Canto de Aimirgín. La poesía anterior a la rima

28 diciembre 06

El artículo que publiqué ayer sobre el Arco Atlántico me recordó un tema del que quería hablar hace tiempo. El poema más antiguo que conozco, no por fechas (seguramente los poemas homéricos sean anteriores) sino estilísticamente. Un poema tan primitivo que es anterior incluso a la invención de la rima.

Pero empecemos por el principio. Se trata del Canto Aimirgín. Aimirgín era, supuestamente, uno de los hijos de Mil, nieto a su vez de Breogán, rey legendario del norte de España (probablemente La Coruña). Mil y sus hijos habrían acudido a Irlanda para vengar una muerte familiar, y después de infinidad de complicaciones, acabarían conquistando todo el país. Hay quien ve en este mito una parábola de la llegada de los celtas a la isla.

Una de las muchas dificultades que debieron superar los invasores fue una tempestad mágica invocada por los tuatha de Dana. Aimirgín entonó entonces el siguiente canto, que fue capaz de calmar a los vientos.

Canto de Aimirgín (tradución de Ramón Sainero)

Yo invoco [ruego] a la noble Irlanda,

el este de la gran playa del fértil mar,

fértiles montañas trepadas,

continuos bosques de niebla,

niebla de las cascadas,

cascadas de lagos en la bahía

bahía del pozo de la colina

pozo de tribus unidas,

unión de reyes Temair,

Temair colina de tribus,

tribus de los hijos de Mil.

Mil el de los grandes barcos,

grande la sublime Irlanda,

la muy pálida y grande Irlanda,

un encantamiento de gran audacia:

la gran audacia de las mujeres de Breise,

de Breise, mujeres de Buaigne;

fue ella su morada, Irlanda,

tomada pro ti, Eremon,

Ir, Eber la invocan.

Yo invoco la tierra de Irlanda.

Pero, a lo que vamos, miremos su texto en el gaélico original. Recomiendo al lector que lo lea en voz alta:

Ailiu iath nErend

Ermach muir mothuch,

mothach sliabh sreathach

srethach coil ciothoch

ciothach ab essach,

eassach loch lionnmar,

lindmar tor tiopra,

tiopra tuath oenaigh,

aenach righ Temra,

Teamair tor tuatha,

tuatha mac Miled,

Miledh long, libern,

libern, ard, Ere,

Ere ard, diclass,

dichetal rogaeth:

ro gaes ban Breisi,

Breisi, ban Buaigni;

be adbal Ere,

Eremhón ortus,

Ir, Ebir ailsius.

Ailiu iath nErenn.

Es fácil notar que carece de rima y que esta viene a ser sustituida por un ritmo muy básico creado a base de aliteraciones. El ritmo entero es bastante tosco, da la sensación de haber sido creado por una persona con innegable capacidad rítmica pero nula formación poética…

Los poemas más antiguos que conocemos de la antigüedad tienen una estructura bastante marcada. Una estructura muy simple, normalmente a base de versos libres intercalados con rimas asonantes, pero estructura al fin y al cabo. ¿Es posible que fuera así la primera poesía? ¿no resulta extraño que se inventara y se impusiera una estructura formal desde el principio de los tiempos?

Yo creo que resulta más fácil pensar que la poesía estructurada fuera un invento, y no precisamente un invento de primera hora. Antes debió existir un ritmo “de oído”, un ritmo improvisado mucho más complicado de realizar. Estos ritmos arcaicos debieron ser sustituidos por la rima al ser esta una herramienta mucho más eficaz y sencilla a la hora de crear poesía.

Voy más allá. Esta poesía primitiva de la cual el Canto de Aimirgín posiblemente sea representante no debe marcar los inicios de la poesía. La poesía probablemente sea tan sólo un poquito más moderna que el lenguaje y, por lo tanto, el Canto de Aimirgín es muy probable que sea el resultado de cientos de miles de años de evolución. Desgraciadamente, dudo mucho que algún día podamos conocer ninguno de estos poemas prehistóricos.

