Etruria, el pueblo que podría haber sido Roma

16 octubre 07

Poco sabemos sobre los etruscos, pueblo ya mítico y legendario cuando los romanos empezaron a hablarnos sobre ellos. Llegaron a tener una cierta influencia en sus aguas y a desarrollar una civilización propia de la que poco sabemos. Desgraciadamente, no podemos leer sus documentos y lo que nos contaron los antiguos griegos y romanos está marcado por la distancia geográfica y/o cronológica.

Cuando los primeros griegos (eubeos) se establecen en Pitecusa (en el Golfo de Nápoles) en torno al sVIII Roma todavía no existe y toda la península itálica estaba poblada por pueblos que desconocían la escritura y que le parecieron a los helenos sumamente primitivos.

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Mapa en el que podemos ver el imperio etrusco en su máximo explendor. La principal colonia griega de la zona, Pitecusa, se encontraba en la islita que podemos observar enfrente de la también colonia griega Capua.

Pero entre estos pueblos, habría uno al norte que rápidamente comprendería los beneficios del comercio y que se convertirían en aventajados alumnos de los helenos. Los tirrenos, conocidos por los romanos como los etruscos, ganarían el suficiente respeto por parte de los griegos como para darle su nombre al mar que les rodeaba.

No sabemos casi nada sobre el pueblo etrusco. Tenemos algunos documentos escritos por ellos, pero hace ya muchos siglos que nadie puede comprender su idioma, un idioma que ni si quiera es indoeuropeo (la gran familia lingüístico de la que proceden la mayoría de las lenguas europeas)

Los romanos nos cuentan que era un pueblo de gran cultura y riqueza, formado por personas que vivían de cara al placer. Desgraciadamente, los romanos que nos lo contaron nacieron siglos después de la destrucción de la cultura etrusca, y parece seguro que lo que nos narran no es más que la versión idealizada de una cultura legendaria. Una cultura que a los primitivos romanos debió parecerle el culmen de la sofistificación.

Yendo a lo que parece más seguro, sabemos que los eubeos se establecen en Pytecusa (Ischia) en el sVIII, pero no sabemos casi nada sobre lo que hicieron más allá de ser evidente que sus barcos recorrían todo el mar que actualmente todavía llamamos Tirreno. Por lo que sabemos de otros lugares donde los helenos se establecieron más recientemente (y, por lo tanto, conocemos mejor), los griegos únicamente extenderían sus actividades por la costa, y serían los propios pueblos nativos los que llevarían sus mercancías hacia el interior. Resulta verosimil pensar que los etruscos jugarían este papel, y que así iniciarían su ascenso.

Eran los etruscos un pueblo establecido en varias ciudades-estado muy celosas de su independencia, imitando el modelo griego. Pero que establecieron una alianza (la federación etrusca) que probablemente naciera de su necesidad de equilibrar la superioridad helena.

En algún momento, los tirrenos le cogerían el gustillo a eso del comercio y empezarían a construir sus propios barcos y a iniciar la construcción de su propio imperio comercial. Y no debió dárseles mal, cuando los griegos insisten en que eran unos malditos y malvados piratas (honor que los helenos tan sólo dedican con más profusión a los fenicios).

La cumbre de su poderío debió llegar apartir del 537 aC , tras la batalla de Alalia (Córcega). En esta batalla, los griegos consiguieron derrotar a una coalición cartaginesa y etrusca, pero perdieron tantos barcos en esta victoria que los etruscos, desde entonces, serían los amos del mar Tirreno. Esto no debió gustar mucho a sus aliados cartagineses, que pasan a convertirse en sus rivales.

Pero también por esos tiempos surgió una amenaza para la coalición etrusca. En torno al 510 aC, 27 años después de la batalla de Alalia, es fundada la ciudad de Roma en el extremo sur del dominio etrusco, entre unos pueblos que se denominaban latinos y que se encontraban bajo un inseguro dominio etrusco. No es bien conocida la influencia etrusca sobre la Roma recién fundada, pero es claro que esta fue considerable. Probablemente sus tres últimos reyes fueran etruscos, y quizás la expulsión del último esconda una revuelta contra los etruscos.

