Caballería polaca contra panzers alemanes

26 julio 08

Caballería polaca

1 de septiembre de 1939. Un acorazado alemán bombardea, sin previo aviso, una guarnición polaca cercana a Danzig. Pocas horas después, la impresionante marea humana y material que entonces era el ejército alemán cruza la frontera. El 3 de septiembre el Reino Unido y la República Francesa le declaran la guerra a Alemania. Ha comenzado la II Guerra Mundial.

La superioridad alemana con respecto a sus enemigos polacos era simplemente aplastante. Alemania gastó en su ejército 24.000 millones de dólares (de la época) entre 1934 y 1936. En el mismo periodo los polacos habían dedicado 760 millones. Sólo en infantería, Alemania lanzó contra Polonia 37 divisiones frente a las 23 que pudieron oponer los polacos. Por si fuera poco, las divisiones alemanas estaban completas y equipadas con armamento y (sobretodo) medios de transporte modernos, mientras que las polacas habían sido formadas apresuradamente y pocas de ellas estaban completas. Alemania contaba con 5.805 cañones de campaña contra 2.065, 2.511 tanques contra 615, etc.

La estrategia polaca consistía en resistir. Para ello lo mejor habría sido un repliegue táctico hasta la zona central del país, donde los pantanos, los bosques y las malas comunicaciones facilitarían la defensa. Pero esta estrategia corría el riesgo de que los alemanes ocuparan con facilidad la mitad del territorio polaco (la mitad más poblada y más rica) y los franceses e ingleses no hicieran nada, como había sucedido con los Sudetes.

Así que los polacos estaban dispuestos a resistir lo más al oeste posible, mientras esperaban una ofensiva francesa en el Rin que obligara a los alemanes a aflojar su presión sobre Polonia.

Los alemanes por el contrario se basaban en la hipótesis de que Francia no entraría en guerra a causa de Polonia, Hitler estaba convencido de ello. Así que cometieron la temeridad de volcar hacia el este prácticamente todo su ejército. Si Francia hubiera realizdo una ofensiva entonces, poco habría podido oponer Alemania y la II Guerra Mundial hubiera durado un mes en vez de seis años. Pero Francia tenía otra mentalidad.

Ante la inmensa desproporción de medios, al ejército polaco sólo le quedó recurrir al heroísmo, pero el valor sin medios sirve de poco, especialmente ante unas tácticas novedosas que sorprendieron no sólo a los polacos, sino al mundo entero. En tan sólo un mes, todo el país había sido ocupado. Un último intento polaco de replegar su ejército hacia Hungría, para viajar luego hasta Francia y seguir la guerra desde allí, fue imposibilitado por la invasión soviética. Entonces aliados con los nazis, aprovecharon la coyuntura para ampliar sus propias fronteras.

Encuentro entre oficiales alemanes y soviéticos en Polonia

Posiblemente, la imagen que más poderosamente nos ha quedado de esta guerra ha sido la de los lanceros polacos cargando contra tanques alemanes, inmortalizada en documentales y películas y reflejada en infinidad de libros sobre el conflicto. Todo un símbolo de la desesperación de unas gentes valientes, pero impotentes ante una tecnología infinitamente superior.

Es indiferente que, en realidad, tal carga nunca haya existido. Los numerosos enfrentamientos entre caballería polaca y panzers alemanes se producían con los soldados polacos luchando a pie, como infantería, y utilizando sólo la caballería para desplazarse rápidamente a otros lugares del frente. Es indiferente que, lejos de actuar de un modo suicida, la caballería de élite polaca fueran los que más problemas dieran a los alemanes en su avance. En el fondo, la gente nos movemos por símbolos. Y esa imagen de las lanzas contra los tanques es una imagen muy poderosa sobre un pueblo que fue abandonado a sus propios medios cuando se vieron atacados por la tiranía y la sinrazón.

Artillería antitanque de la caballería polaca

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EL EXPERIMENTO SOVIÉTICO: 2- La Revolución en la periferia

24 octubre 07

(viene de…)

Era 1917 y la Gran Guerra llevaba tres años destruyendo Europa.