MÁS SOBRE EL CELTISMO

El Arco atlántico en la Prehistoria

Los grandes mitos celtas y su influencia en la literatura

MÁS SOBRE POESÍA MEDIEVAL

Laustic (el ruiseñor)

Chrétien de Troyes.

El cuento del Grial. Por Chrétien de Troyes. La reinvención de la épica.

ÉPICA EN OTROS PAÍSES

El Rey Arturo de los ashanti

POESÍA EN GENERAL

Poesía desde el campo de concentración

Safo, la primera de las décimas musas


El arco atlántico en la Prehistoria

27 diciembre 06

Los grandes obstáculos geográficos suelen tener una gran influencia sobre las culturas. A veces separando unas de otras, a veces uniéndolas. Así por ejemplo, el Río Danubio fue una de las más famosas fronteras que separaban al Imperio Romano de los distintos pueblos bárbaros, pero es menos conocido que un milenio antes, ese mismo río había servido como aglutinante de una importante cultura neolítica. Podemos decir algo parecido de los Pirineos, tradicional frontera entre España y Francia que fue en sus tiempos el núcleo de los pueblos vascones o el Mediterráneo, mar que servía para unificar el mundo Romano y gran barrera que separa el mundo islámico del europeo en la actualidad.

Algo semejante pudo haberle sucedido al llamado Arco Atlántico. Las aguas que bañan las costas desde Galicia hasta Escocia pudieron haber servido como elemento integrador de los pueblos que las habitaban ya desde el último periodo prehistórico. Pero… ¿existe la posibilidad de que aquellos pueblos pudieran enfrentarse regularmente a las duras aguas del Mar Cantábrico o del Canal de la Mancha? no hablamos de un viaje esporádico, que es bastante posible, sino rutas comerciales permanentes que pudieran asegurar un sólido lazo cultural. Sin atreverme a negarlo, que desde luego no tengo motivos suficientes para hacerlo, tengo mis dudas al respecto.

A la hora de enfrentarnos a este debate, nos encontramos con que se haya fuertemente viciado por nacionalismos de distinto signo. En este artículo intentaremos abstraernos de ella, aunque no sé hasta que punto será posible.

Hoy en día, perduran unas similitudes evidentes entre los folcklores gallego, asturiano, cantabro, bretón, gales, escocés e irlandés. Las que ahora son conocidas como “naciones celtas” (a las que pueden añadirse otros lugares también del Arco Atlántico, como Cantabria o Cornualles)

Existen abundantes estudios que relacionan leyendas muy semejantes a lo largo de las zonas mencionadas. También son comunes los símbolos de caracter solar como las esvásticas y una abundante toponimia que responde a deidades célticas como Lug o Avia.

Pero ¿demuestra esto que existiera un comercio estable en el Arco Atlántico en tiempos prehistóricos? A ser sinceros, a mi me sorprendería que efectivamente fuera así. Creo que estos rasgos pueden explicarse por dos motivos:

*Costumbres celtas en general. Sólo desde posturas fanáticamente españolistas se ha defendido que el norte penínsular no fue poblado por celtas. Los celtas extendieron su influencia no sólo por todo el Arco Atlántico sino también por tres cuartos de la actual Europa. No es extraño que la toponimia refleje su influencia y entra entre lo curioso pero no sorprendente que puedan existir rasgos folcklóricos que hayan sobrevivido tanto tiempo.

  • El Camino de Santiago. Tuvo una grandísima trascendencia sobre el Norte de España, introduciendo una gran cantidad de leyendas europeas (es probable que sea el caso de la Santa Compaña, por ejemplo).

Cabe preguntarse porqué estos rasgos culturales sobrevivirían en las zonas del Arco Atlántico y no en otras regiones afectadas por la influencia céltica y por el Camino de Santiago. Vaya casualidad ¿verdad? yo creo que sí, que fue casualidad. Estas regiones comparten en común el hecho de ser zonas alejadas y de dificil acceso. Sabemos por ejemplo que la Asturias medieval tenía mucha más relación con la población de La Rochelle que con la Bretaña francesa, y sin embargo los rasgos culturales “célticos” no se han mantenido con tanta fuerza allí.