Aquella Roma consiguió una cierta riqueza gracias a sus cercanas salinas (en un mundo sin congeladores ni latas de conserva, la sal es la única forma de conservar carnes y pescados, y por lo tanto un preciado recurso) Además, aquella Roma empezó pronto a construir su propia flota (flota que acabarían abandonando tras acabar con los etruscos, Roma no volvería a tener una flota digna de tal nombre hasta siglos después). Roma lideraría una revuleta latina contra los etruscos y construir una confederación en el Lazio semejante a la de sus vecinos del norte.

Roma apareció desde el principio como una amenaza para los etruscos. Una amenaza pequeña, reconozcámoslo, una pequeña molestia para los poderosos tirrenos. Pero una molestia capaz de firmar una alianza con los cartagineses y capaz de mantener constantes guerras contra la cercana ciudad de Veyes, frontera sur de la federación etrusca.

Al continuo enfrentamiento contra griegos, cartagineses y romanos, los etruscos tuvieron que añadir una amenaza imprevista cuando los Galos invadieron el norte de Italia. Los celtas del norte arrasaron toda la etruria y llegaron a conquistar la misma Roma (nadie más repetiría tal azaña hasta el sV).

Los romanos se vieron beneficiados por su posición geográfica al sur de los etruscos que, enseguida empezaron una guerra de liberación contra los invasores galos. Cuando por fin estos fueron empujados hacia el Valle del Po, Roma aparecía ahora como la potencia predominante de la Italia central.

Debilitados por los años de ocupación gala, los etruscos se encontraron con una presencia mucho más fuerte de los cartagineses en sus costas y con una ambiciosa Roma. Esta última acabaría finiquitando la historia de la cultura etrusca, iniciando un ascenso que no finalizaría hasta alcanzar el dominio de todo el Mediterraneo.

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Cleopatra, una faraona fea

23 septiembre 07

De todos los mitos históricos pocos, muy pocos, son tan machistas como el de Cleopatra (y ya tiene mérito, tú)

Cuando pensamos en la última reina de Egipto, a todos nos viene a la memoria la maravillosa Elizabeth Taylor. La hermosísima y lujuriosa mujer capaz de seducir al hombre más poderoso de su tiempo y a su inmediato sucesor, la nifómana glamourosa que supo convertir la corte alejnadrina en la capital de los placeres a la que ningún hombre sensato podría resistirse.

Cleopatra es una mujer que fue capaz de sobrevivir una infancia entera en la turbulenta corte alejandrina (casi ninguno de sus hermanos pudo decir lo mismo) y siendo apenas una cría de 17 años consiguió el trono apesar de la oposición de los más importantes hombres de Alejandría y sedujo a todo un Julio César que se acababa de convertir en el hombre más poderoso del Mediterráneo. ¿Cómo pudo una mujer conseguir sobrevivir allí donde tantos hombres (alguno de ellos, incluso inteligente) morían como moscas? Sólo existe una posible respuesta ¿no? debió ser increíblemente hermosa, el único atributo que una mujer puede poseer ¿verdad?

Pero entonces… ¿por qué sus contemporáneos insistían en destacar que era más bien feucha la pobre?

A lo mejor va a ser que tenía un poco de inteligencia y todo.

Moneda de Cleopatra en la que podemos comprender

a lo que Cicerón se refiere cuando habla de su nariz.

Las pocas imagenes que tenemos de ella en bustos y monedas no nos deberían servir para hacernos una idea de su belleza, ya que esta es relativa y cultural y es posible que a sus contemporáneos les pareciera hermoso un rostro que, desde luego, a nosotros no nos lo parece. Pero es que no existe ningún testimonio de Cleopatra en el que haya sido descrito como guapa. Parece ser que principalmente a causa de su nariz. Cicerón, que la conoció en persona, dijo una vez “si la nariz de Cleopatra hubiera sido más pequeña, habría conquistado el mundo”. Lo que de otra forma podríamos decir: si hizo todo lo que hizo siendo fea ¡imaginaros si encima llega a ser hermosa!