Mientras los grandes empresarios hacían fortunas inimaginables hasta la fecha, los pueblos europeos sufrían un hambre que no se conocía desde épocas muy distintas. Se estima que un 40% de las mujeres de Viena sufrieron faltas anormales en su periodo a causa de la desnutrición. La mayoría de la ropa que llevaban los alemanes estaba hecha con derivados de la ortiga y la mayoría de sus zapatos de madera. Tanta fue la carestía que en España, país que tuvo la fortuna de no participar en la guerra, se conoció el año 17 como “el año del hambre”.

Pero, probablemente, los países en los que más sufrimiento estaba soportando la población era aquellos que pertenecían al Imperio Ruso. Un imperio subdesarrollado que tenía el ejército más numeroso del mundo pero también el más ineficaz. El campo ruso, anclado en los métodos tradicionales, apenas había conseguido superar la etapa de subsistencia y cuando la mayoría de los campesinos fueron movilizados para el esfuerzo bélico, toda Rusia sufrió una brutal carencia de alimentos.

Por si fuera poco, a los demás contendientes les quedaba la ilusión de ver como sus esfuerzos se veían recompensandos de vez en cuando por alguna victoria, mientras que los rusos tan sólo habían conocido derrota tras derrota.

Millones de campesinos que jamás habían salido de sus aldeas eran introducidos en un tren que les llevaba a miles de kilómetros para unirse al ejército donde sin botas, y a veces sin fusil, eran arrojados frente a un ejército alemán bien preparado y equipado que les aniquilaba con facilidad.
Para los dirigentes rusos, la única experanza pasaba por una victoria en Occidente de las fuerzas franco-británicas. Para los rusos de a pie, la única experanza era sobrevivir un día más.

El Zar Nicolás II ya era sumamente impopular antes de la guerra, especialmente desde su participación en la represión de la Revolución de 1905. Las derrotas militares acabaron de perfilar un ambiente insostenible. Rusia era un polvorín, y el polvorín estaba apunto de estallar.
Era evidente que Rusia estaba al borde de la Revolución, el problema era ¿qué revolución?

Según el marxismo clásico se consideraba que la humanidad debía pasar por una serie de etapas o Modos de Producción progresivamente más justos. El imperio de los zares vivía inmerso en lo que sería definido como Modo de Producción Feudal y, por lo tanto, antes de alcanzar el Socialismo debería pasar una fase Capitalista. Pero ya desde los tiempos de Marx se especuló con la posibilidad de que ante su retraso, quizás Rusia podría saltarse al Capitalismo y realizar su transición directamente al Socialismo.

Esta teoría se basaba en la hipótesis de que el resto de Europa, más avanzado, realizara antes sus respectivas revoluciones socialistas.

Pero ante el retraso de los proletarios europeos, un grupo de socialistas rusos empezaron a desarrollar la teoría de la Revolución en la Periferia. Según esta, las revoluciones se producirían siempre en las regiones más atrasadas, forzadas a encontrar la forma de superar su retraso. Lejos de quedarse a la espera, Rusia debía liderar la Revolución mundial. Resulta curioso observar que los defensores de esta teoría hablaban también de la posibilidad de que la Revolución se produjera en China.

El partido Socialista se dividió en dos tendencias a causa, principalmente, de esta teoría. Los que la defenderían se llamarían Bolcheviques, y serían liderados por Lenin. Los que creían en un marxismo más ortodoxo serían Mencheviques y Kerensky sería su lider.

Ante la inminente desintegración del poder central, tres grupos sociales comenzaron la lucha abierta por el poder: Los aristocrátas que, aliados con la Iglesia Ortodoxa, intentan mantener el régimen feudal; La escasísima burguesía de caracter liberal y el no mucho más numeroso proletariado y sus sindicatos. Aisladamente, los aristocrátas seguían manteniendo un poder mucho más fuerte que los otros dos, pero faltaba una fuerza más. Una fuerza que no organizó la toma del poder, pero que tuvo una importantísima importancia desintegradora. El campesinado.

La Revolución Rusa tuvo la originalidad de ser la primera revolución realizada por campesinos (así debía ser en un país poblado en un 95% por campesinos). O al menos así ha sido siempre analizada. En mi opinión no fue tanto. La Revolución Rusa no fue más que una revuelta campesina como tantas habían vivido todos los países europeos en su etapa feudal. Una revuelta que es capaz de derribar al poder pero que, ante su imposibilidad para ocuparlo, acababa derivando en un régimen semejante al anterior. Pero esta vez, si bien los campesinos eran igualmente incapaces de ocupar el poder, existían otros dos grupos que sí que lo eran. Los burgueses liberales y los proletarios bolcheviques.

