La intransigencia de Felipe II, la absurda ejecución del duque de Egmont y el inicio de las guerras de Flandes

22 febrero 09

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Eran los Paises Bajos, a principios de la Edad Moderna, un conjunto de territorios de gran complejidad política, repleto de juegos de alianzas y contrapesos entre nobles, eclesiásticos y burgueses.

Tras el breve reinado de Felipe I (el hermoso), su hijo heredó los Paises bajos con el título de Carlos II. Después acabaría heredando los reinos de Castilla y León y los reinos de Aragón con el título de Carlos I y, finalmente, el Sacro Imperio Románo-Germánico con el título de Carlos V.

Carlos II había crecido en Flandes y conocía bien los tejemanejes del Señorío y, aunque residió pocas veces en los mismos Paises Bajos, durante su reinado el territorio se mantuvo pacífico. Es posible que el Emperador se imaginara que, sin embargo, su hijo no sería capaz de comprender Flandes, porque en varias ocasiones intentó desligarlo de su herencia. Pero no pudo ser y Felipe II heredaría un Señorío demasiado complejo para una mentalidad autócrata.

Felipe II carecía de la cintura política de su padre y desde el principio intentó gobernar, desde Madrid, férreamente todo el territorio flamenco. Siendo, por si fuera poco, mucho más intolerante en cuestiones religiosas de lo que había sido su padre, impuso la Inquisición en Flandes con instrucciones de realizar su labor con especial dureza. El protestantismo se extendía por el norte de Flandes, y el afán del Rey por combatirlo fue tan desmedido que gran parte del clero le recriminó su dureza.

Los nobles estaban descontentos por su pérdida de poder, los protestantes estaban descontentos por la persecución que sufrían, los burgueses estaban descontentos por las cortapisas a su enriquecimiento. En 1566 una rebelión popular protestante mostró su enfado quemando y destruyendo imagenes católicas. Cuando la gobernadora Margarita de Austria pidió ayuda a la nobleza, esta se negó a apoyarla. Al final Margarita conseguiría devolver la paz al territorio, cediendo… Lo cual hizo que su hermano Felipe II decidiera destituirla y nombrar al Duque de Alba.

La noticia de que iba a llegar el Duque de Alba sembró temor entre muchos de los que se habían destacado en sus críticas a Felipe II. Pero no entre los condes de Egmont y Horn. Aunque habían sido bastante críticos con el gobierno de Margarita de Austria, eran católicos y habían demostrado en infinidad de ocasiones su fidelidad hacia Felipe II, y no creyeron estar en peligro.  Egmont en particular, había sido compañero de armas del Duque de Alba en San Quintín y Gravelinas ¿por qué iba a temer de él?

Ambos fueron ejecutados públicamente. Las órdenes del Rey eran claras y el Duque de Alba gobernaría con mano de hierro, ensangrentada, toda la provincia… llevándola a la rebelión abierta.

Guillermo de Orange, por su parte, calvinista y de lealtad mucho más dudosa hacia Felipe II, huyó antes de la llegada del Duque de Alba. Poco después dirigiría el inicio de la Guerra de los 80 años, la primera de las guerras que, durante 150 años, marcarían la política exterior de los hagsburgo y lastrarían su imperio.

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Joseph Smith y sus mormones

18 octubre 08

(Está entrada está dedicada a tí, tú sabes quien eres 🙂

Yo estoy pensando en convertirme. El mormonismo lo tiene todo, todo lo de la biblia (pasión, lujuria, crimen…) junto a un libro enterito más repleto de grandes epopeyas y milagros por todas partes. Además ¿cuantas religiones te prometen un mundo para ti solo en el que puedas ser Dios??? anda que no mola.

He seguido el consejo de la web oficiles de los mormones y he meditado pidiéndole a Dios que me diga si los mormones están en la Verdad o no. Pero debe de haber mucha gente haciéndose la misma pregunta y las líneas deben estar colapsadas, porque no me salió nada. Apesar de ello, yo estoy ya casi totalmente convencido, ante el peso y profundidad de sus argumentos. Repasemoslos:

Vamos a hablar de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Más conocida como los Mormones. Más conocida como los Yankees plastas esos que van trajeados (aunque esta última definición es claramente incorrecta. La mayoría son de Utah, así que no podemos decir que sean yankees plastas. Simplemente son gringos plastas).

