¿Se comió Cronos el pene de Urano?

6 septiembre 09

“[…] engulló el falo [de Urano] , que saltó primeramente al éter[…]”

“del falo del rey primogénito; y de él nacieron todos los dioses y diosas inmortales y felices, los ríos, los amables manantiales y todo lo demás que entonces había nacido; pero él nació solo”

Estos fragmentos han sido encontrados en papiros de época helenísita, relacionados con la tradición órfica. Pero hay indicios que parecen apuntar a que se basan en leyendas más antiguas. En cualquier caso, cabre preguntarse ¿quien engulló el falo de Urano?

De todos es conocida la versión de Hesiodo, la más clásica, en la que Urano es castrado por Cronos, que arroja los testículos de su padre al mar. Después Cronos decide comerse a todos sus hijos según van naciendo, pero su esposa Rea esconde a Zeus y lo cambia por una piedra que Cronos se come sin sospechar. Una vez adulto, con la ayuda de los cíclopes y hecantopiros, Zeus derrota a Cronos y a los titanes, liberando a los dioses que Cronos se había comido y convirtiéndose en el nuevo rey de los dioses.

En la versión de Hesiodo, los genitales  de Urano caen sobre el mar (donde dan origen a Afrodita), pero allí se queda y nadie se los come. ¿De donde viene entonces estos fragmentos de papiros que hablan de que alguien se come el falo de Urano?

RUBENS SaturnoRubbens imaginó así a Cronos comiéndose a sus hijos. En la derecha el dios canibal lleva una guadaña, ya que es un dios agrícola. Con ella cortó los genitales de Urano.

Hesíodo vivió entre los siglos VIII y VII antes de Cristo. Por ponernos en un margen, debió ser un par de siglos después de la Guerra de Troya y todavía faltaban dos siglos para el nacimiento de Sócrates. Cuando hablamos de antigüedades como esta, se nos hace complicado imaginar que hubiera cosas anteriores. Pero, desde luego, las había. Es fácil olvidar que el mundo ya era antiguo en tiempos antiguos, en los tiempos de Hesíodo.

Hesíodo fue un recopilador, no un inventor. Resulta dificil saber qué parte de sus escritos fue aportación suya, pero es probable que fuera una parte muy pequeña.

Hesíodo necesariamente tuvo que basarse en tradiciones anteriores, y esas tradiciones anteriores seguramente eran contradictorias entre sí. En otras palabras, Hesíodo tuvo que descartar versiones de la historia hasta elegir las que a él personalmente le parecieran más acertadas. Sin olvidar que, seguramente, existían otras muchas leyendas que Hesíodo jamás llegó a conocer.

Hesiodo tuvo un gran éxito, por cierto. Desde entonces la versión de Hesíodo fue considerada la verdadera por los griegos posteriores y lo que nos contó Hesíodo (junto a Homero) forman el cuerpo principal de lo que hoy conocemos como mitología griega.

Estamos tan acostumbrados a, cada vez que leemos algo sobre un dios griego, nos aparezca la versión de Hesíodo que resulta fácil olvidar que esos dioses son anteriores a Hesíodo, y sus leyendas también. Siglos anteriores. Quizás milenios.

botticelli_venus

Y así imaginó Botticelli el nacimiento de Afrodita.

Las leyendas en las que se basó Hesíodo eran trasmitidas oralmente, con lo que se ha perdido cualquier posibilidad de conocerlas… salvo por recopilaciones posteriores como, quizás, los fragmentos que inician este artículo y que fueron escritos mucho después de que Hesíodo estuviera muerto. Claro está, esto implica que pueden ser una invención posterior… Pero también puede ser una tradición oral que se haya trasmitido hasta la época helenística. Hay indicios que apuntan hacia ello:

Existe una tableta hitita del segundo milenio antes de Cristo (1.300 años antes de Hesíodo) que muestra curiosos paralelismos con la versión de Hesíodo… y la de los fragmentos.

Según la leyenda hitita, el primer rey del cielo es Alalu, que es vencido por Anu, un dios-cielo (como Urano). Anu es a su vez vencido por el “padre de los dioses” Kumarbi (una posible explicación del nombre Cronos es “padre de los dioses”). Cuando Anu intenta huir de Kumarbi, este le arranca sus genitales de un mordisco y se los traga.

Pero Kumarbi descubre que, a causa de tragarse los genitales de Anu, había quedado preñado del dios de la tormenta (Zeus también es un dios de la tormenta), y que otros dos dioses terribles venían de camino. Ante eso decide escupir el miembro que, al tocar la tierra, fecunda en esta los otros dos dioses. El dios de la tormenta sin embargo, sigue en su interior y Kumarbi acaba por alumbrarle. Con el tiempo el dios de la tormenta vencerá a Kumarbi y se convertirá en el Rey del cielo.

Los paralelismos entre esta leyenda hitita y los mitos griegos son bastante curiosos, para empezar porque no se conocían relaciones entre la mitología hitita y la griega, si bien son pueblos cercanos geográficamente y, no debemos olvidarlo, los hititas eran la potencia cultural y militar dominante de la zona cuando los griegos estaban dando sus primeros pasos agrícolas. En un momento, por lo tanto, en que un pueblo puede ser muy permeable a influencias extranjeras.

En la leyenda hitita,tenemos un dios anterior a Urano, que habría desaparecido en la versión griega. Pero el resto de la secuencia es muy semejante en ambas mitologías. Kumarbi es el padre del “dios de la tormenta” que luego se convierte en el Rey del cielo, al igual que Zeus. Kumarbi al escupir el pene de Anu, habría dado origen a más dioses, igual que Cronos al arrojar el de Urano habría dado origen a Afrodita (aunque el pene de Anu tocó tierra mientras que el de Urano cayó sobre el mar)

Kumarbi, como Cronos, tiene a varios dioses en su interior. Kumarbi porque queda preñado al comer los genitales de Anu, Cronos porque se los come según van naciendo. Del interior ambas deidades salen dioses, de Kumarbi porque los alumbra, de Cronos porque Zeus le abre en canal y los saca. No parece extraño que la leyenda, con el paso de los siglos, se haya ido limando en aquellos puntos más extraños. Por ejemplo, en eso de que un varón se haya quedado embarazado.

Por otra parte, es posible que una sociedad mucho más machista que la griega considerara imposible que los dioses origen de todo hubieran surgido de una mujer, por muy diosa que fuera. El asunto de que Cronos se hubieran comido los genitales de Urano también puede resultar un poco extraño y no es raro que se suavizara hacia una simple castración y, el que aparezca el mito de que Cronos se comiera  a sus hijos puede ser un recuerdo del hecho de que los dioses estuvieran en su interior y de que Cronos practicara canibalismo.

