El Quijote de Avellaneda

12 julio 08

Todo empezó cuando un tal Miguel de Cervantes, autor al que consideraban segundón, publica la primera parte de su famoso El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Hoy los especialistas consideran al Quijote como la obra cumbre de la literatura en lengua castellana, apesar de que casi nadie de la calle la ha leído. Curiosamente, en 1605 sucedió justo lo contrario. El Quijote fue recibido con frialdad entre los críticos, pero con entusiasmo por el vulgo que la convirtió rápidamente en un best-seller sin precedentes.

En unos pocos años, el libro de Cervantes conoció varias reimpresiones en infinidad de ciudades por toda Europa e Indias, se realizaron muy pronto traducciones a la mayoría de las lenguas europeas. Durante décadas, cada vez que una imprenta pasaba apuros económicos, editaba un Quijote y lo vendía como rosquillas.

Poco de ese dinero acabó en manos de Cervantes, que la situación de los derechos de autor era opuesta a la actual, pero estaba claro que el mundo literario no iba a quedar ajeno a un fenómeno de tales características. Como setas, y en varias lenguas, empezaron a surgir continuaciones de la obra de Cervantes. Una de ellas consiguió tanta fama que el mismo Cervantes se sintió con ganas de hacer referencias a ella en su segunda parte del Quijote. Me estoy refiriendo a la novela que fue firmada con el nombre de Alonso Fernández de Avellaneda (pseudónimo de un autor desconocido)

El Quijote de Avellaneda no soporta ninguna comparación con el de Cervantes. Así que en la medida de lo posible, vamos a intentar no establecerlas. Únicamente destacar que el Quijote y, sobretodo, el Sancho de Avellaneda son personajes infinitamente más simples que los de Cervantes. Y es que Avellaneda no busca una grandes profundidades, tan solo pretende algo entretenido para pasar el rato y echarse unas risas a costa de la locura de uno y la simpleza del otro. Porque Quijote no sólo está loco, sino que además carece de la dignidad que le otorga Cervantes. Y Sancho no es que sea un hombre sencillo, es que es muy tonto. Cervantes había conseguido construir esa fina línea entre la simpleza y la estupidez, Avellaneda arrasa con todo sin ningún miramento. Al igual que el Sancho Panza que conocíamos, el escudero del que nos habla Avellaneda habla constantemente con refranes, pero ahora los cita incorrectamente y sin ningún sentido.

Y es que, en su empeño por ser divertido a toda costa, Avellaneda recurre a métodos a veces realmente torpes. Juegos de palabras infantiles, situaciones inverosimiles y el eterno recurso de acudir a Sancho Panza (verdadero protagonista de esta novela) para sacarle las castañas del fuego. He de reconocer, sin embargo, que algunos momentos son realmente divertidos, pero se ven empantanados por el aluvión de chistes malos que el autor se ve obligado a introducir cada párrafo.

La historia está bastante bien hilvanada. Diré incluso (en algo tenía que pasar) que mejor que la versión de Cervantes. No ya por errores fruto de las prisas como el tan famoso asno intermitente de Sancho Panza, sino porque realmente Avellaneda nos muestra una historia coherente con la primera parte del Quijote y repleta de giros interesantes y a veces sorprendentes, aunque el autor se vea obligado demasiado amenudo a recurrir a personajes poderosos que protejen a los protagonistas para poder reirse de ellos.

No hay duda de que el Quijote de Avellaneda es un libro facilón y superficial pero en su defensa, lo cierto es que tampoco ha pretendido nunca ser otra cosa.

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Safo, la primera de las décimas musas

17 febrero 08
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Safo, tal y como fue representada en una casa de Pompeya.

La literatura, como ejercicio intelectual que es, siempre se ha considerado cosas de varones. Sin embargo, de cuando en cuando, alguna mujer le ha dado por demostrar lo contrario. Estupefactos, sus contemporáneos muchas veces las recibieron con escándalo (Sor Inés de la Cruz), otras sin embargo fueron consideras criaturas casi divinas, es el caso de Safo.

Algunas de estas mujeres, incluso la desdichada Sor Inés, recibieron un piropo facilón y evidente. Que yo sepa, al menos cuatro mujeres fueron descritas como “la décima musa” (supongo que de una a otra ya se había olvidado la anterior). Hoy voy a hablar de la primera de ellas que yo conozca, Safo de Lesbos.

Habrá que empezar reconociendo que poco es lo que se sabe sobre ella. Es más, la Safo histórica está tan entremezclada con la Safo mitológica que resulta complicado separar a una de otra. En algunos de los diccionarios de mitología más prestigiosos (como el de P. Grimmal) Safo y sus mitos tienen su propia entrada.

Y es que, ¡oyes!, no hay muchas mujeres mortales de las que se cuente que compitieron con la mismísima Afrodita por el amor de un varón. Y no por su belleza que, a juzgar por lo que Safo cuenta, debió ser poquita cosa (“bajita y sin gracia” dice en un verso que, posiblemente, se refiere a sí misma).