En un primer momento, la Burguesía se hace con el control del poder y parecen tener posibilidades de consolidarse. Cuentan con el apoyo de los mencheviques, que siguen pensando que Rusia no está preparada para una revolución proletaria y por lo tanto deben ayudar primero a producirse la revolución burguesa. Cuentan también con una cierta pasividad aristocrática que les tiene mucho más miedo a los bolcheviques que a ellos.

Pero la victoria no es absoluta, en las principales ciudades (especialmente en Petrogrado) se forman los soviets. Organización sindical radical que ya había surgido en 1905 y que funciona de una forma democrática entre todos los obreros. Los soviets, en un primer momento sumisos, empiezan a crear un estado paralelo que el gobierno central nunca podrá dominar. Especialmente desde que el regreso de Lenin a Rusia serviría para organizar al disperso partido bolchevique.

La burguesía se hizo con el control del gobierno gracias a la guerra, pero aquí empezaría su principal problema. Sabían muy bien que si intentaban firmar la paz con Alemania el Reino Unido y la República Francesa reaccionarían con violencia ante lo que intuirían como una traición. Teniendo en cuenta que Rusia estaba sumamente endeudada con sus aliados, esto era algo muy peligroso. Enfrentados entre dos opciones imposibles, los burgueses decidieron continuar la guerra pero, sabedores de las consecuencias que podría conllevar una decisión tan impopular, nombraron a un socialista, Kerensky, como ministro de la guerra.

Cada día de guerra volvía más debil al gobierno burgués y más poderoso al movimiento soviético. Especialmente desde que el enfrentamiento soterrado se convirtió en guerra abierta tras la exijencia de Lenin “¡Todo el poder para los soviets!”

Los países del Etente, preocupados sobretodo por el mantenimiento del frente ruso, corrieron a abandonar a su antiguo aliado el Zar y reconocer como gobierno legítimo al gobierno revolucionario burgués. Pero esta legitimidad internacional desmentía lo que estaba pasando entre las fronteresas rusas.

El gobierno tenía el control de Moscú. Pero San Petesburgo pertenecía a los bolcheviques, grandes zonas rurales seguían en manos de los zaristas y el resto del país estaba sumido en el caos. El propio ejército era campo de batalla entre los tres bandos.

Desesperado, el gobierno burgués realiza su último intento de acercamiento a los soviets nombrando a Kerensky primer ministro. Rusia, el país más atrasado de Europa, sería el primero con un primer ministro socialista.

El claro aumento de la influencia socialista en todo el país hará crecer las esperanzas de los más miserables. Por todo el campo ruso se expanderán los rumores de repartición de tierras, y los soldados campesinos aumentan todavía más sus deserciones ante el miedo de que se produzcan reparticiones en sus pueblos y ellos no estén presentes para reclamar su parte. El frente se hunde y con él se hunde el gobierno.

En un intento desesperado, Kerensky negocia una alianza con Kornilov, importante general zarista y facilita el avance de este contra San Petesburgo, capital de los soviets. Los agentes soviéticos, sin embargo, consiguen infiltrarse en el ejército reaccionario y acabará provocando una revuelta en su mismo seno. El ejército de Kornilov se pasa en masa al bando soviético y, por primera vez dotado de un brazo armado, este pasará rápidamente al contrataque. Kerensky se verá desligitimado al demostrarse su acercamiento a los zaristas y se verá obligado a huir a los EEUU.

En la llamada Revolución de Octubre (el 17 de noviembre según nuestro calendario) de 1917, el partido Bolchevique alcanzará el poder, pero todavía estará lejos de consolidarlo.

(continuará)

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EL EXPERIMENTO SOVIÉTICO: 1- Ni guerra entre pueblos ni paz entre clases

15 octubre 07

Acababa de nacer el sXX y Europa se encaminaba al desastre. La tensión entre dos poderosos bloques (el Imperio Britántico, la República Francesa y el Imperio Ruso por un lado y el Imperio Alemán y el Imperio Austro-húngaro por el otro) era ya inaguantable y en cualquier momento cualquier pequeña excusa podría desembocar en la mayor guerra jamás conocida hasta entonces, la Gran Guerra.

