Y a todo esto… ¿Por qué Roma?

28 febrero 07

La Biblia únicamente hace constantes referencias a una ciudad como ciudad sagrada, Jerusalem. Y sin embargo, la sede de los cristianos católicos es Roma, un lugar apenas mencionado en la Biblia (siempre de forma peyorativa) y que el fundador de la religión, Jesucristo, jamás visitó. ¿Por qué los católicos escogieron Roma como sede? Desde luego, todo responde a motivos políticos, no teológicos.

Los primeros cristianos se organizaron un poco a la buena de Dios (perdón por el juego de palabras). En el fondo, no importaba. Cuando se tiene buena intención, los problemas de organización se solucionan fácilmente y aquellos primeros cristianos destacaban por su buena voluntad, apesar de que las primeras disputas entre cristianos son casi inmediatas (no olvidemos la polémica entre San Pablo y San Pedro).

Según los grupúsculos cristianos fueron ganando en complejidad y riqueza, se hizo necesaria una estructura más sólida y así, un poco sin querer, fueron surgiendo líderes espirituales de cada comunidad. Las comunidades más poderosas generaban líderes más poderosos, dando inicio a los primeros obispos. Pero todavía carecían de ningún poder oficial directo sobre nadie. Lo que no quita que, al dirigir comunidades importantes, tenían un prestigio que le reconocían sus vecinos.

El primer cristianismo era todavía muy abierto a distintas posturas, todavía no se habían asentado los dogmas y cada uno tenía una visión distinta. En este sentido, lógicamente, lo que digera el dirigente de los cristianos de una ciudad importante como Alejandría tenía más peso que lo que dijera un sacerdote perdido por la Galia. De esta forma, se llegó un momento en el que existieron varios obispos por todo el mundo romano en disputa teológica entre sí. Las discusiones eran bastante importantes, existía incluso quien negaba la divinidad de Cristo, por poner un ejemplo sencillo de algo que ahora parece inimaginable.

Por la misma lógica que había generado los obispos, cinco de ellos se convirtieron en los más prestigiosos y los que más destacaron en estas primitivas disputas teológicas: Me refiero a los obispos de Antioquía, Alejandría, Jerusalem, Constantinopla y Roma.

Antioquía, Alejandría y Constantinopla eran las tres ciudades más importantes del imperio, Constantinopla de hecho era sede imperial. Jerusalem tenía mucha menor importancia demográfica y económica, pero era la ciudad sagrada de la Biblia y el lugar donde había muerto Jesucristo. Y Roma era la hermana pobre del grupo, perdida hacía mucho tiempo la capitalidad del Imperio (incluso del de Occidente), tan sólo la mantenía en pie su prestigio como antigua ciudad imperial, así como el hecho de ser la única ciudad occidental que seguía siendo digna de tal nombre.

¿Cómo salió triunfadora Roma? En realidad no lo hizo, simplemente fue la única superviviente… Antioquía, Alejandría y Jerusalem cayeron en manos musulmanas. Sólo quedaron dos, Constantinopla y Roma. La primera dio origen a los patriarcas de Constantinopla y dio origen a la Iglesia Ortodoxa. La segunda creó los papas y la Iglesia Católica. Nótese que el título de “papa” no es oficial, el título oficial es el de “Obispo de roma”.

Teniendo en cuenta que Constantinopla también acabó siendo invadida por las fuerzas islámicas, habría que decir que, en realidad, los que decidieron que Roma y no otra fuera la sede del cristianismo católico fueron… los moros 🙂

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Estudiando la Historia: el Materialismo histórico

27 febrero 07

La teoría de la concepción materialista de la Historia fue promulgada por Karl Marx (que además de economista era historiador) y desde entonces se ha visto muy marcada por ello. En el fondo, es uno de los pilares del pensamiento político marxista, hasta el punto de que aunque se puede ser materialista histórico pero no marxista, es imposible ser marxista y no aceptar el Materialismo Histórico.

En realidad, es un debate distinto. Yo creo que se puede tener un pensamiento de derechas y creer en el Materialismo Histórico. Pero el nombre de Marx ha tenido una poderosa influencia sobre el sXX, y gran parte de las críticas y elogios del Materialismo Histórico en realidad iban dirigidos hacia Marx.

