Aborígenes australianos, el delito de no saber cultivar la tierra

30 julio 08

“Este vasto país no era para ellos más que un territorio comunal – no sometían a la tierra a ningún tipo de labor-; su propiedad, su derecho no validan más que los del emú o del canguro. No semetían a la tierra a ninguna labor y esto – y sólo esto- es lo que da derecho a su propiedad […] El pueblo británico […] ha tomado posesión […] y tenía pleno derecho a hacerlo, por la autoridad divina, según la cual se ordenó al hombre avanzar sin dudar, poblar y cultivar la tierra.”

Sydney Morning Herald, 1838

La asociación Generación Robada intenta conseguir un reconocimiento hacia los 50.000 niños que fueron arrebatados a sus padres desde los años 20 hasta… ¡los años 80! Es un paso más en la larga lucha por la justicia de los pueblos aborígenes que tienen la desdicha de vivir en el que (tras el final del apartheid en Sudáfrica) es hoy el país más reaccionario de la Commowealth.

Vamos a intentar resumir brevemente esta lucha.

James Cook durante su expedición en Australia realizó una estimación totalmente equivocada sobre la población de Australia. Seguramente el famoso explorador, lo hizo de forma bienintencionada y dificilmente podría llegar a saber la trascendencia que tendrían sus breves palabras:

El número de habitantes de este país parece ser extremadamente pequeño en relación a su extensión. No hemos visto nunca un grupo que reúna a treinta personas a la vez. […] No obstante, es totalmente cierto que sólo hemos visto la parte oriental de la costa y que entre ésta y la orilla occidental se extiende una inmensa extensión de tierra completamente inexplorada, pero hay buenas razones para creer que ésta o bien está totalmente deshabitada, o bien está poblada aún más pobremente que las partes que hemos visitado.[…] Es cierto que no hemos visto, en todo el país, un solo pie de tierra cultivado, por lo que podemos llegar a la conclusión sin más de que allí donde el mar no contribuye a la subsistencia de los habitantes, el país no está habitado.

Para la mentalidad europea de finales del sXVIII, la posibilidad de que un número grande de personas pudiera subsistir de la caza y la recolección era algo impensable. Los primeros colonos de lo que llamaron Nueva Gales del Sur descubrirían a medias el error de Cook: “La población era más densa de lo que se había creído en general en Europa.” pero “esta observación no debía aplicarse a las partes interiores del continente, pues existían todas las razones para afirmar que, de acuerdo con sus investigaciones y la manera de vivir d elos indígenas, estaban deshabitadas.”

Si la inmensa mayoría de Australia permanecía inhabitada, era justo que los ingleses ocuparan y pusieran en producción toda esa tierra ¿no? Bajo este argumento se ha justificado la apropiación de tierras poseidas por los aborígenes hasta 1992. Apesar de que, evidentemente, Australia no estaba despoblada.

Los primeros colonos australianos quisieron aprovechar las enormes planicies por medio de la ganadería extensiva. Los aborígenes, en un primer momento, no conocían la noción de animal doméstico ni, mucho menos, la de propiedad privada sobre un animal. Así que se dedicaban a cazar al ganado.

Y así nació una leyenda que sirvió desde entonces para acusar a los aborígenes de cualquier desaparición de un animal. Se junta a esta incomprensión la dudosa moral de los colonos (no olvidemos que en un primer momento los colonos australianos fueron principalmente presidiarios). Por todas partes se tomaron medidas destinadas a mantener a los aborígenes alejados del ganado, como se hacía con los lobos. En Queensland se envenenaba a indígenas con cebos y periódicamente se practicaban macabros partidos de fútbol con una cabeza humana como balón. En Australia Occidental se les arrastraba con un caballo hasta su muerte. Además de los asesinatos eran habituales también todo tipo de agresiones sexuales, que los jueces justificaban con un argumento tan absurdo como la escasez de mujeres blancas. En realidad, pocos crímenes cometidos contra un aborígen fue jamás perseguido por la justicia.

No fue nunca expresado de esta forma, pero desde el momento en el que los aborígenes no habían descubierto la agricultura, tenían un estatus de animales. De animales dañinos incluso. Los aborígenes, por su parte, intentaron recurrir a la violencia para defenderse. Se estima que unos 20.000 aborígenes murieron combatiendo, frente a 2.000 – 2.500 europeos.