Todo esto lo empezó un chavalillo que se llamaba Joseph Smith. El tal Joseph Smith, fustrado por tener el segundo nombre más común del mundo anglosajón, se preguntó por qué había tantos cristianismos, cual era el verdadero, si quizás serían todos falsos (mira, en esto estamos de acuerdo), y, sobretodo ¿por qué narices yo no puedo ser un profeta? ¿cómo es eso de que desde que vino Jesucrito ya no hay más? ¡habrase visto el melenudo presuntuoso ese!

Así que, según las propias palabras de Joseph Smith, durante una gran agitación religiosa que vivió Nueva york (en 1824), rezó tanto, tanto y tanto que Dios se apiadó de él y decidió aparecérsele… en 1820. Lo cual sin duda ya fue el primer milagro, pero no el último!

Pero sólo habló una vez con Dios, que las conferencias con el cielo son muy caras, y además el Todopoderoso está muy ocupado observando su gloria eterna y descojonándose de los mortales. Así que las siguientes entrevistas del jovencito Joseph Smith (pues sólo tenía 14 años cuando le habló Dios) las realizó con su intermediario, el angel Moroni. Este ángel fue el que propiciaría un nuevo e impactante milagro, le comunicó donde se encontraban unas planchas de oro con una nueva revelación recopilada en 421, la de los profetas de los indios (cuando los indios eran buenos).

Joseph Smith encontró las planchas y, gracias a unas piedras mágicas pudo traducir al inglés el que se conocería como el Libro de Mormón del original en egipcio reformado.

Tal vez, mi querido lector se preguntará que habrá sido de estas planchas que tan claramente, tras ser convenientemente estudiadas, servirían para demostrar no sólo la existencia de Dios sino que el mormonismo es la única religión verdadera ¿cómo si no iba a aparecer un texto en egipcio en la América del sV? Es normal que te lo preguntes, pero yo te digo ¡no te lo preguntes! que no. Punto. No y ya está. Se acabó. Ahhhh ¡magia! digooo ¡milagro!!!

El caso es que aparte de Joseph Smith y once de sus seguidores (de los cuales tres después dirían que todo es mentira) nadie ha podido ver esas planchas de oro antes de que el cabrón de Moroni se las llevara pa’l cielo. Que, oyes, vamos a dejar una cosa clara. Tienes que creer porque te lo dice tu corazón… si se tratara de demostrar que existe Dios, pues ya no tendría gracia ¿qué seríamos entonces? ¿científicos?

Las planchas de oro traducidas por Joseph Smith nos muestran nuevos milagros. Por ejemplo, no sólo aparecen citas del nuevo testamento tal y como se ordenó en fechas posteriores al 421, sino que las palabras coinciden, palabra por palabra, con la biblia inglesa que se solía utilizar en los tiempos de Smith ¡incluyendo las palabras en cursiva añadidas para facilitar su comprensión! ¿hay mayor demostración del poder divino?

¡Sí! ¡sí que la hay! la propia historia que nos cuenta el libro. Allí vemos como los judíos llegaron a Sudamérica en dos oleadas, resolviendo el enigma que había en tiempos de Smith sobre como se pobló el continente (y desmintiendo a todos esos cientificuchos que afirman que América fue poblada primero en el norte y desde Asia… sólo porque lo digan unas cuantas piedras ¿a caso van a saber unas piedras más que Dios? hombre ya)

Los primeros judíos llegaron a América poco después de la destrucción de la Torre de Babel, no sé como alcanzaron el continente, yo me inclino por la hipótesis de que un antepasado de Moisés fuera abriendo las aguas por el camino. Alimentándose de los peces que tuvieran la desdicha de quedarse en seco por el camino y bebiendo… hemmmm…. pues lo mismo que bebieran los judíos de Moisés 40 años por el desierto, yo qué sé.

La segunda oleada alcanzaría Sudamérica en barco,el 590 a d C, en un barco que debía ser muy grande para llevar tanta gente, y que fue arrastrado por fuertes vientos durante 344 días. Algún descreido dirá ¿344 días? ¡tan fuertes no serían los vientos! pero, vamos a ver ¿no decíamos que el barco debía ser muy grande? pues la vela sería pequeña, hombre, que hay que decírtelo todo.

Seis siglos después, hubo otra emigración, pero esta vez de un solo judío.  Jesucristo, después de resucitar, se dijo “¡voy a conocer la tierra de las oportunidades!” porque, seamos serios, ¿alguien piensa que si al hijo de Dios le diera por hacerse carne iba a desaprovechar la oportunidad de conocer los EEUU, aunque todavía no existan? Así que el bueno de Jesucristo se fue para América a decirle a los antiguos judíos, ahora indios, que tenían que hacerse cristianos y tal.