O puede ser todo una mera casualidad y este artículo una simple paja mental. Quien sabe 🙂


Tebas, la ciudad griega que derrotó a Esparta

4 agosto 08

“[…] fueron por la derecha del Eurotas quemando y saqueando casas repletas de bienes. En cuanto a los habitantes de la ciudad las mujeres no soportaban ver el humo siquiera, porque nunca habían visto enemigos; los espartiatas, cada uno en su puesto, aunque parecían y eran realmente pocos, vigilaban la ciudad que estaba sin murallas. “ Jenofonte. Helénicas.

Tebas era la ciudad más importante de la Beocia (región al norte del Ática y al sur de la Tesalia, en el centro de la Grecia continental). Desde los tiempos legendarios, Tebas había aspirado a mantener su hegemonía sobre sus vecinos, con resultados irregulares.

Mapa de Grecia durante el apogeo tebano

Cuando el Gran Rey persa Jerjes invadió Grecia, Tebas se alió con él y se convirtió, de facto, en la capital de la Grecia ocupada. Hasta que una coalición de griegos, liderada por atenienses y espartanos, les inflije una severa derrota en Platea (479 adC), ciudad al sur de la Beocia.

La derrota de los persas dejará a Grecia bajo el dominio de dos potencias que pronto empezarán a mirarse entre sí con hostilidad, Atenas y Esparta. Tebas jugará a las alianzas con uno y con otro intentando así asegurar lo que perdió tras la batalla de Platea, su dominio sobre la Beocia.

Platea se convierte apartir de entonces en el principal problema de la política exterior tebana. Aliada con Atenas, Platea pasa a ser una potencia de mediana importancia en la Beocia y pugnará con Tebas por el dominio de la provincia.

Pero esta situación durará tanto como el predominio de Atenas. Y así, durante las Guerras del Peloponeso, Esparta, destruirá la ciudad de Platea (373 adC), por petición tebana. Apartir de ahí Tebas, indiscutible dueña de la Beocia, iniciará su ascenso.

De las Guerras del Peloponeso salió Esparta fortalecida como potencia dominante de Grecia, una vez el poderío ateniense había sido destruido por los siracusanos y los espartanos. Sin embargo, era Esparta un gigante con pies de barro. Su brutal sistema social le exponía constantemente a las revueltas internas (que se sucederán constantemente). Y su sistema oligárquico le dará una importancia excesiva a un reducido número de ciudadanos-soldados, exponiendo el país entero a una catástrofe en caso de una derrota militar.

Así sucederá en la batalla de Leuctra (371 adC), cuando los tebanos aniquilarán a la flor y nata del ejército espartano, víctimas de una concepción de la guerra más anticuada y rígida que los tebanos. Desde este año, Tebas se convertirá en la potencia hegemónica de Grecia y, para asentar su dominio lanzará sendas campañas al norte (para poner freno al crecimiento de Tesalia) y al sur (para liberar a los arcadios y mesenos del dominio de Esparta).

Ambas campañas resultaron victoriosas. De Tesalia, los soldados tebanos se trajeron como prisionero a un joven que la historia conocería posteriormente como Filipo de Macedonia. En el Peloponeso los tebanos se entraron hasta la cocina y se plantaron, para su sorpresa, ante la legendaria Esparta.

Desde los tiempos legendarios, ningún ejército en armas había alcanzado jamás a Esparta. De hecho, la ciudad lacedemonia ni si quiera tenía murallas ¿para qué las necesitaba?

Todos los griegos se sorprendieron de la hazaña y de la osadía tebana, incluso los mismos tebanos que, desde que entraron en la tierra de los espartanos, actuaron con mucha mayor prudencia de la habitual en ellos. De hecho, todo parece indicar que si hubieran aceptado la realidad, que Esparta se encontraba de rodillas, podrían haberle dado el golpe de gracia.

No lo hicieron sin embargo, no se atrevieron, y después de devastar el territorio y asaltar algunas ciudades menores, abandonaron la Lacedemonia dándole a sus enemigos el tiempo que necesitaban tanto como el vivir.

Sin embargo, tras esta expedición quedó asentada la hegemonía tebana sobre toda Grecia, y ni si quiera la alianza entre Atenas y Esparta pudo evitarlo. Sin embargo, duraría poco.
Tan solo nueve años después, una coalición de pueblos del Peloponeso y del Ática será nuevamente derrotada por los tebanos en Mantinea (362 adC), en esa batalla, morirán los mejores líderes tebanos (incluido Epaminondas) y Esparta perderá lo que le quedaba. Era el momento más adecuado para la entrada de una nueva potencia en escena, y esa nueva potencia llegó del norte.

El debilitamiento de Tesalia había beneficiado a los macedonios de la misma manera que la destrucción de Platea había hecho con Tebas. Y el antiguo prisionero, Filipo de Macedonia, llegará con un ejército ante el cual ningún griego oponerse.

Apartir de Filipo de Macedonia, ninguna de las antiguas ciudades recuperará jamás su poder. Y apartir de su hijo, Alejandro Magno, el poder de los helenos se trasladará a reinos como Egipto, Macedonia o el Imperio Seleucida.

MÁS SOBRE LA ANTIGUA GRECIA

Sócrates se defiende, versión de Platón

Safo, la primera de las décimas musas

Cleopatra, una faraona fea

La batalla de las Termópilas y los… ¿300?

La Anábasis, o la marcha de los diez mil

Alejandro se presentó ante Tiro


Sócrates se defiende, según Platón

17 julio 08

Desde finales del sVI a. d. C., Atenas experimentó una nueva forma de gobierno en la que todos los ciudadanos eran iguales ante la ley. Lo llamaron Democracia (demos-kratos). Aunque era un régimen distinto a lo que ahora consideramos con el mismo nombre, en algunos sentidos era más democrático (las decisiones principales se tomaban por asambleas de ciudadanos, juicios incluidos) y en otros aspectos bastante menos (la mujer, los esclavos y los extranjeros e hijos de extranjeros no tenían derechos políticos, hay quien dice que en los tiempos de Pericles, sólo el 20% de los habitantes de Atenas tenían derecho a voto).

Cuando las principales decisiones se toman ante una asamblea, la demagogia se convierte en una habilidad no sólo fundamental para la política, sino para la propia supervivencia. Nadie sabe en que momento va a tener que defender su postura ante un grupo de conciudadanos erigidos como jueces. Como no podría ser de otra forma, surge la figura del profesor, el sofista, persona que se dedica a enseñar oratoria a los hijos de aquellos capaz de pagarles.

Al concentrar la energía de la mayoría de sus ciudadanos, la Democracia ateniense conseguirá grandes logros, como construir un imperio hasta entonces inédito en la Hélade y, durante unos pocos años, superar a la todopoderosa Esparta como potencia dirigente del Egeo. Al dejar los asuntos del estado en manos de la demagogia, también se buscaran varios desastres que, a la postre, acabarán finiquitando su imperio. El más grave fue la campaña contra Siracusa. El más famoso, el juicio a Sócrates.