Apesar de que su contemporáneo y compatriota Alceo dijera “Oh Safo coronada de violetas, sacra, de sonrisa de miel”, es más que probable que el atractivo que parecía disfrutar procediera, como tantas personas, de su ingenio más que de su belleza. Al fin y al cabo, a Safo se le atribuye la máxima “el que es bello mientras se le contempla es bello, pero el que es excelente, pronto será bello también“, un claro antecedente del pensamiento de Sócrates y Platón, por cierto.

La lista de sus supuestas conquistas es innumerable, en su poesía encontramos algunos nombres de amados y amadas. Es a Safo que la isla de Lesbos goza del honor de haber dado nombre a toda una opción sexual.

Pero dejemos de lado (por un momento) los cotilleos y vamos a lo importante: Safo fue capaz de convertirse en una de las principales influencias de la poesía griega y romana. No sólo parece ser la primera en utilizar un tipo de composición que los antiguos llamaron “estrofa sáfica”, sino que sus desenfadados poemas amorosos (y eróticos) podrían ser los que abrieron la puerta a la poesía sentimental. Hasta Safo, la poesía había sido principalmente épica, desde ella (y Alceo) hasta la actualidad, el amor sería la fuente principal de inspiración poética. No es poco.

Los grandes poetas de la antigüedad elogian a Safo, incluso varios filósofos como Platón que la utiliza para demostrar que la mujer es capaz de alcanzar al hombre en ingenio. Desgraciadamente, nosotros no podemos juzgarla convenientemente ya que apenas sí tenemos algún pequeño fragmento de su obra. Sabemos que en la Biblioteca de Alejandría se compiló una antología de Safo que llenaba nueve libros (quizás diez, la referencia es confusa). Hoy apenas nos quedan fragmentos, retazos de su producción.

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Esto es lo que queda de una de las creaciones de Safo.

Sabemos que Safo escribió un Himno a Afrodita considerado como su obra maestra y envidiado y exaltado por gran cantidad de eruditos de la Antigüedad. De este himno apenas nos queda un fragmento que empieza así:

Inmortal Afrodita de bien labrado trono, hija de Zeus trenzadora de engaños, yo te imploro, con angustias y penas no esclavices mi corazón, Señora,

De esta forma tan original, Safo inicia un tema que quizás tuviera precedentes, pero no los conocemos. El tema del que no quiere enamorarse más veces e implora tranquilidad para su corazón. Junto al “Déjame en paz, Amor tirano” de Quevedo, este es el único poema que conozo en el que se invoca a una divinidad supuestamente benigna para pedirle que se aleje de uno.

Pero luego sigue:

en vez de eso aquí, si en verdad ya otra vez mi voz oíste desde lejos y me escuchaste y abandonando la mansión del padre viniste, el áureo arro luego de uncir: bellos, veloces gorriones te trajeron sobre la tierra negra batiendo con vigor sus alas desde el cielo por en medio del éter. Resto llegaron: y tú, diosa feliz, sonriendo con tu rostro inmortal me preguntabas qué me sucedía y para qué otra vez te llamo qué es lo que en mi loco corazón más quiero que me ocurra:

La diosa, maternalmente, se sonríe de la súplica de Safo sabiendo bien que, en el fondo, el que pretende no querer enamorarse es porque en el fondo lo necesita.

“¿A quién muevo esta vez a sujetarse a tu cariño? Safo, ¿quién es la que te agravia? si ha huido de ti, pronto vendrá a buscarte; si no acepta regalos, los dará; si no te ama, bien pronto te amará aunque no lo quiera”

Aquí descubrimos que la persona de la que Safo está enamorada es una mujer. Y Afrodita le promete su ayuda, que Safo acepta para que al final el amor, Afrodita, salga vencedora:

en, pues, también ahora, líbrame de mis cuitas rigurosas y aquello que el corazón anhela que me cumplas, cúmplemelo y tú misma sé mi aliada en la batalla.

El tema de la homosexualidad (más bien bisexualidad) de Safo ha sido muy debatido. Estúpidamente en mi opinión, ya que no creo que haya motivo para mucha discusión, la bisexualidad de su poesía es más que manifiesta. Algunos expertos han tratado de “defender” a Safo (ya se sabe que hay gente que considera un insulto ser bisexual). Para ello han aducido que las referencias a sus amantes femeninas bien podrían ser muestras de amistad exajeradas (aunque a mí versos como “durmiendo sobre el pecho de mi tierna amiga” me inclinan a pensar que no es así) y han utilizado argumentos tan ridículos como que Platón puso a Safo como ejemplo de persona virtuosa, olvidando que la “virtud” para Platón no era lo mismo que la cultura de tradición judeo-cristiana que nos rodea. Platón también consideraba a Sócrates un hombre virtuoso, apesar de que este hiciera cosas como masturbarse en público.

