Etiopía, un reino cristiano al sur del Islam

29 julio 08

Dos ilustraciones sacadas del Baul de Josete

(sin su permiso, espero me perdone)

Cuando el Cristianismo primitivo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano, gozaba de una organización mucho más flexible que la actual. No existían la figuras del Papa de Roma ni del Patriarca de los cristianos ortodoxos, que surgirían posteriormente, y cada obispado tenía una gran libertad. Algunos de estos obispados, como el de Alejandría, se convertirían en importantes focos espirituales capaces de crear sus propias versiones del cristianismo, “herejías” se diría poco después.

Los obispos de Alejandría desarrollaron el llamado cristianismo monofista, que afirma que Cristo en realidad no sufrió nada de nada al ser crucificado. Y es que su naturaleza divina absorvió a su naturaleza humana (monos-fisis una-naturaleza). La influencia de Alejandría y su monofismo se extendió no sólo por Egipto sino por gran parte del África del norte y hacia el sur por la Nubia y la actual Etiopía.

Será así como los misioneros egipcios entrarán en contacto con el reino de Aksum.

EL REINO DE AKSUM

En torno al sI d.C. la ciudad de Aksum (en la actual Etiopía) crea en torno así un pequeño reino destinado a convertirse en la potencia comercial dominante del Mar Rojo. Financiados por el marfil del interior de África, los mercaderes de Aksum establecieron importantes relaciones con las provincias orientales del Imperio Romano, las vecinas ciudades árabes y los lejanos mercaderes de la India. Parece ser que la cristianización de Aksum se produce en torno al sIV, en cualquier caso, está suficientemente arraigada como sobrevivir a la destrucciónd el reino (por motivos desconocidos) poco después de la invasión islámica de Egipto (sVII).

El cristianismo de Etiopía comienza entonces su larga andadura en solitario manteniendo sólo contactos ocasionales con los cristianos ortodoxos de Bizancio (aunque abundantes con los cristianos coptos de Egipto, gracias a la tolerancia de que tradicionalmente gozó este país).

ETIOPÍA POST-ASKUM

Los nuevos reinos surgidos al sur mantendrán la tradición cultural y religiosa de Aksum (hasta el punto de que existen teorías que hablan de una migración)

Al igual que hicieron los reinos cristianos europeos, los reinos de Etiopía elaboraron sus propios santuarios y lugares de tradición sagrada. Destacan por ejemplo las once iglesias escavadas en la roca en torno al sXIII, con paredes hermosamente pintadas, que todavía hoy son lugares de peregrinación. Una de estas iglesias está dedicada al arcángel Gabriel y otra al arcángel Rafael, siendo las únicas iglesias que yo conozca dedicadas a ángeles. No es de extrañar por otra parte, ya que según cuentan estos arcángeles, junto a un grupo de ángeles y querubines, se tomaron la molestia de bajar a la tierra para ayudar a construir dichas iglesias.

Otro constructor célebre fue San Jorge, patrón de Etiopía, que se pasó por la región para ayudar con la excavación de las iglesias y construir el sistena de drenaje que, todavía hoy, sigue funcionando.

El aislamiento de los etiopes, fomentó el florecimiento de toda una tradición literaria que fue capaz de realizar grandes obras como el Kebra Nagast, epopeya compuesta durante el sXIV en el que nos narra la historia desde sus reyes. Reyes, por cierto, a los que hacen descender del Rey Salomón y la Reina de Saba.

El sXV trajo para la política exterior de Etiopía importantes cambios. Por una parte, Bizancio acabó cayendo bajo el poder de los turcos, y por otro lado los comerciantes portugueses, que buscaban el legendario Reino del Preste Juan (un reino cristiano más allá del mundo islámico, que cosas ¿verdad?), establecieron contacto con Aksum.

En un intento por acercarse a Roma, los reyes de Aksum impulsaron el culto a la Santa Cruz y a la Virgen, hasta entonces desconocidos en el país (los cultos, no la Cruz y la Virgen, evidentemente). Pero el cristianismo de la región seguiría desarrollando su propia línea que todavía hoy sigue diferenciándole bastante del catolicismo.

Uno de los muchos obeliscos levantados por los habitantes del reino de Aksum. Hasta hace poco se creían anteriores a la cristianización (quizás por su evidente influencia egipcia) sin embargo hoy se sabe que la mayoría se levantaron en una época en la que el reino ya había sido convertido.

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Cuando Kango Musa peregrinó a La Meca

21 julio 08

Existe la creencia generalizada de que en el África subsahariana no existían civilizaciones dignas de tal nombre antes de la llegada del “hombre blanco” y que el estado caótico actual no es fruto del saqueo colonizador sino a una especie de caracter particular de los africanos. Esta falsedad es en parte fruto de una enseñanza absolutamente eurocéntrica y, por qué no decirlo, racista.

Sin embargo, en cuando ahondamos un poco en ese gran mapa dibujado con tiralíneas que es África, encontramos multitud de formas estatales que, en algunos casos, fueron capaces de importantes logros culturales. Destaca, por ejemplo, el relato del viaje a la Meca de Kango Musa, emperador de Mali que como buen musulman decidió emprender la que debe haber sido la peregrinación más cara de la historia. Y es que piadoso sí, pero modesto no, el buen señor decidió acompañarse por cosa de cien camellos cargados d eoro, diez mil esclavos, criados… todo un ejército que atravesaría el sahara, el Mogreb, Egipto, Medina y, por fin, La Meca. No es de extrañar que los árabes quedaran boquiabiertos.

Imperio de Mali en tiempos de Kango Musa

Kango Musa (1307-1332), simboliza el apogeo del Imperio de Mali, una potencia que llegó a controlar el extremo sur del Sahara Occidental, desde Gao hasta el mar. De esta forma, Mali se aseguraba el lucrativo papel de intermediario entre las minas de oro del Golfo de Guinea y los mercados árabes del norte de África. Tan importante era este tráfico que gran parte del oro de las monedas que corrían por el occidente medieval (incluida la Cristiandad) eran originarias de esta región y las ciudades de las que partían las caravanas hacia el norte eran ciudades cosmopolitas fueron comparadas por los árabes con los puertos más transitados del Mediterráneo, sólo que más allá de sus puertas se extendían kilómetros de arena, y no de mar. Al regreso de su viaje, Kango Musa, trajo multitud de eruditos y arquitectos que provocarían el florecimiento de la legendaria Tombuctú, la ciudad que se convirtió en la capital del Islam en mitad de una región todavía entonces dominada por el animismo y cuyas bibliotecas se harían famosas incluso en el muy lejano Oriente.