Los indios cristianos prosperaron y se efectuaron grandes milagros, siendo el más impactante de ellos su discreción. Hay que ser muy discretos para desarrollar una cultura y fundar 34 ciudades sin que haya quedado ni el más mínimo resto arqueológico de ellos. Desgraciadamente, llegó un momento en que se dividieron entre buenos y malos. Los malos (que, casualmente, resultaron tener la piel oscura) ganaron y aniquilaron a los buenos (que, cosas de la vida, eran blancos, rubios y de ojos azules).

El último de los buenos, resultó ser el tal Mormón que, por no escribir en hebreo que era muy aburrido, dijo “voy a escribirlo en egipcio reformado” que, ¡milagro! no conoceríamos de su existencia si no fuera gracias a los mormones. Es un idioma del que no existe ninguna otra referencia en ninguna parte.

El jovencito Smith se encontró con la intolerancia y la incomprensión ya desde su infancia. Al principio eran cosas como “mamá, ¡qué he visto a Dios!” [PAF] “Calla y acabate la sopa!”. Pero con el tiempo, los demás cristianos decidieron demostrarle a la pequeña comunidad mormona su amor a base de embrearle y llenarle de plumas o, al final, asesinándole en un tumulto.

Ante tanta intolerancia, los mormones abandonaron el Atlántico y se internaron en lo más profunda de América, fundando Salt Lake City. Dando paso a su nueva demostración de lo que es el amor al prójimo ante los colonos que intentaban atravesar sus tierras y que se arrepentían de no haber escogido la senda donde estaban los indios. No está confirmado si efectivamente asesinaban a los que invadían sus tierras o si estos se suicidaban solitos al verles aparecer con el traje y el libro bajo el brazo.

El Libro de Mormón mola. Y nos cuenta cosas que molan. Por ejemplo, nos dice que no sólo un cualquiera como Joseph Smith puede ser profeta, sino que incluso alguien como Tú puedes serlo. Es más, por poder ¡puedes ser hasta Dios! a que mola ¿he? Hay por ahí millones de mundos vacios, esperando a que alguien como tú les diga “hágase la luz”. Esto sin duda ya hace al mormonismo superior al catolicismo.

Pero es que, además, aunque ahora no lo practiquen por esas tonterías de las leyes federales y tal, los mormones defendían la poligamia (a favor del hombre sólo). Bueno, cabe la posibilidad de que mis lectoras no le vean la parte positiva de esto último, pero los varones seguro que sí. El mismo Jesucristo tuvo tres esposas para demostrarlo. (Lo cual nos indica que el hombre lo de caminar sobre las aguas y tal, lo dominaba bien, pero lo que hay que hacer para tener descendencia no tanto).

En todo el mundo hay millones de mormones, y esta es una de las religiones que más ha crecido durante las últimas décadas. Si es que, está claro. El que no cree, es porque no quiere.


Haití 1804: La primera República negra

27 septiembre 08

“Derrocadme, sólo se ha abatido en Santo Domingo el tronco

del árbol de la libertad de los negros; volverá a brotar

de sus raíces.”

Toussaint Louverture

Existe la extraña impresión de que los esclavos negros de América realizaron pocos intentos armados por vencer su situación, víctimas de una mansedumbre supuestamente propia de las razas africanas. Y sin embargo, las revueltas violentas de esclavos negros en América, desde Brasil hasta los EEUU, superan abundantemente el centenar. Algunas de ellas, en Venezuela y en Brasil, llegaron a controlar territorios que actuaban como estados y que, incluso, en alguna ocasión llegaron a ser reconocidos durante varios años por las autoridades coloniales.

Desarraigados de sus lugares de origen, los negros de Haití se vieron forzados a elaborar un sentimiento de comunidad utilizando, precisamente, la definición que les daban sus opresores, la negritud. Orgullosos de ser negros, empezaron a juntar lazos que les permitiera resistir eficazmente. Ante las multiplicidad de lenguas, adoptaron el francés que los blancos les habían obligado a aprender. Ante la música de los franceses, un popurrí de músicas de distintas tribus africanas. Ante el catolicismo, el vudú, una mezcla de religiones africanas.