Destacan sin embargo, incluso los que más la odian, su impresionante cultura e inteligencia. Que sepamos, Cleopatra llegó a hablar al menos seis idiomas, y discutía con profundidad sobre filosofía, historia y, cómo no, política. Tenía además una personalidad increiblemente atractiva. Vale que no fuera hermosa, pero era una mujer con la que cualquier persona culta se sentía agusto. Y esto lo reconocen incluso, como ya hemos dicho, aquellos que más la odiaban.

Alejandría en tiempos del Imperio Romano, aparte del edificio en honor de César y el cementerio romano, no tenía muchos cambios con los tiempos de Cleopatra.

El Egipto de Cleopatra era la nación más rica del Mediterraneo, pero su poderío militar no estaba en consonancia con su economía… y eso era algo bastante peligroso cuando tienes como vecinos a los romanos. La principal debilidad del reino nacía de su división entre griegos y egipcios que se odiaban mutuamente. Se hacía imprescindible una reconciliación entre ambos pueblos que pudiera permitir al país del Nilo ofrecer una resistencia seria contra el imparable ascenso de Roma.

Quizás obligada por las circunstancias, o quizás por un genuino espíritu político, Cleopatra representaba en sí misma esa reconciliación entre los dos pueblos. Siendo griega, le hablaba a los egipcios en su propio idioma (fue la primera descendiente de Ptolomeo que aprendió a hablar egipcio). Siendo de tez blanca, vestía con las prendas tradicionales egipcias. Siendo Reina de Egipto, asumió los antiguos títulos faraónicos. Esto le granjeó la adoración de los egipcios… y la aniversión de Alejandría.

Recreación de la Torre de la isla de Faros, primera de su clase y que

daría nombre al resto de torres destinadas a ayudar al tráfico naval.

El Museo (nombre que deriva de las musas) daría también nombre a

este tipo de edificios.

Era Alejandría la ciudad más maravillosa del mundo (se cree que duplicaba la población de Antioquía y casi triplicaba la de Roma). Dotada de una impresionante Torre en la isla de Faros (una de las siete maravillas del mundo), con su Museo equipado con la mayor biblioteca del mundo, con sus dos puertos (los más activos del mundo, con carriles flotantes que permitieran gestionar efectivamente el intenso tráfico).

Pero era también un costoso parche sobre Egipto. Una colonia macedónica, griega, sobre tierra extranjera. En Alejandría los egipcios tenían prohibido residir. Alejandría pretendía actuar como si fuera una inmensa ciudad-estado, una ciudad que dirigía, sometía y esclavizaba a Egipto, el país más antiguo y más rico del Mundo Conocido. Sin la gran carga que significaba la población de alejandría, Egipto sería el país con mayor excedente alimenticio de su tiempo. A causa de Alejandría, los egipcios muy amenudo padecían hambre.

La crisis sucesoria que enfrentaba a Cleopatra con su hermano amenazaba con derivar en una guerra civil entre alejandrinos y egipcios. Una guerra que, por cierto, Cleopatra tenía todas las de perder. Al fin y al cabo, el ejército estaba en manos alejandrinas.

Entonces fue cuando Julio César apareció en escena. El Gran Hombre llegaba a Alejandría persiguiendo a su rival Pompeyo Magno, al que acababa de derrotar definitivamente en Farsalia. Aparecía por lo tanto como el hombre más poderoso del Mediterráneo. Una fuerza absolutamente capaz de desequilibrar la situación en Alejandría… y totalmente dispuesto a hacerlo en su propio provecho.

Lógicamente, ambos bandos intentaron ganarselo para su causa pero, como es sabido, al final fue Cleopatra la que consiguió seducirle. Y, si hemos visto que la reina no destacaba por su belleza, cabe preguntarnos como lo consiguió.