Muchos australianos vieron sacudirse sus conciencias ante unos atropellos tan evidentes y los defensores de los aborígenes consiguieron que el estado prohibiera expresamente las peores prácticas. Sin embargo, poco podía hacer el estado ante una oposición mayoritaria de la población blanca, como quedó ejemplizado en la matanza de Myall Creek.

En 1838, en Myall Creek (Nueva Gales del Sur) veintiocho aborígenes de todas las edades y de ambos sexos, fueron atados juntos y degollados por un grupo de presidiarios. No era algo extraño, pero esta vez el estado decidió intervenir y once presos fueron inculpados por asesinato. Un movimiento masivo de solidaridad se extendió por todo el país. Irónicamente, el hecho de que se tratara de una práctica habitual fue utilizado en su defensa.

Siete de los once acusados fueron ahorcados, pero los otros cuatro fueron liberados sin ningún motivo lógico para ello. Apartir de este episodio, la impunidad quedó garantizada. De hecho, apartir de la segunda mitad del sXIX, será la propia policia la responsable de las más importantes matanzas. Charles Rowley hablaría de ciertas policías de Queensland con fama de “cumplir su deber con una ferocidad contra natura”.

El mismo Rowley escribiría en 1972 que “hay personas que todavía recuerdan que, cuando eran jóvenes, podían matar a un aborigen con plena impunidad, e incluso legalmente; y hay todavía miembros de tribus aborígenes que se acuerdan de ello”

Sin embargo, la situación de los aborígenes fue evolucionando lentemante. En un primer momento, los australianos bienpensantes llegaron a la obvia conclusión de que no se podía ir por ahí aniquilando seres humanos… así que decidieron integrarlos en reservas donde se verían obligados a aprender, por fin, a labrar la tierra para poder subsistir… Estas reservas se fueron creando en lugares pobres y, por lo tanto, baratos, hasta que la presión de los ganaderos hacía subir su precio, con lo cual las reservas eran vendidas y los aborígenes alejados a tierras de peor calidad. En 1902 más de la mitad de las reservas originales habían vuelto a manos blancas.

Los aborígenes no aprendieron a cultivar la tierra. Probablemente porque jamás se preocupó nadie en enseñarles como. Las reservas se convirtieron en enormes campos de concentración donde miles de aborígenes morían anualmente de hambre, de sed y de enfermedades. Los únicos que consiguieron integrarse de alguna manera en la economía de los blancos fueron los que consiguieron aprender a montar bien y se convirtieron en mozos de cuadra. Como los aborígenes no tenían derechos (apartir de 1836, quedó sentado jurídicamente que, por una parte, no eran súbditos británicos, y que , por otra parte no tenían poder para firmar contratos o prestar testimonios ya que no creían en una divinidad única sobre la que jurar), no era extraño que estos aborígenes trabajadores fueran secuestrados para vivir en una situación cercana a la esclavitud.

Hacia 1880 la mayoría de los aborígenes vivían en lugares muy aislados o en guetos urbanos. La ley de los blancos permitía apalearles, violarles o asesinarles con absoluta impunidad. Existe una rica literatura oral aborígen que habla de estos temas.

Con el cambio de siglo comenzó a producirse un cambio radical en la mentalidad australiana. Frente a la política de exterminio, empezó a optarse por una política racista, pero más humana, de asimilación. Principalmente las mujeres aborígenes y mestizas fueron las más afectadas por esta política, siendo obligadas a trabajar como criadas para así recibir los “beneficios” del contacto con los blancos.

Como el sistema no parecía dar los resultados esperados, es apartir de los años 20 se inició la práctica de secuestrar niños para que fueran educados por familias blancas. Estos niños eran arrancados por la fuerza de sus padres que intentaban esconderles o resistirse violentamente. En algunas ocasiones, estos niños fueron víctimas de malos tratos en sus nuevas familias, incluso se investiga la posibilidad de que muchos de ellos fueran innoculados con enfermedades como la lepra para realizar experimentos médicos. En todos los casos, se cortaba de raiz su contacto con su familia biológica.
Sólo apartir de 1972, el Partido Laborista australiano empezó, poco a poco, a  dar los primeros pasos hacia la justicia. En 1975, se votó un decreto sobre la discriminación racial. Este decreto abrió las puertas para que en 1992 un tribunal produjera la Decisión Mabo, que permitía a los aborígenes por primera vez reclamar sus tierras.  Desgraciadamente, en 1993 el Partido Conservador ganó las elecciones y recortó en gran medida los pequeños éxitos de las décadas anteriores. En 2000, este gobierno recibió la condena del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas. El gobierno respondió que no volvería a escuchar a las Naciones Unidas.