Si me veo tentado a remarcar que la bisexualidad de Safo me parece muy conveniente en la mentalidad griega de por entonces. Hoy existe una cierta tendencia a suponer que la poesía es cosa de mujeres o de varones homosexuales, es posible que los griegos pensaran justo lo contrario. Por otra parte, si se esperaba de un hombre ingenioso y virtuoso que manteniera relaciones con mujeres y muchachos ¿no es lógico pensar que una mujer destacada debiera tener inclinaciones sexuales semejantes?

Parece ser (o quizás no, sabemos muy poco) que Safo dirigió una especie de escuela de señoritas de donde saldrían varias de sus amantes. De ser cierto, Safo sería un muy interesante precedente de los sabios que un siglo más tarde educarían a las élites (varoniles) de la Hélade y que alcanzarían su punto más conocido con la Academia de Platón. Algunos de sus versos podrían estar relacionados con sus relaciones amorosas con las jóvenes muchachas a las que instruía “Lucero de la tarde, te traes todas las cosas que la Aurora brillante hizo salir de casa: traes la oveja, traes la cabra, traes la hija lejos de su madre.”

Esto siempre es según la interpretación que hicieron los eruditos de la antigüedad (y que escribieron siglos tras la muerte de Safo). Es posible que en realidad no haya existido ninguna escuela. También nos cuentan estos antiguos sabios que existía una competidora, una mujer llamada Andrómeda, detestada por Safo que tenía su propia escuela y debía ser más hermosa aunque menos ingeniosa. Lo que es peor, la competidora sería capaz de enamorar y llevarse a algunas de las protegidas de Safo. Algunos de los versos conservados hacen referencia a esta especie de competición entre ambas mujeres: “De nuevo Eros que desata los miembros me hace estremecerme, esa pequeña bestia dulce y amarga, contra la que no hay quien se defienda […] Atis, has cobrado aborrecimiento a acordarte de mí y vuelas hacia Andrómeda” (Eros es el equivalente a Cupido, el dios que influye sobre los enamoramientos y, en este caso, los celos)

Los celos es un asunto recurrente en la poesía de Safo, “¿Qué rústica hechiza tus sentidos [corrompido] llevando un rústico vestido [corrompido] sin saber elevar su borde sobre los tobillos”. Y este desprecio que se trasluce sobre sus competidoras también resulta frecuente, como en el siguiente fragmento dedicado, posiblemente, a la ya mencionada Andrómeda: “Una vez muerta, yacerás en la tierra y no habrá recuerdo tuyo ni añoranza ya más: no tienes parte de las rosas de Pieria, sino que ignorada también en la mansión de Hades errarás revoloteando entre las sombras de los muertos” Andrómeda no estaba dotada para la poesía (no tenía parte de las rosas de Pieria), así que no será recordada tras su muerte tal y como sería recordada ella.

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Alceo y Safo en una cerámica ateniense. No debe sorprendernos la presencia del arpa, en aquellos tiempos, como ahora, casi toda la poesía que se hacía era cantada. Por eso en muchos sitios se habla de “lírica” en vez de “poesía”.

Compuso Safo también varias canciones (probablemente toda su composición fuera en forma de canciones) de boda. Este tipo de canciones han sido de corte picante en infinidad de culturas desde que se tiene memoria. Desgraciadamente no sabemos si era el caso de las bodas griegas antes de Safo o si fue ella la que inauguró esta moda con versos como estos:

(cantan las amigas de la novia, hablando de la novia): “Como la manzana dulce se colorea en la rama más alta, la más alta en la más alta, de ella se olvidaron los cosecheros de manzanas. Pero no es que la olvidaran, es que no pudieron alcanzarla”

Pero el tiempo hace mella en todo tipo de mortal, incluso en aquella que compitió contra Afrodita por un varón. Pero Safo, siempre despreocupada, en vez de lamentarse por la juventud perdida como el Néstor de Homero, parece mostrar una especie de resignación no exenta de cierta amargura: “Sigue siendo amigo mío ybúscate un amujer más joven: pues no podré vivir contigo siendo yo más vieja”

O el siguiente verso que, quizás, sea una referencia a su vejez “pasa el momento” o igual no, dificil saberlo con lo que tenemos: “Se ha puesto la luna y las Pléyades: es la media noche: pasa el momento, y yo duermo sola”

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Cuenta la leyenda que, tras ser derrotada por Afrodita al buscar el amor de Faón, Safo se arrojó de la roca de Léucade, quedando esta consagrada como lugar donde suicidarse si eres un enamorado desdichado.

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Los españoles que escribieron en árabe

14 abril 07

Uno de los momentos más brillantes de la cultura en la Península Ibérica es, sin embargo, poco conocida por los que la habitamos hoy en día. Me refiero, evidentemente, a los tiempos de la dominación árabe. Todavía en pleno sXXI, la islamofobia ha provocado que esta etapa gloriosa de nuestro pasado siga pasando desapercibida.