La teoría del Materialismo Histórico rompe frontalmente con el Positivismo. Da un importantísimo paso hacia el Relativismo al asumir que no sólo las fuentes escritas sufren la influencia de las ideologías políticas del que lo escribe, sino que incluso lo escrito sobre Historia en la actualidad. Para el Materialismo Histórico, una persona concreta vive inmersa en su cultura y en su pensamiento político y, aunque debe buscar la neutralidad, es imposible que lo sea por completo. Por lo tanto, debe desconfiarse mucho de la Historia postulada como dogma o como neutral. Este pensamiento puede parecer extraño a primera vista, pero en el fondo es algo que nos pasa a todos. Un artículo sobre Alejandro Magno será, necesariamente, muy distinto si lo escribe un militar que si lo escribe un defensor de los derechos gays. No es algo premeditado, simplemente no podemos evitar nuestra propia visión del mundo a la hora de escribir sobre Historia. Pasa algo parecido con el periodismo. el Materialismo Histórico ha sido injustamente criticado por acusarle de no pretender ser objetivo, en realidad lo que afirma es que es imposible serlo, aunque haya que intentarlo.

El Materialismo Histórico hereda del liberal Hegel el concepto dialéctico de la Historia (aunque ni Hegel ni Marx lo definieron así). La Historia no sería el fruto de grandes hombres que hacen grandes cosas, sino de una serie de corrientes subterráneas, de fuerzas en conflicto que, sobreponiéndose unas sobre otras, van modificando el mundo y la Historia. Para Hegel, la historia era una continua lucha entre fuerzas que buscan la Libertad y fuerzas que la niegan, los primeros estaban destinados a vencer y cada vez el mundo era mejor. Para Marx, la historia era una continua lucha entre las clases trabajadoras y las clases dominantes. Nuevamente, las primeras estaban destinadas a salir vencedoras y la historia cada vez sería mejor.

Desde este punto de vista, la historia podía definirse en varias etapas según el estado en que se encontraba la lucha de clases reflejada en los llamados Modos de Producción. Para Marx, existen seis principales Modos de Producción, el de caza y recolección, el esclavista, el feudal, el capitalista, el socialista y el comunista. Cada uno de ellos se define por la forma como se organiza la propiedad, en el modelo esclavista, el trabajador no tiene propiedad ni de su propia persona y realiza el trabajo coaccionado violentamente. En el modelo feudal, el trabajador tiene propiedad de su persona y de sus medios de producción (arado, bueyes, tierra…) pero debe entregar una parte de su producción bajo coacción también violenta. En el modelo capitalista, el trabajador carece de la propiedad de los medios de producción (máquinas) por lo que debe vender lo único de que dispone, de su propio trabajo, a cambio de un salario que le permita subsistir. En el modelo de producción socialista, los medios de producción pertenecen a la sociedad y la sociedad reparte las riquezas según los méritos de cada uno. En el medio de producción comunista, los medios de producción no tienen dueño y la riqueza se reparte a cada cual según sus necesidades (no debe confundirse lo que Marx definía como Comunismo con lo que luego se realizó en la Unión Soviética)

Cada uno de estos Modos de Producción sería superior al anterior. El modelo feudal sería mejor que el esclavista, y de hecho sería una consecuencia de la Lucha de Clases ya que las rebeliones de esclavos sería la que obligarían a los grandes latifundistas a manumitirles y convertirles en vasallos. Posteriormente, el enfrentamiento entre burgueses y nobles desenvocaría en el Capitalismo, etc. La Historia entera se explicaría según la Lucha de Clases. Marx adoptó el término hegeliano “progresismo” y definió las fuerzas favorables al avance de la Historia como Progresistas. Hasta la actualidad, se ha seguido identificando el Progresismo con la izquierda en general.Salta a la vista de que esta concepción de los Modos de Producción es profundamente eurocéntrica. Propia de unos tiempos en los que la Historia más allá del Mediterráneo apenas era tenida en cuenta pero que dejó de ser sostenible no mucho tiempo después. Los sucesores de Marx intentaron en parte solucionar este inconveniente añadiendo el llamado Modo de Producción Oriental, una especie de parche que englobaría modelos en los que una persona (un emperador) controla la distribución de agua y, por lo tanto, toda la producción del país. Sería válido para el Antiguo Egipto y el Imperio Chino.