Yo creo que la mayoría de características de las “naciones celtas” de los que se habla son muchas de origen celta, otros muchos de origen medieval y que se han mentenido en las regiones más aisladas. Es el caso claro de la gaita, por ejemplo, instrumento medieval que también es habitual en estas zonas.

Existen otros argumentos que creo necesario comentar:

  • Los descendientes de Breogán: El llamado Libro de las conquistas, libro escrito por un monje irlandés en el sXI nos narra una curiosa leyenda según la cual un rey céltico de un lugar del norte de España (posiblemente La Coruña) invadió Irlanda. Desgraciadamente, esta es la única mención que tenemos sobre esa posible invasión, así que ni se puede refutar ni confirmar. Yo creo que es bastante posible que fuera cierta (no la leyenda, evidentemente, sino que esta se base en una invasión hispánica real) pero no veo que ello confirme la existencia de un comercio estable en el Arco Atlántico. La historia antigua está repleta de invasiones y sorpresivos movimientos de población sin necesidad de utilizar rutas comerciales.
  • Comercio de largo alcance en castros prerromanos: Algunos arqueólogos han afirmado rotundamente que han encontrado evidencias de tal comercio, pero los casos que yo conozco no me parecen ni mucho menos tan evidentes. Así por ejemplo, en el castro situado en la Campa Torres, junto a Gijón, apareció un vaso fenicio y una abundante utilitaria metalúrgica. Esto sirvió a los arqueólogos para afirmar que existía un comercio de exportación de un supuesto excedente metalúrgico. Pero la abundante utilitaria metalúrgica es una constante en los castros astures que nos hacen pensar que cada familia hacía sus propias herramientas y la vasija fenicia pudo llegar por rutas de intercambio terrestres. Se conocen muchos ejemplos de comercio de este tipo en sociedades primitivas. Personalmente creo que este tipo de afirmaciones peca de excesivamente optimista.

Llegados a este punto, creo necesario indicar que sí es clara la existencia de un fuerte comercio en el Arco Atlántico apartir de los siglos IX-X. La Cornisa Cantábrica, separada abruptamente del sur de la Península por la invasión musulmana, se volvió hacia la cristiandad que se encontraba más allá del mar y estableció relaciones comerciales que perdurarían muchos siglos después, alcanzando su cénit en el sXV derrotando a la todopoderosa Hansa en el Canal de la Mancha.

Pero sinceramente, considero muy dificil que existiera una fuerte relación en el Arco Atlántico antes del sIX.

MÁS SOBRE EL CELTISMO

Canto de Aimirgín. La poesía anterior a la rima.

El cuento del Grial, por Chretién de Troyes

Los grandes mitos celtas y su influencia en la literatura

Chrétien de Troyes


El desierto estratégico del Duero

25 diciembre 06

Transcurría la segunda mitad del sVIII. La Cordillera Cantábrica había caído bajo el control de grupos dispersos de nativos. El resto de la Península pertenecía, al menos nominalmente, al poderoso Califato de Damasco. Entre ambos se interponían los que entonces se llamaban Campos Góticos (Campi Gothorum), la cuenca del Duero.

Transcurría la segunda mitad del sXX. El ilustre profesor Sánchez-Albornoz, basándose en la documentación tanto cristiana como islámica, elaboraba una espectacular hipótesis: Los Campos Góticos no habían sido una frontera al uso, sino una región deshabitada que ninguno de los dos bandos tenía capacidad ni interés en repoblar. Un escudo. Un desierto estratégico.

Para entender la hipótesis, es necesario comprender las especiales circunstancias de la época. En 711, un ejército de bereber desembarca en Gibraltar. En 714, es probable que tras saquear el castro cántabro de Peña Amaya (provincia Burgos) todo tipo de resistencia visigoda al sur de los Pirineos haya sido liquidada.

