por Europa. El duro tributo impuesto por los ingleses obligará a Kofi Karikari a saquear las tumbas de sus antepasados, provocando una sublevación que acabará con su vida y que iniciará una etapa de inestabilidad hasta que en 1888 Kwaku Dua III, con apoyo británico, se asentará en el trono. Kwaku Dua III tras un postrer intento por librarse del protectorado británico, será también depuesto en 1896 y la Confederación Ashanti se declarará oficialmente extinguida y la familia real será deportada a las islas Seychelles.

Todavía habrá, sin embargo, un último episodio de rebeldía bélica ashanti. En 1900 el gobernador británico comete la terrible blasfemia de sentarse sobre el trono de Osei Tutu y en tres días la noticia (y la revuelta) se ha extendido entre todos los ashantis. Un año necesitarán los ingleses para volver a derrotarles. Pero el trono habrá desaparecido sin dejar rastro, y ninguna pesquisa británica servirá para descubrir su paradero.

La banqueta dorada de los ashanti, desaparecida durante 35 años

En 1935, los británicos permiten el regreso de la familia real ashanti y Sir Agyeman Prempeh II es coronado rey. El título de “Sir” lo dice todo sobre su docilidad. Para la ocasión, sorpresivamente, el trono de Osei Tutu volvió a aparecer de donde fuera que los ashanti lo hubieran escondido. Con todas sus piezas de oro en su sitio.

En la actual Ghana, el rey de los ashanti no tiene ningún poder real, pero su voz sigue siendo tomada en consideración y con respeto por parte de los ashanti.

Osei Tutu, historias tuyas oigo sin cesar[…]

¡Oh, arco iris, que te curvas

sobre el cuello de las naciones!

Todos los pueblos hablan de Osei Tutu […]

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