Sócrates era un personaje sin duda singular, un freak, un grano en el culo. Increíblemente ingenioso, es capaz de sacar los colores al mejor abogado y se convierte en un personaje inmensamente popular del que todo una generación de atenienses aprenderá sin pagar un solo óbolo.

Sócrates vive en la miseria, porque se niega a cobrar nada por sus enseñanzas. De hecho, él afirma que no enseña a nadie nada, simplemente aquellos que deciden seguirle pueden observar de él la forma de recuperar el conocimiento que guardan en su interior.

Porque el método de Sócrates consiste en obligar a aquellos que le rodean a analizar sus conocimientos. Sócrates no imparte lecciones, sólo pregunta. Y con preguntas hábilmente dirigidas, es capaz de hacer que el alumno llegue a la conclusión que él quiere.

Pero Sócrates va más allá, y no sólo aplica este método a aquellos que le siguen, sino a todo el que tiene la desdicha de encontrarse con él. Pero claro, a aquellos que se consideran sabios o que pretenden parecerlo no les hacía mucha gracia que viniera el Sócrates este a hacerles preguntas comprometidas. Ni que decir tiene que alguien capaz de dejarte en ridículo en público, con tanta facilidad, necesariamente ha de granjearse enemigos.

Al menos, este es el motivo por el que, según la versión de Platón, Sócrates se considera injustamente acusado de los delitos de corruptor de la juventud e impiedad. Sinceramente creo que es una hipotesis muy creíble.

Sócrates se enfrenta así a su posible condena de muerte defendiéndose como ha vivido. Por medio de sus preguntas, demuestra lo absurdo de las acusaciones contra él. Tanto lo consigue que, a pesar de todas las influencias y del dinero puestos en su contra, Sócrates es condenado por muy poco margen.

Lo que viene después ha impresionado a decenas de generaciones posteriores. Cuando le dan la oportunidad de cambiar su pena de muerte por una multa o un destierro, Sócrates se niega y cuando Critón y otros de sus discípulos consiguen sobornar a sus guardianes y pretenden salvarle la vida, él lmantiene su negativa. Sócrates es Sócrates por su desprecio a la vida y a sus enemigos. No tiene riquezas ni otra cosa que su orgullo de ser como es, si huye de la muerte ya no sería Sócrates. Llega a argumentar, anticipándose a Epicuro, que no tiene sentido temer a la muerte ya que no produce sufrimiento.

Sócrates es uno de los personajes más llamativos de la historia occidental. Sin escribir nada en toda su vida, marcó un punto de inflexión fundamental en la filosofía griega. Afirmando que lo único que sabía era, que no sabía nada fue considerado como el hombre más sabio de la Hélade por el Oráculo de Delfos (precisamente por afirmar eso, diría él). Siendo increíblemente orgulloso fue capaz de dar una lección de humildad ante la vida y ante el saber.

Y lo que es más importante, es de los pocos grandes pensadores que destacan por la coherencia entre sus ideas y su forma de vida. Incluso, en su forma de muerte.

MÁS SOBRE LA ANTIGUA GRECIA

Safo, la primera de las décimas musas

Cleopatra, una faraona fea

La batalla de las Termópilas y los… ¿300?

La Anábasis, o la marcha de los diez mil

Alejandro se presentó ante Tiro

Tebas, la ciudad griega que derrotó a Esparta


Safo, la primera de las décimas musas

17 febrero 08
safo-pompeya.jpg

Safo, tal y como fue representada en una casa de Pompeya.

La literatura, como ejercicio intelectual que es, siempre se ha considerado cosas de varones. Sin embargo, de cuando en cuando, alguna mujer le ha dado por demostrar lo contrario. Estupefactos, sus contemporáneos muchas veces las recibieron con escándalo (Sor Inés de la Cruz), otras sin embargo fueron consideras criaturas casi divinas, es el caso de Safo.

Algunas de estas mujeres, incluso la desdichada Sor Inés, recibieron un piropo facilón y evidente. Que yo sepa, al menos cuatro mujeres fueron descritas como “la décima musa” (supongo que de una a otra ya se había olvidado la anterior). Hoy voy a hablar de la primera de ellas que yo conozca, Safo de Lesbos.

Habrá que empezar reconociendo que poco es lo que se sabe sobre ella. Es más, la Safo histórica está tan entremezclada con la Safo mitológica que resulta complicado separar a una de otra. En algunos de los diccionarios de mitología más prestigiosos (como el de P. Grimmal) Safo y sus mitos tienen su propia entrada.

Y es que, ¡oyes!, no hay muchas mujeres mortales de las que se cuente que compitieron con la mismísima Afrodita por el amor de un varón. Y no por su belleza que, a juzgar por lo que Safo cuenta, debió ser poquita cosa (“bajita y sin gracia” dice en un verso que, posiblemente, se refiere a sí misma).

Apesar de que su contemporáneo y compatriota Alceo dijera “Oh Safo coronada de violetas, sacra, de sonrisa de miel”, es más que probable que el atractivo que parecía disfrutar procediera, como tantas personas, de su ingenio más que de su belleza. Al fin y al cabo, a Safo se le atribuye la máxima “el que es bello mientras se le contempla es bello, pero el que es excelente, pronto será bello también“, un claro antecedente del pensamiento de Sócrates y Platón, por cierto.

La lista de sus supuestas conquistas es innumerable, en su poesía encontramos algunos nombres de amados y amadas. Es a Safo que la isla de Lesbos goza del honor de haber dado nombre a toda una opción sexual.

Pero dejemos de lado (por un momento) los cotilleos y vamos a lo importante: Safo fue capaz de convertirse en una de las principales influencias de la poesía griega y romana. No sólo parece ser la primera en utilizar un tipo de composición que los antiguos llamaron “estrofa sáfica”, sino que sus desenfadados poemas amorosos (y eróticos) podrían ser los que abrieron la puerta a la poesía sentimental. Hasta Safo, la poesía había sido principalmente épica, desde ella (y Alceo) hasta la actualidad, el amor sería la fuente principal de inspiración poética. No es poco.

Los grandes poetas de la antigüedad elogian a Safo, incluso varios filósofos como Platón que la utiliza para demostrar que la mujer es capaz de alcanzar al hombre en ingenio. Desgraciadamente, nosotros no podemos juzgarla convenientemente ya que apenas sí tenemos algún pequeño fragmento de su obra. Sabemos que en la Biblioteca de Alejandría se compiló una antología de Safo que llenaba nueve libros (quizás diez, la referencia es confusa). Hoy apenas nos quedan fragmentos, retazos de su producción.

poemasafo.jpg
Esto es lo que queda de una de las creaciones de Safo.