Pero una conquista necesita asentarse (que le pregunten al señor Bush), y el dominio islámico no lo tuvo fácil en su primer siglo de existencia. Las crónicas islámicas nos hablan de infinidad de revueltas que se produjeron constantemente prácticamente por toda la Península. Algunas de esas revueltas debieron tener un cierto éxito en el norte, donde las crónicas del Reino de Asturias nos hablan de una batalla en Covadonga y las crónicas sureñas (no sólo islámicas) de una escaramuza en algún lugar indefinido del norte.

Parece ser que, de alguna forma, un tal Pelayo consiguió aglutinar la resistencia en la zona oriental de la actual Asturias (y probablemente también central). Después estableció una alianza con los pueblos cántabros, seguramente también en rebeldía, tras casar a su hija con Alfonso, hijo de un tal Pedro, Duque de Cantabria (o Duque de los Cántabros, Dux Cantabrorum).

A juzgar por las fuentes cristianas e islámicas (la lógica parece apoyarlo) esta alianza astur-cántabra sufrió un duro acoso desde el principio. Los invasores no querrían que quedara un posible foco de resistencia que pudiera extender la rebelión por el resto de la Península. Probablemente, Pelayo, Alfonso y sus fuerzas se dedicaron a recorrer las montañas huyendo de sus perseguidores, en una guerra de guerrillas, siendo Covadonga el incidente más reseñable de estas correrías. Resulta significativo que las crónicas cristianas más antiguas denominen a Pelayo princeps (principal, o quizás primero entre iguales) y no rex (rey). Todavía hoy se conserva la costumbre de referirse a él como Don Pelayo en vez de como Pelayo I.

Cuando Pelayo muere en 737, poco ha cambiado la situación. Lo mismo puede decirse del breve periodo de su hijo Favila, pero algo cambiará sustancialmente apartir de 739, cuando Alfonso (el hijo de Pedro Duque de Cantabria) suceda a Favila.

Gobernaba entonces ‘Uqba, el cual realizó “incursiones todos los años” en la intención de crear unas fronteras estables que afianzaran la conquista. Estaba en Zaragoza preparando una incursión al sur de Francia cuando le llegó la noticia de que se había iniciado una revuelta bereber en Tanger (que en seguida se extendería por el norte de África). Los bereberes africanos se veían obligados a pagar impuestos como si fueran infieles (apesar de haberse islamizado ya en gran medida) y en aquel momento las principales fuerzas árabes del gobernador del Magreb estaban en España. ‘Uqba, fiel al gobernador del Magreb, del que dependía, bajó rápidamente hacia Andalucía con la intención de enviar fuerzas a Marruecos.

La revuelta beréber era muy peligrosa para los árabes residentes en España que, siendo la clase dirigente, estaban en clara minoría con respecto a los beréberes. Así que el árabe ‘Abd al-Malik b. Qatan se subleva y depone a ‘Uqba para adelantarse a los acontecimientos, impedir que España quedara desprotegida de fuerzas árabes y eliminar la injusticia fiscal que sufrían los beréberes peninsulares.

Las fuerzas árabes y sirias enviadas por el Califa de Damasco a África son duramente derrotadas y se ven obligadas a atrincherarse en Ceuta en 741. Desde allí intentan seguir huyendo hacia España, pero Ibn Qatan se lo impide, pues tiene miedo de ser juzgado por su golpe de estado. Hasta que los beréberes que se encuentran en la Península, animados por las victorias de sus congéneres africanos, también se sublevan. En 742 los sirios acantonados en Ceuta pasan por fin a España donde derrotan a los rebeldes y, acto seguido, se vuelven contra Ibn Qatan, iniciándose un periodo de dos décadas de guerras civiles agravados por la llegada a España, en 755, de Abderramán I, último omeya, que acabará fundando el emirato independiente de Córdoba.