Las autoridades coloniales, asentadas en una mentalidad profundamente racista, no eran capaces de comprender la amenaza que significaba este sentimiento de unidad entre sus esclavos. Se sabían arropados por su poderosa metropoli y la aplastante superioridad numérica de sus esclavos no les parecía un asunto preocupante.

Pero ¿qué pasó cuando la poderosa metrópoli tuvo que dejar de arroparles?

En 1789 estalla la Revolución Francesa, un suceso que sacudiría como un terremoto a toda Europa y a toda América. La Declaración de los Derechos del Hombre llenó de esperanzas a los esclavos… y de pánico a los esclavizadores. Los primeros comenzaron su presión para alcanzar sus derechos, los segundos iniciaron un movimiento cesecionista que les separara de París y sus peligrosas ideas.

Sin embargo, París apenas podía controlar sus propios arrables, y con problemas. La proclamación de los Derechos del Hombre tuvieron pocas repercusiones reales en un país que vivía sumergido en el caos. Mientras, en teoría, la esclavitud debía desaparecer, los barcos negreros franceses seguían trasportando personas secuestradas en África con rumbo a América… ¡Haciendo escala en Nantes y en Burdeos!, como antes de la Revolución.

Los gobiernos revolucionarios, apenas conseguían la obediencia de las provincias de la propia metropoli, no tenían medios de proyectar su autoridad sobre las lejanas colonias. Para ocultar su debilidad, apostaron por una política dilatoria, sin reafirmar ni prohibir la esclavitud, esperaban a ver lo que pasaba en Haití.

Y Haití era un polvorín apunto de estallar. Y estalló en agosto de 1791 con la revuelta del esclavo Boukman. Rápidamente, la revuelta se extendió por todo el país. La Asamblea Legislativa de París quería mantener las colonias tranquilas y decidió hacer una cesión proclamando la libertad de todos los mulatos, en un intento de unirlos a los blancos en la lucha contra los negros. Pero ya era tarde para las medias tintas. Sobretodo desde que el movimiento esclavo gozaba de la eficaz dirección de Toussaint Louverture, esclavo liberado hacía años que proclamaba la igualdad entre negros, mulatos y blancos.

En 1794, gobernando ya en París la Convención Nacional, se produjo por fin la tardía pero admirable identificación entre los revolucionarios y los esclavos rebeldes. Se proclamó el final de la esclavitud en todo el territorio de Francia y sus colonias, y Louverture fue ascendido al rango de general. Los ingleses, dentro de la lógica de las Guerras de Convención contra la Francia republicana, fomentaron los movimientos contrarevolucionarios de blancos y mulatos, que fracasaron estrepitosamente.

Pero… ¡poco dura la felicidad en casa del esclavo liberado! En Francia un tal general Bonaparte da un golpe de estado reaccionario y se dedica a reestablecer el Antiguo Régimen, al menos en lo que a la esclavitud se refiere. Louverture intenta resistir, pero Napoleón sí que controla toda Francia y una expedición militar enviada por él acabará apresándole y conduciéndole a la metrópoli, donde morirá.

Sin embargo, la restauración napoleónica durará menos en Haití todavía que en Europa. El 28 de septiembre de 1803 otro rebelde, Dessalines, proclamará la definitiva independencia de Haití. En 1805 Francia perderá en Trafalgar toda posible capacidad de respuesta marítima y , sin barcos, no podrá recuperar el control de Haití.

Después de derrotar a una potencia colonial, Francia, en 1822, los haitianos repiten la hazaña invadiendo Santo Domingo y liberándo la otra mitad de su isla de la esclavitud y del dominio español. Mientras tanto, el ejemplo de Haití sorprendía y esperanzaba a millones de personas oprimidas en toda América… mientras que alarmaba a miles de opresores.

Los ingleses, ante los amagos insurreccionales en Jamaica y Barbados, deciden adelantarse a los acontecimientos aboliendo la esclavitud. El ejemplo es seguido poco después en Guayana, en Surinam y en las colonias españolas y portuguesas.

Por el lado negativo, algunos negros triunfantes, decididos a vengarse de siglos de humillación, protagonizan algunas matanzas. Estas matanzas serán multiplicadas y exajeradas por los medios colonialistas (el número de personas blancas supuestamente asesinado en Haití es más del triple de la población original de la isla). Durante las décadas siguientes, el “terror” haitiano servirá para hablar sobre el supuesto salvajismo irracional de las razas africanas. Y el pánico a una revuelta “a la haitíana” será una de las principales bazas de los españoles y los portugueses en las guerras que lucharán por impedir las independencias latinoamericanas poco después.