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Midway. El cazador cazado.

22 abril 07

Junio de 1942.

Japón había emprendido la expansión más rápida jamás conocida. En tan solo 6 meses las fuerzas japonesas se han convertido en las dueñas del Pacífico. Desde Birmania hasta las Salomón, desde Nueva Guinea hata las Kuriles, las armas japonesas han logrado impresionantes victorias como el asalto de Singapur, fortaleza considerada inexpugnable.

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Clickear la imagen para observar el Imperio japonés en su máximo esplendor. Nótese la situación de Midway y su proximidad a las islas Hawaii

El Mundo entero está asombrado. Pero, más allá de tan espectaculares resultados, los estrategas japoneses no se hacen ilusiones con respecto a esta guerra. Saben que sólo es cuestión de tiempo que la armada estadounidense regrese al Pacífico. La industria del Imperio Nipón no podía competir con la de sus enemigos, y los japoneses lo sabían muy bien.

Pero los asiáticos tenían a su favor una poderosa ventaja. Construir un barco de guerra de importancia es un proceso sumamente costoso y muy lento. Es cierto que los estadounidenses tenían mayor capacidad de producción, pero necesitarían años para poder construir una flota superior a la que entonces tenía Japón. Y ese plazo aumentaría si los japoneses destruían los barcos estadounidenses según iban saliendo del astillero. Ni que decir que la estrategia de los aliados en el Pacífico había consistido en evitar arriesgar su flota en ninguna batalla decisiva en la que la superioridad japonesa pudiera imponerse. La armada estadounidense se había dedicado a jugar al escondite desde el inicio de la guerra.

Japón tenía un problema. Su Imperio se había convertido en algo inmenso, pero sabía que no podía llegar más allá. Las líneas de suministros eran demasiado largas y cualquier posible nueva incorporación se convertiría en un problema defensivo. Los navíos nipones controlaban el Pacífico, pero cuantas más aguas tuviera que defender, más tendrían que dividirse y, por lo tanto, más posibilidades tendrían de ser derrotados.

General Isoroku Yamamoto

Para los japoneses, sólo existían dos estrategias posibles: Asentar sus conquistas y convertir el Pacífico en un fortín inexpugnable mientras se espera una victoria decisiva de los nazis en Europa. O localizar y destruir la armada estadounidense una y otra vez, hasta obligarles a rendirse. Para cualquiera de las dos estrategias, mantener su poderosa armada sería la clave. Si los japoneses perdían sus barcos, inevitablemente perderían la guerra.

Ambas estrategias tenían sus riesgos, luchar a la defensiva era apostar por la victoria de los nazis, algo que parecía fácil en junio de 1942, pero que todos sabemos que no lo fue tanto. En cambio, forzar el combate contra la armada yankee significaba el riesgo de que en un error de cálculo, estos salieran vencedores. Los japoneses podían ganar decenas de batallas sin ganar la guerra, en cambio una sola derrota podría significar el fin. Estaban indecisos.

En mayo se decidieron a realizar un tanteo, desencadenando una ofensiva en el Mar de Coral, amenazando una posible invasión de Australia. El resultado fue el de una especie de empate técnico, perdiendo un preciado portaviones cada bando. Aunque en realidad era una derrota para Japón (con mucho menor capacidad para construir un nuevo portaviones que su enemigo), esta batalla demostraba que la flota estadounidense seguiría escondiéndose sólo mientras los japoneses atacran islas semi desconocidas. Pero les bastaba amenazar con atacar algún lugar políticamente preciado para ellos para que las órdenes de los estadounidenses fueran la resistencia a cualquier precio, incluyendo la pérdida de su flota.

La política de acoso y destrucción del enemigo era, por lo tanto, viable. Por si fuera poco, el 18 de abril, un grupo de bombarderos yankees hizo lo impensable, soltaron sus cargas explosivas sobre el mismo Tokio. Nada importa que se perdieran todos los aviones en esta loca empresa, el Imperio Japonés había dado muestras de vulnerabilidad y eso era algo que debía ser compensado de alguna forma.