En este proceso, los musulmanes no sólo dejaron de acosar a los rebeldes astur-cántabros, sino que además desprotegieron sus fronteras, Ajbar Machmu’a nos cuenta “Los beréberes de Gillîqiya [Galicia], Astorga y de [la cuenca del Duero] se concentraron en número incalculable, cruzando el río Tajo para atacar a Ibn Qatan”. Alfonso I sería posiblemente el primero que, con propiedad, podríamos llamar rey. La revuelta beréber le daría la tranquilidad suficiente para afianzar su mando y facilitaría su expansión por la cornisa cantábrica, dotando de peso demográfico y geográfico al joven reino.

Por si fuera poco, entre 750 y 755 se produjeron los llamados años de barbante, una terrible sequía que añadiría todavía más tensión y reduciría la población de Al-Andalus, el propio Ajbar Machmû’a “los habitantes de España disminuyeron de tal suerte, que hubieran sido vencidos por los cristianos, a no haber estado éstos preocupados también por el hambre.”
Alfonso I, quizás acuciado por la sequía de la que habla Ajbar Machmû’a, quizás por motivos estratégicos o posiblemente por pura búsqueda de botín, iniciará una campaña de saqueos que afectará especialmente a la cuenca del duero, la Crónica de Alfonso III, en su versión Ovetense, nos da un listado de poblaciones asaltadas: “Lugo, Tuy, Oporto, Braga la Metropolitana, Viseo, Chaves, Agata, Ledesma, Salamanca, Zamora, Ávila, Segovia, Astorga, León, Saldaña, Mave, Amaya, Simancas, Oca, Veleya de Álava, Miranda, revenga, Carbonárica, Abeica, Briones, Cenicero, Alesanco, Osma, Coruña, Arganza, Sepúlveda, aparte de los castillos con sus villas y aldeas todas; y dando muerte a todos los árabes que ocupaban las ciudades dichas, se llevó consigo a los cristianos a la patria”

El historiador francés Barrau-Dihigo, basándose en crónicas árabes, ha realizado una cronología de los hechos que tiene muchas posibilidades de ser acertada: Hasta 745, Alfonso I hostigaría las fortalezas gallegas y leonesas, principalmente Astorga. Apartir de ahí, tras la retirada hacia el sur beréber y las nuevas revueltas cristianas en la región de la que hablan las crónicas permitiría a Alfonso I hacerse con el control de la zona y desde 750-751 empezaría a realizar expediciones de saqueo por toda la Submeseta Norte.

Y aquí es donde llega la revolucionaria hipótesis de Sánchez-Albornoz. Sabiendo imposible la ocupación de las fortalezas saqueadas, Alfonso I mataría a los musulmanes y se llevaría consigo a los cristianos, repoblando el norte y creando un desierto estratégico dificil de atravesar por las fuerzas islámicas (téngase en cuenta que los ejércitos de la época vivían sobre el terreno, si no hay nadie a quien saquear, no hay comida).

Cuando alguien lee la palabra desierto tiende a pensar en el Sahara, pero Sánchez-Albornoz no utiliza esta palabra con este sentido. El Desierto del Duero no sería, evidentemente, una gran extensión sin vida, sino una gran región deshabitada o prácticamente deshabitada “porque naturalmente hay oasis hasta en los desiertos”. Sería un desierto, por lo tanto, creado de una forma premeditada por un hábil rey que, sabía, su joven reino necesitaba un buen escudo que le protegiera de las fuerzas islámicas una vez estas consiguieran finalizar su periodo de guerras civiles.