La España preislámica estaba habitada por hispano-romanos y, como minoría importante, por judíos. La invasión islámica atrajo a gran cantidad de pueblos africanos y asiáticos, cada uno con sus propias herencias culturales, principalmente bereberes, sirios y árabes.

Una máxima histórica que raras veces se incumple es la de que el mestizaje cultural suele conllevar grandes creaciones culturales. No sería menos en esta ocasión y durante varios siglos la Península Ibérica bajo dominio musulman sería uno de los mayores focos de irradiación cultural al oeste del Indo.

Es conocida la gran importancia de los hispanos bajo dominio islámico (que no siempre eran de religión islámica) a la hora de conservar y trasmitir la filosofía y el pensamiento helénico. El mismísimo Aristóteles fue conocido en Europa gracias a las obras del cordobés Abū l-Walīd Muhammad (Averroes), y su opinión sería admirada hasta tal punto que se le pondría en controversia con los Padres de la Iglesia.

Debajo incluyo una lista muy incompleta de algunos de grandes creadores de los que jamás os habrán hablado en las escuelas porque cometieron el delito de pertenecer a la cultura, a la postre, derrotada. Seguramente si los islámicos hubieran sido los vencedores, ahora hablaríamos de los escritores cristianos :), pero como no ha sido el caso, debemos ocuparnos de los islámicos:

  • Ahmad ibn Suhayd: Poeta de gran originalidad que se aleja de los cánones clásicos y firme defensor de la inspiración contra la técnica. Escribió también una importante novela de crítica literaria, la Epístola de los genios, en la que el autor viaja al mundo de los genios donde se entrevista con los genios que han inspirado a los literaros más famosos de todos los tiempos. Estos genios discuten entre sí mostrando reflexiones importantísimas sobre la creación literaria. Se dice que esta obra pudo influir a Dante a la hora de escribir su Divina Comedia.
  • Ibn Hazm: Autor de obras de gran contenido político, fue perseguido y desterrado de los más importantes reinos de taifas. Sus obras llegaron a ser incineradas en Sevilla. Destaca su Fisal, una historia comparada, con intenciones de objetividad, de las grandes religiones y de sus distintas variantes. Su Epístola en elogio de al-Andalus es una obra de alto contenido político en la que critica duramente el trato recibido por los intelectuales. Pero probablemente su obra cumbre fuera El collar de la paloma, traducida a las lenguas medievales más importantes, es una de las más importantes reflexiones sobre el amor que produjo la Edad Media europea. Influyó sin duda alguna sobre la obra de Gonzalo de Berceo.
  • Ibn Zaydun: Sus versos de amor no correspondido son todavía considerados de los más bellos escritos en lengua árabe.
  • Abull l-Walid al-Himyari: Escribió una hermosa antología poética sobre la primavera y las flores en la que muchas obras son suyas y otras muchas de sus amigos. Destaca en esta antología una epístola suya en la que se mezclan magníficamente verso y prosa en una querella entre flores.
  • al-Mutadid: Rey de Sevilla y persona con una vida absolutamente novelesca (un día debería dedicarle un artículo :). Convirtió a Sevilla en la capital de la poesía occidental, llegando a atraer a poetas de origen africano y siciliano. Escribió en árabe y en lengua romance, destacando entre su producción los versos que escribió desde el exilio, tras haber perdido su trono.
  • Ibn al-Haddad: Natural de Guadix, tuvo que abandonar el Reino de granada y se ganó su fortuna componiendo versos de alabanza al vecino rey de Almería. Pero sus mejores composiciones, seguramente por ser las más sinceras, son las que escribió a una joven cristiana que le rechazó.
  • al-Sumaysir: También granadino refugiado en Almería, compuso unas divertidas sátiras contra los bereberes que reinaban en Granada.
  • al-Muzaffar: Rey de Badajoz, impulsó la realización de la tristemente perdida al-Muzaffari, voluminosa recopilación del saber que hoy denominaríamos enciclopedia.
  • Ibn Abdun: Sus contemporáneas decían maravillas de él, pero desgraciadamente de toda su obra tan sólo nos han quedado 75 versos que resultan fríos y farragosos.
  • Muchahid: Rey de Denia. Siendo el rey militar-sabio paradigmático árabe era, curiosamente, de origen cristiano (sí, estas cosas pasaban en los reinos de taifas), inició un impresionante diccionario del árabe que no pudo completar por sus tareas militares y mandó continuar a Ibn Sida de Murcia. Experto en temas literarios, se ganó fama de ser muy exigente con los poetas de su Corte. Siendo también súmamente hábil en cuestiones militares, compuso una Epístola de la espada y el cálamo (pluma).
  • Ibn Sida de Murcia: Considerado el principal lexicógrafo del árabe medieval, recibió el encargo de Mucahid de continuar un diccionario iniciado por él y acabo realizando dos. Uno alfabético (Muhkan) y otro analógico (Mujassas).
  • Ibn García: De origen cristiano, como ya habrás adivinado, escribió obras de caracter político en las que defendía la superioridad de los musulmanes no árabes, siendo uno de los iniciadores de la reacción nacionalista que viviría al-Andalus.
  • Abd Allah: Último gobernante bereber de Granada, en el exilio compondría una experimentada y profunda autobiografía que es uno de los principales documentos de información sobre los Reinos de Taifas.
  • Ibn Bayyah: Conocido entre los cristianos como Avempace, escribió El régimen del solitario, obra basada en el pensamiento de Aristóteles que tendría cierta influencia sobre los escolásticos cristianos. Fue también un poeta notable.
  • Ibn Jafacha: Poeta del paisaje levantino, fue llamado al-chaman (el jardinero). Se le considera el primer paisajista hispano. Sus descripciones de río, jardines y flores iniciaría una escuela de imitadores en la que destacaría su sobrino Ibn al-Zaqqaq.
  • Said al-Andalusí: Escribió la primera Historia de la ciencia hispana digna de tal nombre.
  • al-Waqqasí: Como toledano, vivió en la frontera entre tres religiones. Librepensador, colaboró con sabios cristianos y judíos. Se le atribuyen dos versos que podrían anteceder a la crisis del pensamiento medieval que llegaría no mucho después y que daría origen a la ciencia moderna: “Me aflige pensar que las ciencias de la humanidad son dos y que si las aprendo no tengo más que aprender / Una ciencia [la teología] cuya comprobación real es imposible y otra [la filosofía] cuya verdad de nada sirve.”
  • Existe también una increible cantidad de nombres de científicos andalusíes: Ibn Bassal (agrónomo y botánico, desarrolló gran cantidad de injertos), Ibn al-Luengo (agrónomo y botánico, es posible que creara un sistema de clasificación botánico), Abu Maslama (astrólogo), al-Karmani (astrólogo), Azarquiel (astrónomo, construyó una clépsida en Toledo que funcionó hasta 50 años tras la conquista de los cristianos), Ibrahim bin Saíd (astrónomo, sus astrolabios eran muy sofisticados), al-MutamanIbn al-Sayyid (matemático), Mosé ha-Sefardí (matemático y traductor, viajó hasta Inglaterra donde introdujo sistemas de cálculo árabes y tradujo al latín cuentos árabes), al-IstichíIbn al-Muad de Jaén el joven (matemático, escribió el primer tratado dedicado exclusivamente a la trigonometría esférica y calculó correctamente la altura de nuestra atmósfera), Ibn Jalaf al-Muradí (autor del único tratado árabe occidental sobre mecánica conocido, alguna de sus máquinas han podido ser reconstruidas).