Tombuctú

No podían saber, sin embargo, lo poco que le quedaba al Imperio de Mali para iniciar su declive. Los marineros portugueses durante las décadas siguientes irían abriendo rutas comerciales directas entre el oro guineano y Europa. A la pérdida del monopolio comercial le seguiría durante los siglos siguientes un golpe todavía más brutal, la trata de esclavos que sembraría el caos en la región hasta fomentar el crecimiento de los violentos ashanti.

Emperador de Mali representado en mapa medieval

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Los españoles que escribieron en árabe

14 abril 07

Uno de los momentos más brillantes de la cultura en la Península Ibérica es, sin embargo, poco conocida por los que la habitamos hoy en día. Me refiero, evidentemente, a los tiempos de la dominación árabe. Todavía en pleno sXXI, la islamofobia ha provocado que esta etapa gloriosa de nuestro pasado siga pasando desapercibida.

La España preislámica estaba habitada por hispano-romanos y, como minoría importante, por judíos. La invasión islámica atrajo a gran cantidad de pueblos africanos y asiáticos, cada uno con sus propias herencias culturales, principalmente bereberes, sirios y árabes.

Una máxima histórica que raras veces se incumple es la de que el mestizaje cultural suele conllevar grandes creaciones culturales. No sería menos en esta ocasión y durante varios siglos la Península Ibérica bajo dominio musulman sería uno de los mayores focos de irradiación cultural al oeste del Indo.

Es conocida la gran importancia de los hispanos bajo dominio islámico (que no siempre eran de religión islámica) a la hora de conservar y trasmitir la filosofía y el pensamiento helénico. El mismísimo Aristóteles fue conocido en Europa gracias a las obras del cordobés Abū l-Walīd Muhammad (Averroes), y su opinión sería admirada hasta tal punto que se le pondría en controversia con los Padres de la Iglesia.

Debajo incluyo una lista muy incompleta de algunos de grandes creadores de los que jamás os habrán hablado en las escuelas porque cometieron el delito de pertenecer a la cultura, a la postre, derrotada. Seguramente si los islámicos hubieran sido los vencedores, ahora hablaríamos de los escritores cristianos :), pero como no ha sido el caso, debemos ocuparnos de los islámicos:

  • Ahmad ibn Suhayd: Poeta de gran originalidad que se aleja de los cánones clásicos y firme defensor de la inspiración contra la técnica. Escribió también una importante novela de crítica literaria, la Epístola de los genios, en la que el autor viaja al mundo de los genios donde se entrevista con los genios que han inspirado a los literaros más famosos de todos los tiempos. Estos genios discuten entre sí mostrando reflexiones importantísimas sobre la creación literaria. Se dice que esta obra pudo influir a Dante a la hora de escribir su Divina Comedia.
  • Ibn Hazm: Autor de obras de gran contenido político, fue perseguido y desterrado de los más importantes reinos de taifas. Sus obras llegaron a ser incineradas en Sevilla. Destaca su Fisal, una historia comparada, con intenciones de objetividad, de las grandes religiones y de sus distintas variantes. Su Epístola en elogio de al-Andalus es una obra de alto contenido político en la que critica duramente el trato recibido por los intelectuales. Pero probablemente su obra cumbre fuera El collar de la paloma, traducida a las lenguas medievales más importantes, es una de las más importantes reflexiones sobre el amor que produjo la Edad Media europea. Influyó sin duda alguna sobre la obra de Gonzalo de Berceo.
  • Ibn Zaydun: Sus versos de amor no correspondido son todavía considerados de los más bellos escritos en lengua árabe.
  • Abull l-Walid al-Himyari: Escribió una hermosa antología poética sobre la primavera y las flores en la que muchas obras son suyas y otras muchas de sus amigos. Destaca en esta antología una epístola suya en la que se mezclan magníficamente verso y prosa en una querella entre flores.
  • al-Mutadid: Rey de Sevilla y persona con una vida absolutamente novelesca (un día debería dedicarle un artículo :). Convirtió a Sevilla en la capital de la poesía occidental, llegando a atraer a poetas de origen africano y siciliano. Escribió en árabe y en lengua romance, destacando entre su producción los versos que escribió desde el exilio, tras haber perdido su trono.
  • Ibn al-Haddad: Natural de Guadix, tuvo que abandonar el Reino de granada y se ganó su fortuna componiendo versos de alabanza al vecino rey de Almería. Pero sus mejores composiciones, seguramente por ser las más sinceras, son las que escribió a una joven cristiana que le rechazó.
  • al-Sumaysir: También granadino refugiado en Almería, compuso unas divertidas sátiras contra los bereberes que reinaban en Granada.
  • al-Muzaffar: Rey de Badajoz, impulsó la realización de la tristemente perdida al-Muzaffari, voluminosa recopilación del saber que hoy denominaríamos enciclopedia.
  • Ibn Abdun: Sus contemporáneas decían maravillas de él, pero desgraciadamente de toda su obra tan sólo nos han quedado 75 versos que resultan fríos y farragosos.
  • Muchahid: Rey de Denia. Siendo el rey militar-sabio paradigmático árabe era, curiosamente, de origen cristiano (sí, estas cosas pasaban en los reinos de taifas), inició un impresionante diccionario del árabe que no pudo completar por sus tareas militares y mandó continuar a Ibn Sida de Murcia. Experto en temas literarios, se ganó fama de ser muy exigente con los poetas de su Corte. Siendo también súmamente hábil en cuestiones militares, compuso una Epístola de la espada y el cálamo (pluma).
  • Ibn Sida de Murcia: Considerado el principal lexicógrafo del árabe medieval, recibió el encargo de Mucahid de continuar un diccionario iniciado por él y acabo realizando dos. Uno alfabético (Muhkan) y otro analógico (Mujassas).
  • Ibn García: De origen cristiano, como ya habrás adivinado, escribió obras de caracter político en las que defendía la superioridad de los musulmanes no árabes, siendo uno de los iniciadores de la reacción nacionalista que viviría al-Andalus.
  • Abd Allah: Último gobernante bereber de Granada, en el exilio compondría una experimentada y profunda autobiografía que es uno de los principales documentos de información sobre los Reinos de Taifas.
  • Ibn Bayyah: Conocido entre los cristianos como Avempace, escribió El régimen del solitario, obra basada en el pensamiento de Aristóteles que tendría cierta influencia sobre los escolásticos cristianos. Fue también un poeta notable.
  • Ibn Jafacha: Poeta del paisaje levantino, fue llamado al-chaman (el jardinero). Se le considera el primer paisajista hispano. Sus descripciones de río, jardines y flores iniciaría una escuela de imitadores en la que destacaría su sobrino Ibn al-Zaqqaq.
  • Said al-Andalusí: Escribió la primera Historia de la ciencia hispana digna de tal nombre.
  • al-Waqqasí: Como toledano, vivió en la frontera entre tres religiones. Librepensador, colaboró con sabios cristianos y judíos. Se le atribuyen dos versos que podrían anteceder a la crisis del pensamiento medieval que llegaría no mucho después y que daría origen a la ciencia moderna: “Me aflige pensar que las ciencias de la humanidad son dos y que si las aprendo no tengo más que aprender / Una ciencia [la teología] cuya comprobación real es imposible y otra [la filosofía] cuya verdad de nada sirve.”
  • Existe también una increible cantidad de nombres de científicos andalusíes: Ibn Bassal (agrónomo y botánico, desarrolló gran cantidad de injertos), Ibn al-Luengo (agrónomo y botánico, es posible que creara un sistema de clasificación botánico), Abu Maslama (astrólogo), al-Karmani (astrólogo), Azarquiel (astrónomo, construyó una clépsida en Toledo que funcionó hasta 50 años tras la conquista de los cristianos), Ibrahim bin Saíd (astrónomo, sus astrolabios eran muy sofisticados), al-MutamanIbn al-Sayyid (matemático), Mosé ha-Sefardí (matemático y traductor, viajó hasta Inglaterra donde introdujo sistemas de cálculo árabes y tradujo al latín cuentos árabes), al-IstichíIbn al-Muad de Jaén el joven (matemático, escribió el primer tratado dedicado exclusivamente a la trigonometría esférica y calculó correctamente la altura de nuestra atmósfera), Ibn Jalaf al-Muradí (autor del único tratado árabe occidental sobre mecánica conocido, alguna de sus máquinas han podido ser reconstruidas).