Nada parecía capaz de detener el inminente conflicto… bueno, casi nada.

El Movimiento Obrero Internacional, personalizado en la II Internacional, afirmaba que ellos podrían parar la guerra. La guerra era, para el movimiento proletario, un problema de egos capitalistas, el choque entre distintos imperialismos en la que los trabajadores tendrían mucho que perder, pero nada que ganar. “Ningún obrero moriría para enriquecer a los grandes empresarios”. “El enemigo no era un obrero del país de al lado, sino el explotador de cualquier país”. “La guerra es un negocio entre personas que no se conocen pero se matan entre sí en beneficio de personas que sí se conocen pero no se matan”. “A la declaración de guerra, los trabajadores responderían con la declaración de la Huelga General” o, lo que es lo mismo, con la Revolución. “Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases”.

Hubo momentos en los que llegó a parecer que efectivamente tal utopía era posible. Una de las claves por las que la guerra tardó tanto en estallar es el tiempo que los distintos gobiernos necesitaron para asegurarse que los sindicatos no paralizarían su industria bélica y les arrastrarían a una rápida derrota. Contra ellos tenían un poderoso armamento… el Nacionalismo.

Si el sentimiento socialista era poderoso, también lo era efervescencia nacionalista y xenófoba. Todo tipo de argumentos eran válidos para aumentar el odio de cada potencia contra las potencias vecinas, desde las teorías raciales o históricas hasta las progresistas (los socialistas alemanes hablaban del feudalismo zarista, los socialistas franceses de las ausencias democráticas en el país germánico)

En extremis, el nacionalismo consiguió ganarle la partida al internacionalismo y cuando estalla la guerra los obreros se alistan en el ejército y los diputados socialistas votan los créditos de guerra (con excepciones, como el diputado del SPD al que sus propios compañeros de partido quisieron fusilar por traidor a la patria)

Pero la victoria del nacionalismo sería tan ajustada que el internacionalismo flotaría permanentemente como una amenaza y aparecería con fuerza en momentos críticos de la I Guerra Mundial. Ya en la primera navidad de la guerra comenzarían estos coletazos, pero especialmente importante sería lo sucedido a finales de la guerra y, especialmente, apartir de la Revolución Rusa.

(continúa)

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La batalla de las salchichas

19 marzo 07

Corría el año 1939 y Europa se encaminaba al desastre.

La Alemania Nazi y la URSS, sorprendieron y alarmaron al mundo al firmar un acuerdo de no agresión. No habría guerra en el Este, y eso implicaba que sí la habría en el Oeste. Además, ambas potencias trazaban una línea que les serviría para repartirse el Nor-Este de Europa. Era el llamado Pacto Molotov-Ribbentrop. Gracias a él, ambas potencias invadieron Polonia provocando que la República Francesa y el Imperio Británico le declararan la guerra a Alemania. Había comenzado la II Guerra Mundial en Europa.

La URSS estaba, de momento, libre del conflicto. Pero no había muchos motivos para estar tranquilos. Stalin consideraba que el Ejército Rojo debía ocupar su parte de Europa del Este de la forma más rápida y eficaz posible. Era importante trasmitirle a Hitler una imagen de fortaleza. No era ninguna tontería, a nadie escapaban las ambiciones de Alemania hacia el Este y durante la I Guerra Mundial, el ejército ruso había demostrado una nula capacidad combativa. Trasmitirle a Alemania la sensación de que la URSS era muy capaz de defenderse era fundamental para evitar una posible invasión.

Mapa del reparto de Europa entre Hitler y Stalin. A la izquierda lo programado, a la derecha lo que sucedió en realidad.

Dentro de esta política, la URSS se apresuró a ocupar, además de la mitad de Polonia, cuatro estados que habían pertenecido al Imperio Ruso: Letonia, Estonia, Lituania y Finlandia. Los tres primeros, incapaces de plantear ninguna resistencia, se vieron obligados a permitir la entrada del ejército soviético y perdieron, de facto, su independencia. Pero Finlandia se negó a rendirse.