Sabemos que Safo escribió un Himno a Afrodita considerado como su obra maestra y envidiado y exaltado por gran cantidad de eruditos de la Antigüedad. De este himno apenas nos queda un fragmento que empieza así:

Inmortal Afrodita de bien labrado trono, hija de Zeus trenzadora de engaños, yo te imploro, con angustias y penas no esclavices mi corazón, Señora,

De esta forma tan original, Safo inicia un tema que quizás tuviera precedentes, pero no los conocemos. El tema del que no quiere enamorarse más veces e implora tranquilidad para su corazón. Junto al “Déjame en paz, Amor tirano” de Quevedo, este es el único poema que conozo en el que se invoca a una divinidad supuestamente benigna para pedirle que se aleje de uno.

Pero luego sigue:

en vez de eso aquí, si en verdad ya otra vez mi voz oíste desde lejos y me escuchaste y abandonando la mansión del padre viniste, el áureo arro luego de uncir: bellos, veloces gorriones te trajeron sobre la tierra negra batiendo con vigor sus alas desde el cielo por en medio del éter. Resto llegaron: y tú, diosa feliz, sonriendo con tu rostro inmortal me preguntabas qué me sucedía y para qué otra vez te llamo qué es lo que en mi loco corazón más quiero que me ocurra:

La diosa, maternalmente, se sonríe de la súplica de Safo sabiendo bien que, en el fondo, el que pretende no querer enamorarse es porque en el fondo lo necesita.

“¿A quién muevo esta vez a sujetarse a tu cariño? Safo, ¿quién es la que te agravia? si ha huido de ti, pronto vendrá a buscarte; si no acepta regalos, los dará; si no te ama, bien pronto te amará aunque no lo quiera”

Aquí descubrimos que la persona de la que Safo está enamorada es una mujer. Y Afrodita le promete su ayuda, que Safo acepta para que al final el amor, Afrodita, salga vencedora:

en, pues, también ahora, líbrame de mis cuitas rigurosas y aquello que el corazón anhela que me cumplas, cúmplemelo y tú misma sé mi aliada en la batalla.

El tema de la homosexualidad (más bien bisexualidad) de Safo ha sido muy debatido. Estúpidamente en mi opinión, ya que no creo que haya motivo para mucha discusión, la bisexualidad de su poesía es más que manifiesta. Algunos expertos han tratado de “defender” a Safo (ya se sabe que hay gente que considera un insulto ser bisexual). Para ello han aducido que las referencias a sus amantes femeninas bien podrían ser muestras de amistad exajeradas (aunque a mí versos como “durmiendo sobre el pecho de mi tierna amiga” me inclinan a pensar que no es así) y han utilizado argumentos tan ridículos como que Platón puso a Safo como ejemplo de persona virtuosa, olvidando que la “virtud” para Platón no era lo mismo que la cultura de tradición judeo-cristiana que nos rodea. Platón también consideraba a Sócrates un hombre virtuoso, apesar de que este hiciera cosas como masturbarse en público.

Si me veo tentado a remarcar que la bisexualidad de Safo me parece muy conveniente en la mentalidad griega de por entonces. Hoy existe una cierta tendencia a suponer que la poesía es cosa de mujeres o de varones homosexuales, es posible que los griegos pensaran justo lo contrario. Por otra parte, si se esperaba de un hombre ingenioso y virtuoso que manteniera relaciones con mujeres y muchachos ¿no es lógico pensar que una mujer destacada debiera tener inclinaciones sexuales semejantes?

Parece ser (o quizás no, sabemos muy poco) que Safo dirigió una especie de escuela de señoritas de donde saldrían varias de sus amantes. De ser cierto, Safo sería un muy interesante precedente de los sabios que un siglo más tarde educarían a las élites (varoniles) de la Hélade y que alcanzarían su punto más conocido con la Academia de Platón. Algunos de sus versos podrían estar relacionados con sus relaciones amorosas con las jóvenes muchachas a las que instruía “Lucero de la tarde, te traes todas las cosas que la Aurora brillante hizo salir de casa: traes la oveja, traes la cabra, traes la hija lejos de su madre.”

Esto siempre es según la interpretación que hicieron los eruditos de la antigüedad (y que escribieron siglos tras la muerte de Safo). Es posible que en realidad no haya existido ninguna escuela. También nos cuentan estos antiguos sabios que existía una competidora, una mujer llamada Andrómeda, detestada por Safo que tenía su propia escuela y debía ser más hermosa aunque menos ingeniosa. Lo que es peor, la competidora sería capaz de enamorar y llevarse a algunas de las protegidas de Safo. Algunos de los versos conservados hacen referencia a esta especie de competición entre ambas mujeres: “De nuevo Eros que desata los miembros me hace estremecerme, esa pequeña bestia dulce y amarga, contra la que no hay quien se defienda […] Atis, has cobrado aborrecimiento a acordarte de mí y vuelas hacia Andrómeda” (Eros es el equivalente a Cupido, el dios que influye sobre los enamoramientos y, en este caso, los celos)

Los celos es un asunto recurrente en la poesía de Safo, “¿Qué rústica hechiza tus sentidos [corrompido] llevando un rústico vestido [corrompido] sin saber elevar su borde sobre los tobillos”. Y este desprecio que se trasluce sobre sus competidoras también resulta frecuente, como en el siguiente fragmento dedicado, posiblemente, a la ya mencionada Andrómeda: “Una vez muerta, yacerás en la tierra y no habrá recuerdo tuyo ni añoranza ya más: no tienes parte de las rosas de Pieria, sino que ignorada también en la mansión de Hades errarás revoloteando entre las sombras de los muertos” Andrómeda no estaba dotada para la poesía (no tenía parte de las rosas de Pieria), así que no será recordada tras su muerte tal y como sería recordada ella.

safoyalceo.jpg
Alceo y Safo en una cerámica ateniense. No debe sorprendernos la presencia del arpa, en aquellos tiempos, como ahora, casi toda la poesía que se hacía era cantada. Por eso en muchos sitios se habla de “lírica” en vez de “poesía”.