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    El cuento del Grial – por Chrétien de Troyes. La reinvención de la épica.

    8 marzo 07

    Chrétien de Troyes es uno de los más olvidados (en España) creadores de la literatura occidental. Y el cuento del grial es su último romance, el más maduro y posiblemente el más importante, incluso a pesar de estar incompleto.

    El cuento del grial es un libro de eminente intencionalidad didáctica y claramente destinado a afianzar la clase social entonces en el poder. En parte debido a ello, en parte debido a su innegable calidad, alcanzó un éxito en su tiempo que nos permitiría hoy considerarlo todo un best-seller. Sin este romance y otros semejantes del mismo autor (como el Caballero de la Carreta) sería innimaginable toda esa tradición épica que se desarrollaría en Europa y que culminaría (o sería destruida) en el Quijote.

    El cuento del Grial nos narra las aventuras de dos de los más carismáticos caballeros de la Tabla Redonda: Sir Perceval y Sir Gawain. Es de imaginar que en algún momento, la historia de ambos acabara convergiendo en una historia común, si bien la muerte del autor nos ha impedido conocer el desenlace final de la historia. (Existen otras teorías, como que en realidad eran dos historias separadas que Chrétien estaba escribiendo a la vez y que su fusión se produjo por error, nunca lo sabremos)

    Sir Perceval de Gales posiblemente sea, hasta donde sabemos, una invención del propio Chrétien de Troyes, que hace de él el más importante caballero de Arturo (puesto que mantendría durante cerca de un siglo, hasta su sustitución en tal honor por Sir Lanzarote). Es un jovenzuelo alocado, noble de corazón pero carente de toda experiencia a causa de la protección de su madre. Esta le ha educado en el más absoluto desconocimiento de lo que a las caballerías se refiere… hasta que el muchacho entra un día en contacto con cuatro caballeros y de pronto un mundo nuevo aparece ante sus ojos.

    La doncella que porta el Santo Grial. Prueba en la que Sir Perceval no saldrá victorioso.

    El joven galés correrá infinidad de aventuras, incluyendo una seria disputa que mantendrá con Sir Kay, senescal del Rey Arturo o la preciosa escena de las tres manchas de sangre en la nieve. Pero su misión más famoso, seguramente, sea su desafortunado encuentro con el Santo Grial, del que saldrá derrotado a causa de sus pecados. Es de esperar que en la parte del romance que no llegó a ser escrita nunca, el héroe acabara saliendo triunfante.

    Gawain llegando al torreon de Escavalón

    Sir Gawain es hijo del Rey Lot de las Orcadas y de Morgause. Es por lo tanto sobrino de Arturo y hermano (o hermanastro) de Mordred, del que sería una especie de antítesis. Sus aventuras se ven fuertemente marcadas por su pasado ya que los familiares de aquellos a los que ha matado le buscan para acabar con su vida. Gawain se pasa el romance intentando no ser reconocido por la infinidad de enemigos que encuentra, pero su honor de caballero le impide mentir cada vez que le preguntan su nombre.

    Tanto Perceval como Gawain nos proporcionan varias escenas que creo, merecen un lugar propio en la historia de la literatura épica. El estilo de Chrétien oscila maravillosamente entre lo humorístico (destaco el episodio de Sir Perceval y los cinco caballeros en la Yerma Floresta Solitaira, al principio del libro) y lo épico (impresionante el episodio de Gawain en Escavalón, en el que el caballero se ve obligado a defender un torreón utilizando un tablero de ajedrez como escudo). El personaje de Perceval en particular, con su rústica sencillez, resulta entrañable y sumamente carismático, con lo que quizás Gawain sale perdiendo en comparación.

    Una obra que todavía en el sXXI consigue arrancarle al lector una sonrisa o hacerle vibrar de emoción. Y que sorprende por la forma como lo maravilloso es entretejido con lo real de una forma que, de ser escrito en el sXXI, denominaríamos Realismo mágico.

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    Vídeo de la caída de Constantinopla

    11 febrero 07

    La infografía puede ofrecer todo un mundo de maravillas a los amantes de la historia, creo que todo el mundo se ha dado cuenta ya de ello :).

    En Crónicas Otomanas he descubierto un videoclip impresionante. Es un grupo turco que nos muestra la Constantinopla sitiada por los otomanos. Aguantar los primeros 40 segundos de calidoscopio, que merece la pena verlo ¡yo ya he visto el video unas doce veces! 😀

    La inserción del video ha sido anulada, pincha aquí para verlo directamente en Youtube

    En el vídeo podemos ver claramente lugares paradigmáticos de la antigua Constantinopla.