El gobierno se decidió por la alternativa ofensiva. La Armada Imperial debía forzar una batalla decisiva en la que destruir definitivamente a la armada estadounidense. Isoroku Yamamoto, probablemente el mejor general que tenían los japoneses, fue puesto al mando de la operación.

Yamamoto identificó fácilmente cual debía ser el objetivo del ataque. La isla de Midway. En el centro geográfico del Pacífico, Midway era peligrosamente vecina al archipiélago de las islas Hawaii. Si Midway caía en manos japoneses, la defensa de la principal base del Pacífico se vería comprometida. El efecto sobre la moral sería devastador.

Para hacerse con las Midway, Yamamoto estableció un plan sumamente precavido. Su intención era la de intentar tomar la isla, pero sin llegar nunca a arriesgar demasiado sus valiosísimos barcos. Particularmente, Yamamoto estaba preocupado por las escuadrillas aéreas que operaban desde la misma isla. Estas fuerzas podrían ser lo suficientemente importantes como para anular la superioridad de la flota atacante. Así que ideo un plan que, debería impedir a los estadounidenses defender correctamente a Midway hasta que las defensas de la isla hubieran sido barridas.

Los japonoses destacaron una floto de cierta importancia en dirección a las lejanas islas Aleutianas, otro objetivo vital ya que su caída en manos japonesas podría abrir las puertas al ataque sobre Alaska. El ataque sobre las Aleutianas se realizaría a la vez que el primer ataque sobre Midway, de forma que los estadounidenses, en un primer momento, no sabrían cual era el ataque principal y dejarían su flota en reserva esperando a localizar el grueso de la flota japonesa. Cuando se dieran cuenta de que el ataque sobre las Aleutianas en realidad era sólo un farol, los japoneses habrían tenido tiempo para arrasar las defensas de la isla.

Los radares de la época tenían un radio de acción muy pequeño, por lo que la única forma de localizar una flota enemiga consistía en el contacto visual mediante aviones exploradores. En cualquier caso, era muy fácil que la flota japonesa fuera localizada, por lo que Yamamoto dividió las fuerzas que atacarían Midway en tres grupos, con la intención de que si una fuera localizada, los estadounidenses no pudieran darse cuenta de todas formas de la importancia de las fuerzas atacantes.

El primer grupo debería enfrentarse a las defensas de la isla, poco después llegaría el segundo grupo que transportaba soldados destinados a ocuparla. Un poco más atrás se encontraba Yamamoto con el resto de las fuerzas, con la intención de mantenerse alejado para evitar que el enemigo le detectara demasiado pronto y para llegar justo a la vez que la flota norteamericana.

Atolón de Midway

El plan era impecable, un nuevo golpe de ingenio más espectacular incluso que el ataque sobre Pearl Harbour. Tras Midway, los japoneses se tendrían asegurado el dominio de su océano durante varios años, quizás sería el momento para firmar una paz ventajosa.

Pero los planes de Yamamoto se basaban en la suposición de que podrían engañar a sus enemigos. No imaginó que, en realidad, estaban enterados de todo. Desde ya antes de la guerra, el ejército norteamericano había conseguido descifrar los códigos japoneses y pudieron conocer al detalle el plan de Yamamoto contra Midway.
A las 04:30 del 4 de junio, el primer grupo atacante se encontraba a 240 millas al noroeste del objetivo. De sus cuatro portaviones se elevaron 72 bombarderos protegidos por 36 cazas. Tras su salida, empezó a formarse la segunda oleada que despegaría poco después, con 54 bombarderos y 36 cazas. Para proteger la flota tan sólo quedarían 12 cazas. Fuerzas más que suficientes si, como ellos pensaban, no había barcos enemigos cerca.

Pero sí los había. A tan sólo 215 millas de ellos, el almirante Fletcher tenía una fuerza que incluía tres portaviones. Y a las 5:34, un avión de exploración estadounidense perteneciente a esta flota localizaba al primer grupo. Estaba apunto de comenzar la batalla naval más grande de la II Guerra Mundial.

A las 6:28, la primera oleada ataca Midway, pero no encuentra su principal objetivo, los bombarderos norteamericanos no están en tierra como deberían (de hecho, estaban volando contra la flota japonesa). Algo iba mal.