Compuso Safo también varias canciones (probablemente toda su composición fuera en forma de canciones) de boda. Este tipo de canciones han sido de corte picante en infinidad de culturas desde que se tiene memoria. Desgraciadamente no sabemos si era el caso de las bodas griegas antes de Safo o si fue ella la que inauguró esta moda con versos como estos:

(cantan las amigas de la novia, hablando de la novia): “Como la manzana dulce se colorea en la rama más alta, la más alta en la más alta, de ella se olvidaron los cosecheros de manzanas. Pero no es que la olvidaran, es que no pudieron alcanzarla”

Pero el tiempo hace mella en todo tipo de mortal, incluso en aquella que compitió contra Afrodita por un varón. Pero Safo, siempre despreocupada, en vez de lamentarse por la juventud perdida como el Néstor de Homero, parece mostrar una especie de resignación no exenta de cierta amargura: “Sigue siendo amigo mío ybúscate un amujer más joven: pues no podré vivir contigo siendo yo más vieja”

O el siguiente verso que, quizás, sea una referencia a su vejez “pasa el momento” o igual no, dificil saberlo con lo que tenemos: “Se ha puesto la luna y las Pléyades: es la media noche: pasa el momento, y yo duermo sola”

a221036.jpeg

Cuenta la leyenda que, tras ser derrotada por Afrodita al buscar el amor de Faón, Safo se arrojó de la roca de Léucade, quedando esta consagrada como lugar donde suicidarse si eres un enamorado desdichado.

POESÍA EN GENERAL

Poesía desde el campo de concentración

Laustic (el ruiseñor)

El Rey Arturo de los ashanti

El Cuento del Grial, por Chrétien de Troyes

Canto de Aimirgín. La poesía anterior a la rima

Chrétien de Troyes

Los grandes mitos celtas y su influencia en la literatura

MÁS SOBRE MUJERES EN LA HISTORIA

Anne Bonny y Mary Read, mujeres y piratas

Isabel la Pech… ¡la católica!

Estudiando la Historia: La Historia de género

Laustic (el ruiseñor)

Lucrecia de León, una soñadora contra Felipe II

Marry Wollstonecraft y Percy Shelley, la libertad política y sexual

Cleopatra, una faraona fea

MÁS SOBRE LA ANTIGUA GRECIA

Sócrates se defiende, versión de Platón

Cleopatra, una faraona fea

La batalla de las Termópilas y los… ¿300?

La Anábasis, o la marcha de los diez mil

Alejandro se presentó ante Tiro

Tebas, la ciudad griega que derrotó a Esparta


La batalla de las Termópilas y los… ¿300?

24 marzo 07

Este es un análisis del cómic y la película desde el punto de vista histórico. Si quieres leer un análisis desde el punto de vista friqui, mejor vete a 300, del cómic a la película. Si quieres leer un comentario político vete a 300, la civilización contra Persia ¿o contra Irán?

De las muchas batallas luchadas en los “pasos calientes”, la más famosa es sin duda la que se libró durante la II Guerra Médica. Desgraciadamente, esta batalla la conocemos casi sólo por lo que escribió sobre ella Heródoto, que nos cuenta algunas cosas dificiles de creer.

El cómic 300 del matrimonio Miller y, por lo tanto, su adaptación al cine se basan en la lectura de Heródoto. Una pena que de la sensación de que no hayan leído nada más.

La historia que nos cuentan y la ambientación con que la rodean tiene muy poco parecido con lo sucedido realmente a principios de aquel sV antes de Cristo. Voy a intentar comparar lo mostrado en 300 con los hechos históricos. Los que no quieran que se les desmitifique la imagen del Rey Leónidas y de los espartanos en general, que no sigan leyendo.