Para Stalin, la imagen de gran potencia militar que debía trasmitir al exterior su país era incompatible con un desafío como el de Finlandia. No era algo que estuviera dispuesto permitir. Por otra parte, con un ejército anticuado. Sin apenas capacidad industrial y sin posibilidad de comprar armamento en el extranjero a causa de la guerra entre Alemania y las potencias democráticas ¿acaso tenía Finlandia alguna posibilidad de resistencia?

Las fuerzas soviéticas cruzaron la frontera por seis puntos el 30 de noviembre, tenían orden de acabar la guerra antes de que finalizara el año. Había comenzado la llamada Guerra de Invierno.

En total, los soviéticos llegaron a enviar a Finlandia más de un millón de soldados.

Finlandia tenía un ejército de 180.000 soldados. Mal equipados y peor entrenado, muchos llevaban su propia ropa ante la ausencia de uniformes y una parte no pequeña de ellos no había manejado nunca un arma de fuego. Carecían casi por completo de blindados y de aviación y sus escasos cañones eran más bien antiguos. Tuvieron que enfrentarse a más de un millón de soldados soviéticos, con centenares de tanques y de aviones. Los periodistas extranjeros escribían a sus centrales anunciando una más que segura victoria soviética en muy poco tiempo. Pero los finlandeses no estaban de acuerdo.

Tras un rápido avance inicial, principalmente gracias a que los finlandeses se habían replegado hacia una posición predeterminada, los rusos se encontraron con una fuerte resistencia en la llamada línea Mannerheim.

Los finlandeses, con gran habilidad, ya habían previsto su defensa en torno a la línea fortificada Mannerheim. Gracias a la disposición natural del terreno, a los sistemas de ametralladoras y al extremo clima, la línea se mantuvo en pie durante toda la guerra.

Ante la aplastante superioridad numérica y técnica de los soviéticos, los finlandeses opusieron imaginación, un mejor conocimiento del terreno y, sobretodo, una impresionante tenacidad. Pero posiblemente nada de esto hubiera servido de nada si el extremo clima no les hubiera prestado una ayuda vital.

Aquel invierno fue uno de los más fríos del sXX y las temperaturas por debajo de los 40º bajo cero no fueron extrañas. Los tanques rusos apenas podían progresar en un terreno repleto de trampas ocultas por la nieve. Y, por si fuera poco, los finlandeses empezarían pronto a utilizar una de las armas más rentables de la historia, el cóctel molotov. Si bien no lo inventaron ellos, fueron los fineses los que le bautizaron así en honor al entonces ministro de asuntos exteriores soviético. Un cóctel molotov es fácil de fabricar con productos químicos muy comunes y baratos. Lanzado a corta distancia, demostró ser un arma de gran eficacia a la hora de destruir los carísimos tanques soviéticos.

Ante los estupefactos soviéticos, las líneas finlandesas no sólo no fueron barridas, sino que además mantenían la suficiente iniciativa como para conseguir infiltrarse una y otra vez en las líneas enemigas, realizando labroes de sabotaje, utilizando cuchillos a falta de munición, y robando o saboteando material bélico.

Con el paso de los días, un nuevo problema, más grave todavía, empezó a hacer mella entre las fuerzas soviéticas. Las malas comunicaciones de un país boscoso y nevado, estaban saturadas. Y la munición tenía preferencia sobre la comida y las medicinas. El inmenso ejército soviético empezó a tener serios problemas de abastecimiento. Llegó a haber un momento en el que el rancho del ejército rojo estaba compuesto casi exclusivamente de pan de cebada, y no en demasiada cantidad. Cuando una persona está expuesta a un frío intenso, necesita un gran aporte en proteinas y grasas. Especialmente si, además, realiza un fuerte ejercicio físico. No es de extrañar que la combatividad de los rusos se viera sensiblemente mermada.

Frente a la Línea Mannerheim se estrellaron brigadas y brigadas de soldados… pero una consiguió atravesarla. Protegidos por la niebla y la nieve, un grupo de valientes soviéticos fueron capaces de asaltar la línea, penetrando en las defensas finlandesas y amenazando seriamente con provocar el derrumbamiento de todo el frente. Les bastaba a aquellos soldados mantener su posición mientras llegaban refuerzos y aquel mismo día, todo el ejército finlandés habría sido destruido y la guerra habría terminado. Pero no fue así.