En realidad, la primera oleada de bombardeos norteamericanos no fue capaz de realizar ningún daño, con escasa protección de caza se encontraron con los cazas de la segunda oleada listos para el combate. Y de los 53 que salieron de Midway sólo 3 pudieron regresar, estrellándose, además, uno de ellos en el aterrizaje. Pero ese ataque no debería haberse producido, porque los estadounidenses no deberían conocer su presencia tan pronto. Sin embargo, la marina imperial tendría un nuevo motivo de preocupación cuando, apunto de lanzar la segunda oleada, le llegaría la noticia de que un avión japonés había detectado una poderosa flota enemiga a tan sólo 200 millas dirigiéndose hacia ellos a toda velocidad. El general Nagumo, al mando del primer grupo, dudó entre equipar sus bombarderos con bombas contra Midway o con torpedos contra la flota enemiga. Pero no tuvo tiempo de decidirse ya que poco después llegó la segunda oleada de bombarderos norteamericanos, 16 aviones Dauntless, también sin protección de caza, que tampoco pudieron hacer gran cosa. Sin embargo a las 8:00 la cosa se ponía seria ya que poco después de la retirada de los dauntless, llegaban 16 superbombarderos B-17, volando demasiado alto como para que los cazas japoneses pudieran alcanzarles en tan corto tiempo. También fueron incapaces de acertar a sus objetivos. Pero tanto ataque de aviones contra los japoneses consiguió el objetivo de destruir su iniciativa.

A las 8:09 un avión explorador japonés comete un error de apreciación y afirma que la flota estadounidense carece de portaviones, con lo que Nagumo decidió que primero debía destruir las defensas de Midway y después ya tendría tiempo de enfrentarse a la inesperada flota. Vuelve a equipar a los aviones con bombas, pero a las 8:20 otro avión explorador confirma que los estadounidenses tienen al menos un portaviones, así que la segunda oleada vuelve a ser cancelada. Por si fuera poco, en ese momento se presenta un nuevo problema. La primera oleada regresa desde Midway y las cubiertas deben ser despejadas o los aviones caerán sobre el mar por falta de combustible, lo que significa que no hay tiempo para equipar nuevamente los aviones con torpedos.

Al final Nagumo da la orden de permitir la llegada de sus aviones y aparca los aviones de la segunda oleada. A las 9:18, por fin, despega una nueva fuerza aérea, esta vez irán contra la flota enemiga. Está equipada con 36 aviones equipados con bombas, 54 con torpedos y 12 cazas de escolta (son los únicos que puede enviar ante la presencia de tantos bombardeos enemigos). A las 12:30 Yamamoto es informado de la situación y confirma a Nagumo su decisión de considerar a la flota enemiga la máxima prioridad, a la vez que decide acelerar su avance hacia la isla.

Mientras tanto, los estadounidenses que sabían que habían sido localizados, dividieron su flota para hacerla menos vulnerable. Fletcher quedó al mando del portaviones Yorktown y Spruance se separó con los portaviones Hornet y Enterprise además de varios destructores y cruceros cada uno.

Spruance había calculado lanzar su ataque a las 9:00, ya que entonces estaría lo suficientemente cerca como para que sus cazas pudieran ir y regresar sin problemas. Pero al darse cuenta de que había sido descubierto, decidió apostárselo todo a una carta y envió 119 aviones hacia el objetivo, aún sabiendo que muchos de ellos no podrían regresar. Tan sólo 34 cazas quedaron para protejer la flota, apostando por ser el primero en golpear.

A las 8:38, el Yorktown lanzaba un nuevo ataque a su vez con 35 aviones, reservando una poderosa segunda oleada que atacaría después, esperando encontrar a los cazas enemigos bajos de combustible.

Los aparatos del Hornet no encontraron al enemigo, con la excepción de una escuadra de quince aviones que fue fácilmente destruida a las 9:25 por las defensas de la flota japonesa. Apenas diez minutos después, los aviones del Enterprise atacaban a su vez, con escasos resultados. Spruance había sido el primero en atacar, pero no le había servido de nada.

A las 10:00 llegó la primera oleada del Yorktown, que fue nuevamente rechazada por los exhaustos zeros cuyos pilotos empezaban a dar muestras de agotamiento. Los aviones aterrizaron para recargar combustible. Lo peor parecía haber pasado.

Pero no era así, a las 10:25, 54 bombarderos en picado dauntless llegaron hasta la flota japonesa a más de 3.000 metros de altura, ocultos entre las nubes, los japoneses no les vieron hasta que no era demasiado tarde. Con los zeros en los portaviones, los dauntless atacaron a placer a los portaviones Kaga, Akagi y Soryu. El kaga quedaría reducido a una carcasa flotante, el Akagi quedaría seriamente dañado y el Soryu se hundiría con 2.000 marineros y 200 aviones a bordo.