No me resisto a comentar la importante aportación de Pirenne, que tuvo gran influencia en toda la historiografía de la segunda mitad del sXX. Pirenne recoge las teorías del desarrollo en la periferia, ya enunciadas por Lenin, y les da una consistencia que no tenían con el líder ruso. Para él, el gran salto en la Historia no lo dan los países más avanzados como afirmaba Marx, sino los más atrasados, en su necesidad por compensar la superioridad de sus rivales. De esta forma, los llamados Modo de Producción Oriental no serían más que formas particulares del Modo de Producción Feudal. Los europeos medievales vivirían en una zona alejada, pobre y atrasada frente a los ricos y civilizados musulmanes y sería la presión por superarles lo que les haría desarrollar el Modo de Producción Capitalista e inaugurar una nueva etapa en la que ellos serían los dominadores. Tan al extremo lleva Pirenne esta teoría que afirma que la Edad Feudal (Edad Media) no debería adelantarse al sIII como decían los marxistas sino atrasarse a los siglos VII-VIII, con la invasión islámica del norte de África y, por lo tanto, con el fin de una de las principales características de la Edad Esclavista (Edad Antigua) en Europa, la del Mediterráneo como gran lugar de intercambio.

Pero decíamos al principio que Marx había tenía una concepción dialéctica de la Historia. Para él, existen una serie de fuerzas que influyen en la Historia. Estas fuerzas mantienen entre sí una relación dialéctica, de forma que no puede modificarse una sin que las demás se vean alteradas. Esto hace dificil ver las causas de un proceso ya que cuando un proceso histórico es firme, todas las grandes fuerzas parecen apuntar en la misma dirección. Para Marx, la más dinámica de todas esas fuerzas es la que definió como Lucha de Clases que, al ser la más rápida y la que mejor se adaptaba a los nuevos tiempos, sería el Motor de la Historia.

Intentaré aclararlo con un ejemplo genérico. Pongamos una sociedad que se ha estabilizado en un determinado modelo, dentro de ella van a existir gran cantidad de fuerzas conservadoras destinadas a impedir que nada cambie, las de aquellas personas que están contentos. Pero luego existirán otras fuerzas, las de los descontentos, que serán a la postre los que, tarde o temprano, están destinados a tener éxito y a conseguir un cambio en la sociedad. Están destinados a ello, porque podrán fracasar en infinidad de ocasiones, pero con una sola vez que tengan éxito ya es suficiente. La tendencia natural será a que los contentos sean aquellos que disfrutan de las riquezas y los desconentos los que no. Por lo tanto, será la Lucha de Clases la que destruya nuestra sociedad estable.

Tras el surgimiento de la Unión Soviética, surgieron distintas escuelas históricas que adoptaron el Materialismo Histórico, incluso, como dogma de fé. Las más importantes de estas escuelas fueron la soviética y la polaca, de gran prestigio en su tiempo y que tuvieron gran influencia fuera de sus países. Cuando un pensamiento se dogmatiza, tiende a recurrir a lo más fácil, en su intento por esquivar “la herejía”. Estas escuelas tendieron a reducirlo todo a la economía, surgió el llamado economicismo, término peyorativo acuñados por historiadores, muchos materialistas históricos, al referirse a estas escuelas.

Los libros de estas escuelas estaban repletos de gráficas y estadísticas que, en algunas ocasiones, fueron bastante interesantes. A ellos o a su inspiración le debemos la curiosa gráfica que compara la progresión del número de parados y el apoyo al partido nazi en la Alemania de entre guerras. O la que relaciona la llegada masiva del oro americano, la inflación del sXVI y el derrumbe de la economía castellana. También les debemos otros estudios y gráficas de mucho menos grato recuerdo, como uno que pretendía relacionar el crecimiento económico del sXVII con el estilo Barroco.

Existe otras grandes escuelas del Materialismo Histórico, de las cuales me gustaría destacar a una, la Escuela de los Annales. Pero creo que esta merece por derecho propio un artículo aparte, así que lo dejo para otro día 🙂

Las críticas al Materialismo Histórico proceden principalmente de los excesos economicistas. Es curioso que el mismo Engels lo adelantó al afirmar que si Marx y él habían hecho incapié en la economía era por la falta de atención que ésta había sufrido, pero que eso no quería decir que fuera lo más importante ni, mucho menos, el Motor de la Historia (que era, no lo olvidemos, la Lucha de clases).

