El problema de las elecciones de 1933

1 marzo 09

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El 19 de noviembre de 1933 se celebraron las primeras elecciones generales con sufragio universal en este país, al permitirse, por primera vez, el voto femenino.

La concesión del voto a la mujer estuvo rodeado de polémica desde el principio. Es importante aclarar que en la República Francesa, por ejemplo, la mujer todavía no tenía derecho al voto (se obtendría en 1944). Y que en el Reino Unido sólo lo tenía, en igualdad de condiciones con el hombre, desde hacía cinco años (desde 1918 podían votar las mujeres pero sólo tras cumplir los 30 años).

Gran parte del pensamiento de izquierdas, incluyendo a varias mujeres como La Pasionaria, consideraba que no debía otorgarse el voto a la mujer española ya que esta no estaba preparada políticamente y acabaría votando lo que le dijera el cura. Este pensamiento, bastante machista por cierto, ha sido tan mitificado que todavía hoy mucha gente considera que las elecciones de 1933 las ganó la derecha a causa del voto de la mujer.

La propaganda de ultra-derecha, cuyo máximo exponente es el mentiroso Pío Moa, ha utilizado esto para atacar a la izquierda y para afirmar que la izquierda no quería darle el voto a la mujer, etc, etc. Obviando que el parlamento que votó a favor del voto femenino estaba controlado por la izquierda. Es curioso observar como la izquierda es atacada incluso cuando vota por ideales en contra de lo que considera su propio interés personal.
En cualquier caso, las elecciones de 1931 habían dado a las izquierdas una mayoría aplastante. En cambio, las elecciones de 1933 se produjo un vuelco electoral que entregó el parlamento a las derechas. Mucha gente deduce de esto que, era cierto, que el voto de la mujer fue el que se decantó hacia el lado de la derecha. Pero ¿esto es realmente así?

El PSOE, principal partido de las izquierdas, gozó de la confianza de un número equivalente de votantes en 1931 y en 1933, de lo que podría deducirse que las mujeres no votaron al PSOE, ya que al duplicarse el número de votantes no se incrementó su número de votos. Pero toda esta teoría se viene abajo cuando comprobamos que el número de personas que votaron en 1931 y en 1933 es muy semejante… Lo que sí creció radicalmente fue la abstención.

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¿Qué ha pasado entonces?

Pasaron dos cosas. Por una parte sucedió que los anarquistas (varios millones en todo el país) en 1931 habían votado a la coalición PSOE-republicana como mal menor. En cambio, en 1933, tras los sucesos de Casas Viejas, decidieron no votar. Aún así, obteniendo el mismo número de votos del mismo número de votantes, el PSOE debería haber obtenido un número parecido de escaños ¿no?. Sin embargo, el PSOE pasa de 115 a 58 ¿y por qué? Pues, en parte porque el PSOE cedió parte de sus escaños a sus aliados republicanos (Azaña consiguió así su escaño) pero, sobretodo, porque esta vez el PSOE se presentó por separado mientras que en 1931 había formado parte de una gran coalición de izquierdas. Y en esta ocasión, las derechas se presentaron en coalición mientras que en 1931 habían ido por separado. La Ley electoral de la república primaba mucho las mayorías.

En 1933, las derechas ganaron las elecciones por 200.000 votos. (200.000, no 2.000.000 como afirma Pío Moa que añade los votos de centro a la derecha, sumando a los que votaran por Azaña como voto por la derecha). Esta diferencia de tan solo 200.000 votos se tradujo en 224 diputados de las derechas frente a 80 diputados de la izquierda, a causa de los caprichos de la ley electoral que en 1933 había beneficiado de forma parecida a las izquierdas y volvería a hacerlo en 1936.

Había suficientes condicionantes como para explicar que las derechas obtuvieran 200.000 votos más que la izquierda sin necesidad de recurrir al voto de la mujer. La crisis económica en plena Gran Depresión, la matanza de Casas Viejas, la carísima campaña electoral emprendida por la CEDA (principal partido de las derechas) que batió todos los records conocidos hasta la época, etc.

Sin embargo, suponer que fuera verdad que el voto femenino se decantó hacia las derechas mucho más que el masculino, es ignorar que la diferencia sólo fue de 200.000 votos (mientras que, por lógica, las mujeres debían ser, aproximadamente, la mitad del censo). Y, sobretodo, es olvidar que tan sólo tres años después, vuelve a producirse otro vuelco y las izquierdas, con una diferencia a su favor de tan solo 150.000 votos, vuelven a dominar por completo el parlamento.

