Idrimi, el desconocido rey de Alalakh

16 abril 07

A lo largo de la historia, han existido infinidad de grandes reyes que han aspirado a ser recordados por su gloria durante todas las generaciones venideras… y de los cuales no tenemos la más mínima noticia 🙂

Cosas así se imagina uno cuando se encuentra con incidentes como el del descubrimiento de la estatua del poderoso rey Idrimi, rey de Alalakh, estatua encontrada en 1939 y que, si no tuviera un breve texto explicativo, no sabríamos ni de quien es. De hecho, esta estatua es el único testimonio de la existencia de un tal Idrimi, rey de Alalakh 🙂

La estatua en sí misma representa todo un interesante testimonio del poco conocido Imperio de Mitanni. Un imperio al que le tocó lidiar con hititas, egipcios y asirios hacia la segunda mitad del segundo milenio antes de Cristo.

Idrim, parece ser, era el heredero del reino de Aleppo, pero tuvo que marchar al exilio cuando su ciudad fue invadida por los Mintanni. El joven príncipe debió ser capaz de juntar las fuerzas necesarias como para que los Mintanni le tuvieran en cuenta, y si bien no le devolvieron Aleppo, le colocaron como rey de la ciudad siria de Alalakh (en la actual Turquía), como vasallo suyo.

Siempre todo según lo que este señor cuenta de sí mismo, por supuesto :), el joven Idrimi consiguió, desde la nada, crearse su propio reino que, al menos, debió ser gobernado por un rey más tras su muerte. No sabemos nada de lo que pudo pasar después.

¿Cuantos reyes habrá revolviendose en sus tumbas porque nosotros no sabemos nada sobre su grandeza? ¿se sentirán todavía más ofendidos si, encima, reconocemos que en el fondo, nos importan muy poco? 🙂

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Vídeo de la caída de Constantinopla

11 febrero 07

La infografía puede ofrecer todo un mundo de maravillas a los amantes de la historia, creo que todo el mundo se ha dado cuenta ya de ello :).

En Crónicas Otomanas he descubierto un videoclip impresionante. Es un grupo turco que nos muestra la Constantinopla sitiada por los otomanos. Aguantar los primeros 40 segundos de calidoscopio, que merece la pena verlo ¡yo ya he visto el video unas doce veces! 😀

La inserción del video ha sido anulada, pincha aquí para verlo directamente en Youtube

En el vídeo podemos ver claramente lugares paradigmáticos de la antigua Constantinopla.

Así por ejemplo, el edificio que nos recuerda el Coliseo Romano es lo que quedaba del Gran Circo, edificio donde se realizaban las carreras de cuádrigas en tiempos más gloriosos para el Imperio Bizantino, y que aunque ya se encontraba en ruinas por aquel entonces, todavía los viajeros destacaban como una de las maravillas de la ciudad. Al fondo se aprecia el obelisco que ocupaba el centro del óvalo del Gran Circo, y que contó un viajero genovés, todavía se mantenía en pie.

El acueducto que vemos era el mayor que jamás se había construido, tanto en longitud como en altura, y tuvo su relevancia en la defensa de la ciudad (los turcos tuvieron problemas para cortar el suministro)

El gran edificio que aparece varias veces es el único que todavía podemos visitar en la actualidad (aunque bastante modificado), se trata de la Iglesia de Santa Sofía. Lógicamente, no se habían construido los emblemáticos cuatro minaretes que la acompañan en la actualidad.

Vemos también la cadena (luego se ve mejor) que tendieron los griegos para impedir que la flota turca pudiera atravesar el estrecho y así sitiar la ciudad por ambas partes.

Después de la flota turca vemos el Gran Cañón. Ante la fortaleza de las impresionantes murallas de Constantinopla, los turcos construyeron el más grande cañón que jamás se hubiera fundido. Tengo la impresión de que su importancia real en la campaña fue más bien reducida, pero psicológicamente tuvo una gran trascendencia, gracias a él los soldados turcos sentían que las tornas estaban igualadas.

Se nos muestran unas imagenes de la muralla del litoral, construida tras el asalto de los cruzados en 1204, apesar de tener tres siglos era la parte más nueva de las murallas (el resto tenían todavía más antigüedad, databan del sVI). Puede parecer sorprendente que Constantinopla tuviera unas murallas centenarias e, incluso, casi milenarias. Pero es que su entramado defensivo era tan impresionante y tan poderoso que no había necesitado ser ampliado ni sustituido por nuevas fortificaciones. Esas murallas resistieron exitosamente más de una veintena de sitios. Naturalmente, eso sí, habían sido restauradas y reforzadas a lo largo de los años.

Luego se nos muestran las murallas del Oeste, las más poderosas y más antiguas de su tiempo. Era una infraestructura impresionante que permitía a un ejército mínimo soportar el asalto de fuerzas muy superiores. Y el recinto abarcado era tan grande que incluso había grandes zonas de cultivo en el interior, lo que ayudaba a soportar cualquier asedio. Desgraciadamente para los defensores, las fuerzas de que disponían no eran pequeñas, sino pequeñísimas. Y llego a haber un momento en el que si dividías todos los defensores entre el número de torres a defender, salía a poco más de diez soldados por torre.

