Anne Bonny y Mary Read, mujeres y piratas

21 enero 07

En noviembre de 1720, la flota británica capturó un barco pirata y condujo a su tripulación a recibir juicio en Jamaica. Nada fuera de lo común hasta que la puritana sociedad de su tiempo descubrió escandalizada que dos de aquellos terribles piratas, y no precisamente los menos crueles… ¡eran mujeres!.

Muchas veces la realidad supera la ficción, esta es una de esas historias.

Anne Bonny nació en Kinsale, Irlanda. Ya su primera infancia tendría tintes novelescos ya que su padre era un importante abogado y su madre… la criada de este. Ambos enamorados tuvieron que huir del acoso de la sociedad y la insultada esposa legítima del abogado, emigrando a Carolina, en los actuales Estados Unidos, donde empezaron una nueva vida como marido y mujer.

La muchacha tenía un caracter dificil. Ya se sabe, caprichos de adolescente, ganas de salir con chicos, ropa un poco más descocada de lo que le gustaría a sus padres, una profesora a la que degolló con tan solo 16 años, en un ataque de furia… Un angelito.

El padre decidió casarla (no sabemos bien si para hacerla sentar la cabeza o para quitársela de encima) pero Anne se adelantó uniéndose con el viejo Bonn, un pirata fracasado que le doblaba en edad. Esta vez el padre sí que se puso furioso, que una cosa es andar por ahí degollando profesoras y otra muy distinta deshonrar el apellido. La joven Anne quedó desheredada y se vió obligada a emigrar con su nuevo marido a Nassau (Bahamas) donde inició una nueva vida como tabernera. Acaba de cumplir 20 años.

Pero la vida de la taberna se le volvía interminable a la joven Anne y decidió dar un nuevo giro a su vida convirtiéndose en pirata. Como ningún capitán aceptaba mujeres entre sus hombres, acabó vistiéndose de hombre. Y de tal guisa se enroló en el barco de John Rackam, conocido como Calico Jack, un pirata que había conseguido su barco de la forma más legítima posible para un pirata (había convencido a la tripulación para que abandonara en una isla desierta al anterior capitán, un noble llamado Charles Vane que se había metido a pirata por aburrimiento). De resultas de tal viaje, Anne quedó embarazada del propio Jack, de lo cual imagimanos que no mantuvo su disfraz mucho tiempo. Sin embargo, seguramente debido a la las malas condiciones del viaje marino, acabó abortando y nunca se recuperaría de ello.

Poco a poco, la suerte fue sonriendo a la pareja de piratas que fue capturando cada vez presas mayores. En una de estas operaciones encontraron un joven llamado Mark Read, que se ofreció a unirse a la tripulación pirata. Se trataba de un chico joven muy atractivo, tanto que Rackam acabó sintiendo celos de él… hasta que se descubrió que en realidad su verdadero nombre era Mary Read, y dicen que entonces la situación dio un giro de 180 grados y fue Anne la celosa.

Mary Read tampoco había tenido una infancia al uso. Su madre era la esposa de un marino londinense con el que había tenido un hijo y que un día zarpó y nunca regresó. Empujada a la miseria, la joven esposa tuvo que buscarse un protector, que a su vez la abandonó cuando se quedó embarazada de Mary.

Desesperada, la pobre mujer tuvo que acudir a la familia de su marido, y su suegra acabó concediéndole un subsidio que le permitiera alimentar a su pequeño nieto. Pero el niño murió, y para seguir recibiendo el subsidio, la pobre madre tuvo que vestir a su hija con las ropas de su hijito muerto. Mary se había convertido en Mark.

Mary le vio le gusto a eso de vestir de hombre y empezó a buscar trabajo como tal. Con apenas 13 años, Mary empezó a trabajar de paje, no le gustó y se enroló en un barco. Por entonces estalló la guerra de la Gran Alianza y Mary no quiso perdérsela sirviendo primero en la infantería y luego en la caballería británica. Allí se enamoró de un joven soldado llamado Fleming con el que acabaría casándose y teniendo una vida de marido y mujer (al uso) como dueños de una taberna en Breda. Pero la guerra se acabó, y con ella la clientela, y por si fuera poco, el joven marido murió dejando a Mary sin ningún motivo para quedarse en Holanda. Volvió a vestirse de hombre y embarcó hacia las Américas. Donde sería capturada por el barco de Rakam y Bonny.

Los piratas de John Rakam se dedicaron a sembrar el terror por las aguas del Caribe. Mary se lió con otro pirata, y estando embarazada tuvo que batirse en duelo por él. Otro pirata le había retado, y digamos que ella no confiaba mucho en el esgrima de su amado. Seguramente haya más casos, pero es el único que yo conozca en el que una mujer luche en duelo por su amor.