César era un hombre libidinoso. Era consciente de su grandeza, y se creía con derecho a todo y Cleopatra no fue precisamente la primera princesa a la que conoció íntimamente, incluso tenía un rey en su lista de conquistas. Es posible que aunque no fuera atractiva, César considerara que dormir con ella era una especie de obligación viril para él. Sus soldados dormían con las esclavas que habían capturado en la batalla, él dormía con las princesas.

Por otra parte, era un gran seductor, la lista de sus conquistas amorosas es todavía más larga que la de sus conquistas militares. Apesar de que casi le triplicaba en edad a Cleopatra, y que no es que fuera particularmente guapo, César era un hombre tremendamente atractivo. Probablemente, y esto es especulación mía, a causa de esa seguridad en sí mismo que siempre demostraba. Existe la posibilidad de que realmente la jovencísima Cleopatra que, probablemente, había conocido a muy pocos varones en su vida, se enamorara de él. Además, César ya recibía en el Oriente un trato de dios en la tierra, y Cleopatra como faraona sólo podía compartir lecho con otro dios como ella. La lista de dioses vivos en el Mediterráneo no era muy elevada.

No parece extraño que Cleopatra y César pudieran compartir algunas noches. Pero su amorío fue mucho más allá. En un momento en que los enemigos de César se estaban reagrupando para acabar con él, se dedicaron a recorrer el Nilo en un placentero crucero. Y cuando César viajó a Roma, Cleopatra no tardó mucho en acudir hasta allí. Y César siguió visitándola para escándalo de sus compatriotas y despecho de su esposa romana. No era César un hombre que tuviera problemas para conseguir satisfacer sus bajos instintos, así que si iba a visitar amenudo a aquella jovenzuela feucha y extremadamente delgada, por algo debía ser más allá del puro instinto sexual. Probablemente valorara en ella su increíble cultura e inteligencia, que hasta sus enemigos ensalzaron. Posiblemente incluso estuviera enamorado.

Políticamente la alianza entre César y Cleopatra era muy prometedora. Simbolizaba la unión entre Oriente y Occidente, y la garantía de que no habría más guerras en el Mediterraneo. Egipto aseguraba el suministro de trigo a Roma y Roma aseguraba la paz en Egipto. Por si fuera poco, Cleopatra tuvo un hijo con César, el único varón que tuvo el Gran Hombre.

Pero la muerte de César no llegó mucho después y Cleopatra tendría que volver a Egipto. Una nueva guerra civil amenazaría ahora a la República Romana y, tras acabar fácilmente con los asesinos, dos nuevos hombres aspiraban a ocupar el lugar de César.

El jovencísimo Cayo Octavio (que adopta el nombre de Julio César Octaviano y que más tarde sería conocido como Augusto) es el heredero legal de César. Marco Antonio era conocido como la mano derecha del dictador y es el hombre al que conocen y adoran sus soldados.

Mientras la gran potencia mundial se enfrenta consigo misma, la segunda potencia no podía quedar al margen. Cleopatra volverá a tomar un bando, Marco Antonio, y volvemos a encontrarnos con la incógnita sobre lo que debió pasar entre los dos. Políticamente la alianza parece idónea, Cleopatra tenía el dinero que Marco Antonio necesitaba para financiar su guerra civil. Y Marco Antonio parecía claramente superior a ese mocoso que había demostrado carecer de capacidades como militar.

Moneda con Marco Antonio y Cleopatra.

En lo personal, Marco Antonio no era César. Carecía de su atractivo físico e intelectual (aunque con su gran altura y corpulencia, es posible que fuera interesante). Por su parte, Cleopatra era más adulta y experimentada de lo que lo fuera con César. El resultado fue que si César era siempre el que parecía controlar la situación incluso en su vida en pareja, Cleopatra supo manejar con gran facilidad al muy inferior Marco Antonio. Si César y Cleopatra habían vivido en Roma, Cleopatra y Marco Antonio vivirían en Alejandría.