Tebas, la ciudad griega que derrotó a Esparta

4 agosto 08

“[…] fueron por la derecha del Eurotas quemando y saqueando casas repletas de bienes. En cuanto a los habitantes de la ciudad las mujeres no soportaban ver el humo siquiera, porque nunca habían visto enemigos; los espartiatas, cada uno en su puesto, aunque parecían y eran realmente pocos, vigilaban la ciudad que estaba sin murallas. “ Jenofonte. Helénicas.

Tebas era la ciudad más importante de la Beocia (región al norte del Ática y al sur de la Tesalia, en el centro de la Grecia continental). Desde los tiempos legendarios, Tebas había aspirado a mantener su hegemonía sobre sus vecinos, con resultados irregulares.

Mapa de Grecia durante el apogeo tebano

Cuando el Gran Rey persa Jerjes invadió Grecia, Tebas se alió con él y se convirtió, de facto, en la capital de la Grecia ocupada. Hasta que una coalición de griegos, liderada por atenienses y espartanos, les inflije una severa derrota en Platea (479 adC), ciudad al sur de la Beocia.

La derrota de los persas dejará a Grecia bajo el dominio de dos potencias que pronto empezarán a mirarse entre sí con hostilidad, Atenas y Esparta. Tebas jugará a las alianzas con uno y con otro intentando así asegurar lo que perdió tras la batalla de Platea, su dominio sobre la Beocia.

Platea se convierte apartir de entonces en el principal problema de la política exterior tebana. Aliada con Atenas, Platea pasa a ser una potencia de mediana importancia en la Beocia y pugnará con Tebas por el dominio de la provincia.

Pero esta situación durará tanto como el predominio de Atenas. Y así, durante las Guerras del Peloponeso, Esparta, destruirá la ciudad de Platea (373 adC), por petición tebana. Apartir de ahí Tebas, indiscutible dueña de la Beocia, iniciará su ascenso.

De las Guerras del Peloponeso salió Esparta fortalecida como potencia dominante de Grecia, una vez el poderío ateniense había sido destruido por los siracusanos y los espartanos. Sin embargo, era Esparta un gigante con pies de barro. Su brutal sistema social le exponía constantemente a las revueltas internas (que se sucederán constantemente). Y su sistema oligárquico le dará una importancia excesiva a un reducido número de ciudadanos-soldados, exponiendo el país entero a una catástrofe en caso de una derrota militar.

Así sucederá en la batalla de Leuctra (371 adC), cuando los tebanos aniquilarán a la flor y nata del ejército espartano, víctimas de una concepción de la guerra más anticuada y rígida que los tebanos. Desde este año, Tebas se convertirá en la potencia hegemónica de Grecia y, para asentar su dominio lanzará sendas campañas al norte (para poner freno al crecimiento de Tesalia) y al sur (para liberar a los arcadios y mesenos del dominio de Esparta).

Ambas campañas resultaron victoriosas. De Tesalia, los soldados tebanos se trajeron como prisionero a un joven que la historia conocería posteriormente como Filipo de Macedonia. En el Peloponeso los tebanos se entraron hasta la cocina y se plantaron, para su sorpresa, ante la legendaria Esparta.

Desde los tiempos legendarios, ningún ejército en armas había alcanzado jamás a Esparta. De hecho, la ciudad lacedemonia ni si quiera tenía murallas ¿para qué las necesitaba?

Todos los griegos se sorprendieron de la hazaña y de la osadía tebana, incluso los mismos tebanos que, desde que entraron en la tierra de los espartanos, actuaron con mucha mayor prudencia de la habitual en ellos. De hecho, todo parece indicar que si hubieran aceptado la realidad, que Esparta se encontraba de rodillas, podrían haberle dado el golpe de gracia.

No lo hicieron sin embargo, no se atrevieron, y después de devastar el territorio y asaltar algunas ciudades menores, abandonaron la Lacedemonia dándole a sus enemigos el tiempo que necesitaban tanto como el vivir.

Sin embargo, tras esta expedición quedó asentada la hegemonía tebana sobre toda Grecia, y ni si quiera la alianza entre Atenas y Esparta pudo evitarlo. Sin embargo, duraría poco.
Tan solo nueve años después, una coalición de pueblos del Peloponeso y del Ática será nuevamente derrotada por los tebanos en Mantinea (362 adC), en esa batalla, morirán los mejores líderes tebanos (incluido Epaminondas) y Esparta perderá lo que le quedaba. Era el momento más adecuado para la entrada de una nueva potencia en escena, y esa nueva potencia llegó del norte.