    Así por ejemplo, el edificio que nos recuerda el Coliseo Romano es lo que quedaba del Gran Circo, edificio donde se realizaban las carreras de cuádrigas en tiempos más gloriosos para el Imperio Bizantino, y que aunque ya se encontraba en ruinas por aquel entonces, todavía los viajeros destacaban como una de las maravillas de la ciudad. Al fondo se aprecia el obelisco que ocupaba el centro del óvalo del Gran Circo, y que contó un viajero genovés, todavía se mantenía en pie.

    El acueducto que vemos era el mayor que jamás se había construido, tanto en longitud como en altura, y tuvo su relevancia en la defensa de la ciudad (los turcos tuvieron problemas para cortar el suministro)

    El gran edificio que aparece varias veces es el único que todavía podemos visitar en la actualidad (aunque bastante modificado), se trata de la Iglesia de Santa Sofía. Lógicamente, no se habían construido los emblemáticos cuatro minaretes que la acompañan en la actualidad.

    Vemos también la cadena (luego se ve mejor) que tendieron los griegos para impedir que la flota turca pudiera atravesar el estrecho y así sitiar la ciudad por ambas partes.

    Después de la flota turca vemos el Gran Cañón. Ante la fortaleza de las impresionantes murallas de Constantinopla, los turcos construyeron el más grande cañón que jamás se hubiera fundido. Tengo la impresión de que su importancia real en la campaña fue más bien reducida, pero psicológicamente tuvo una gran trascendencia, gracias a él los soldados turcos sentían que las tornas estaban igualadas.

    Se nos muestran unas imagenes de la muralla del litoral, construida tras el asalto de los cruzados en 1204, apesar de tener tres siglos era la parte más nueva de las murallas (el resto tenían todavía más antigüedad, databan del sVI). Puede parecer sorprendente que Constantinopla tuviera unas murallas centenarias e, incluso, casi milenarias. Pero es que su entramado defensivo era tan impresionante y tan poderoso que no había necesitado ser ampliado ni sustituido por nuevas fortificaciones. Esas murallas resistieron exitosamente más de una veintena de sitios. Naturalmente, eso sí, habían sido restauradas y reforzadas a lo largo de los años.

    Luego se nos muestran las murallas del Oeste, las más poderosas y más antiguas de su tiempo. Era una infraestructura impresionante que permitía a un ejército mínimo soportar el asalto de fuerzas muy superiores. Y el recinto abarcado era tan grande que incluso había grandes zonas de cultivo en el interior, lo que ayudaba a soportar cualquier asedio. Desgraciadamente para los defensores, las fuerzas de que disponían no eran pequeñas, sino pequeñísimas. Y llego a haber un momento en el que si dividías todos los defensores entre el número de torres a defender, salía a poco más de diez soldados por torre.

    El sultán turco que se nos muestra necesariamente ha de ser Mehmed II. Se dice que cuando puso por primera vez pie en la Iglesia de Santa Sofía se quedó horas en silencio, impresionado. Creo que eso es lo que vemos en el video.

    Se hecha de menos alguna aparición de su gran rival, Constantino XI. El último emperador griego rechazó la oferta de entregar la gran ciudad a los turcos y vivir como vasallo de estos, y renunció a abandonar la ciudad incluso cuando más desesperada era la situación. Hubiera molado que incluyeran su última carga, con su guardia de honor, ante la masa de turcos que habían conseguido atravesar la muralla. Evidentemente, Constantino murió allí, espada en mano, en la que fue la última carga del Imperio Romano.

    La cámara hace un vuelo en el que se muestra la impresionante superficie cubierta por las murallas y que, como decíamos antes, iba mucho más allá de lo que era la propia ciudad.

    Después se nos muestra otro de los acontecimientos más importantes del sitio. Ante la imposibilidad de pasar la flota turca del Mar Negro al Mediterráneo, por culpa de la cadena de la que ya hablamos (y de la artillería griega) los turcos transportaron parte de su flota por tierra, sorprendiendo a los defensores que se vieron, sin esperarlo, acosados desde ambos mares.


    Las primeras monedas cristianas… con textos en árabe

    24 enero 07

    Corría el sXI. La Península Ibérica estaba ocupada por una serie de reinos cristianos (en su tercio norte) y unos cuantos reinos musulmanes (el resto del territorio). A causa de su mayor belicosidad, los reinos del norte habían obligado a los del sur a pagar un tributo anual, las parias.

    Por medio de este chantaje (o nos pagas tú o vamos nosotros y lo cojemos), empezó a afluir hacia la Europa cristiana una gran cantidad de moneda en oro y plata que tras pasar por manos del rey, iba redistribuyéndose y poniéndose en circulación, alcanzando algunas lejanos países, como Suecia o Polonia. Puede parecer hoy en día un poco extraño, pero en el fondo es muy sencillo. Por aquel entonces las monedas valían su valor en metal precioso, los romanos habían experimentado con monedas de valor más alto al de su metal (como las actuales) pero tal avance había sido abandonado.

    Valiendo las monedas lo que pesaban, circulaban libremente de país en país. En realidad, ¿qué importancia tenía el país que la acuñara? hoy en día, una moneda extranjera no suele circular por otro país, sin embargo entonces era algo muy habitual. Las monedas de origen islámico eran de gran calidad, y se volvieron rápidamente las más prestigiosas que pudieran obtenerse en el norte de la península.

    Pero, a finales del sXII, los reinos de taifas se liberaron de su obligación de pagar parias (desarrollaron un ejército equivalente al de los norteños, vamos) y el rey de Castilla, Alfonso VIII, se vio obligado a crear su propia moneda ante el riesgo de paralización del comercio castellano. Había nacido la primera moneda castellana.

    Pero claro, no se puede crear una moneda desde cero y pretender que tenga prestigio. Lo más fácil es copiar una ya conocida. El maravedí árabe por ejemplo. Ventajas de unos tiempos en los que no existía la SGAE.

    El maravedí castellano de Alfonso VIII era un plag… un homenaje del árabe. No sólo por tener la misma cantidad de oro (3.80 gramos) sino que, al igual que las monedas islámicas, no tenían ilustraciones (por motivos religiosos, en el caso islámico). En vez de ilustraciones y de ponernos el típico careto del rey de turno, aquellos maravedíes estaban cubiertos por textos… en árabe. Que le vamos a hacer, una moneda en latín no sería igual de prestigiosa.