Hay quien afirma además que la Lucha de clases no existe como tal, sino tan solo cuando se crea por un esfuerzo premeditado de crear una identidad obrera. Y yo añadiría otra crítica al pensamiento del Materialismo Histórico que normalmente ha sido soslayado. Y es el propio concepto de Progresismo. ¿Por qué el feudalismo es preferible al esclavismo? Sin duda algunos esclavismos son mucho peores que algunos feudalismos, pero también sucede a la inversa. Y ¿por qué la tendencia ha de ser de mejora? ¿vivimos en un mundo mejor que hace tres siglos? desde luego los españoles sí, no puede discutirse, pero ¿y los africanos? ¿y el conjunto de la humanidad? ahí ya no está tan claro. Ni mucho menos está tan claro que la vida dentro de tres siglos tenga que ser, necesariamente, mejor que la actualidad.

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Estudiando la Historia: el Positivismo/neopositivismo

21 febrero 07

Se trata de una escuela propia del sXIX, fuertemente ligada al Liberalismo. Los positivas tuvieron el mérito de ser los primeros que realizaron un esfuerzo importante por convertir el estudio de la Historia en una ciencia, basándose principalmente en las fuentes escritas. Al Positivismo le debemos grandes logros en el estudio de los textos antiguos, y algunos libros que siguen teniendo su importancia (la Historia de Roma de Mommsen todavía no ha sido superada desde el punto de vista de los textos, sí de la arqueología evidentemente).

Los positivistas conocían mejor de lo que se ha conocido nunca las fuentes que estudiaban, siendo capaces de recitar muchas de ellas de memoria. La imagen del historiador erudito, tan típica de nuestras películas y juegos de rol, se adapta a ellos perfectamente.

Como herencia del Liberalismo, los positivistas creían firmemente en la importancia del individuo. Y así realizaron una serie de relatos sobre la Historia basados en grandes personas que hacen grandes cosas. Para los positivistas la Historia es algo relativamente estático que sólo se modifica al aparecer poderosas voluntades que tuercen sus cauces. Algunos positivistas, como el propio Mommsen, generaron también el concepto del “genio de los pueblos”, esta escuela tendría gran influencia sobre el pensamiento de Nietzche y sobre los distintos fascismos.

En estos tiempos en los que el Liberalismo intenta volver a dominar nuestras vidas, era de esperar que regresara el Positivismo, llamado ahora Neopositivismo, con la intención de adaptarse a estos tiempos de la arqueología y del Carbono 14.

Mis críticas al Positivismo se basan principalmente en los dos principios básicos de este pensamiento. No podemos adoptar las fuentes escritas como base del conocimiento porque las fuentes no nos cuentan la verdad. Para empezar porque es imposible, pero es que, además, pocas realmente son dignas de crédito. Por poner un ejemplo sencillo, conocemos la llamada Guerra de las Galias principalmente por un libro escrito por… Julio César. ¿Es digno de una fé ciega un libro escrito por un político sobre su propia labor?

Por otra parte, acepto que las grandes personas, los genios, pueden torcer el curso de la Historia. Pero ¿hasta qué punto? ¿es casualidad que las tales “grandes personas” nazcan siempre concentradas en determinados países o más bien existen otras corrientes que lo favorecen? De acuerdo que Napoleón era un genio militar, pero ¿es casualidad que los grandes generales de su tiempo fueran franceses e ingleses, los dos únicos países que crearon un sistema militar basado más en los méritos que en los derechos por nacimiento?

Por otra parte, la visión positivista de la historia nos trasmite siempre la versión de aquellos que saben leer, de los poderosos. Un Rey podía esclavizar a sus súbditos, pero como los súbditos no sabían escribir, para un positivista este hecho no tendrá ninguna relevancia.

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El estudio de la Historia.

17 febrero 07

Muy amenudo, la gente tiende a ver la Historia como algo firme y establecido. Para mucha gente, la Historia consiste en una serie de hechos que pudieron suceder o no y, por lo tanto, la única discusión al respecto es si efectivamente tal cosa pasó o no lo hizo.

Es una visión fuertemente potenciada por la forma como se enseña la Historia en nuestras escuelas, por los documentales del Canal de Historia y por la forma como esta es mostrada en las películas. Muchas veces he escuchado argumentos del tipo “lo he leído en un libro” como si el hecho de que algo sea publicado por alguien automáticamente lo convirtiera en indubitable.

En el fondo, no es de extrañar. Es un poco consecuencia de esa simplicidad platónica que tanto daño le hace al pensamiento occidental. Me refiero a esa mentalidad binaria que divide las cosas en buenas y malas, en falsas y ciertas. Pero, desgraciadamente, la realidad es mucho más compleja.