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    Mary Wollstonecraft y Percy Shelley, la libertad política y sexual.

    10 abril 07

    “Toda política llevada al extremo debe ser producto de la maldad.”

    Mary Wollstonecraft .

    “La riqueza es un poder usurpado por la minoría para obligar a la mayoría a trabajar en su provecho.”

    Percy Shelley

    Tras la derrota de Napoleón, se desató por toda Europa una corriente reaccionaria sólo comparable a la que vivimos en la actualidad tras la caída de la URSS. Un Borbón se sentaba otra vez en el trono de París, el pueblo español gritaba “¡Vivan las cadenas!”, en Rusia se quemaban los libros de la Ilustración… Malos tiempos para librepensadores como Wollstonecraft y Shelly.

    Ambos protagonistas de este artículo produjeron grandes obras literarias y políticas, pero hoy nos interesa más su vida. Porque poca gente ha llevado a la práctica de una forma tan clara sus ideales de libertad en su vida privada.

    Mary Wollstonecraft fue la hija del filósofo anarquista William Godwin y de Mary Wollstonecraft , escritora femninista que nunca aceptó cambiar su apellido de soltera. La madre murió al poco de dar a luz a su hija y William volvió a casarse poco después, teniendo otra hija llamada Claire Clairmont.

    DEMOCRATA, ATEO Y AMANTE DE LA HUMANIDAD

    Percy Shelley se definía como “demócrata, ateo y amante de la Humanidad”. Fue poeta romántico y revolucionario, valga la redundancia.

    Hijo de una familia poderosa, fue expulsado de la Universidad de Oxford por divulgar un provocativo panfleto titulado “La necesidad del ateísmo” y se fugó a Edimburgo con la hija de un tabernero. Una vez su familia había renunciado a él, y por lo tanto quedándosele vedadas las vías legales para acceder al parlamento, viajó a Irlanda y Gales intentando difundir ideas de libertad y contra la opresión inglesa. Tras su fracaso, rompió su matrimonio con la hija del tabernero y entró en contacto con Godwin y así conoció a su hija de 16 años, Mary.

    Se dice que Percy en el fondo estaba enamorado de la difunta madre de Mary, desde que leyó sus escritos feministas. Para Mary, por su parte, fue fácil enamorarse de aquel poeta repleto de vitalidad y de energía.