    Si alguien consiguiera una de estas monedas (advierto que son carillas), podría leer en un perfecto árabe el siguiente texto: “El príncipe de los católicos Alfonso hijo de Sancho ayúdele Dios y protéjale”, “el imán de la Iglesia cristiana el Papa de Roma la Mayor”, “Se acuñó este dinar en Toledo año 1213 de la Era de Safar” (1175 después de Cristo), “En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo el que crea y sea bautizado se salvará”.

    Los maravedís cristianos, en sus distintas versiones (incluyendo plata y cobre) circularon por la Península hasta su definitiva retirada en tiempos de Isabel II (sXIX). Pero sospecho (aunque no lo sé) que con el tiempo los textos en árabe se irían dejando de lado a favor de otros “en cristiano”.

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    Los grandes mitos celtas y su influencia en la literatura

    8 enero 07

    AUTOR: Ramón Sainero

    EDITORIAL: Edicomunicación

    COLECCIÓN: Olimpo

    Si llevo un par de semanas hablando sobre temas célticos es, en gran parte, a causa de este libro 🙂

    El autor hace un recorrido por lo desesperantemente poco conocido sobre la literatura céltica y lo mucho que esta ha influido sobre literaturas medievales, modernas y contemporáneas. Para ello, empieza describiéndonos los tres grandes ciclos de literatura céltica: el Ciclo del Ulster, el Ciclo Ossiánico y el Ciclo Artúrico.

    El primero se basa principalmente en el héroe Cuchulain, hijo del dios Lug. Son mitos profundamente paganos, en los que la moral católica todavía no da muestras de aparecer y donde Cuchulain se enfrenta a hechiceros malvados, terribles monstruos y fuerzas de la naturaleza (llega incluso a enfrentarse al mismísimo mar). Personalmente me resulta evidente que nuestro más conocido Conan de Howard le debe mucho a Cuchulain.

    El segundo ciclo recibe el nombre de Ossian, el bardo legendario que cantaría las aventuras de su padre, Finn y sus huestes, los Fianna. Se trata de unos mitos a caballo entre dos mundos. La magia se vuelve más extraña, y siempre en manos de malvados. Aparece el cristianismo y aunque Finn se opone a él, acaba venciendo. Existe incluso un imposible debate entre el héroe celta y el teólogo San Isidoro de Sevilla.

    Por último, el ciclo artúrico, sin duda el más conocido y el que más influencia ha tenido sobre la literatura posterior nos narra las aventuras y desventuras del Rey Arturo y de sus perfectamente cristianos caballeros de la tabla redonda.

    Después de ello, llega la parte más interesante del libro, al repasar el autor, país por país, la influencia de los mitos en las distintas literaturas, tanto en gaélico como en las distintas lenguas nacionales. Nos hace un repaso por los autores más importantes de influencia céltica por Irlanda, Escocia, Gales, Cornualles, Inglaterra, Francia y España.

    El libro trata todos estos temas con gran seriedad y rigor. Una lectura muy interesante.

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    Laustic (el ruiseñor)


    Laustic (el ruiseñor)

    7 enero 07

    Uno está acostumbrado a pensar que la mayoría de las técnicas narrativas complejas son algo moderno. Pero de vez en cuando descubres una obra que te muestra como siempre hay alguien con esa pizca de suerte o genialidad que le ha permitido utilizarlas mucho antes de lo que pensarías.

    Me ha pasado esto con romance del ruiseñor (laustic en antiguo bretón) un poema de gran sensibilidad que tiene una trama muy sencilla. Dos amantes viven en casas que están unidas por una pared, así que aprovechan su buena suerte para hablar por las noches. Como el marido de ella, lógicamente, empieza a sospechar algo, ella dice que baja a escuchar a un ruiseñor. Al final, el marido mata al pobre pajarillo con gran crueldad, rompiéndose así la conexión entre ambos amantes.

    El pajarillo es mostrado como metáfora del vínculo entre los dos, hasta el punto de que su desparición conllevará la ruina de la relación. Él decidirá conservar el cuerpecillo del pájaro como recuerdo de tal amor. Utilizar de esta forma al ruiseñor como foco que permite contar tanto sobre los personajes sin referirse nunca a ellos, me parece una práctica narrativa muy sofisticada, especialmente cuando hablamos de una obra que seguramente sea de finales del sXII.

    De la autora no sabemos ni el nombre completo. Vivió en Inglaterra durante la dominación normanda y compuso poesía en francés de gran calidad basándose en leyendas populares de su bretaña (casi seguro) natal. Sus poemas están firmados de la siguiente forma “María tengo por nombre y soy de Francia” por lo que es conocida como Marie de France.

    LAUSTIC (traducido por Ramón Sainero)

    Una aventura os contaré

    de la que los bretones un romance hicieron;

    Laustic es su nombre, me dijeron

    (así se llama en su país):

    es el rossignol en francés

    y el nightingale en correcto inglés.

    En Saint-Malo la encontré

    fue una ciudad renombrada.

    Dos caballeros allí habitaban

    y dos casas próximas tenían.

    El uno tenía mujer casada,

    prudente, cortés y encantadora

    maravillosamente era querida

    siguiendo la costumbre y la manera.

    Y el otro era un bachiller

    -muy bien conocido entre sus vecinos-

    por sus hazañas, de gran valor;

    y voluntarioso hacía honor,

    mucho rodeaba y gastaba

    y lo que él tenía bien daba.

    la mujer a su vecino amó:

    tanto la requirió, tanto la suplicó

    y tanto bien sintió,

    que por nada lo amó,

    solamente por el bien que al oírlo sentía

    y porque él estuviera cerca de ella.

    Prudente y bien se amaron

    mucho se cubrieron y guardaron

    para que no fueran descubiertos

    ni molestados ni difamados.

    Porque cerca tenían sus dos guaridas,

    próximas estaban sus casas

    sus miradores y sus salas:

    ni existía obstáculos ni separación

    sólo un muro de piedra gris había.

    donde por la noche o por el día

    juntos ellos hablar podían;

    nadie les podía observar

    que a la ventana viniera

    y entrever pudiera.

    Largo tiempo se han amado,

    tanto que este verano

    los bosques y praderas han reverdecido

    y los huertos florecido.

    Los pajarillos con gran dulzor

    llevan su alegría bajo la flor.

    Que amor tiene esta inteligencia

    no es maravilloso que así lo entienda.