El resultado fue devastador. De los cuatro portaviones del grupo uno, tan sólo el Hiryu seguía siendo operativo. A las 10:30 del único portaviones que les queda a los japoneses sale un nuevo ataque que conseguiría alcanzar al Yorktown dejando inmovilizado. Pero los americanos conseguirían reparar el barco a las 13:40 lo suficiente como para, con lentitud, pudiera moverse en dirección a Pearl Harbour. Pero los japoneses, aunque seriamente mermados, todavía podrían realizar un nuevo ataque desde el Hiryu, capaz de destruir definitivamente al Yorktown que sería abandonado a las 14:56.

Los japoneses cometieron el error de confundir los dos ataques al Yorktown con dos portaviones distintos, por lo que pensaron que si conseguían todavía dañar seriamente a un tercer portaviones, la lucha estaría reñida y la llegada de Yamamoto sería suficiente como para decidir a su favor la batalla.

El Yorktown ya dañado. Este portaviones había sido ya dañado en la Batalla del Mar del Coral.

Pero la suerte no les acompañaría. A las 15:30 un nuevo ataque desde el Enterprise y el Hornet alcanzaba al Hiryu, envolviéndolo en llamas.

Estando ambos combatientes al límite de sus fuerzas, se produjeron unas horas de tranquilidad. A las 2:55 del día siguiente, Yamamoto daba la orden de retirarse. Los dos únicos portaviones japoneses que seguían a flote, el Hiryu y el Akagi, serían hundidos por los propios japoneses.

La flota imperial perdió cuatro portaviones, la norteamericana tan sólo uno. En tan sólo un día, la superioridad japonesa en el Pacífico había sido destruida. A Japón le esperaba una larga lucha defensiva en la que su única esperanza, cada vez más desesperada, sería la de una rápida victoria nazi en Europa.


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Idrimi, el desconocido rey de Alalakh

16 abril 07

A lo largo de la historia, han existido infinidad de grandes reyes que han aspirado a ser recordados por su gloria durante todas las generaciones venideras… y de los cuales no tenemos la más mínima noticia 🙂

Cosas así se imagina uno cuando se encuentra con incidentes como el del descubrimiento de la estatua del poderoso rey Idrimi, rey de Alalakh, estatua encontrada en 1939 y que, si no tuviera un breve texto explicativo, no sabríamos ni de quien es. De hecho, esta estatua es el único testimonio de la existencia de un tal Idrimi, rey de Alalakh 🙂

La estatua en sí misma representa todo un interesante testimonio del poco conocido Imperio de Mitanni. Un imperio al que le tocó lidiar con hititas, egipcios y asirios hacia la segunda mitad del segundo milenio antes de Cristo.

Idrim, parece ser, era el heredero del reino de Aleppo, pero tuvo que marchar al exilio cuando su ciudad fue invadida por los Mintanni. El joven príncipe debió ser capaz de juntar las fuerzas necesarias como para que los Mintanni le tuvieran en cuenta, y si bien no le devolvieron Aleppo, le colocaron como rey de la ciudad siria de Alalakh (en la actual Turquía), como vasallo suyo.

Siempre todo según lo que este señor cuenta de sí mismo, por supuesto :), el joven Idrimi consiguió, desde la nada, crearse su propio reino que, al menos, debió ser gobernado por un rey más tras su muerte. No sabemos nada de lo que pudo pasar después.

¿Cuantos reyes habrá revolviendose en sus tumbas porque nosotros no sabemos nada sobre su grandeza? ¿se sentirán todavía más ofendidos si, encima, reconocemos que en el fondo, nos importan muy poco? 🙂


La batalla de las Termópilas y los… ¿300?

24 marzo 07

Este es un análisis del cómic y la película desde el punto de vista histórico. Si quieres leer un análisis desde el punto de vista friqui, mejor vete a 300, del cómic a la película. Si quieres leer un comentario político vete a 300, la civilización contra Persia ¿o contra Irán?

De las muchas batallas luchadas en los “pasos calientes”, la más famosa es sin duda la que se libró durante la II Guerra Médica. Desgraciadamente, esta batalla la conocemos casi sólo por lo que escribió sobre ella Heródoto, que nos cuenta algunas cosas dificiles de creer.