Habrá que deducir que en 1933 las mujeres españolas estaban tan preparadas (o tan poco preparadas) como los varones para decidir su voto.

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La matanza de Casas Viejas

30 noviembre 08

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Principios del año 1933. Azaña era el presidenete del gobierno de la República Española y no se lo habían puesto nada fácil hasta entonces. La crisis económica conocida como Gran Depresión, se veía agravada en el caso español por el boicot que los grandes capitalistas le hacían al régimen republicano. Por si fuera poco, los activistas libertarios tenían el país permanentemente al borde de la revolución… o del golpe de estado reaccionario. Sólo en Barcelona y en tres días de enero del 33, murieron 37 personas y fueron heridas 300 en choques entre obreros y policias.

Pero todo esto quedó ensombrencido por una matanza que horrorizaría a la población española, por su crueldad y por los recuerdos que traían de otros tiempos no muy lejanos, fue lo sucedido en el pueblecito andaluz de Casas Viejas.

Allí un grupo de campesinos proclamaron el comunismo libertario y trataron de asaltar el cuartel de la Guardia Civil, hiriendo a dos guardias.  Un grupo de los Guardias de Asalto fueron enviados al pueblo y rescataron a los guardias civiles muriendo varios campesinos en el proceso.

Entonces fue cuando se desató el terror.

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El jefe de los anarquistas, conocido como Seisdedos, se había atrincherado en su casa y, según la declaración oficial, obligó a la guardia de asalto a abrir fuego contra él y cinco de sus acompañantes al negarse a rendirse, muriendo todos los anarquistas. Una vez muertos y sólo después de muertos (siempre según la declaración oficial) se prendió fuego a la casa y después se dejaron expuestos los cadáveres a medio quemar para que “sirviera como escarmiento” al resto de campesinos.

Otras versiones dirían que no sólo los campesinos estaban vivos cuando se prendió fuego a la casa, sino que además habían sido obligados a entrar en ella por la Guardia de Asalto. Catorce campesinos más fueron asesinados a sangre fría cuando ya se habían rendido.

Cuando se juzgo por todos estos hechos al capitán Rojas, este se defendió afirmando que había recibido órdenes del gobierno de que no hubiera “ni heridos ni prisioneros” y que Azaña en persona había dicho “los tiros, a la barriga”.

Azaña, por supuesto (y por su puesto :), lo negó todo tajantemente, y ordenó una investigación gubernamental. Todas las declaraciones, salvo la de Rojas, indicaron que no había ninguna constancia de que unas órdenes de este calibre se hubieran llegado a pronunciar. El informe oficial de las Cortes (apoyado por los partidos del gobierno y los de la oposición) concluía diciendo que “no hay pruebas que permitan la insinuación de que la policía actuó en la represión de acuerdo con órdenes dadas por los miembros del gobierno”. El Partido Radical de Lerroux (que sería el siguiente presidente del gobierno) retiraría la moción de censura que había presentado ante la evidencia de que no se podía demostrar la culpabilidad del gobierno de Azaña.

Sin embargo, para la opinión pública quedó claro que si no directamente, el gobierno era moralmente responsable de la matanza. Se suponía que estas cosas pasaban en la Monarquía, pero no en la República. Y, encima, ni si quiera había sido la Guardia Civil si no la flamante y republicana Guardia de Asalto la que había cometido la atrocidad.38021_casasviejasjornalerosases

La matanza de Casas Viejas acabaría siendo fundamental en la caída del gobierno Azaña y en el giro político que llevó a las derechas al poder. Poco después, el nuevo gobierno que tanto había criticado (con razón) lo sucedido en Casas Viejas trataría de ocultar la brutal represión de la revolución del 34.

Pero la leyenda sobre Casas Viejas no terminó aquí. Durante el Franquismo se utilizó este hecho como demostración de la maldad de la República… Obviando que lo que fue un terrible caso aislado en la República era pan de cada día durante los primeros años del franquismo.

Y como el resto de mitos de la dictadura, también ha resucitado de un tiempo a esta parte, con esta hornada de “historiadores” que desprecian toda la historiografía mundial. Para Pío Moa, César Vidal y compañía, Rojas decía la verdad al afirmar que Azaña en persona le había ordenado cometer las atrocidades. ¿Las pruebas? que Rojas lo dijo (mientras intentaba zafarse de un juicio que muy bien podía acabar con su vida)