Poco después, tendrían mala suerte y serían capturados. El delito de pirata sólo tenía un castigo, la horca. Y el hecho de ser mujer, lejos de servir para reducir la pena, le pareció al tribunal un agravante particularmente horroroso.

Pero Mary estaba visiblemente embarazada y eso le permitió dilatar su ejecución hasta el nacimiento dle niño. Anne, podría ser muchas cosas, pero tonta no. Así que inmediatamente “confesó” estar también preñada y gozó de la misma próloga. Desgraciadamente, Mary murió antes de dar a luz víctima de unas fiebres, pero Anne consiguió escapar de prisión sin que se sepa nada más sobre su vida.

Personalmente, apostaría a que murió como uno más de los piratas anónimos que surcaban aquellos mares.

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Los grandes mitos celtas y su influencia en la literatura

8 enero 07

AUTOR: Ramón Sainero

EDITORIAL: Edicomunicación

COLECCIÓN: Olimpo

Si llevo un par de semanas hablando sobre temas célticos es, en gran parte, a causa de este libro 🙂

El autor hace un recorrido por lo desesperantemente poco conocido sobre la literatura céltica y lo mucho que esta ha influido sobre literaturas medievales, modernas y contemporáneas. Para ello, empieza describiéndonos los tres grandes ciclos de literatura céltica: el Ciclo del Ulster, el Ciclo Ossiánico y el Ciclo Artúrico.

El primero se basa principalmente en el héroe Cuchulain, hijo del dios Lug. Son mitos profundamente paganos, en los que la moral católica todavía no da muestras de aparecer y donde Cuchulain se enfrenta a hechiceros malvados, terribles monstruos y fuerzas de la naturaleza (llega incluso a enfrentarse al mismísimo mar). Personalmente me resulta evidente que nuestro más conocido Conan de Howard le debe mucho a Cuchulain.

El segundo ciclo recibe el nombre de Ossian, el bardo legendario que cantaría las aventuras de su padre, Finn y sus huestes, los Fianna. Se trata de unos mitos a caballo entre dos mundos. La magia se vuelve más extraña, y siempre en manos de malvados. Aparece el cristianismo y aunque Finn se opone a él, acaba venciendo. Existe incluso un imposible debate entre el héroe celta y el teólogo San Isidoro de Sevilla.

Por último, el ciclo artúrico, sin duda el más conocido y el que más influencia ha tenido sobre la literatura posterior nos narra las aventuras y desventuras del Rey Arturo y de sus perfectamente cristianos caballeros de la tabla redonda.

Después de ello, llega la parte más interesante del libro, al repasar el autor, país por país, la influencia de los mitos en las distintas literaturas, tanto en gaélico como en las distintas lenguas nacionales. Nos hace un repaso por los autores más importantes de influencia céltica por Irlanda, Escocia, Gales, Cornualles, Inglaterra, Francia y España.

El libro trata todos estos temas con gran seriedad y rigor. Una lectura muy interesante.

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El arco atlántico en la Prehistoria

27 diciembre 06

Los grandes obstáculos geográficos suelen tener una gran influencia sobre las culturas. A veces separando unas de otras, a veces uniéndolas. Así por ejemplo, el Río Danubio fue una de las más famosas fronteras que separaban al Imperio Romano de los distintos pueblos bárbaros, pero es menos conocido que un milenio antes, ese mismo río había servido como aglutinante de una importante cultura neolítica. Podemos decir algo parecido de los Pirineos, tradicional frontera entre España y Francia que fue en sus tiempos el núcleo de los pueblos vascones o el Mediterráneo, mar que servía para unificar el mundo Romano y gran barrera que separa el mundo islámico del europeo en la actualidad.

Algo semejante pudo haberle sucedido al llamado Arco Atlántico. Las aguas que bañan las costas desde Galicia hasta Escocia pudieron haber servido como elemento integrador de los pueblos que las habitaban ya desde el último periodo prehistórico. Pero… ¿existe la posibilidad de que aquellos pueblos pudieran enfrentarse regularmente a las duras aguas del Mar Cantábrico o del Canal de la Mancha? no hablamos de un viaje esporádico, que es bastante posible, sino rutas comerciales permanentes que pudieran asegurar un sólido lazo cultural. Sin atreverme a negarlo, que desde luego no tengo motivos suficientes para hacerlo, tengo mis dudas al respecto.