  • ¿”espartanos” o “espartiatas”?. Los espartanos son todos los habitantes de Esparta, los espartiatas son sólo la clase dominante. Leónidas y sus 300 eran espartiatas.
  • Los griegos son la lógica y la razón, los persas lo contrario. En realidad, el Imperio Persa era relativamente benigno. Y desde luego no les daba por quemar ni destruir documentos como se dice en la película. De hecho, los griegos más intelectuales de aquella época eran vasallos de los persas.
  • Los atenienses filósofos. En la película un espartiata llama filósofos a los atenienses. En realidad la misma palabra filósofo es posterior. Fue esta guerra la que le dio a Atenas el prestigio y poder necesario para originar todo su movimiento de pensamiento. Hasta entonces, habían sido las ciudades jónicas, con Mileto a la cabeza, las que habían llevado la iniciativa.
  • La tierra y el agua. Se trataba de la fórmula de sumisión persa. En cualquier caso, era una frase hecha. Evidentemente lo que pedían los embajadores persas que acudieron a Esparta eran un tributo en toda regla.
  • Los embajadores arrojados al pozo. Heródoto nos cuenta que los espartiatas arrojaron dos embajadores persas a un pozo… Pero lo sucedido después resulta bastante menos digno para ellos. Los espartanos se asustaron y enviaron a Jerjes un par de nobles espartanos para que fueran asesinados a su vez como compensación. Jerjes sin embargo, afirmó que él no mataba embajadores. Que eso era propio de salvajes incivilizados.
  • La vestimenta espartiata. No se parece en nada a la real. Ni la militar ni la civil. (modificado) Y, desde luego, los espartiatas no combatían medio desnudos. De hecho eran los más acorazados de todos los griegos.
  • La mujer espartiata. Gozaba de una gran libertad y derechos dentro de lo habitual en aquella época. Pero tampoco exajeremos 🙂
  • Los éforos.Lejos de ser recuerdos degenerados de otros tiempos, eran la institución más democrática de Esparta (no es un gran mérito). Eran elegidos entre los espartiatas, y cualquier espartiata podía ser elegido éforo. Tanto el cómic como la película insisten en que son recuerdos antiguos, de tiempos salvajes y blablabla. En realidad es justo lo contrario, los reyes espartanos es lo que eran un recuerdo de otros tiempos más supersticiosos mientras que la institución de los éforos eran una institución moderna. En tiempos de Leónidas, los éforos eran en realidad los verdaderos gobernantes de Esparta junto a la gerusía (llamada consejo en la película). Los reyes (porque había siempre dos) tenían a la práctica sólo atribuciones militares. Por cierto, el espartiata malo no podía formar parte de la gerusía, era demasiado joven.
  • La carneia. Efectivamente, Esparta nunca combatía durante la carneia. Los atenienses fueron beneficiados por ello durante las guerras del peloponeso.
  • El Oráculo. El oráculo que se nos muestra se parece mucho más al de Delfos que a ninguno espartano. Es el único que yo conozco que se realizaba mediante una joven en trance. Los oráculos que se realizaban en Esparta estaban más relacionados con la disección de aves y cosas de esas. En el cómic la chica es la que trasmite el mensaje, en la película la chica produce unos sonidos ininteligibles y es un sacerdote el que realiza la “traducción”. Esta última versión es la más cercana a lo que sucedía en Delfos.
  • Las monedas. En el cómic las monedas son rectangulares, mientras que en la película son redondas con la cara de Jerjes impresa. No estoy seguro, pero sospecho que el cómic debe estar más aproximado a la realidad.
  • La marcha de Leónidas hacia el norte. Cuando se produjo la coalición griega que debía detener a los persas en las Termópilas, Esparta no envió sus soldados. No conozco los detalles, es posible que la carneia tuviera algo que ver, aunque creo recordar que fue más bien un motivo estratégico (Esparta estaba plagada de esclavos, y las Termópilas era un lugar muy lejano para enviar el ejército). Leónidas, según Heródoto, decidió viajar al norte por su propia cuenta. Los 300 eran su guardia personal, estaban obligados a acompañarle.
  • Los espartanos siempre tienen algo que decir. Es una frase del cómic que, si bien en la película no sale, sí hacen gala de una gran locuacidad. En realidad los espartiatas tenían fama de todo lo contrario. Esparta era la capital de la región llamada Laconia. ¿A alguien le suena la palabra lacónico? 🙂
  • El desembarco persa. En la película, los persas desembarcan al norte de las Termópilas, haciendo que todos nos preguntemos porque no lo hacen al sur :P. En realidad no existió tal desembarco, los persas cruzaron el Helesponto en un puente de balsas y recorrieron a pie la ruta hacia el interior de Grecia.
  • Vasallos de raza negra. Los persas tenían, efectivamente, “más de cien naciones” en su imperio. Pero hasta donde yo sé, no tenían ningún negro entre ellos. Existe la posibilidad de que el ejército de Jerjes incluyera mercenarios nubios, pero tengo mis dudas.
  • “Nuestras flechas taparán el sol” “entonces lucharemos en la sombra”. Estas frases son citadas por Heródoto como reales (aunque no es que Heródoto sea muy digno de crédito). En cualquier caso, es más fácil reirse de las flechas persas cuando uno viste una pesada coraza de bronce que cuando se combate en taparrabos 😛
  • Efialtes. Es el nombre que Heródoto da al pastor que traicionó a los griegos. Pastor local, que no tenía nada de espartano (ni de deforme) que sepamos.
  • Las formaciones griegasSin duda superiores a las persas y gran parte del secreto de los éxitos de Maratón y Platea. Evidentemente, el truco de las formaciones militares consistía en no romperlas a primeras de cambio 🙂
  • Los persas empujados contra el alcantilado. Sospecho que es una referencia a la batalla de Maratón en la que un desembarco persa fue arrojado al mar por las falanges atenienses. Parece rudimentario, pero las falanges griegas tenían una gran capacidad de empuje. Estamos hablando de cosa de 100-200 tíos empujando, y eso es mucha fuerza. Parece ser que eran capaces de volcar a los elefantes.
  • Jerjes. Se hace dificil de imaginar que el Gran Rey se dignara a dirigirse al enemigo de esa forma y, ni mucho menos, a tocarle. En cualquier caso, me gusta mucho más el del cómic que el de la peli. Tiene más dignidad.
  • Los inmortales. Eran el ejército de élite de los persas. El nombre lo dice todo :). Su número se mantenía fijo en 10.000. Tengo la sospecha de que, no debían ser orcos 😛
  • Los estribos. Los caballos de la película, al contrario que los del cómic, no están equipados con estribos. Los estribos fueron introducidos en Europa por los hunos, casi mil años después.
  • Las lanzas. Por primera vez, veo una película en la que los guerreros luchan con lanzas. No como se lucha con lanzas, pero al menos las usan. Me parece una cosa muy positiva.
  • El ejército de Jerjes. No era un ejército de esclavos. Era un ejército de soldados profesionales, más que los espartiatas de hecho, que en realidad eran soldados-ciudadanos.
  • Los espartiatas se quedaron solos defendiendo el paso. En cuando los persas cruzaron las montañas, la resistencia era inútil, pero Leónidas fiel a la filosofía espartana, decidió resistir hasta el final. Se discute si fue un suicidio absurdo o si tuvo algún valor estratégico, es posible que su resistencia permitiera al resto del ejército griego replegarse. En cualquier caso, no fueron sólo 300 espartiatas. Junto a los espartiatas lucharon sus criados hilotas (unos 600, fácilmente) a los que los espartiatas armaron y un número no pequeño de griegos de distintas etnias que se quedaron junto a Leónidas. Si yo fuera uno de ellos, mi espíritu estaría ahora molestando a Miller por ignorarlos de esta manera 😛
  • La batalla de Platea. Efectivamente significó la victoria definitiva de los griegos sobre los persas. Pero llegó después de Salamanina, victoria casi exclusivamente ateniense. Esta guerra marcó el final de la hegemonía espartana e inicio el inicio de la ateniense (hasta las guerras del Peloponeso, pero eso es otra historia 🙂 )

MÁS SOBRE LA ANTIGUA GRECIA

Sócrates se defiende, versión de Platón

Safo, la primera de las décimas musas

Cleopatra, una faraona fea

La Anábasis, o la marcha de los diez mil

Alejandro se presentó ante Tiro

Tebas, la ciudad griega que derrotó a Esparta


La Anábasis, o la marcha de los diez mil

4 febrero 07

La Anábasis es la obra más conocida de Jenofonte, uno de los discípulos de Sócrates, al que se le atribuye la frase “Jenofonte, Jenofonte, si eres cabra, pues pa’l monte” :).

Jenofonte se enroló en una expedición de mercenarios griegos que iba a participar en la revuelta del príncipe Ciro contra su hermano, el Gran Rey Artajerjes II. Sócrates intentó convencerle para que desistiera (de ahí la frase) pero no lo consiguió. Si lo hubiera hecho, Jenofonte sin duda se habría ahorrado muchas penalidades, pero nosotros no tendríamos uno de los relatos épicos más impresionantes de la historia occidental.

Ciro era el primero en llevar soldados griegos hasta el interior del Imperio persa, la disciplina y organización griegas les daba una notable superioridad sobre las tropas que habitualmente luchaban en las luchas por el trono, y Ciro pensaba utilizar esto a su favor.

El ejército de Ciro salió de Sardes y recorrió el curso del Éufrates hasta encontrarse con las fuerzas fieles a Artajerjes II en Cunaxa, a las puertas de Babilonia. El choque necesariamente debía ser violento.

Según Jenofonte, la batalla de Cunaxa fue favorable a los rebeldes y los mercenarios griegos fueron decisivos en el encuentro. Pero nada de esto sirvió al morir Ciro en la batalla. Perdido su candidato al trono, las fuerzas de Ciro se pasaron en bloque a Artajerjes… dejando a los mercenarios griegos aislados entre una marea de enemigos.

Los oficiales griegos intentaron negociar una rendición y fueron convocados a una reunión en el campamento persa. Pero Artajerjes estaba decidido a dar una muestra de fuerza que disuadiera a cualquier ejército griego a volver a penetrar en Asia. Dio orden de decapitar a todos los oficiales griegos.