En el fondo, el gran problema de la Historia se basa en la imposibilidad de abarcarla toda. ¿Alguien se cree capacitado para entender todo el planeta en la actualidad? ¿podría, por lo tanto, comprender como fue el planeta hace siglos?

Al no poder abarcarla por completo, debemos seleccionar. Y al seleccionar, deformamos, a veces de forma interesada. La forma como explicamos la historia a los niños o en las películas ayudan a crear unas ideologías políticas en un sentido determinado. Sucede así, aunque pretendamos evitarlo (que, sin duda, debemos). Los nazis explicaban una historia en la que los pueblos arios habían sido los que habían creado todos los grandes imperios, y según estos arios iban contaminando su sangre, el imperio iba derrumbándose. Hasta el Imperio Egipcio fue explicado por medio de inmigraciones arias. Hoy en día vemos una historia contada desde el punto de vista del poderoso. Todavía hoy se nos cuenta que la Primera Guerra Mundial fue un momento muy beneficioso para España… olvidando que el año 17 fue el que más personas murieron por hambre en España de todo el sXX, incluso más que en otros años terribles como 1940.

La forma como se enseña la Historia en España únicamente se centra en Europa y los países poderosos. En nuestros libros de texto, los países Latinoamericanos sólo aparecen para ser descubiertos y luego para independizarse. Países de riquísima historia como China o Rusia no tienen ninguna aparición hasta el sXX. De esta forma, es fácil que se cree la idea de que más allá de Europa y EEUU, no importa nada de lo que suceda. Mucha gente piensa, por ejemplo, que el África negra nunca desarrollaron ninguna cultura propia antes de la llegada de los europeos… Y esto es así porque los reinos africanos no se estudian en nuestros colegios ni son mostrados en nuestras películas.

Y todo esto sin necesidad de hablar de los nacionalismos, periféricos o centralistas.

Al igual que le sucede a todas las ramas del saber, el estudio de la historia ha pasado por infinidad de escuelas. Como sucede con todas las ciencias sociales, tales escuelas están fuertemente politizadas. Es por todo ello que los próximos posts voy a dedicarlos a explicar, más o menos, las principales escuelas historiográficas de la actualidad. Espero que os sea útil 🙂

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El hijo tonto de Carlos III

15 febrero 07

Carlos III fue, posiblemente, uno de los principales estadístas de la historia de España. Fiel a los principios del absolutismo ilustrado, intentó difundir el arte, la cultura, el comercio y la industria en sus reinos, con mejores resultados de lo que la gente cree. Durante su largo reinado (casi treinta años) España vivió sus últimos vuelos como potencia mundial.

 


Que no os engañe su aspecto bonachón. Carlos III en realidad tenía más bien mal genio y si bien su objetivo probablemente fuera el de lo mejor para sus súbditos, también es cierto que estos no siempre estaban de acuerdo. Durante su reinado los intelectuales sudamericanos dejaron de considerarse a sí mismos “españoles” y empezaron a utilizar el término “criollo”. Por algo sería.

Pero Carlos III tuvo un hijo, Carlos IV, que posiblemente heredara sus buenas intenciones, pero no su inteligencia. Blanco White diría de él que era un hombre de nobles ideales pero que carecía del más mínimo sentido político. Un ingenuo feliz, un “divino tonto”.

Se cuenta de él que siendo ya perfectamente adulto, en una fiesta ante toda la corte, tuvo el valor de preguntarle al Rey “Padre, hay una cosa que no comprendo… Si todos los reyes somos designados por gracia de Dios ¿cómo pueden existir malos reyes? ¿no deberían ser todos los reyes buenos?”

Ante tanta ingenuidad, Carlos III miró largamente a su hijo y, aún sabiendo que la nobleza en pleno estaba escuchando, le contestó “Pero que tonto eres, hijo mío”

El joven heredero al trono español ganó rápidamente fama de tonto por toda Europa. Su primo, el francés Luís XVI, se permitió el lujo de hacer chistes sobre él.

Carlos IV quizás heredó el aspecto bonachón de su padre, pero no su inteligencia política.