Los hambrientos rusos encontraron en su camino una granja… y de ella salía olor a cocina, sopa de salchichas al parecer. Apesar de la desesperación de sus oficiales, los soldados se precipitaron hacia la granja y llenaron sus exhaustos estómagos, mientras los fineses pudieron reconstruir su línea defensiva. Los soldados aquel día comieron, pero Finlandia no fue derrotada aquel día. Nunca antes unas salchichas habían salvado un país entero.

Tras tres meses de lucha, la URSS y Finlandia acabarían firmando una paz en la que Finlandia perdería el 10% de su territorio (Definitivamente. Al menos hasta hoy). Pero en realidad era una victoria, Finlandia seguiría siendo un estado independiente.

Finlandia perdió un 10% de su territorio, pero conservaría su independencia.

La Guerra de Invierno podría haberle dado una valiosa lección a Hitler, podría haberle mostrado que el frío extremo forma por sí solo una considerable ayuda a un ejército tecnológicamente peor equipado pero con la determinación de resistir. Sin embargo, las conclusiones que sacaron los alemanes fueron muy distintas y equivocadas. No tardaría mucho en mostrarse el resultado.

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La Gran Guerra Patriótica

1 marzo 07

No hace mucho decía que las nuevas tecnologías informáticas nos pueden abrir interesantes perspectivas a los friquis de la historia :). Entonces me refería a un vídeo sobre la caída de Constantinopla y hoy toca otra cosa totalmente distinta pero igualmente espectacular.

En la lista de correo del juego de rol Comandos de Guerra, he descubierto una animación interactiva sorbe la II Guerra Mundial en el frente oriental.

Impresionante y espectacular. Es cierto que este tipo de Historia fáctica es poco útil, al fin y al cabo, poco se puede aprender de ella. Pero, que le vamos a hacer, a uno le molan los juegos de estrategia y la historia bélica pues es uno de mis pecaditos. 🙂

En la animación vemos con gran cantidad de detalles toda la guerra en el Este desde la operación Barbaroja hasta la rendición del III Reich. Se hecha de menos, eso sí, mayor explicación. Aunque tiene gran abundancia de textos de apoyo, estos distan mucho de ser suficientes, sobretodo teniendo en cuenta la complejidad de lo que intenta narrar. Acepto que este es un defecto más del medio que de la obra, poco propicio para introducir varias páginas de texto, pero creo que un poquito más sí podrían haber incluido.

Es bonita de ver e interesante como una nueva forma de explicar la historia. De escaso valor para el que busque un poco de documentación. Interesante experimento, en todo caso.

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Ya no hay Dios. Ya no hay Zar

22 enero 07

En 1900 Rusia era el país más atrasado de Europa. No sólo a nivel de infraestructuras, sino principalmente en su mentalidad, absolutamente feudal. Hasta la atrasada España había pasado ya por varias desamortizaciones y había transformado sus siervos en obreros rurales.

En cambio, en 1917 Rusia sorprende al mundo realizando una revolución sin precedentes que coloca a un gobierno obrero en el poder. ¿Qué ha podido pasar en medio? Desde luego, pasaron muchas cosas, pero la más importante seguramente sucediera el 22 de enero de 1905. El domingo sangriento. Aquel día, Rusia entró de la forma más violenta posible en el sXX.

Era el pueblo ruso un pueblo ingenuo. Todos los males que sufrían era, sin duda, por culpa de malos administradores y nobles malvados, el padrecito Zar, el batiushka, había sido designado por Dios y no podía tener la culpa de nada. Si se producía alguna maldad, sería siempre aprovechando de la buena fé o del desconocimiento del Zar, bastaría comunicarse con él para que acudiera presuroso a resolver el entuerto. Era una mentalidad más propia de los siglos XVI-XVII, pero todavía funcionaba.

Pero algo empezaba a romperse en el seno de la tradicional sociedad rusa. La industrialización, todavía escasa, había traido consigo las primeras organizaciones obreras que, aunque en manos de la Iglesia Ortodoxa, tuvieron un importante papel en la expansión del socialismo en Rusia. La guerra contra Japón había acelerado el empobrecimiento de los obreros y campesinos por igual y ya el 20 de diciembre de 1904 se habían iniciado una serie de huelgas que amenazaban con paralizar el país. En enero, 120.000 huelguistas se concentraron en San Petesburgo y aquel fatídico 22, marcharon hacia el palacio imperial.