El debilitamiento de Tesalia había beneficiado a los macedonios de la misma manera que la destrucción de Platea había hecho con Tebas. Y el antiguo prisionero, Filipo de Macedonia, llegará con un ejército ante el cual ningún griego oponerse.

Apartir de Filipo de Macedonia, ninguna de las antiguas ciudades recuperará jamás su poder. Y apartir de su hijo, Alejandro Magno, el poder de los helenos se trasladará a reinos como Egipto, Macedonia o el Imperio Seleucida.

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Aborígenes australianos, el delito de no saber cultivar la tierra

30 julio 08

“Este vasto país no era para ellos más que un territorio comunal – no sometían a la tierra a ningún tipo de labor-; su propiedad, su derecho no validan más que los del emú o del canguro. No semetían a la tierra a ninguna labor y esto – y sólo esto- es lo que da derecho a su propiedad […] El pueblo británico […] ha tomado posesión […] y tenía pleno derecho a hacerlo, por la autoridad divina, según la cual se ordenó al hombre avanzar sin dudar, poblar y cultivar la tierra.”

Sydney Morning Herald, 1838

La asociación Generación Robada intenta conseguir un reconocimiento hacia los 50.000 niños que fueron arrebatados a sus padres desde los años 20 hasta… ¡los años 80! Es un paso más en la larga lucha por la justicia de los pueblos aborígenes que tienen la desdicha de vivir en el que (tras el final del apartheid en Sudáfrica) es hoy el país más reaccionario de la Commowealth.

Vamos a intentar resumir brevemente esta lucha.

James Cook durante su expedición en Australia realizó una estimación totalmente equivocada sobre la población de Australia. Seguramente el famoso explorador, lo hizo de forma bienintencionada y dificilmente podría llegar a saber la trascendencia que tendrían sus breves palabras:

El número de habitantes de este país parece ser extremadamente pequeño en relación a su extensión. No hemos visto nunca un grupo que reúna a treinta personas a la vez. […] No obstante, es totalmente cierto que sólo hemos visto la parte oriental de la costa y que entre ésta y la orilla occidental se extiende una inmensa extensión de tierra completamente inexplorada, pero hay buenas razones para creer que ésta o bien está totalmente deshabitada, o bien está poblada aún más pobremente que las partes que hemos visitado.[…] Es cierto que no hemos visto, en todo el país, un solo pie de tierra cultivado, por lo que podemos llegar a la conclusión sin más de que allí donde el mar no contribuye a la subsistencia de los habitantes, el país no está habitado.

Para la mentalidad europea de finales del sXVIII, la posibilidad de que un número grande de personas pudiera subsistir de la caza y la recolección era algo impensable. Los primeros colonos de lo que llamaron Nueva Gales del Sur descubrirían a medias el error de Cook: “La población era más densa de lo que se había creído en general en Europa.” pero “esta observación no debía aplicarse a las partes interiores del continente, pues existían todas las razones para afirmar que, de acuerdo con sus investigaciones y la manera de vivir d elos indígenas, estaban deshabitadas.”

Si la inmensa mayoría de Australia permanecía inhabitada, era justo que los ingleses ocuparan y pusieran en producción toda esa tierra ¿no? Bajo este argumento se ha justificado la apropiación de tierras poseidas por los aborígenes hasta 1992. Apesar de que, evidentemente, Australia no estaba despoblada.

Los primeros colonos australianos quisieron aprovechar las enormes planicies por medio de la ganadería extensiva. Los aborígenes, en un primer momento, no conocían la noción de animal doméstico ni, mucho menos, la de propiedad privada sobre un animal. Así que se dedicaban a cazar al ganado.

Y así nació una leyenda que sirvió desde entonces para acusar a los aborígenes de cualquier desaparición de un animal. Se junta a esta incomprensión la dudosa moral de los colonos (no olvidemos que en un primer momento los colonos australianos fueron principalmente presidiarios). Por todas partes se tomaron medidas destinadas a mantener a los aborígenes alejados del ganado, como se hacía con los lobos. En Queensland se envenenaba a indígenas con cebos y periódicamente se practicaban macabros partidos de fútbol con una cabeza humana como balón. En Australia Occidental se les arrastraba con un caballo hasta su muerte. Además de los asesinatos eran habituales también todo tipo de agresiones sexuales, que los jueces justificaban con un argumento tan absurdo como la escasez de mujeres blancas. En realidad, pocos crímenes cometidos contra un aborígen fue jamás perseguido por la justicia.