    Del caballero os diré que lo ve:

    y allí comprende su poder,

    y de la dama por otra parte,

    de hablar y de observar.

    La noche cuando la luna brilla

    frustrada a menudo se levanta

    y con su manto se disfraza.

    Una cosa se ha de pensar:

    para al ruiseñor atrapar.

    No hay criado en su mansión

    que no haga trmapas, redes o lazos;

    después las ponen en los juncos.

    No hay rellano ni castaño

    donde ellos no pongan pegamento o lazo,

    tanto que lo cogieron y retuvieron.

    nada más coger al ruiseñor

    en seguida lo llevaron a su señor.

    Mucha fue su alegría, cuando lo tuvo

    y a la habitación de su dama vino.

    “¿Señora, dónd eestáis, asunto concluido?

    ¡venid! ¡habladnos!

    que tengo al ruiseñor pegado

    por el que tanto habéis velado.

    ¡Es así que ya podéis reposar en paz,

    él no os desperatará jamás!”

    Cuando la dama lo escuchó

    dolida y desazonada se sintió.

    A su señor lo ha demandado,

    y él con cólera lo ha matado,

    el cuello le parte con las dos manos.

    Esto hizo el gran malvado.

    A la ventana se acerca

    proque su amigo que ella conoce

    allí vive y se agita

    y la mayoría de las noches viene.

    Placer al verse tienen

    cuanto más porque verse no pueden.

    Tanto ella allí fue, tanto se levantó

    que su señor se irritó

    y muchas veces le preguntó

    por qué se levantaba y a dónde fue.

    “Señor, “la dama le responde

    “en este mundo no hay alegría mayor

    que escuchar cantar al ruiseñor.

    Porque me hace aquí permanecer

    escuchando en la noche ten dulcemente

    que gran consecuencia me parece.

    Tanto me delecta y tanto lo quisiera

    que yo cerrar los ojos no pudiera.”

    Cuando el señor escucha lo que ella dice,

    con furor y mal humor se ríe;

    sobre la dama el cuerpo lanzó,

    y su camisa ensangrentó

    un poco por debajo del seno;

    de la habitaicón salió irritado.

    La dame le pequeño cuerpo toma,

    duramente llora y maldice

    a todos aquellos que el ruiseñor trajeron

    y las trampas y lazos hicieron,

    porque en gran medida le han arrebatado la laegría.

    “No podré por la noche levantarme más

    ni en la ventan apermanecer,

    donde solía a mi amigo ver…

    el ruiseñor se lo trasmitiré;

    ¡aventuradaemnte se lo mandaré!”

    En un prezo de brocado

    en oro bordado, todo ha escrito,

    y al ruiseñor ha empaquetado.

    A su criado ha llamado;

    su mensaje le ha encargado,

    a su amigo lo ha enviado.

    Ante el caballero llegan,

    de parte de su dama le saluda

    todo su mensaje le cuenta

    y el ruiseñor le muestra.

    Cuando todo le ha dicho y mostrado

    -y el había bien escuchado-

    se dolió del acontecimiento

    pero no fue malvado o lento,

    un estuche ha hecho forjar.

    Sin nada de hierro o acero

    todo hecho en oro fino y bellas piedras

    muy preciosas y muy caras;

    con tapadera bien sjueta.

    Al ruiseñor allí ha metido

    después para cazar lo ha sellado,

    siempre con él lo ha llevado.”

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    Chrétien de Troyes (1135-1190)

    6 enero 07

    Chrétien de Troyes es, probablemente, el más importante escritor de la plena Edad Media. No sólo de Francia, sino de toda Europa. A él le debemos gran parte de los mitos artúricos, a los que supo dotar de un esplendor que todavía hoy sorprende y encandila.

    Chrétien es el prototipo de trovador. Hombre de gran cultura, dedicó su vida a recorrer las cortes de las distintas noblezas recitando sus poemas épicos. Su obra recoge el espíritu de la lírica popular celta pero dota a sus historias y personajes de un orden y de una profundidad que ya quisieran alcanzar la mayoría de los escritores del sXX. Tanto es así que hay quien afirma que su obra fue planificada desde el principio, y muchos ven en él el germen de lo que se acabaría convirtiendo, con el Quijote de Cervantes, en la novela moderna.

    Invento suyo es, o al menos es el primer autor conocido que utiliza, el romance clásico, tal y como lo estudiamos en el colegio, formado por versos octosílabos con rima asonante en los pares. También es el primer autor conocido que utiliza claramente los rasgos del amor cortés, que dominarán la literatura europea durante siglos y que, aún hoy, pueden encontrarse en numerosas obras literarias y cinematográficas.

    Posiblemente, Chrétien de Troyes sea uno de los menos conocidos de los grandes inventores de la literatura occidental.

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    El desierto estratégico del Duero

    25 diciembre 06

    Transcurría la segunda mitad del sVIII. La Cordillera Cantábrica había caído bajo el control de grupos dispersos de nativos. El resto de la Península pertenecía, al menos nominalmente, al poderoso Califato de Damasco. Entre ambos se interponían los que entonces se llamaban Campos Góticos (Campi Gothorum), la cuenca del Duero.

    Transcurría la segunda mitad del sXX. El ilustre profesor Sánchez-Albornoz, basándose en la documentación tanto cristiana como islámica, elaboraba una espectacular hipótesis: Los Campos Góticos no habían sido una frontera al uso, sino una región deshabitada que ninguno de los dos bandos tenía capacidad ni interés en repoblar. Un escudo. Un desierto estratégico.

    Para entender la hipótesis, es necesario comprender las especiales circunstancias de la época. En 711, un ejército de bereber desembarca en Gibraltar. En 714, es probable que tras saquear el castro cántabro de Peña Amaya (provincia Burgos) todo tipo de resistencia visigoda al sur de los Pirineos haya sido liquidada.

    Pero una conquista necesita asentarse (que le pregunten al señor Bush), y el dominio islámico no lo tuvo fácil en su primer siglo de existencia. Las crónicas islámicas nos hablan de infinidad de revueltas que se produjeron constantemente prácticamente por toda la Península. Algunas de esas revueltas debieron tener un cierto éxito en el norte, donde las crónicas del Reino de Asturias nos hablan de una batalla en Covadonga y las crónicas sureñas (no sólo islámicas) de una escaramuza en algún lugar indefinido del norte.