Los obreros, con sus mujeres y sus hijos, acudían a pedirle al padrecito Zar que les escuchara, que viera su sufrimiento y se apiadara de ellos. Había aire de fiesta. No había armas. Por no haber, no había ni banderas ni discursos. Llevaban icónos religiosos, y los sacerdotes iban con ellos. La guardia de palacio respondió con fuego de fusilería.

La matanza fue un jarro de agua fría para todo el pueblo ruso. La imagen del padrecito Zar se vino abajo. Hasta el punto de que el cura ortodoxo Georgi Gapon publicaría una escrito esa misma noche diciendo: “A los soldados y a los oficiales que asesinan a nuestros hermanos inocentes, a sus mujeres y a sus hijos, a todos los opresores del pueblo, mi maldición pastoral. A los soldados que ayuden al pueblo a obtener la libertad, mi bendición. Les eximo de su juramento de soldados hacia el zar traidor que ha ordenado verter sangre inocente. Ya no hay Dios. Ya no hay Zar.

Si el Zar recibe su derecho de Dios, la guerra contra el Zar es guerra contra Dios.

La revuelta se extendió por toda Rusia, especialmente cuando empezaron a llegar las noticias de las derrotas sufridas en el Pacífico (en febrero Rusia era expulsada por los japoneses de Manchuria, en mayo la flota rusa era derrotada en Tshushima). El régimen del Zar no sólo era injusto, sino además ineficaz. De todo el Imperio llegaban noticias de rebelión, en Polonia y Georgia la protesta se unía a las pretensiones nacionalistas, en Odessa la tripulación del Acorazado Potenkim iniciaría la aventura que años después inmortalizaría el genial Eisenstein.

La respuesta gubernamental llegó en forma de mayor represión. “Responder al terror con terror” diría el Zar, pero ante la fuerza del movimiento revolucionario, el gobierno se vió obligado a realizar algunas cesiones. Así nació la Duma, primer parlamento ruso que, sin embargo, nunca tuvo un verdadero poder político.

Tras el acuerdo entre el Zar y la burguesía (los octubristas), el movimiento fue desinflándose. No era el momento para una revolución. El Zar, paternalista, otorgaría su bondadoso perdón a la clase obrera “confío en el honor del sentimiento de los obreros y en su lealtad hacia mi persona; por eso les perdono su falta”. Pero Rusia ya nunca volvería a ser la que era antes del Domingo Sangriento.

Como dijo Marc Ferro, si el zar había perdonado a los obreros, éstos no le iban a perdonar nunca lo sucedido. El propio Zar lo descubriría años más tarde, al ser fusilado junto a su familia a manos de una milicia obrera.

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Cuando el Kaiser invitó a Lenin a atravesar Alemania

10 enero 07

Mucha sabiduría hay en aquello de que la política crea extraños compañeros de cama. En cualquier caso, pocas veces han existido compañeros de cama tan extraños como el Kaiser, representante de la más rancia aristocracia europea y… ¿Lenin?, ¿el revolucionario que convulsionaría a Europa creando el primer gobierno obrero?

Fue necesaria una guerra mundial y la mutua necesidad de destruir al zarismo para que ambos pudieran entenderse. Y parece que, mal que bien, lo hicieron. Aunque el kaiser se cuidó muy mucho de evitar toda posible contaminación que Lenin pudiera inocular sobre el pueblo alemán.

Vladimir Illich Uliano, más conocido como Lenin, era considerado tan peligroso como un ejército entero. Así lo definió el kaiser y los servicios de inteligencia zaristas debían estar de acuerdo, ya que habían intentado eliminarlo en varias ocasiones. Huyendo por su propia vida, encontramos en 1917 a Lenin exhiliado en Suiza.

Aquel 1917 fue un año sumamente activo en Europa. La I Guerra Mundial había alcanzado su terrible apogeo. Alemania empezaba dar muestras de agotamiento, y para compensarlos el gobierno del kaiser dio orden de lanzar la llamada “guerra submarina total” en un poderoso esfuerzo por asfixiar a Inglaterra. Como respuesta previsible, los EEUU le declararía la guerra a Alemania y sus aliados. Los alemanes necesitaban urgentemente una gran campaña victoriosa que doblegara a Francia antes de que llegara la ayuda norteamericana. Sin embargo, tras las batallas de Verdun y del río Somme del año anterior, Alemania había perdido más de un millón de soldados y no tenía fuerzas suficientes como para volver a lanzarse al ataque… A no ser que las retirara del este.