    Godwin consiguió refrenar las ansias de Shelley y le convenció para que se dedicara más a la teoría y menos a la práctica, afirmaba que no era el momento. Y tenía razón. Pero Shelley era persona impulsiva y tardó poco en aburrirse de su nueva situación, un día convenció a Mary para que se fuera con él, y su hermanastra Claire se apuntó a la aventura. Apesar de las protestas de Godwin, los tres se marcharon a Francia. Fueron años difíciles en los que vivieron serios aprietos financieros, Shelley tuvo que pedir pedir prestado utilizando su futura herencia como garantía.

    EL VERANO SUIZO

    Dos años después, en 1816, un recientemente separado Lord Byron (con gran escándalo) se unió a ellos en Ginebra. Existen infinidad de leyendas sobre lo que sucediera en aquella casa, se llego a decir que ambos poetas prostituían a las chicas y que Shelley había llegado a comprar sus hijas a Godwin. Sin duda esto no es más que ridiculeces de los enemigos de la libertad sexual, siempre dados a sacar las cosas de quicio.

    Pero es innegable que la relación que había entre ellos era bastante liberal. Tanto Percy como Mary tuvieron hijos fuera de su matrimonio, Claire por su parte tuvo un hijo de Lord Byron y Percy habló de algo a lo que llamó “placer compartido” relacionado con él, su mujer y su nuera. Por si fuera poco para animar la leyenda, algunos amigos de Percy dirían que este les había animado a seducir a su esposa.

    Mary Wollstonecraft a la izquierda, Percy Shelley en el centro y a la derecha Claire Clairmont.

    Pero del tiempo que pasaron en Ginebra salieron mucho más que intensas relaciones sexuales. Se cuenta que una apuesta entre Percy y Lord Byron le dió a Mary la idea para escribir Frankenstein y a Pollidori (criado de Byron) la idea de su famoso Vampiro.

    Tras aquel fructífero verano suizo, los tres volvieron a Inglaterra con la intención de estabilizarse un poco. Pero allí se encontraron dos trágicos suicidios. El de la hermanastra de Mary, Fanny Godwin (hija ilegítima de su madre y a la que Godwin había acogido como hija propia) y Harriet Westbrook, la hija del posadero primera mujer de Shelley que jamás le había perdonado que se fuera con Mary.

    Ambas muertes deprimieron profundamente a la pareja que además se veían acosados por las deudas. Por si fuera poco, un tribunal inglés le quitó a Shelly la custodia de los hijos que había tenido con Harriet a causa de su ateísmo y ambos tenían miedo de que les quitaran también a su único hijo juntos. Era el momento de volver a huir.

    ITALIA

    En Venecia se volvieron a encontrar con Byron, al que le hicieron entrega de su hijo con Claire (el lord se había comprometido a criarlo y su madre tenía esperanza de que le reconociera como primogénito). Tres meses más tarde, en Nápoles, nacería una niña que sería registrada como hija de Percy y Mary, si bien las malas lenguas afirman que si bien Percy era el padre, Claire era la madre. Los tres lo negaron, pero existen evidencias que podrían indicar lo contrario.

    Después de haber pasado hambre, de haber sido perseguidos legalmente, en junio de 1819 se produjo una desgracia que la pareja no pudo soportar. La muerte de su hijo William acabará provocando su crisis definitiva. Mary entonces huyó del hombre con el que había vivido casi toda su vida de adulta, y Percy se sumió en la desesperación componiendo algunas de sus obras más bellas.

    Tan sólo un año después, a la edad de 30 años, Percy Shelley moría víctima de un naufragio. Mary se dedicó desde entonces a organizar y publicar las innumerables notas y escritos de su marido. Y de su propia inventiva escribió varias novelas, entre las que, lógicamente, destaca Frankenstein, la obra cumbre del romanticismo británico.

    Frankenstein es conocido por el gran público a causa principalmente del cine, que lo ha simplificado y convertido en una mera historia de terror. Pero la novela es mucho más que eso, es una profunda reflexión sobre la identidad humana y sobre sus límites.

    Ambos habían vivido como buenos poetas románticos, lo cual tiene especial mérito para Mary, una mujer en un mundo en el que las feministas no eran combatidas políticamente… sino internadas en manicomios.

    Fracasó Mary, sin embargo, en la lucha de su madre. Mary Wollstonecraft es hoy recordada como Mary Shelley o, a veces, como Mary W. Shelley.

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    Los grandes mitos celtas y su influencia en la literatura

    8 enero 07

    AUTOR: Ramón Sainero

    EDITORIAL: Edicomunicación

    COLECCIÓN: Olimpo

    Si llevo un par de semanas hablando sobre temas célticos es, en gran parte, a causa de este libro 🙂

    El autor hace un recorrido por lo desesperantemente poco conocido sobre la literatura céltica y lo mucho que esta ha influido sobre literaturas medievales, modernas y contemporáneas. Para ello, empieza describiéndonos los tres grandes ciclos de literatura céltica: el Ciclo del Ulster, el Ciclo Ossiánico y el Ciclo Artúrico.