De esta manera, los griegos se encontraron rodeados de enemigos, a miles de kilómetros de la población amiga (o neutral) más cercana y sin oficiales.

Pero la desesperación une y ellos eran experimentados mercenarios, poco dispuestos a dejarse llevar por el pánico. Especialmente cuando el pánico únicamente podría llevar a la muerte. Siguiendo el relato de Jenofonte, los griegos eligieron a cuatro líderes entre los que estaba el propio Jenofonte y marcharon en busca del mar.

xenophon.jpg

Varias semanas necesitaron para alcanzar tierras seguras, en el mapa puede verse el camino que realizaron (siempre según Jenofonte), la ruta sureña junto al Éufrates es la que hicieron junto a Ciro y cuando se produce el giro hacia el norte siguiendo el Tigris es cuando comienza la huida.

Los griegos se vieron obligados a vivir sobre el terreno… un terreno que no conocían y del que temían constantes emboscadas mientras el ejército persa les hostilizaba constantemente. Y cuando por fin llegaron al mar, lo hicieron por tierras en las que los habitantes de la costa les resultaron hostiles.

Apesar de tenerlo todo en contra, y aunque parezca increible, la mayoría de ellos consiguieron alcanzar el Egeo marchando todavía como una columna ordenada.

La verdad es que todavía a día de hoy resulta dificil de comprender como es posible. Por muy ordenada y disciplinada que fuera la hueste griega, ¿por qué no fueron aplastados por los persas?

En realidad, el Imperio Persa estaba en pleno proceso de descomposición. Artajerjes II era un lider absolutamente ineficaz, que conoció su máxima gloria al conseguir matar a su hermano. No es una sorpresa, todo el sistema clientelar persa parecía destinado a crear hombres ineficaces que únicamente debían su supervivencia a sus habilidades como intrigador y a la constantes suspicacia. Seguramente, los persas no pudieron realizar una presión eficaz contra los griegos en retirada por estar demasiado ocupados dirimiendo sus propios problemas de lealtad.

La expedición de los Diez Mil demostró por la vía práctica que un ejército lo suficientemente rápido y decidido era capaz de atravesar el territorio persa con sorprendente facilidad. Alejandro Magno aprendería muy bien la lección.

MÁS SOBRE LA ANTIGUA GRECIA

Sócrates se defiende, versión de Platón

Safo, la primera de las décimas musas

Cleopatra, una faraona fea

La batalla de las Termópilas y los… ¿300?

Alejandro se presentó ante Tiro

Tebas, la ciudad griega que derrotó a Esparta


Alejandro se presentó ante Tiro

26 enero 07

El asedio de Tiro por Alejandro Magno era uno de los hechos de armas más conocido de la antigüedad, sin embargo no es tan conocido entre el gran público de la actualidad. Posiblemente por lo poco cinematográfico que tiene un asedio.

Era Alejandro hijo de Filipo de Macedonia, un rey que había convertido su montañés reino guerrero en la potencia hegemónica de Grecia.

El hijo no guardaba una buena relación con el padre, y Alejandro decidió superar los logros de Filipo. Pocas veces un hijo ensombrece a un gran padre, pero efectivamente fue el caso. Una vez dominada Grecia, sólo había una forma de superar los logros de Filipo. Invadir al Imperio Persa.

El Imperio Persa era todo un mundo en sí mismo. Desde el Indo hasta el Bósforo, desde Afganistán hasta Egipto, los dominios del Gran Rey eran la formación política más grande que jamás había existido en el mundo conocido por los griegos. Pero, en los tiempos de Alejandro, el Imperio Persa ya no era la formidable potencia que había llegado a arrasar Atenas. Los atenienses habían disputado su dominio sobre las ciudades helenas de Asia Menor (actual Turquía), incluso un ejército de mercenarios griegos habían regresado desde Persépolis hasta el Mediterráneo sin que el Gran Rey pudiera impedirlo.

Eso sí, una cosa era vencer en operaciones audaces a ejércitos concretos del poderoso Imperio Persa y otra muy distinta invadirlo y destruirlo. Cuando las fuerzas de Alejandro derrotan al Gran Rey en persona en la batalla de Issos, todo el mundo lo considera el culmen de lo alcanzable. Pero Alejandro quiere continuar. Dos posibilidades se abren ante él. La más inteligente probablemente sería seguir las conclusiones que había deducido de la lectura de la Anabasis y continuar con un ataque rápido contundente que impidiera a los persas aprovechar sus inmensas pero dispersas fuerzas (hoy lo llamaríamos blitzkrieg). La otra opción era girar hacia el sur y arrebatarle al persa el dominio de las ciudades fenicias e, incluso, de Egipto impidiendo así cualquier posible ataque futuro contra Grecia.

Alejandro, quizás confiado en su capacidad para ganar cualquier batalla, se dirigió hacia el sur, dándole a los persas tiempo para recuperar sus fuerzas. Oportunidad que los persas no aprovecharon, pero eso es tema para otro artículo.

El avance de Alejandro hacia el sur empezó siendo muy prometedor, los fenicios no podían imaginarse tener que enfrentarse a los griegos por tierra y las grandes ciudades, con Biblos y Sidón a la cabeza, se fueron rindiendo… hasta que las fuerzas macedónicas alcanzaron Tiro.

Confiaba Tiro en su fama de invulnerabilidad. Se consideraba (y se siguió considerando hasta los tiempos de las Cruzadas) prácticamente inexpugnable. La ciudad se encontraba sobre una isla a setecientos metros de la costa. La isla, a su vez, estaba rodeada por una muralla de 45 metros de altura que se alzaba justo donde empezaba el mar. Dentro vivía una de las principales poblaciones fenicias, abastecida y defendida por una de las más nutridas flotas del Mediterráneo. Nada parecería vencer a los tirios, si estos estaban dispuestos a resistir… Y la intención de resistir por parte de los tirios quedó de manifiesto cuando Alejandro les envió unos embajadores con la primera propuesta de rendición y estos fueron arrojados al mar desde las murallas.

Sin duda debió ser un momento complicado para Alejandro. El secreto del éxito contra los persas era la velocidad, detenerse meses y meses frente a Tiro era peligroso. Pero una vez ahí, no podía retroceder. Era Alejandro, nada servía más para aguzar su orgullo que el que algo tuviera leyenda de ser imposible. ¿Era imposible asaltar Tiro? él demostraría que no lo era.

Se inició el sitio de Tiro.

La táctica a seguir para tomar la ciudad, era clara. Sin una flota capaz de bloquear los dos puertos de la isla, no podría contar con la rendición por hambre. También era imposible el asalto marítimo por el mismo motivo. Sólo podría tomar la isla mediante un ataque por tierra. Y para ello debía convertir el mar en tierra.