No fue nunca expresado de esta forma, pero desde el momento en el que los aborígenes no habían descubierto la agricultura, tenían un estatus de animales. De animales dañinos incluso. Los aborígenes, por su parte, intentaron recurrir a la violencia para defenderse. Se estima que unos 20.000 aborígenes murieron combatiendo, frente a 2.000 – 2.500 europeos.

Muchos australianos vieron sacudirse sus conciencias ante unos atropellos tan evidentes y los defensores de los aborígenes consiguieron que el estado prohibiera expresamente las peores prácticas. Sin embargo, poco podía hacer el estado ante una oposición mayoritaria de la población blanca, como quedó ejemplizado en la matanza de Myall Creek.

En 1838, en Myall Creek (Nueva Gales del Sur) veintiocho aborígenes de todas las edades y de ambos sexos, fueron atados juntos y degollados por un grupo de presidiarios. No era algo extraño, pero esta vez el estado decidió intervenir y once presos fueron inculpados por asesinato. Un movimiento masivo de solidaridad se extendió por todo el país. Irónicamente, el hecho de que se tratara de una práctica habitual fue utilizado en su defensa.

Siete de los once acusados fueron ahorcados, pero los otros cuatro fueron liberados sin ningún motivo lógico para ello. Apartir de este episodio, la impunidad quedó garantizada. De hecho, apartir de la segunda mitad del sXIX, será la propia policia la responsable de las más importantes matanzas. Charles Rowley hablaría de ciertas policías de Queensland con fama de “cumplir su deber con una ferocidad contra natura”.

El mismo Rowley escribiría en 1972 que “hay personas que todavía recuerdan que, cuando eran jóvenes, podían matar a un aborigen con plena impunidad, e incluso legalmente; y hay todavía miembros de tribus aborígenes que se acuerdan de ello”

Sin embargo, la situación de los aborígenes fue evolucionando lentemante. En un primer momento, los australianos bienpensantes llegaron a la obvia conclusión de que no se podía ir por ahí aniquilando seres humanos… así que decidieron integrarlos en reservas donde se verían obligados a aprender, por fin, a labrar la tierra para poder subsistir… Estas reservas se fueron creando en lugares pobres y, por lo tanto, baratos, hasta que la presión de los ganaderos hacía subir su precio, con lo cual las reservas eran vendidas y los aborígenes alejados a tierras de peor calidad. En 1902 más de la mitad de las reservas originales habían vuelto a manos blancas.

Los aborígenes no aprendieron a cultivar la tierra. Probablemente porque jamás se preocupó nadie en enseñarles como. Las reservas se convirtieron en enormes campos de concentración donde miles de aborígenes morían anualmente de hambre, de sed y de enfermedades. Los únicos que consiguieron integrarse de alguna manera en la economía de los blancos fueron los que consiguieron aprender a montar bien y se convirtieron en mozos de cuadra. Como los aborígenes no tenían derechos (apartir de 1836, quedó sentado jurídicamente que, por una parte, no eran súbditos británicos, y que , por otra parte no tenían poder para firmar contratos o prestar testimonios ya que no creían en una divinidad única sobre la que jurar), no era extraño que estos aborígenes trabajadores fueran secuestrados para vivir en una situación cercana a la esclavitud.

Hacia 1880 la mayoría de los aborígenes vivían en lugares muy aislados o en guetos urbanos. La ley de los blancos permitía apalearles, violarles o asesinarles con absoluta impunidad. Existe una rica literatura oral aborígen que habla de estos temas.

Con el cambio de siglo comenzó a producirse un cambio radical en la mentalidad australiana. Frente a la política de exterminio, empezó a optarse por una política racista, pero más humana, de asimilación. Principalmente las mujeres aborígenes y mestizas fueron las más afectadas por esta política, siendo obligadas a trabajar como criadas para así recibir los “beneficios” del contacto con los blancos.