    El primero se basa principalmente en el héroe Cuchulain, hijo del dios Lug. Son mitos profundamente paganos, en los que la moral católica todavía no da muestras de aparecer y donde Cuchulain se enfrenta a hechiceros malvados, terribles monstruos y fuerzas de la naturaleza (llega incluso a enfrentarse al mismísimo mar). Personalmente me resulta evidente que nuestro más conocido Conan de Howard le debe mucho a Cuchulain.

    El segundo ciclo recibe el nombre de Ossian, el bardo legendario que cantaría las aventuras de su padre, Finn y sus huestes, los Fianna. Se trata de unos mitos a caballo entre dos mundos. La magia se vuelve más extraña, y siempre en manos de malvados. Aparece el cristianismo y aunque Finn se opone a él, acaba venciendo. Existe incluso un imposible debate entre el héroe celta y el teólogo San Isidoro de Sevilla.

    Por último, el ciclo artúrico, sin duda el más conocido y el que más influencia ha tenido sobre la literatura posterior nos narra las aventuras y desventuras del Rey Arturo y de sus perfectamente cristianos caballeros de la tabla redonda.

    Después de ello, llega la parte más interesante del libro, al repasar el autor, país por país, la influencia de los mitos en las distintas literaturas, tanto en gaélico como en las distintas lenguas nacionales. Nos hace un repaso por los autores más importantes de influencia céltica por Irlanda, Escocia, Gales, Cornualles, Inglaterra, Francia y España.

    El libro trata todos estos temas con gran seriedad y rigor. Una lectura muy interesante.

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    Laustic (el ruiseñor)


    Laustic (el ruiseñor)

    7 enero 07

    Uno está acostumbrado a pensar que la mayoría de las técnicas narrativas complejas son algo moderno. Pero de vez en cuando descubres una obra que te muestra como siempre hay alguien con esa pizca de suerte o genialidad que le ha permitido utilizarlas mucho antes de lo que pensarías.

    Me ha pasado esto con romance del ruiseñor (laustic en antiguo bretón) un poema de gran sensibilidad que tiene una trama muy sencilla. Dos amantes viven en casas que están unidas por una pared, así que aprovechan su buena suerte para hablar por las noches. Como el marido de ella, lógicamente, empieza a sospechar algo, ella dice que baja a escuchar a un ruiseñor. Al final, el marido mata al pobre pajarillo con gran crueldad, rompiéndose así la conexión entre ambos amantes.

    El pajarillo es mostrado como metáfora del vínculo entre los dos, hasta el punto de que su desparición conllevará la ruina de la relación. Él decidirá conservar el cuerpecillo del pájaro como recuerdo de tal amor. Utilizar de esta forma al ruiseñor como foco que permite contar tanto sobre los personajes sin referirse nunca a ellos, me parece una práctica narrativa muy sofisticada, especialmente cuando hablamos de una obra que seguramente sea de finales del sXII.

    De la autora no sabemos ni el nombre completo. Vivió en Inglaterra durante la dominación normanda y compuso poesía en francés de gran calidad basándose en leyendas populares de su bretaña (casi seguro) natal. Sus poemas están firmados de la siguiente forma “María tengo por nombre y soy de Francia” por lo que es conocida como Marie de France.

    LAUSTIC (traducido por Ramón Sainero)

    Una aventura os contaré

    de la que los bretones un romance hicieron;

    Laustic es su nombre, me dijeron

    (así se llama en su país):

    es el rossignol en francés

    y el nightingale en correcto inglés.

    En Saint-Malo la encontré

    fue una ciudad renombrada.

    Dos caballeros allí habitaban

    y dos casas próximas tenían.

    El uno tenía mujer casada,

    prudente, cortés y encantadora

    maravillosamente era querida

    siguiendo la costumbre y la manera.

    Y el otro era un bachiller

    -muy bien conocido entre sus vecinos-

    por sus hazañas, de gran valor;

    y voluntarioso hacía honor,

    mucho rodeaba y gastaba

    y lo que él tenía bien daba.

    la mujer a su vecino amó:

    tanto la requirió, tanto la suplicó

    y tanto bien sintió,

    que por nada lo amó,

    solamente por el bien que al oírlo sentía

    y porque él estuviera cerca de ella.

    Prudente y bien se amaron

    mucho se cubrieron y guardaron

    para que no fueran descubiertos

    ni molestados ni difamados.

    Porque cerca tenían sus dos guaridas,

    próximas estaban sus casas

    sus miradores y sus salas:

    ni existía obstáculos ni separación

    sólo un muro de piedra gris había.

    donde por la noche o por el día

    juntos ellos hablar podían;

    nadie les podía observar

    que a la ventana viniera

    y entrever pudiera.

    Largo tiempo se han amado,

    tanto que este verano

    los bosques y praderas han reverdecido

    y los huertos florecido.