El cómic 300 del matrimonio Miller y, por lo tanto, su adaptación al cine se basan en la lectura de Heródoto. Una pena que de la sensación de que no hayan leído nada más.

La historia que nos cuentan y la ambientación con que la rodean tiene muy poco parecido con lo sucedido realmente a principios de aquel sV antes de Cristo. Voy a intentar comparar lo mostrado en 300 con los hechos históricos. Los que no quieran que se les desmitifique la imagen del Rey Leónidas y de los espartanos en general, que no sigan leyendo.

  • ¿”espartanos” o “espartiatas”?. Los espartanos son todos los habitantes de Esparta, los espartiatas son sólo la clase dominante. Leónidas y sus 300 eran espartiatas.
  • Los griegos son la lógica y la razón, los persas lo contrario. En realidad, el Imperio Persa era relativamente benigno. Y desde luego no les daba por quemar ni destruir documentos como se dice en la película. De hecho, los griegos más intelectuales de aquella época eran vasallos de los persas.
  • Los atenienses filósofos. En la película un espartiata llama filósofos a los atenienses. En realidad la misma palabra filósofo es posterior. Fue esta guerra la que le dio a Atenas el prestigio y poder necesario para originar todo su movimiento de pensamiento. Hasta entonces, habían sido las ciudades jónicas, con Mileto a la cabeza, las que habían llevado la iniciativa.
  • La tierra y el agua. Se trataba de la fórmula de sumisión persa. En cualquier caso, era una frase hecha. Evidentemente lo que pedían los embajadores persas que acudieron a Esparta eran un tributo en toda regla.
  • Los embajadores arrojados al pozo. Heródoto nos cuenta que los espartiatas arrojaron dos embajadores persas a un pozo… Pero lo sucedido después resulta bastante menos digno para ellos. Los espartanos se asustaron y enviaron a Jerjes un par de nobles espartanos para que fueran asesinados a su vez como compensación. Jerjes sin embargo, afirmó que él no mataba embajadores. Que eso era propio de salvajes incivilizados.
  • La vestimenta espartiata. No se parece en nada a la real. Ni la militar ni la civil. (modificado) Y, desde luego, los espartiatas no combatían medio desnudos. De hecho eran los más acorazados de todos los griegos.
  • La mujer espartiata. Gozaba de una gran libertad y derechos dentro de lo habitual en aquella época. Pero tampoco exajeremos 🙂
  • Los éforos.Lejos de ser recuerdos degenerados de otros tiempos, eran la institución más democrática de Esparta (no es un gran mérito). Eran elegidos entre los espartiatas, y cualquier espartiata podía ser elegido éforo. Tanto el cómic como la película insisten en que son recuerdos antiguos, de tiempos salvajes y blablabla. En realidad es justo lo contrario, los reyes espartanos es lo que eran un recuerdo de otros tiempos más supersticiosos mientras que la institución de los éforos eran una institución moderna. En tiempos de Leónidas, los éforos eran en realidad los verdaderos gobernantes de Esparta junto a la gerusía (llamada consejo en la película). Los reyes (porque había siempre dos) tenían a la práctica sólo atribuciones militares. Por cierto, el espartiata malo no podía formar parte de la gerusía, era demasiado joven.
  • La carneia. Efectivamente, Esparta nunca combatía durante la carneia. Los atenienses fueron beneficiados por ello durante las guerras del peloponeso.
  • El Oráculo. El oráculo que se nos muestra se parece mucho más al de Delfos que a ninguno espartano. Es el único que yo conozco que se realizaba mediante una joven en trance. Los oráculos que se realizaban en Esparta estaban más relacionados con la disección de aves y cosas de esas. En el cómic la chica es la que trasmite el mensaje, en la película la chica produce unos sonidos ininteligibles y es un sacerdote el que realiza la “traducción”. Esta última versión es la más cercana a lo que sucedía en Delfos.
  • Las monedas. En el cómic las monedas son rectangulares, mientras que en la película son redondas con la cara de Jerjes impresa. No estoy seguro, pero sospecho que el cómic debe estar más aproximado a la realidad.
