La batalla de las salchichas

19 marzo 07

Corría el año 1939 y Europa se encaminaba al desastre.

La Alemania Nazi y la URSS, sorprendieron y alarmaron al mundo al firmar un acuerdo de no agresión. No habría guerra en el Este, y eso implicaba que sí la habría en el Oeste. Además, ambas potencias trazaban una línea que les serviría para repartirse el Nor-Este de Europa. Era el llamado Pacto Molotov-Ribbentrop. Gracias a él, ambas potencias invadieron Polonia provocando que la República Francesa y el Imperio Británico le declararan la guerra a Alemania. Había comenzado la II Guerra Mundial en Europa.

La URSS estaba, de momento, libre del conflicto. Pero no había muchos motivos para estar tranquilos. Stalin consideraba que el Ejército Rojo debía ocupar su parte de Europa del Este de la forma más rápida y eficaz posible. Era importante trasmitirle a Hitler una imagen de fortaleza. No era ninguna tontería, a nadie escapaban las ambiciones de Alemania hacia el Este y durante la I Guerra Mundial, el ejército ruso había demostrado una nula capacidad combativa. Trasmitirle a Alemania la sensación de que la URSS era muy capaz de defenderse era fundamental para evitar una posible invasión.

Mapa del reparto de Europa entre Hitler y Stalin. A la izquierda lo programado, a la derecha lo que sucedió en realidad.

Dentro de esta política, la URSS se apresuró a ocupar, además de la mitad de Polonia, cuatro estados que habían pertenecido al Imperio Ruso: Letonia, Estonia, Lituania y Finlandia. Los tres primeros, incapaces de plantear ninguna resistencia, se vieron obligados a permitir la entrada del ejército soviético y perdieron, de facto, su independencia. Pero Finlandia se negó a rendirse.

Para Stalin, la imagen de gran potencia militar que debía trasmitir al exterior su país era incompatible con un desafío como el de Finlandia. No era algo que estuviera dispuesto permitir. Por otra parte, con un ejército anticuado. Sin apenas capacidad industrial y sin posibilidad de comprar armamento en el extranjero a causa de la guerra entre Alemania y las potencias democráticas ¿acaso tenía Finlandia alguna posibilidad de resistencia?

Las fuerzas soviéticas cruzaron la frontera por seis puntos el 30 de noviembre, tenían orden de acabar la guerra antes de que finalizara el año. Había comenzado la llamada Guerra de Invierno.

En total, los soviéticos llegaron a enviar a Finlandia más de un millón de soldados.

Finlandia tenía un ejército de 180.000 soldados. Mal equipados y peor entrenado, muchos llevaban su propia ropa ante la ausencia de uniformes y una parte no pequeña de ellos no había manejado nunca un arma de fuego. Carecían casi por completo de blindados y de aviación y sus escasos cañones eran más bien antiguos. Tuvieron que enfrentarse a más de un millón de soldados soviéticos, con centenares de tanques y de aviones. Los periodistas extranjeros escribían a sus centrales anunciando una más que segura victoria soviética en muy poco tiempo. Pero los finlandeses no estaban de acuerdo.

Tras un rápido avance inicial, principalmente gracias a que los finlandeses se habían replegado hacia una posición predeterminada, los rusos se encontraron con una fuerte resistencia en la llamada línea Mannerheim.

Los finlandeses, con gran habilidad, ya habían previsto su defensa en torno a la línea fortificada Mannerheim. Gracias a la disposición natural del terreno, a los sistemas de ametralladoras y al extremo clima, la línea se mantuvo en pie durante toda la guerra.

Ante la aplastante superioridad numérica y técnica de los soviéticos, los finlandeses opusieron imaginación, un mejor conocimiento del terreno y, sobretodo, una impresionante tenacidad. Pero posiblemente nada de esto hubiera servido de nada si el extremo clima no les hubiera prestado una ayuda vital.

Aquel invierno fue uno de los más fríos del sXX y las temperaturas por debajo de los 40º bajo cero no fueron extrañas. Los tanques rusos apenas podían progresar en un terreno repleto de trampas ocultas por la nieve. Y, por si fuera poco, los finlandeses empezarían pronto a utilizar una de las armas más rentables de la historia, el cóctel molotov. Si bien no lo inventaron ellos, fueron los fineses los que le bautizaron así en honor al entonces ministro de asuntos exteriores soviético. Un cóctel molotov es fácil de fabricar con productos químicos muy comunes y baratos. Lanzado a corta distancia, demostró ser un arma de gran eficacia a la hora de destruir los carísimos tanques soviéticos.

Ante los estupefactos soviéticos, las líneas finlandesas no sólo no fueron barridas, sino que además mantenían la suficiente iniciativa como para conseguir infiltrarse una y otra vez en las líneas enemigas, realizando labroes de sabotaje, utilizando cuchillos a falta de munición, y robando o saboteando material bélico.

Con el paso de los días, un nuevo problema, más grave todavía, empezó a hacer mella entre las fuerzas soviéticas. Las malas comunicaciones de un país boscoso y nevado, estaban saturadas. Y la munición tenía preferencia sobre la comida y las medicinas. El inmenso ejército soviético empezó a tener serios problemas de abastecimiento. Llegó a haber un momento en el que el rancho del ejército rojo estaba compuesto casi exclusivamente de pan de cebada, y no en demasiada cantidad. Cuando una persona está expuesta a un frío intenso, necesita un gran aporte en proteinas y grasas. Especialmente si, además, realiza un fuerte ejercicio físico. No es de extrañar que la combatividad de los rusos se viera sensiblemente mermada.

Frente a la Línea Mannerheim se estrellaron brigadas y brigadas de soldados… pero una consiguió atravesarla. Protegidos por la niebla y la nieve, un grupo de valientes soviéticos fueron capaces de asaltar la línea, penetrando en las defensas finlandesas y amenazando seriamente con provocar el derrumbamiento de todo el frente. Les bastaba a aquellos soldados mantener su posición mientras llegaban refuerzos y aquel mismo día, todo el ejército finlandés habría sido destruido y la guerra habría terminado. Pero no fue así.

Los hambrientos rusos encontraron en su camino una granja… y de ella salía olor a cocina, sopa de salchichas al parecer. Apesar de la desesperación de sus oficiales, los soldados se precipitaron hacia la granja y llenaron sus exhaustos estómagos, mientras los fineses pudieron reconstruir su línea defensiva. Los soldados aquel día comieron, pero Finlandia no fue derrotada aquel día. Nunca antes unas salchichas habían salvado un país entero.

Tras tres meses de lucha, la URSS y Finlandia acabarían firmando una paz en la que Finlandia perdería el 10% de su territorio (Definitivamente. Al menos hasta hoy). Pero en realidad era una victoria, Finlandia seguiría siendo un estado independiente.

Finlandia perdió un 10% de su territorio, pero conservaría su independencia.

La Guerra de Invierno podría haberle dado una valiosa lección a Hitler, podría haberle mostrado que el frío extremo forma por sí solo una considerable ayuda a un ejército tecnológicamente peor equipado pero con la determinación de resistir. Sin embargo, las conclusiones que sacaron los alemanes fueron muy distintas y equivocadas. No tardaría mucho en mostrarse el resultado.

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