El sultán turco que se nos muestra necesariamente ha de ser Mehmed II. Se dice que cuando puso por primera vez pie en la Iglesia de Santa Sofía se quedó horas en silencio, impresionado. Creo que eso es lo que vemos en el video.

Se hecha de menos alguna aparición de su gran rival, Constantino XI. El último emperador griego rechazó la oferta de entregar la gran ciudad a los turcos y vivir como vasallo de estos, y renunció a abandonar la ciudad incluso cuando más desesperada era la situación. Hubiera molado que incluyeran su última carga, con su guardia de honor, ante la masa de turcos que habían conseguido atravesar la muralla. Evidentemente, Constantino murió allí, espada en mano, en la que fue la última carga del Imperio Romano.

La cámara hace un vuelo en el que se muestra la impresionante superficie cubierta por las murallas y que, como decíamos antes, iba mucho más allá de lo que era la propia ciudad.

Después se nos muestra otro de los acontecimientos más importantes del sitio. Ante la imposibilidad de pasar la flota turca del Mar Negro al Mediterráneo, por culpa de la cadena de la que ya hablamos (y de la artillería griega) los turcos transportaron parte de su flota por tierra, sorprendiendo a los defensores que se vieron, sin esperarlo, acosados desde ambos mares.


La Anábasis, o la marcha de los diez mil

4 febrero 07

La Anábasis es la obra más conocida de Jenofonte, uno de los discípulos de Sócrates, al que se le atribuye la frase “Jenofonte, Jenofonte, si eres cabra, pues pa’l monte” :).

Jenofonte se enroló en una expedición de mercenarios griegos que iba a participar en la revuelta del príncipe Ciro contra su hermano, el Gran Rey Artajerjes II. Sócrates intentó convencerle para que desistiera (de ahí la frase) pero no lo consiguió. Si lo hubiera hecho, Jenofonte sin duda se habría ahorrado muchas penalidades, pero nosotros no tendríamos uno de los relatos épicos más impresionantes de la historia occidental.

Ciro era el primero en llevar soldados griegos hasta el interior del Imperio persa, la disciplina y organización griegas les daba una notable superioridad sobre las tropas que habitualmente luchaban en las luchas por el trono, y Ciro pensaba utilizar esto a su favor.

El ejército de Ciro salió de Sardes y recorrió el curso del Éufrates hasta encontrarse con las fuerzas fieles a Artajerjes II en Cunaxa, a las puertas de Babilonia. El choque necesariamente debía ser violento.

Según Jenofonte, la batalla de Cunaxa fue favorable a los rebeldes y los mercenarios griegos fueron decisivos en el encuentro. Pero nada de esto sirvió al morir Ciro en la batalla. Perdido su candidato al trono, las fuerzas de Ciro se pasaron en bloque a Artajerjes… dejando a los mercenarios griegos aislados entre una marea de enemigos.

Los oficiales griegos intentaron negociar una rendición y fueron convocados a una reunión en el campamento persa. Pero Artajerjes estaba decidido a dar una muestra de fuerza que disuadiera a cualquier ejército griego a volver a penetrar en Asia. Dio orden de decapitar a todos los oficiales griegos.

De esta manera, los griegos se encontraron rodeados de enemigos, a miles de kilómetros de la población amiga (o neutral) más cercana y sin oficiales.

Pero la desesperación une y ellos eran experimentados mercenarios, poco dispuestos a dejarse llevar por el pánico. Especialmente cuando el pánico únicamente podría llevar a la muerte. Siguiendo el relato de Jenofonte, los griegos eligieron a cuatro líderes entre los que estaba el propio Jenofonte y marcharon en busca del mar.

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Varias semanas necesitaron para alcanzar tierras seguras, en el mapa puede verse el camino que realizaron (siempre según Jenofonte), la ruta sureña junto al Éufrates es la que hicieron junto a Ciro y cuando se produce el giro hacia el norte siguiendo el Tigris es cuando comienza la huida.

Los griegos se vieron obligados a vivir sobre el terreno… un terreno que no conocían y del que temían constantes emboscadas mientras el ejército persa les hostilizaba constantemente. Y cuando por fin llegaron al mar, lo hicieron por tierras en las que los habitantes de la costa les resultaron hostiles.

Apesar de tenerlo todo en contra, y aunque parezca increible, la mayoría de ellos consiguieron alcanzar el Egeo marchando todavía como una columna ordenada.

La verdad es que todavía a día de hoy resulta dificil de comprender como es posible. Por muy ordenada y disciplinada que fuera la hueste griega, ¿por qué no fueron aplastados por los persas?

En realidad, el Imperio Persa estaba en pleno proceso de descomposición. Artajerjes II era un lider absolutamente ineficaz, que conoció su máxima gloria al conseguir matar a su hermano. No es una sorpresa, todo el sistema clientelar persa parecía destinado a crear hombres ineficaces que únicamente debían su supervivencia a sus habilidades como intrigador y a la constantes suspicacia. Seguramente, los persas no pudieron realizar una presión eficaz contra los griegos en retirada por estar demasiado ocupados dirimiendo sus propios problemas de lealtad.

La expedición de los Diez Mil demostró por la vía práctica que un ejército lo suficientemente rápido y decidido era capaz de atravesar el territorio persa con sorprendente facilidad. Alejandro Magno aprendería muy bien la lección.

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