Sin embargo el romano tenía sus virtudes, parece ser que sabía ser tremendamente divertido cuando quería, y era capaz de hacer reir a cualquiera. Era además un competente militar y sus soldados le adoraban. No sabemos si Cleopatra efectivamente se enamoró de él. Aunque sí es evidente que Marco Antonio sí lo estaba.

Octavio no era un gran general, pero sí que era un gran político y si no sabía dirigir ejércitos, sí que sabía elegir a las personas adecuadas para ello. Con gran habilidad, consiguió desprestigiar a su rival principalmente por medio de Cleopatra. Es aquí donde nace la leyenda de Cleopatra. Se le inventan decenas de amantes (en realidad, los únicos amantes que le conocemos a Cleopatra son César y Marco Antonio) y se crea toda la atmósfera de glamour lujurioso que ha sobrevivido hasta la actualidad.

Tras una breve contienda, Marco Antonio es derrotado y tanto él como Cleopatra acaban por suicidarse. Octavio Augusto sería el primer emperador romano digno de tal nombre y Egipto se convertiría en una propiedad personal suya.

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La II Guerra Mundial, la mafia, los yankees y la Guerra Fría

19 junio 07

En tiempos de guerra, todo aliado es un amigo. Y mientras se enfrentaba a la todopoderosa Alemania del III Reich, los estadounidenses no tenían reparos en aliarse con todo aquel que pudiera prestar alguna ayuda.

En el caso particular de Sicilia, esa ayuda tenía el rostro mafioso. La Cosa Nostra había sido arrinconada y perseguida por el fascismo, pero mantenía toda su estructura y su red de contactos oculta, esperando el momento. Los estadounidenses no tuvieron reparos en utilizar la propia mafia norteamericana para contactar con sus “primos” sicilianos. Y cuando el 10 de julio de 1943 los primeros soldados británicos y estadounidenses pusieron pie en la isla, no es fácil cuantificar la ayuda que los mafiosos sicilianos pudieron prestar, pero todo parece indicar que sin ellos el desembarco habría sido mucho más complicado.

Se sabe que famosos mafiosos yankees, como Lucky Luciano, Vito Genovese o Genco Russo, se involucraron personalmente en la empresa y el primer jefe del gobierno militar aliado en Sicilia sería Charles Poletti, un coronel del ejercito norteamericano con turbios contactos mafiosos.

Siempre que se invade un territorio extranjero, es costumbre intentar crear una élite propia del país que colabore con la ocupación. En este caso, los norteamericanos no tuvieron que pensar mucho y los propios capos mafiosos se harían con el control del gobierno a cara descubierta. En algún caso, algunos capos fueron nombrados alcaldes de sus respectivas poblaciones.

Armado por los estadounidenses y bajo la bandera roja y amarilla, un ejército de sicilianos, con mandos como el coronel Giuliano (famoso bandido que fue llamado “el Robin Hood siciliano”) combatirá contra los nazis en nombre de Sicilia, a la que pretenden incluso separar de Italia para crear una nueva Malta o, incluso, incorporarse a los Estados Unidos como paraiso fiscal. Su ejército recibirá el nombre de GRIS-EVIS (Gioventú Rivoluzionaria per l´Independenza della Sicilia – Esercito Volontario per l´Independenza Siciliana)

Pero los tiempos corren en su contra. Una vez situado un gobierno pro aliado en Italia, los estadounidenses no consideraron que seguir alentando las aspiraciones separatistas de los sicilianos fuera buena idea. La mafia, pragmática como siempre, se limitará desde entonces a mantener el control sobre el ejército siciliano y convertirlo en una especie de guerrilla que utilizaran contra sus rivales, de izquierdas.