    Parece ser que, de alguna forma, un tal Pelayo consiguió aglutinar la resistencia en la zona oriental de la actual Asturias (y probablemente también central). Después estableció una alianza con los pueblos cántabros, seguramente también en rebeldía, tras casar a su hija con Alfonso, hijo de un tal Pedro, Duque de Cantabria (o Duque de los Cántabros, Dux Cantabrorum).

    A juzgar por las fuentes cristianas e islámicas (la lógica parece apoyarlo) esta alianza astur-cántabra sufrió un duro acoso desde el principio. Los invasores no querrían que quedara un posible foco de resistencia que pudiera extender la rebelión por el resto de la Península. Probablemente, Pelayo, Alfonso y sus fuerzas se dedicaron a recorrer las montañas huyendo de sus perseguidores, en una guerra de guerrillas, siendo Covadonga el incidente más reseñable de estas correrías. Resulta significativo que las crónicas cristianas más antiguas denominen a Pelayo princeps (principal, o quizás primero entre iguales) y no rex (rey). Todavía hoy se conserva la costumbre de referirse a él como Don Pelayo en vez de como Pelayo I.

    Cuando Pelayo muere en 737, poco ha cambiado la situación. Lo mismo puede decirse del breve periodo de su hijo Favila, pero algo cambiará sustancialmente apartir de 739, cuando Alfonso (el hijo de Pedro Duque de Cantabria) suceda a Favila.

    Gobernaba entonces ‘Uqba, el cual realizó “incursiones todos los años” en la intención de crear unas fronteras estables que afianzaran la conquista. Estaba en Zaragoza preparando una incursión al sur de Francia cuando le llegó la noticia de que se había iniciado una revuelta bereber en Tanger (que en seguida se extendería por el norte de África). Los bereberes africanos se veían obligados a pagar impuestos como si fueran infieles (apesar de haberse islamizado ya en gran medida) y en aquel momento las principales fuerzas árabes del gobernador del Magreb estaban en España. ‘Uqba, fiel al gobernador del Magreb, del que dependía, bajó rápidamente hacia Andalucía con la intención de enviar fuerzas a Marruecos.

    La revuelta beréber era muy peligrosa para los árabes residentes en España que, siendo la clase dirigente, estaban en clara minoría con respecto a los beréberes. Así que el árabe ‘Abd al-Malik b. Qatan se subleva y depone a ‘Uqba para adelantarse a los acontecimientos, impedir que España quedara desprotegida de fuerzas árabes y eliminar la injusticia fiscal que sufrían los beréberes peninsulares.

    Las fuerzas árabes y sirias enviadas por el Califa de Damasco a África son duramente derrotadas y se ven obligadas a atrincherarse en Ceuta en 741. Desde allí intentan seguir huyendo hacia España, pero Ibn Qatan se lo impide, pues tiene miedo de ser juzgado por su golpe de estado. Hasta que los beréberes que se encuentran en la Península, animados por las victorias de sus congéneres africanos, también se sublevan. En 742 los sirios acantonados en Ceuta pasan por fin a España donde derrotan a los rebeldes y, acto seguido, se vuelven contra Ibn Qatan, iniciándose un periodo de dos décadas de guerras civiles agravados por la llegada a España, en 755, de Abderramán I, último omeya, que acabará fundando el emirato independiente de Córdoba.

    En este proceso, los musulmanes no sólo dejaron de acosar a los rebeldes astur-cántabros, sino que además desprotegieron sus fronteras, Ajbar Machmu’a nos cuenta “Los beréberes de Gillîqiya [Galicia], Astorga y de [la cuenca del Duero] se concentraron en número incalculable, cruzando el río Tajo para atacar a Ibn Qatan”. Alfonso I sería posiblemente el primero que, con propiedad, podríamos llamar rey. La revuelta beréber le daría la tranquilidad suficiente para afianzar su mando y facilitaría su expansión por la cornisa cantábrica, dotando de peso demográfico y geográfico al joven reino.

    Por si fuera poco, entre 750 y 755 se produjeron los llamados años de barbante, una terrible sequía que añadiría todavía más tensión y reduciría la población de Al-Andalus, el propio Ajbar Machmû’a “los habitantes de España disminuyeron de tal suerte, que hubieran sido vencidos por los cristianos, a no haber estado éstos preocupados también por el hambre.”
    Alfonso I, quizás acuciado por la sequía de la que habla Ajbar Machmû’a, quizás por motivos estratégicos o posiblemente por pura búsqueda de botín, iniciará una campaña de saqueos que afectará especialmente a la cuenca del duero, la Crónica de Alfonso III, en su versión Ovetense, nos da un listado de poblaciones asaltadas: “Lugo, Tuy, Oporto, Braga la Metropolitana, Viseo, Chaves, Agata, Ledesma, Salamanca, Zamora, Ávila, Segovia, Astorga, León, Saldaña, Mave, Amaya, Simancas, Oca, Veleya de Álava, Miranda, revenga, Carbonárica, Abeica, Briones, Cenicero, Alesanco, Osma, Coruña, Arganza, Sepúlveda, aparte de los castillos con sus villas y aldeas todas; y dando muerte a todos los árabes que ocupaban las ciudades dichas, se llevó consigo a los cristianos a la patria”

    El historiador francés Barrau-Dihigo, basándose en crónicas árabes, ha realizado una cronología de los hechos que tiene muchas posibilidades de ser acertada: Hasta 745, Alfonso I hostigaría las fortalezas gallegas y leonesas, principalmente Astorga. Apartir de ahí, tras la retirada hacia el sur beréber y las nuevas revueltas cristianas en la región de la que hablan las crónicas permitiría a Alfonso I hacerse con el control de la zona y desde 750-751 empezaría a realizar expediciones de saqueo por toda la Submeseta Norte.

    Y aquí es donde llega la revolucionaria hipótesis de Sánchez-Albornoz. Sabiendo imposible la ocupación de las fortalezas saqueadas, Alfonso I mataría a los musulmanes y se llevaría consigo a los cristianos, repoblando el norte y creando un desierto estratégico dificil de atravesar por las fuerzas islámicas (téngase en cuenta que los ejércitos de la época vivían sobre el terreno, si no hay nadie a quien saquear, no hay comida).

    Cuando alguien lee la palabra desierto tiende a pensar en el Sahara, pero Sánchez-Albornoz no utiliza esta palabra con este sentido. El Desierto del Duero no sería, evidentemente, una gran extensión sin vida, sino una gran región deshabitada o prácticamente deshabitada “porque naturalmente hay oasis hasta en los desiertos”. Sería un desierto, por lo tanto, creado de una forma premeditada por un hábil rey que, sabía, su joven reino necesitaba un buen escudo que le protegiera de las fuerzas islámicas una vez estas consiguieran finalizar su periodo de guerras civiles.