A favor de esta tesis, Claudio Sánchez-Albornoz esgrime las siguientes pruebas:

  • Escasez de toponimia gótica en la zona afectada.
  • Las fuentes. Así por ejemplo la Crónica de Alfonso III, en su versión rotense, afirma “Por este tiempo se pueblan Asturias, Primarias, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza, las Vardulias, que ahora se llaman Castilla, y la parte marítima de Galicia; pues Álava, Vizcaya, Aizone y Orduña se sabe que siempre han estado en poder de sus gentes, como Pamplona y Berrueza”. Las propias fuentes nos hablan de exterminios de musulmanes y traslado de cristianos al norte. Y un siglo después, con el reinado de Ordoño I (850-866) veremos como se habla del repoblamiento de estas mismas regiones de la Cuenca del Duero. En 920, Abd al-Rahmân III realizó una expedición hacia el norte de la que las fuentes islámicas dicen “Tardó cinco días en franquear el gran desierto a lo largo del río Duero”
  • El hecho de que la mayoría de los ataques islámicos posteriores se desarrollaran por los flancos del Reino de Asturias.
  • Aparición brusca de tradiciones y leyes de origen gótico en regiones poco gotizadas, como las actuales Asturias, Cantabria y Euskadi.

En contra de esta tesis ya argumentó Menéndez Pidal, contemporáneo de Sánchez-Albornoz y amigo suyo. Él y otros respondieron a las tesis de Sánchez-Albornoz de la siguiente manera:

  • Escasez de toponimia gótica en la zona afectada: Este punto, sin dejar de ser cierto, es poco relevante. La toponimia gótica es muy extraña en toda la Península. Posiblemente debido a que la población visigoda, si bien relevante por ocupar la élite política, fue poco importante en número. Además, está la problemática de la abundantísima toponimia de origen latino y prerromano. Sánchez-Albornoz pretende explicarlo por un recuerdo de aquellas antiguas ciudades, y eso podría explicar el caso de las grandes ciudades como León, pero ¿cómo explicar la infinidad de montes, ríachuelos, cuevas que conservan un nombre céltico o romano si efectivamente aquellas tierras fueran despobladas?
  • Imposibilidad práctica: El norte, por muy despoblado que estuviera, difícilmente podría absorver la población de una región tres veces mayor en extensión y, seguramente, decenas de veces superior en producción cerealística. Por otra parte ¿por qué iba a estar despoblado el norte?
  • Las fuentes: Si bien las fuentes cristianas trasmiten esta impresión, las islámicas lo desmienten. Así, por ejemplo, hablan de un ataque contra Burgos en 865, mientras que las fuentes cristianas nos dicen que fue poblado en 884. Sánchez-Albornoz intenta solucionar esta contradición hablando de intentos de población, pudo haber un intento anterior de repoblar Burgos que fracasó ante el ataque en 865. Existe otra posible explicación a la aparente contradición entre ambos tipos de crónicas, y es que la palabra “populare” no signifique “poblar”. Los historiadores actuales tienden a considerar que, en el oscuro latín altomedieval del que sabemos muy poco, populare podría significar más bien reorganizar. Así cuando las crónicas dicen que Alfonso I “pobló” el norte y que Ordoño I “pobló” la cuenca del Duero, en realidad quieren decir que las introdujo en un marco administrativo.
  • El hecho de que la mayoría de los ataques islámicos posteriores se desarrollaran por los flancos del Reino de Asturias: Al fin y al cabo, la Cordillera Cantábrica, especialmente desde la fortificación de Peña Amaya, ya resulta por sí sólo una barrera considerable y un buen motivo para rodearla por los flancos.
  • Aparición brusca de tradiciones y leyes de origen gótico en regiones poco gotizadas, como las actuales Asturias, Cantabria y Euskadi: Efectivamente esas tradiciones existieron, pero ¿desde cuando? No podemos saber si efectivamente fueron llevadas por los inmigrantes del sur o por la presencia germánica anterior en la región. Es cierto que la presencia visigoda al norte de la Cordillera Cantábrica es discutida, pero en mi opinión hay motivos más que suficientes para considerarla como segura. Sin olvidarnos de la presencia anterior de los suevos.

La arqueología podría solucionar esta disputa definitivamente en un sentido o en otro. Pero no se han realizado las excavaciones suficientes para ello. En cualquier caso, parece apuntar en contra de la hipótesis de la despoblación.