Porque los tiempos cambian con la llegada de la democracia. La nueva Italia cuenta con un poderoso partido comunista y un partido socialista muy radicalizado que pretenden hacer una reforma agraria a favor de los campesinos. Eso es algo que los mafiosos, emparentados con los grandes terratenientes, no van a tolerar, y especialmente desde la victoria de las izquierdas en Sicilia, emprenderán una campaña de terror contra los campesinos y los partidos de izquierdas.

El propio Salvatore Giuliano, al que no mucho antes llamaban el “Robin Hood siciliano” organiza la matanza de Portadella della Ginestra, en el que 67 campesinos fueron ametrallados por celebrar el 1 de mayo de 1947.

Italia estaba bajo él área de influencia aliado, y al igual que la URSS no iba a permitir que Polonia tuviera un gobierno democrático, los EEUU no dejarían a los italianos alcanzar el comunismo, ni si quiera un comunismo democrático.

La nueva derecha que ocupará el poder en esa Italia a la que no se permite a la izquierda gobernar será un gran conglomerado protagonizado por los democrata-cristianos y con gran cantidad de mafiosos y antiguos fascistas en sus filas. El enemigo común ahora es el comunismo y los antiguos enemigos ahora son amigos. Pero con su imagen de democracia, los nuevos gobernantes no querrán que se recuerde su pasado con los grupos armados que asesinaban campesinos alborotadores. El resultado es una serie de persecuciones policiales en las que el perseguido moría en un “tiroteo” o con personas que morían misteriosamente en las cárceles. Lo primero fue lo que le sucedió a Salvatore Giuliano (el Robin Hood – caricero de Portadella della Ginestra). Lo segundo fue lo que le sucedió a su segundo, envenenado por un café.

Italia mantiene con España la particularidad de que su estrema derecha fascista no fue destruida, como sucedió en países como Francia o Alemania, sino que se disfrazó de derecha moderada y democrática. Seguramente por ello Italia comparte con España la particularidad de tener unas derechas que cuando gobiernan sufren tics autoritarios y cuando están en la oposición amenazan con recuperar el poder “sea como sea”.

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Cómo se ocultó el genocidio judío incluso en España

21 abril 07

Uno de los hechos más aterradores del sXX es la forma como el III Reich fue capaz de organizar un genocidio de más de seis millones de personas sin que casi nadie se enterara de lo que estaba pasando. Esta noticia, publicada en España, es un buen ejemplo de como fue posible.

Noticia encontrada en el diario Arriba del 6 de junio de 1942.

“OBREROS ITALIANOS EN ALEMANIA

[…]

Como el servicio civil es obligatorio y constituye parte esencial del esfuerzo de la nación en guerra, a quien se sustrae a este deber como a quien abandona las filas del Ejército, Italia lo considera culpable de un delito de deserción. La necesidad del trabajo integral exige ciertamente esta gran movilización. Ni un brazo útil debe quedar inactivo. Por eso el texto único de la ley sobre el servicio del trabajo somete a la prestación obligatoria a todos los hombres, de los catorce a los setente, y a todas las mujeres, desde los catorce a los sesenta. La colaboración femenina en este gran menester de índole nacional pude ser altamente valiosa.

[…]

Esta movilización nacional tiende a la utilización de todas las formas del trabajo, con el único fin de servir a las necesidades de la guerra, necesidades comunes a Italia y a Alemania.

[…]

El régimen fascista, contrario por sus principios políticos a la emigración, aprueba y estimula, sin embargo, este desplazamiento excepcional de obreros [a Alemania], y con ello confirma el carácter bélico del servicio del trabajo y la estrecha solidaridad existente en este aspecto, como en todos, entre Italia y Alemania. En esta movilización civil del trabajo, que Italia dicta con fines propios, se respetará toda la legislación social en sus múltiples aspectos. De manera muy especial el servicio del trabajo afecta a los judíos y a los vagos profesionales, peso muerto de la nación.