    Los pajarillos con gran dulzor

    llevan su alegría bajo la flor.

    Que amor tiene esta inteligencia

    no es maravilloso que así lo entienda.

    Del caballero os diré que lo ve:

    y allí comprende su poder,

    y de la dama por otra parte,

    de hablar y de observar.

    La noche cuando la luna brilla

    frustrada a menudo se levanta

    y con su manto se disfraza.

    Una cosa se ha de pensar:

    para al ruiseñor atrapar.

    No hay criado en su mansión

    que no haga trmapas, redes o lazos;

    después las ponen en los juncos.

    No hay rellano ni castaño

    donde ellos no pongan pegamento o lazo,

    tanto que lo cogieron y retuvieron.

    nada más coger al ruiseñor

    en seguida lo llevaron a su señor.

    Mucha fue su alegría, cuando lo tuvo

    y a la habitación de su dama vino.

    “¿Señora, dónd eestáis, asunto concluido?

    ¡venid! ¡habladnos!

    que tengo al ruiseñor pegado

    por el que tanto habéis velado.

    ¡Es así que ya podéis reposar en paz,

    él no os desperatará jamás!”

    Cuando la dama lo escuchó

    dolida y desazonada se sintió.

    A su señor lo ha demandado,

    y él con cólera lo ha matado,

    el cuello le parte con las dos manos.

    Esto hizo el gran malvado.

    A la ventana se acerca

    proque su amigo que ella conoce

    allí vive y se agita

    y la mayoría de las noches viene.

    Placer al verse tienen

    cuanto más porque verse no pueden.

    Tanto ella allí fue, tanto se levantó

    que su señor se irritó

    y muchas veces le preguntó

    por qué se levantaba y a dónde fue.

    “Señor, “la dama le responde

    “en este mundo no hay alegría mayor

    que escuchar cantar al ruiseñor.

    Porque me hace aquí permanecer

    escuchando en la noche ten dulcemente

    que gran consecuencia me parece.

    Tanto me delecta y tanto lo quisiera

    que yo cerrar los ojos no pudiera.”

    Cuando el señor escucha lo que ella dice,

    con furor y mal humor se ríe;

    sobre la dama el cuerpo lanzó,

    y su camisa ensangrentó

    un poco por debajo del seno;

    de la habitaicón salió irritado.

    La dame le pequeño cuerpo toma,

    duramente llora y maldice

    a todos aquellos que el ruiseñor trajeron

    y las trampas y lazos hicieron,

    porque en gran medida le han arrebatado la laegría.

    “No podré por la noche levantarme más

    ni en la ventan apermanecer,

    donde solía a mi amigo ver…

    el ruiseñor se lo trasmitiré;

    ¡aventuradaemnte se lo mandaré!”

    En un prezo de brocado

    en oro bordado, todo ha escrito,

    y al ruiseñor ha empaquetado.

    A su criado ha llamado;

    su mensaje le ha encargado,

    a su amigo lo ha enviado.

    Ante el caballero llegan,

    de parte de su dama le saluda

    todo su mensaje le cuenta

    y el ruiseñor le muestra.

    Cuando todo le ha dicho y mostrado

    -y el había bien escuchado-

    se dolió del acontecimiento

    pero no fue malvado o lento,

    un estuche ha hecho forjar.

    Sin nada de hierro o acero

    todo hecho en oro fino y bellas piedras

    muy preciosas y muy caras;

    con tapadera bien sjueta.

    Al ruiseñor allí ha metido

    después para cazar lo ha sellado,

    siempre con él lo ha llevado.”

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    Chrétien de Troyes (1135-1190)

    6 enero 07

    Chrétien de Troyes es, probablemente, el más importante escritor de la plena Edad Media. No sólo de Francia, sino de toda Europa. A él le debemos gran parte de los mitos artúricos, a los que supo dotar de un esplendor que todavía hoy sorprende y encandila.

    Chrétien es el prototipo de trovador. Hombre de gran cultura, dedicó su vida a recorrer las cortes de las distintas noblezas recitando sus poemas épicos. Su obra recoge el espíritu de la lírica popular celta pero dota a sus historias y personajes de un orden y de una profundidad que ya quisieran alcanzar la mayoría de los escritores del sXX. Tanto es así que hay quien afirma que su obra fue planificada desde el principio, y muchos ven en él el germen de lo que se acabaría convirtiendo, con el Quijote de Cervantes, en la novela moderna.

    Invento suyo es, o al menos es el primer autor conocido que utiliza, el romance clásico, tal y como lo estudiamos en el colegio, formado por versos octosílabos con rima asonante en los pares. También es el primer autor conocido que utiliza claramente los rasgos del amor cortés, que dominarán la literatura europea durante siglos y que, aún hoy, pueden encontrarse en numerosas obras literarias y cinematográficas.

    Posiblemente, Chrétien de Troyes sea uno de los menos conocidos de los grandes inventores de la literatura occidental.

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