    A favor de esta tesis, Claudio Sánchez-Albornoz esgrime las siguientes pruebas:

    • Escasez de toponimia gótica en la zona afectada.
    • Las fuentes. Así por ejemplo la Crónica de Alfonso III, en su versión rotense, afirma “Por este tiempo se pueblan Asturias, Primarias, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza, las Vardulias, que ahora se llaman Castilla, y la parte marítima de Galicia; pues Álava, Vizcaya, Aizone y Orduña se sabe que siempre han estado en poder de sus gentes, como Pamplona y Berrueza”. Las propias fuentes nos hablan de exterminios de musulmanes y traslado de cristianos al norte. Y un siglo después, con el reinado de Ordoño I (850-866) veremos como se habla del repoblamiento de estas mismas regiones de la Cuenca del Duero. En 920, Abd al-Rahmân III realizó una expedición hacia el norte de la que las fuentes islámicas dicen “Tardó cinco días en franquear el gran desierto a lo largo del río Duero”
    • El hecho de que la mayoría de los ataques islámicos posteriores se desarrollaran por los flancos del Reino de Asturias.
    • Aparición brusca de tradiciones y leyes de origen gótico en regiones poco gotizadas, como las actuales Asturias, Cantabria y Euskadi.

    En contra de esta tesis ya argumentó Menéndez Pidal, contemporáneo de Sánchez-Albornoz y amigo suyo. Él y otros respondieron a las tesis de Sánchez-Albornoz de la siguiente manera:

    • Escasez de toponimia gótica en la zona afectada: Este punto, sin dejar de ser cierto, es poco relevante. La toponimia gótica es muy extraña en toda la Península. Posiblemente debido a que la población visigoda, si bien relevante por ocupar la élite política, fue poco importante en número. Además, está la problemática de la abundantísima toponimia de origen latino y prerromano. Sánchez-Albornoz pretende explicarlo por un recuerdo de aquellas antiguas ciudades, y eso podría explicar el caso de las grandes ciudades como León, pero ¿cómo explicar la infinidad de montes, ríachuelos, cuevas que conservan un nombre céltico o romano si efectivamente aquellas tierras fueran despobladas?
    • Imposibilidad práctica: El norte, por muy despoblado que estuviera, difícilmente podría absorver la población de una región tres veces mayor en extensión y, seguramente, decenas de veces superior en producción cerealística. Por otra parte ¿por qué iba a estar despoblado el norte?
    • Las fuentes: Si bien las fuentes cristianas trasmiten esta impresión, las islámicas lo desmienten. Así, por ejemplo, hablan de un ataque contra Burgos en 865, mientras que las fuentes cristianas nos dicen que fue poblado en 884. Sánchez-Albornoz intenta solucionar esta contradición hablando de intentos de población, pudo haber un intento anterior de repoblar Burgos que fracasó ante el ataque en 865. Existe otra posible explicación a la aparente contradición entre ambos tipos de crónicas, y es que la palabra “populare” no signifique “poblar”. Los historiadores actuales tienden a considerar que, en el oscuro latín altomedieval del que sabemos muy poco, populare podría significar más bien reorganizar. Así cuando las crónicas dicen que Alfonso I “pobló” el norte y que Ordoño I “pobló” la cuenca del Duero, en realidad quieren decir que las introdujo en un marco administrativo.
    • El hecho de que la mayoría de los ataques islámicos posteriores se desarrollaran por los flancos del Reino de Asturias: Al fin y al cabo, la Cordillera Cantábrica, especialmente desde la fortificación de Peña Amaya, ya resulta por sí sólo una barrera considerable y un buen motivo para rodearla por los flancos.
    • Aparición brusca de tradiciones y leyes de origen gótico en regiones poco gotizadas, como las actuales Asturias, Cantabria y Euskadi: Efectivamente esas tradiciones existieron, pero ¿desde cuando? No podemos saber si efectivamente fueron llevadas por los inmigrantes del sur o por la presencia germánica anterior en la región. Es cierto que la presencia visigoda al norte de la Cordillera Cantábrica es discutida, pero en mi opinión hay motivos más que suficientes para considerarla como segura. Sin olvidarnos de la presencia anterior de los suevos.

    La arqueología podría solucionar esta disputa definitivamente en un sentido o en otro. Pero no se han realizado las excavaciones suficientes para ello. En cualquier caso, parece apuntar en contra de la hipótesis de la despoblación.

    La discusión se ha mantenido desde los años 70 hasta la actualidad, si bien la mayoría de los historiadores actuales parecen propensos hacia un término medio. Con las campañas de Alfonso I, resulta razonable suponer que algunas personas le acompañaran de regreso al norte, quizás huyendo del islam o por ser personas adineradas con miedo a futuros saqueos. Con los fuertes combates que a lo largo del sVIII se produjeron en esa zona (guerras entre visigodos, invasión islámica, revuelta beréber, ataques astur-cántabros…) sumados a la sequía de la que hablan las crónicas, es probable que efectivamente se produjera un fuerte descenso poblacional. Ante la imposibilidad de ambas potencias por extender su dominio sobre esta región, se formaría una especie de “tierra de nadie”, una “tierra sin ley” en la que campesinos armados vivirían sin señores ni eclesiásticos. Tierras poco pobladas por campesinos difíciles de saquear que quizás podrían justificar la expresión “desierto del Duero”. A favor de la hipótesis de los campesinos armados se encuentra la costumbre hispánica de permitir al campesinado poseer armas, a diferencia de los feudalismos del resto de Europa (incluso aquellos muy sometidos a continuos ataques y razzias como los británicos).

    Seguramente, estas tierras habrían desarrollado un poder político propio si no fuera por la presión disgregadora que sufriría tanto desde el norte como desde el sur. Es de esperar, en cualquier caso, que pudieran surgir especies de ciudades-estado de las que no sabemos nada ya que, como dijo Duby, cuando hablamos de la Edad Feudal: “sin señores no hay historia”. Sin ser un “desierto estratégico” esta especie de ciudades-estado formarían un obstáculo considerable a cualquier expedición lanzada desde el sur. Y mirarían con hostilidad a cualquier intento norteño de absorción, lo cual podría explicar que el Reino de Asturias necesitara todo un siglo para asentarse en unas tierras que, parece ser, habían sido abandonadas por los islámicos.

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