El número de judíos italianos, según las últimas estadísticas, se eleva a 53.000. Esta prestación pretende restablecer el equilibrio de la posición económica y social entre elementos de raza aria y hebreos. Excluídos del servicio militar, los judíos son reclutados ahora para el servicio del trabajo; de esta forma prestan su colaboración directa y personal a la guerra, pues en verdad era un poco absurdo que mientras los italianos de raza aria participaban en los campos de batalla, con riesgo de su propia vida, los judíos no realizaran el menor sacrifico.”

De los cerca de 53.000 judíos italianos enviados a Alemania “a trabajar”, apenas un centenar consiguió sobrevivir a la guerra.

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Y a todo esto… ¿Por qué Roma?

28 febrero 07

La Biblia únicamente hace constantes referencias a una ciudad como ciudad sagrada, Jerusalem. Y sin embargo, la sede de los cristianos católicos es Roma, un lugar apenas mencionado en la Biblia (siempre de forma peyorativa) y que el fundador de la religión, Jesucristo, jamás visitó. ¿Por qué los católicos escogieron Roma como sede? Desde luego, todo responde a motivos políticos, no teológicos.

Los primeros cristianos se organizaron un poco a la buena de Dios (perdón por el juego de palabras). En el fondo, no importaba. Cuando se tiene buena intención, los problemas de organización se solucionan fácilmente y aquellos primeros cristianos destacaban por su buena voluntad, apesar de que las primeras disputas entre cristianos son casi inmediatas (no olvidemos la polémica entre San Pablo y San Pedro).

Según los grupúsculos cristianos fueron ganando en complejidad y riqueza, se hizo necesaria una estructura más sólida y así, un poco sin querer, fueron surgiendo líderes espirituales de cada comunidad. Las comunidades más poderosas generaban líderes más poderosos, dando inicio a los primeros obispos. Pero todavía carecían de ningún poder oficial directo sobre nadie. Lo que no quita que, al dirigir comunidades importantes, tenían un prestigio que le reconocían sus vecinos.

El primer cristianismo era todavía muy abierto a distintas posturas, todavía no se habían asentado los dogmas y cada uno tenía una visión distinta. En este sentido, lógicamente, lo que digera el dirigente de los cristianos de una ciudad importante como Alejandría tenía más peso que lo que dijera un sacerdote perdido por la Galia. De esta forma, se llegó un momento en el que existieron varios obispos por todo el mundo romano en disputa teológica entre sí. Las discusiones eran bastante importantes, existía incluso quien negaba la divinidad de Cristo, por poner un ejemplo sencillo de algo que ahora parece inimaginable.

Por la misma lógica que había generado los obispos, cinco de ellos se convirtieron en los más prestigiosos y los que más destacaron en estas primitivas disputas teológicas: Me refiero a los obispos de Antioquía, Alejandría, Jerusalem, Constantinopla y Roma.

Antioquía, Alejandría y Constantinopla eran las tres ciudades más importantes del imperio, Constantinopla de hecho era sede imperial. Jerusalem tenía mucha menor importancia demográfica y económica, pero era la ciudad sagrada de la Biblia y el lugar donde había muerto Jesucristo. Y Roma era la hermana pobre del grupo, perdida hacía mucho tiempo la capitalidad del Imperio (incluso del de Occidente), tan sólo la mantenía en pie su prestigio como antigua ciudad imperial, así como el hecho de ser la única ciudad occidental que seguía siendo digna de tal nombre.

¿Cómo salió triunfadora Roma? En realidad no lo hizo, simplemente fue la única superviviente… Antioquía, Alejandría y Jerusalem cayeron en manos musulmanas. Sólo quedaron dos, Constantinopla y Roma. La primera dio origen a los patriarcas de Constantinopla y dio origen a la Iglesia Ortodoxa. La segunda creó los papas y la Iglesia Católica. Nótese que el título de “papa” no es oficial, el título oficial es el de “Obispo de roma”.

Teniendo en cuenta que Constantinopla también acabó siendo invadida por las fuerzas islámicas, habría que decir que, en realidad, los que decidieron que Roma y no otra fuera la sede del cristianismo católico fueron… los moros 🙂

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