La discusión se ha mantenido desde los años 70 hasta la actualidad, si bien la mayoría de los historiadores actuales parecen propensos hacia un término medio. Con las campañas de Alfonso I, resulta razonable suponer que algunas personas le acompañaran de regreso al norte, quizás huyendo del islam o por ser personas adineradas con miedo a futuros saqueos. Con los fuertes combates que a lo largo del sVIII se produjeron en esa zona (guerras entre visigodos, invasión islámica, revuelta beréber, ataques astur-cántabros…) sumados a la sequía de la que hablan las crónicas, es probable que efectivamente se produjera un fuerte descenso poblacional. Ante la imposibilidad de ambas potencias por extender su dominio sobre esta región, se formaría una especie de “tierra de nadie”, una “tierra sin ley” en la que campesinos armados vivirían sin señores ni eclesiásticos. Tierras poco pobladas por campesinos difíciles de saquear que quizás podrían justificar la expresión “desierto del Duero”. A favor de la hipótesis de los campesinos armados se encuentra la costumbre hispánica de permitir al campesinado poseer armas, a diferencia de los feudalismos del resto de Europa (incluso aquellos muy sometidos a continuos ataques y razzias como los británicos).

Seguramente, estas tierras habrían desarrollado un poder político propio si no fuera por la presión disgregadora que sufriría tanto desde el norte como desde el sur. Es de esperar, en cualquier caso, que pudieran surgir especies de ciudades-estado de las que no sabemos nada ya que, como dijo Duby, cuando hablamos de la Edad Feudal: “sin señores no hay historia”. Sin ser un “desierto estratégico” esta especie de ciudades-estado formarían un obstáculo considerable a cualquier expedición lanzada desde el sur. Y mirarían con hostilidad a cualquier intento norteño de absorción, lo cual podría explicar que el Reino de Asturias necesitara todo un siglo para asentarse en unas tierras que, parece ser, habían sido abandonadas por los islámicos.

MÁS SOBRE LA ESPAÑA MEDIEVAL

Isabel la pechu… la católica

Las primeras monedas castellanas… con texto árabe

Los españoles que escribieron en árabe


La piedad y las tetas de la virgen

24 diciembre 06

Hace años conocí a un señor muy serio que cada poco decía cosas como “esto sabe mejor que la teta de una monja”. Yo nunca he probado la teta de ninguna monja, la verdad, aunque digo yo que si Dios se las ha reservado para él por algo será ¿no?
Pero bueno, yo pienso cosas así porque soy un blasfemo y un pervertido (no necesariamente por este orden). Un cristiano de verdad nunca podría imaginarse de una forma erótica las tetas deuna monja o, pongámosnos en lo peor, las tetas de la virgen. ¿Verdad?

El erotismo es algo tan importante para el hombre y nos resulta tan dificil sustraernos de él que al final lo ponemos en todas partes. ¿Y qué ocurre si le das un cincel o un pincel a un hombre? pues que cuando pueda te va a meter un par de tetas.

Bueno, vale, no siempre será así. No todos los hombres somos iguales. También están los hombres que prefieren un buen par de pectorales en vez de tetas.

¿Qué exajero? ¿qué no me creeis? ¡ay hijos míos! prepararos para un tour por la parte más pornográfica del arte religioso católico (sí, sí).

Empecemos por la Virgen, por ejemplo. Uno se pone a hacer una Virgen y, claro, la buena señora por muy santa y pura que fuera, tendría pechos… y cuando uno se pone a moldear pechos, pues, claro, uno intenta mantener la cabeza fría pero los pechos tienen pezones… y, ejem, podéis ver el resultado en La Virgen del Cuello Blanco de Parmigianino.

478virgen-cuello-largo.jpg

Sí, bueno, vale, pero tampoco es para tanto. Oyes, mira, un pezoncillo de nada que tan sólo se marca en la túnica. Si es que soy un degenerado que imagino cosas raras en algo que, a lo mejor, es únicamente una doblez en la ropa. Lo que no harían nunca sería mostrar indecorosamente el bendito e inmaculado pezón, sólo visto (y probado) por los labios del tierno hijo de Dios ¿verdad?