Un ejército de zapadores recultados a la fuerza entre los habitantes de la zona, bajo la dirección de Diades (del que se dijo que “fue el hombre que tomó Tiro con Alejandro”) iniciaron la construcción de un enorme dique capaz de llegar hasta la isla. Para ello se dedicaron a clavar en el agua grandes estacas y troncos que rellenaron con piedras y tierra.

Pero los tirios no estaban por la labor de quedarse sentados comiendo altramuces mientras los zapadores de Diades les acercaban poco a poco al continente. Grandes artefactos empezaron a lanzar enormes piedras contra la construcción y sus obreros. Los barcos tirios se acercaban peligrosamente lanzando nubes de flechas.

Los macedonios por su parte, construyeron manteletes de tela y piedra que sirvieran de cobertura a sus trabajadores, y colocaron en el extremo del dique dos grandes torres de madera equipadas con catapultas. No se sabe como se las ingeniaron para que las torres avanzaran con la construcción, probablemente estuvieran dotadas de ruedas.

Hasta que un día los fenicios cargaron uno de sus barcos más grandes con pez y azufre y lo lanzaron, aprovechando un fuerte viento faborable, contra la construcción. El buque iba muy cargado en la popa, de tal forma que la popa iba levantada y gracias al fuerte impulso y su fondo plano, se “montó” sobre el espigón varios metros. Las trirremes tirias empezaron entonces a lanzar todo tipo de material incendiario sobre la construcción, y grupos de soldados aprovechaban la confusión para desembarcar en puntos estratégicos matando a grupos de trabajadores y extendiendo el fuego. Por si fuera poco, cuando los tirios se retiraron un fuerte temporal acabó con lo que quedaba. En un sólo día, se destruyó el trabajo de meses.

Pero no iban los macedónicos a darse por derrotados. Inmediatamente se empezó a construir un nuevo dique, esta vez más al norte (mejor protegido de los vientos) y de mayor embargadura. Las estacas eran ahora de mayor tamaño, la tierra de relleno era sustituida por piedra y cada pocos metros se construirían torres fijas que mantendrían permanentemente batallones de catapultas y arqueros.

Pero una nueva y desagradable sorpresa le esperaba a los defensores de la isla. Mientras realizaron una salida de rutina con su flota, avistaron buques enemigos. En un primer momento se prepararon para enfrentarlos, pero quedaron sobrecogidos al ver su gran número y decidieron refugiarse en puerto. Alejandro había obligado a las demás poblaciones fenicias a unir su flota al esfuerzo bélico y, apartir de ahora, los tirios encontrarían una fuerte oposición naval.

La necesidad agudiza el ingenio, y los defensores ensayaron nuevas tácticas. Valientes nadadores se deslizaban de noche por la muralla para acercarse hasta los pilares del dique, atándolos a cabos de los que se tiraba desde la ciudad, para desestabilizar la construcción. Los macedonios por su parte unieron varios barcos y colocaron sobre ellos grandes torres de asalto que acercaban hasta la muralla con la intención de asaltarla. Como respuesta a esta amenaza, los isleños construyeron grandes grúas que soltaban rocas sobre los barcos que se acercaban demasiado y arrojaron frente a la muralla grandes piedras que dificultaran la navegación. Los macedonios empezaron a atar cabos a las pierdas para arrastrarlas con los barcos a donde no molestaran. Los tirios a su vez enviaron buceadores que cortaran las cuerdas. Pero nada pudieron hacer cuando las cuerdas fueron sustituidas por cadenas.

El ingenio demostrado por unos y otros resultó inagotable. A falta de aceite, los tirios calentaban arena de playa que se deslizaba por entre la coraza y el cuerpo, provocando horribles quemaduras. La muralla fue reforzada con todo lo que se encontró y, a falta de otra cosa, cubierta con sacos llenos de algas que sirvieran para amortiguar los impactos de las piedras asaltantes.

Pero el dique seguía y seguía acercándose. Viendo la guerra perdida, los tirios intentaron romper el bloqueo de la flota enemiga con la intención de huir hacia Cartago. Aprovechando la sorpresa cerca estuvieron de hacerlo pero las fuerzas macedónicas respondieron con gran velocidad impidiéndolo.

Finalmente, el dique fue finalizado y grandes torres de asalto avanzaron por él para salvar la muralla. El asalto fue rechazado, no sin cierta dificultad. Pero vendrían nuevos ataques.

Entonces Alejandro decidió dar descanso durante un par de días a sus tropas, por motivos no conocidos. Probablemente lanzara un ultimatum a la población antes de realizar el asalto final.

Este se realizó por cuatro puntos, siete meses llevaban los macedónicos detenidos ante Tirio, no iban a escatimar esfuerzos ahora que estaba tan cerca la victoria. La flota se dividió en tres partes que intentaron el desembarco por ambos puertos y por un sector de la muralla que se encontraba especialmente dañado, el cuarto ataque se realizaba desde el dique. El primer grupo asaltante con éxito fue el de aquellos que atacaban desde el mar la muralla. Fueron capaces de terminar de destruir la muralla, desembarcar entre los escombros y contactar con las fuerzas que atacaban desde el dique. La suerte de la ciudad estaba echada.

Los macedónios perdonaron la vida a aquellos tirios que se refugiaron en los templos (mujeres y niños principalmente) lo que no impidió que 8.000 tirios murieran aquel día, según Arriano. Los sobrevivientes fueron vendidos como esclavos, salvo los ciudadanos cartagineses que se encontraban en la ciudad (Alejandro no quería problemas diplomáticos con la gran potencia naval) y unos quince mil tirios que, según se dice, fueron escondidos por los marinos de Sidón, ciudad que tradicionalmente había sido aliada de Tiro aunque en esta ocasión fuera obligada a prestar su flota a Alejandro. El dique construido por los atacantes se quedó allí, y con el tiempo acabó formando un itsmo. Tiro nunca más sería una isla.

Poco después de Tiro, Alejandro todavía tuvo que sostener otro sitio en Gaza, esta vez de tan solo dos meses. Después de ocupar ambas ciudades, la flota fenicia nunca más sería una amenaza para los griegos y las puertas de Egipto se le abrieron de par en par. Mientras tanto, los persas seguían derrochando la tregua que les concedía su enemigo.

Quizás, contra un enemigo más habil, todo el tiempo perdido sitiando Tirio podría no haber sido considerado como una gran hazaña bélica sino como el mayor error que Alejandro pudo cometer.
Nunca lo sabremos.

MÁS SOBRE LA ANTIGUA GRECIA

Sócrates se defiende, versión de Platón

Safo, la primera de las décimas musas

Cleopatra, una faraona fea

La batalla de las Termópilas y los… ¿300?

La Anábasis, o la marcha de los diez mil

Tebas, la ciudad griega que derrotó a Esparta