La piedad y las tetas de la virgen

24 diciembre 06

Hace años conocí a un señor muy serio que cada poco decía cosas como “esto sabe mejor que la teta de una monja”. Yo nunca he probado la teta de ninguna monja, la verdad, aunque digo yo que si Dios se las ha reservado para él por algo será ¿no?
Pero bueno, yo pienso cosas así porque soy un blasfemo y un pervertido (no necesariamente por este orden). Un cristiano de verdad nunca podría imaginarse de una forma erótica las tetas deuna monja o, pongámosnos en lo peor, las tetas de la virgen. ¿Verdad?

El erotismo es algo tan importante para el hombre y nos resulta tan dificil sustraernos de él que al final lo ponemos en todas partes. ¿Y qué ocurre si le das un cincel o un pincel a un hombre? pues que cuando pueda te va a meter un par de tetas.

Bueno, vale, no siempre será así. No todos los hombres somos iguales. También están los hombres que prefieren un buen par de pectorales en vez de tetas.

¿Qué exajero? ¿qué no me creeis? ¡ay hijos míos! prepararos para un tour por la parte más pornográfica del arte religioso católico (sí, sí).

Empecemos por la Virgen, por ejemplo. Uno se pone a hacer una Virgen y, claro, la buena señora por muy santa y pura que fuera, tendría pechos… y cuando uno se pone a moldear pechos, pues, claro, uno intenta mantener la cabeza fría pero los pechos tienen pezones… y, ejem, podéis ver el resultado en La Virgen del Cuello Blanco de Parmigianino.

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Sí, bueno, vale, pero tampoco es para tanto. Oyes, mira, un pezoncillo de nada que tan sólo se marca en la túnica. Si es que soy un degenerado que imagino cosas raras en algo que, a lo mejor, es únicamente una doblez en la ropa. Lo que no harían nunca sería mostrar indecorosamente el bendito e inmaculado pezón, sólo visto (y probado) por los labios del tierno hijo de Dios ¿verdad?

Virgen con el niño en brazos. Autor anónimo.

Bueno, vale, aquí vemos claramente un señor pezón. Pero seguro que es un caso aislado, alguna ocurrencia de un degenerado del que ni si quiera conocemos el nombre…

Es verdad que entonces no había televisión, así que si uno quería ver cosas raras pues tenía que recurrir al arte (benditos tiempos). Pero todo tiene límites… ¡No iba uno a ir a un monasterio a ver tetas! ¿verdad?

Tetas pequeñas:

Virgen del limón. Van Eyck.

Zurbarán.

Virgen de la leche. Anónimo.

Tetas grandes:

Virgen con niño. Anónimo

Paolo de San Leocadio.

José Camarón.

Tetas flácidas:

Virgen de la leche. El Correggio

Bueno, vale, al fin y al cabo, en la escena sólo vemos a un pobre y tierno niño con su madre, sin más miradas indiscretas ni nada. ¿No es así? Otra cosa sería si encima hubiera espectadores mirando libididosamente ¿verdad?

La virgen con San Juan y San Jerónimo. Juan de Juanes.

(nótese la mirada de San Jerónimo)

Virgen. El Greco.

Pero, lo que pasa es que tenemos la mente sucia. ¿Acaso hay algo más natural que una madre alimentando a su bebé? Si al menos vieramos una escena en la que un santo bebiera el dulce maná de la teta de la virgen, o algo así…

San Bernardo y la Virgen. Alonso Cano.

En fin. Reconozcámoslo. Santa María, madre de Dios, era una mujer de innegable virtud y que vivió una aburrida virginal vida de pureza. Pero su pezón fue admirado por medio santoral (la otra mitad preferían los pezones masculinos).

Así que, os conozco bien, ahora estaréis frotando las manos y pensando si esto pasa con la mismísima madre de Dios, ¿qué pasará con las demás santas? ¿qué pasará por ejemplo con la santa prostituta, con María Magdalena, la mejor amante amiga de Jesucristo?

Magdalena penitente. Guido Reni.

¿Se ve? ¿no se ve? ¡que no os consuma la intriga! aquí tenéis una ampliación:

Bueno, poquito, poquito, ¡pero se ve! Si es que… lo de ser degenerados no nos viene de hace poco, creedme. Venga, ¿queréis algo más fuerte? ¿pasamos al sadomaso?

¿Queréis más? bueno, cambiemos de tercio. ¿Qué pasa cuando una santa se une a Dios? Pues parece que algo mucho más parecido a lo que le pasa cuando se une a un hombre de lo que imaginábamos. Podéis leer al respecto la siguiente entrada de Mami soltera con Parásito Encantador, que inspiró este artículo.

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Extasis de Santa Teresa. Lorenzo Bernini.

Mirad, mirad los detallitos, esa boca entreabierta y esos ojitos cerrados:

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Esos deditos de los pies engarfiados…

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En fin. Paro que me estoy poniendo malo…

Pero antes de dejar este tema. No me resisto a dejaros con otra obra de Bernini. El sepulcro de la Beata Ludovica Albertoni, que no sé yo si realmente quería pasar a la posteridad representada de la siguiente guisa:

Sí, sí, habéis visto bien:

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En fin, que le vamos a hacer. Ya se sabe que los hombres sólo pensamos en lo único mismo. Incluso los artistas cristianos (y los clérigos que encargan y adquieren las obras)

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Cómo mola el “Dios de amor”, tú!

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