Virgen con el niño en brazos. Autor anónimo.

Bueno, vale, aquí vemos claramente un señor pezón. Pero seguro que es un caso aislado, alguna ocurrencia de un degenerado del que ni si quiera conocemos el nombre…

Es verdad que entonces no había televisión, así que si uno quería ver cosas raras pues tenía que recurrir al arte (benditos tiempos). Pero todo tiene límites… ¡No iba uno a ir a un monasterio a ver tetas! ¿verdad?

Tetas pequeñas:

Virgen del limón. Van Eyck.

Zurbarán.

Virgen de la leche. Anónimo.

Tetas grandes:

Virgen con niño. Anónimo

Paolo de San Leocadio.

José Camarón.

Tetas flácidas:

Virgen de la leche. El Correggio

Bueno, vale, al fin y al cabo, en la escena sólo vemos a un pobre y tierno niño con su madre, sin más miradas indiscretas ni nada. ¿No es así? Otra cosa sería si encima hubiera espectadores mirando libididosamente ¿verdad?

La virgen con San Juan y San Jerónimo. Juan de Juanes.

(nótese la mirada de San Jerónimo)

Virgen. El Greco.

Pero, lo que pasa es que tenemos la mente sucia. ¿Acaso hay algo más natural que una madre alimentando a su bebé? Si al menos vieramos una escena en la que un santo bebiera el dulce maná de la teta de la virgen, o algo así…

San Bernardo y la Virgen. Alonso Cano.

En fin. Reconozcámoslo. Santa María, madre de Dios, era una mujer de innegable virtud y que vivió una aburrida virginal vida de pureza. Pero su pezón fue admirado por medio santoral (la otra mitad preferían los pezones masculinos).

Así que, os conozco bien, ahora estaréis frotando las manos y pensando si esto pasa con la mismísima madre de Dios, ¿qué pasará con las demás santas? ¿qué pasará por ejemplo con la santa prostituta, con María Magdalena, la mejor amante amiga de Jesucristo?

Magdalena penitente. Guido Reni.

¿Se ve? ¿no se ve? ¡que no os consuma la intriga! aquí tenéis una ampliación:

Bueno, poquito, poquito, ¡pero se ve! Si es que… lo de ser degenerados no nos viene de hace poco, creedme. Venga, ¿queréis algo más fuerte? ¿pasamos al sadomaso?

¿Queréis más? bueno, cambiemos de tercio. ¿Qué pasa cuando una santa se une a Dios? Pues parece que algo mucho más parecido a lo que le pasa cuando se une a un hombre de lo que imaginábamos. Podéis leer al respecto la siguiente entrada de Mami soltera con Parásito Encantador, que inspiró este artículo.

extasis_de_santa_teresa_1647_52.jpg

Extasis de Santa Teresa. Lorenzo Bernini.

Mirad, mirad los detallitos, esa boca entreabierta y esos ojitos cerrados:

carastateresa.JPG

Esos deditos de los pies engarfiados…

piesstateresa.JPG

En fin. Paro que me estoy poniendo malo…

Pero antes de dejar este tema. No me resisto a dejaros con otra obra de Bernini. El sepulcro de la Beata Ludovica Albertoni, que no sé yo si realmente quería pasar a la posteridad representada de la siguiente guisa:

Sí, sí, habéis visto bien:

manosbeata.JPG

En fin, que le vamos a hacer. Ya se sabe que los hombres sólo pensamos en lo único mismo. Incluso los artistas cristianos (y los clérigos que encargan y adquieren las obras)

MÁS SOBRE RELIGIÓN JUDEO-CRISTIANA

La Septuaginta, la milagrosa biblia de los 72 traductores.

El Cantar de los cantares, el libro más erótico de la Biblia.

Y a todo esto… ¿por qué Roma?

La tumba de Jesus de Nazareth (según James Cameron)

Cómo mola el “Dios de amor”, tú!