Como el sistema no parecía dar los resultados esperados, es apartir de los años 20 se inició la práctica de secuestrar niños para que fueran educados por familias blancas. Estos niños eran arrancados por la fuerza de sus padres que intentaban esconderles o resistirse violentamente. En algunas ocasiones, estos niños fueron víctimas de malos tratos en sus nuevas familias, incluso se investiga la posibilidad de que muchos de ellos fueran innoculados con enfermedades como la lepra para realizar experimentos médicos. En todos los casos, se cortaba de raiz su contacto con su familia biológica.
Sólo apartir de 1972, el Partido Laborista australiano empezó, poco a poco, a  dar los primeros pasos hacia la justicia. En 1975, se votó un decreto sobre la discriminación racial. Este decreto abrió las puertas para que en 1992 un tribunal produjera la Decisión Mabo, que permitía a los aborígenes por primera vez reclamar sus tierras.  Desgraciadamente, en 1993 el Partido Conservador ganó las elecciones y recortó en gran medida los pequeños éxitos de las décadas anteriores. En 2000, este gobierno recibió la condena del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas. El gobierno respondió que no volvería a escuchar a las Naciones Unidas.


Haití 1493, el inicio del genocidio.

20 julio 08

A finales de 1493, Cristobal Colón llegó a “La Española” en lo que sería su segundo viaje hacia el Caribe. Al contrario del primero, esta vez no venía a explorar, sino a ocupar. El almirante mandaba una expedición con diecisiete navíos que trasportaban entre 1.200 y 1.500 soldados. Los españoles habían llegado para quedarse.

Una sorpresa aguardaba al almirante sin embargo, y es que la guarnición de 39 hombres que había dejado en su anterior viaje había sido aniquilada. Parece ser que el asesinato de algunos indios y la violación de muchas más indias habían obligado a reaccionar a los nativos. Colón aprendió rápido la lección y escribió: “Por muy fuertes razones que hayan dado a los indios para hacer lo que han hecho, nunca éstos habrían osado emprender algo que los dañase si los hubieran visto bien guardados.” El trato con los indígenas no debería basarse en la justicia, sino en la fuerza. Eran los primeros días del colonialismo en América (Portugal lo había iniciado un siglo antes en África). Durante los siguientes siglos la filosofía de la fuerza sería la que permitiría a los europeos dominar el planeta entero.

A la vez que Cristobal Colón está elaborando los principios básicos que permitirán el colonialismo mediante la fuerza, en la metrópoli se estaban elaborando las convenientes excusas ideológicas. Los españoles fueron al Caribe para cristianizar y civilizar a aquellas pobres almas… Anticipándose a la teoría sobre “la carga del hombre blanco” que, pobrecito él, se ve obligado a hacer esfuerzos sobrehumanos para mostrar la luz a los ciegos indígenas de todo el globo.

Con la biblia en una mano y la pólvora en la otra, los hombres que llegaron con Colón pusieron a los indígenas de Haití a trabajar duramente para alimentarles y para conseguir oro. Oficialmente, los indios eran súbditos de la corona, a la práctica recibieron un trato de esclavos. En su primer viaje, Colón había descrito a los habitantes de La Española como pacíficos y acojedores… después de mostrarles claramente cual era la verdadera intención de los españoles, empezaría a decir de ellos que eran pérfidos y traicioneros.

En verano de 1494 toda la isla está en guerra contra los invasores.

Cristobal Colón dirige la guerra utilizando todo tipo de bajezas destinadas a sembrar el terror, incluyendo el uso masivo de perros mastines entrenados para atacar a los humanos. En marzo de 1495 los indios son aplastados en la batalla de la Vega Real. Algunos defensores se refugian en las montañas, pero acaban siendo exterminados o rendidos por el hambre.

Los supervivientes son definitivamente esclavizados, mal alimentados y amenazados por enfermedades nuevas para ellos como la viruela. Por su parte, la llegada de más colonos castellanos no hará otra cosa más que agravar su situación (originalmente Cristobal Colón esperaba traer de Europa obreros y agricultores, pero se encontró con que al llegar al Nuevo Mundo nadie quería trabajar sino que preferían capturar indígenas que realizaran el trabajo por ellos).

Las cifras hablan por sí solas, se estima que Haití estaba poblada por 1.100.000 indígenas en 1492. El censo de 1507 habla de 60.000 personas y el realizado en 1.520 poco más de 1.000. Hoy no queda ninguno.

Lo sucedido en Haití no fue más que el prólogo de lo que después sufrirían las poblaciones de Puerto Rico, Cuba y el resto del Caribe. Un crimen contra la humanidad (otro más) que no es recordado en los libros de texto ni por el que existe, que yo sepa, ningún museo que sirva de recordatorio.

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