  • La marcha de Leónidas hacia el norte. Cuando se produjo la coalición griega que debía detener a los persas en las Termópilas, Esparta no envió sus soldados. No conozco los detalles, es posible que la carneia tuviera algo que ver, aunque creo recordar que fue más bien un motivo estratégico (Esparta estaba plagada de esclavos, y las Termópilas era un lugar muy lejano para enviar el ejército). Leónidas, según Heródoto, decidió viajar al norte por su propia cuenta. Los 300 eran su guardia personal, estaban obligados a acompañarle.
  • Los espartanos siempre tienen algo que decir. Es una frase del cómic que, si bien en la película no sale, sí hacen gala de una gran locuacidad. En realidad los espartiatas tenían fama de todo lo contrario. Esparta era la capital de la región llamada Laconia. ¿A alguien le suena la palabra lacónico? 🙂
  • El desembarco persa. En la película, los persas desembarcan al norte de las Termópilas, haciendo que todos nos preguntemos porque no lo hacen al sur :P. En realidad no existió tal desembarco, los persas cruzaron el Helesponto en un puente de balsas y recorrieron a pie la ruta hacia el interior de Grecia.
  • Vasallos de raza negra. Los persas tenían, efectivamente, “más de cien naciones” en su imperio. Pero hasta donde yo sé, no tenían ningún negro entre ellos. Existe la posibilidad de que el ejército de Jerjes incluyera mercenarios nubios, pero tengo mis dudas.
  • “Nuestras flechas taparán el sol” “entonces lucharemos en la sombra”. Estas frases son citadas por Heródoto como reales (aunque no es que Heródoto sea muy digno de crédito). En cualquier caso, es más fácil reirse de las flechas persas cuando uno viste una pesada coraza de bronce que cuando se combate en taparrabos 😛
  • Efialtes. Es el nombre que Heródoto da al pastor que traicionó a los griegos. Pastor local, que no tenía nada de espartano (ni de deforme) que sepamos.
  • Las formaciones griegasSin duda superiores a las persas y gran parte del secreto de los éxitos de Maratón y Platea. Evidentemente, el truco de las formaciones militares consistía en no romperlas a primeras de cambio 🙂
  • Los persas empujados contra el alcantilado. Sospecho que es una referencia a la batalla de Maratón en la que un desembarco persa fue arrojado al mar por las falanges atenienses. Parece rudimentario, pero las falanges griegas tenían una gran capacidad de empuje. Estamos hablando de cosa de 100-200 tíos empujando, y eso es mucha fuerza. Parece ser que eran capaces de volcar a los elefantes.
  • Jerjes. Se hace dificil de imaginar que el Gran Rey se dignara a dirigirse al enemigo de esa forma y, ni mucho menos, a tocarle. En cualquier caso, me gusta mucho más el del cómic que el de la peli. Tiene más dignidad.
  • Los inmortales. Eran el ejército de élite de los persas. El nombre lo dice todo :). Su número se mantenía fijo en 10.000. Tengo la sospecha de que, no debían ser orcos 😛
  • Los estribos. Los caballos de la película, al contrario que los del cómic, no están equipados con estribos. Los estribos fueron introducidos en Europa por los hunos, casi mil años después.
  • Las lanzas. Por primera vez, veo una película en la que los guerreros luchan con lanzas. No como se lucha con lanzas, pero al menos las usan. Me parece una cosa muy positiva.
  • El ejército de Jerjes. No era un ejército de esclavos. Era un ejército de soldados profesionales, más que los espartiatas de hecho, que en realidad eran soldados-ciudadanos.
  • Los espartiatas se quedaron solos defendiendo el paso. En cuando los persas cruzaron las montañas, la resistencia era inútil, pero Leónidas fiel a la filosofía espartana, decidió resistir hasta el final. Se discute si fue un suicidio absurdo o si tuvo algún valor estratégico, es posible que su resistencia permitiera al resto del ejército griego replegarse. En cualquier caso, no fueron sólo 300 espartiatas. Junto a los espartiatas lucharon sus criados hilotas (unos 600, fácilmente) a los que los espartiatas armaron y un número no pequeño de griegos de distintas etnias que se quedaron junto a Leónidas. Si yo fuera uno de ellos, mi espíritu estaría ahora molestando a Miller por ignorarlos de esta manera 😛
  • La batalla de Platea. Efectivamente significó la victoria definitiva de los griegos sobre los persas. Pero llegó después de Salamanina, victoria casi exclusivamente ateniense. Esta guerra marcó el final de la hegemonía espartana e inicio el inicio de la ateniense (hasta las guerras del Peloponeso, pero eso es otra historia 🙂 )

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