En el Este el poderoso gigante ruso había sido en gran medida aplastado, pero no dominado. Defendido por sus anchas estepas, el ejército del zar podía todavía plantear resistencia durante muchos años, absorviendo la atención de fuerzas que Alemania necesitaba con urgencia para el frente occidental. Alemania necesitaba la rendición de Rusia, pero no podría conseguirla en un plazo breve… militarmente.

El zarismo agonizaba. Nicolás II era un político torpe y profundamente impopular, especialmente tras la sangrienta represión de las huelgas de 1905. El 23 de febrero de 1917 se había iniciado una huelga antizarista que apartir del día 27 contaba con el apoyo del ejército. En poco tiempo, los burgueses de la Duma consiguieron hacerse con la situación y obligan al zar a abdicar el 15 de marzo. Rusia se convierte en una república, y anuncia que continuará la guerra contra Alemania. Siendo tal guerra el principal motivo de sublevación, la Revolución no había terminado.

Mientras, Lenin, encerrado en las montañas de Zurich, sabía que era el momento y se sentía impaciente por poder actuar. Cuatro días tras la abdicación del Zar escribe a un compañero “Estoy considerando cuidadosament, desde todos los puntos de vista, cuál sería la mejor manera de hacer este viaje. Por favor, procúrese a nombre suyo los papeles necesarios para cruzar Francia y entrar en Inglaterra. Yo los utilizaré para pasar vía Inglaterra y Holanda, camino de Rusia. Puedo llevar una peluca.” pero, en un momento en el que los submarinos alemanes del Mar del Norte están hundiendo cerca de 170.000 toneladas al mes, tal viaje era muy peligroso.

Lenin era vital para la revolución, sin él los bolcheviques carecerían de la capacidad de organización necesaria y probablemente serían derrotados por los burgueses o por los zaristas. Lenin lo sabía, y se desesperaba.

Alemania sabía que Lenin era muy capaz de acabar con la Duma, pero para afianzar su régimen necesitaría de cierta estabilidad. Necesitaría la paz. Un gobierno en manos de Lenin era mucho más proclive a rendirse ante Alemania que ningún otro. En tiempos de guerra, los prejuicios deben ser dejados de lado, y al final el régimen del Kaiser entró en contacto con Lenin para proponerle un salvoconducto hasta Rusia.

Lenin fue sorprendido por la oferta, pero su habil olfato político le hizo comprender en seguida la importancia de la oportunidad que se le presentaba. Contó con la inicial oposición de sus compañeros de Zurich, que temían ser vistos como colaboradores del kaiser (suponiendo que no fuera una trampa). Lenin les diría “Cuando la revolución está en peligro no podemos caer en tontos prejuicios burgueses .Si los capitalistas alemanes son tan cándidos como para llevarnos a Rusia allá ellos. Por mi parte, acepto el ofrecimiento. ¡Iré!”. Y todos sus compañeros aceptaron acompañarle.

El 9 de abril 32 revolucionarios rusos tomarían un tren en Zurich. Se trata de un tren precintado del cual no podrán ni salir ni tan si quiera mirar por una ventana hasta que no abandonen suelo alemán. Los alemanes temen demasiado a aquel hombre “tan peligroso como todo un ejército” como para permitirse ningún desliz.

El tren entró en Alemania por Mannheim, de ahí se dirigió a Francfort, Berlín y por último Salssnitz. Allí un barco les trasladó hasta Malmoe (Suecia). Lenin acabaría traspasando la frontera rusa en Finlandia por medio de trineos y llegaría en tren hasta Petrogado (San Petesburgo).

La noticia de que Lenin estaba en San Petesburgo se extendió como un terremoto por toda la geografía rusa. No fue necesaria más que su mera presencia para recuperar su autoridad sobre los socialistas radicales. El movimiento bolchevique, indeciso, caótico y confuso se convirtió en poco tiempo en una engrasada maquinaria capaz de conquistar en siete meses el control del estado más grande de Europa.

Chuchill diría posteriormente que el Estado Mayor alemán había dejado caer a Lenin en Petrogrado “como si se tratara del bacilo de la peste”.

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