A la hora de enfrentarnos a este debate, nos encontramos con que se haya fuertemente viciado por nacionalismos de distinto signo. En este artículo intentaremos abstraernos de ella, aunque no sé hasta que punto será posible.

Hoy en día, perduran unas similitudes evidentes entre los folcklores gallego, asturiano, cantabro, bretón, gales, escocés e irlandés. Las que ahora son conocidas como “naciones celtas” (a las que pueden añadirse otros lugares también del Arco Atlántico, como Cantabria o Cornualles)

Existen abundantes estudios que relacionan leyendas muy semejantes a lo largo de las zonas mencionadas. También son comunes los símbolos de caracter solar como las esvásticas y una abundante toponimia que responde a deidades célticas como Lug o Avia.

Pero ¿demuestra esto que existiera un comercio estable en el Arco Atlántico en tiempos prehistóricos? A ser sinceros, a mi me sorprendería que efectivamente fuera así. Creo que estos rasgos pueden explicarse por dos motivos:

*Costumbres celtas en general. Sólo desde posturas fanáticamente españolistas se ha defendido que el norte penínsular no fue poblado por celtas. Los celtas extendieron su influencia no sólo por todo el Arco Atlántico sino también por tres cuartos de la actual Europa. No es extraño que la toponimia refleje su influencia y entra entre lo curioso pero no sorprendente que puedan existir rasgos folcklóricos que hayan sobrevivido tanto tiempo.

  • El Camino de Santiago. Tuvo una grandísima trascendencia sobre el Norte de España, introduciendo una gran cantidad de leyendas europeas (es probable que sea el caso de la Santa Compaña, por ejemplo).

Cabe preguntarse porqué estos rasgos culturales sobrevivirían en las zonas del Arco Atlántico y no en otras regiones afectadas por la influencia céltica y por el Camino de Santiago. Vaya casualidad ¿verdad? yo creo que sí, que fue casualidad. Estas regiones comparten en común el hecho de ser zonas alejadas y de dificil acceso. Sabemos por ejemplo que la Asturias medieval tenía mucha más relación con la población de La Rochelle que con la Bretaña francesa, y sin embargo los rasgos culturales “célticos” no se han mantenido con tanta fuerza allí.

Yo creo que la mayoría de características de las “naciones celtas” de los que se habla son muchas de origen celta, otros muchos de origen medieval y que se han mentenido en las regiones más aisladas. Es el caso claro de la gaita, por ejemplo, instrumento medieval que también es habitual en estas zonas.

Existen otros argumentos que creo necesario comentar:

  • Los descendientes de Breogán: El llamado Libro de las conquistas, libro escrito por un monje irlandés en el sXI nos narra una curiosa leyenda según la cual un rey céltico de un lugar del norte de España (posiblemente La Coruña) invadió Irlanda. Desgraciadamente, esta es la única mención que tenemos sobre esa posible invasión, así que ni se puede refutar ni confirmar. Yo creo que es bastante posible que fuera cierta (no la leyenda, evidentemente, sino que esta se base en una invasión hispánica real) pero no veo que ello confirme la existencia de un comercio estable en el Arco Atlántico. La historia antigua está repleta de invasiones y sorpresivos movimientos de población sin necesidad de utilizar rutas comerciales.
  • Comercio de largo alcance en castros prerromanos: Algunos arqueólogos han afirmado rotundamente que han encontrado evidencias de tal comercio, pero los casos que yo conozco no me parecen ni mucho menos tan evidentes. Así por ejemplo, en el castro situado en la Campa Torres, junto a Gijón, apareció un vaso fenicio y una abundante utilitaria metalúrgica. Esto sirvió a los arqueólogos para afirmar que existía un comercio de exportación de un supuesto excedente metalúrgico. Pero la abundante utilitaria metalúrgica es una constante en los castros astures que nos hacen pensar que cada familia hacía sus propias herramientas y la vasija fenicia pudo llegar por rutas de intercambio terrestres. Se conocen muchos ejemplos de comercio de este tipo en sociedades primitivas. Personalmente creo que este tipo de afirmaciones peca de excesivamente optimista.

Llegados a este punto, creo necesario indicar que sí es clara la existencia de un fuerte comercio en el Arco Atlántico apartir de los siglos IX-X. La Cornisa Cantábrica, separada abruptamente del sur de la Península por la invasión musulmana, se volvió hacia la cristiandad que se encontraba más allá del mar y estableció relaciones comerciales que perdurarían muchos siglos después, alcanzando su cénit en el sXV derrotando a la todopoderosa Hansa en el Canal de la Mancha.

Pero sinceramente, considero muy dificil que existiera una fuerte relación en el Arco Atlántico antes del sIX.

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