Poco confiado en las dotes de su hijo, Carlos III dejó nombrado un secretario de su confianza y ordenó a su hijo que bajo ningún concepto le sustituyera. Que dejara los asuntos del reino a alguien que sabía sobre el tema. Pero como no se fiaba sólo de la obediencia de su hijo, lo especificó en su testamento.

El secretario era Floridablanca, y fue un buen secretario en tiempos de Carlos III.

A finales de 1788 Carlos IV se convertía en Rey de España y de las Indias. Había sido educado como un rey del sXVIII, pretendía ser el déspota más ilustrado de toda la Edad Moderna… pero se encontró de bruces con la Edad Contemporánea.

Ocho meses después del coronamiento de Carlos IV, el pueblo de París levantado en armas tomaba la Bastilla. Todos sabéis lo que vino después. Al principio, Carlos IV no sintió lástima ninguna. Recordó lo mucho que Luís XVI se había reido a costa suya y dijo que un rey debía preocuparse más de su reino y menos de lo que hacen otros reyes (lo siento, no tengo a mano la cita literal, si alguien me la facilitara estaría muy agradecido :).

La concepción de Carlos IV, cambiaría radicalmente poco después al enterarse de que Luís XVI había sido decapitado. Una cosa es que un pueblo rebelde toque un poco las narices a su repelente primo, pero otra cosa muy distinta es que se atrevan a matarle y aspiren a no ser gobernados por ningún Rey.

Floridablanca en cambio descubrió desde el principio la gravedad de lo que estaba pasando en París. Desgraciadamente, no supo estar a la altura de las circunstancias. Floridablanca se puso histérico y cerró los Pirineos a cualquier connato de “infección”. Los intelectuales fueron perseguidos, la Inquisición que estaba apunto de ser abolida, fue reforzada. La antigua alianza fue abandonada y España participó en las guerras de coalición invadiendo el sur de Francia. Se conoce este periodo como el Pánico Floridablanca.

Los excesos de Floridablanca le llevarán a ser destituido y encarcelado (aunque sólo por dos años). Y Carlos IV se quedó sin el secretario que le había dejado en herencia su padre, así que sin saber muy bien que hacer primero dio su confianza al Conde de Aranda y poco después a Godoy.

De Godoy siempre se ha dicho que fue amante de la reina, María Luisa de Parma (y no el único precisamente). Así se afirmaba ya por entonces, aunque en la actualidad existe quien niega que existiera tal relación.

En cualquier caso, Godoy se convirtió rápidamente en la mano derecha del Rey. El Rey no tomaría apartir de entonces ninguna decisión de importancia sin su gran amigo Godoy. Sobre Godoy, el Rey y la Reina se cuentan infinidad de anécdotas. Como la del día en que el Rey paseaba hablando con un ministro mientras Godoy y la Reina iban un poco detrás. En un momento dado se oyó un fuerte sonido, como de una palmada y el ministro y el Rey se dieron la vuelta para ver a la Reina con cara de enfado y a Godoy con la mano en su mejilla. La Reina dijo “se me han caido los libros” y ahí se acabó la escena.

Desde luego, el éxito de Godoy y algunas cosas extrañas en relación entre él y la Reina no se entienden si no exitiera relación entre ellos. “Todo va por la entrepierna” decía una coplilla satírica sobre Godoy. Pero el Rey bonachón no se enteraba de nada. Se cuenta que en una nueva fiesta ante toda la corte (el hombre era la atracción de las fiestas, aprece ser) tuvo la gracia de decir que la gran ventaja de ser Rey es la tranquilidad conyugal, porque al fin y al cabo, todos los presentes podían estar temiendo que su mujer les pusiera cuernos pero… “¿Donde va a encontrar la Reina a otro Rey para acostarse con él?”

No sabemos si la corte reaccionó al estilo de los romanos de la Vida de Brian o si lo rieron como una gracia real.

Mucho se ha escrito sobre el gobierno Godoy, tanto para denostarlo como para ensalzarlo. En mi opinión, su cómputo general no puede verse de otra forma que como negativo. Le tocaron tiempos muy dificiles, pero creo que estuvo muy lejos de estar a la altura. Ante el temor de la invasión francesa, la política exterior fue subordinada a los intereses de Napoleón y, como es sabido, no sirvió de nada. Mediante un ridiculo ardid, Carlos IV fue engañado por tonto y Godoy por ambicioso. Bastó la promesa de un pequeño reino en Portugal para convencer al ministro español de que permitiera traspasar las fronteras.

Tras la Guerra de Independencia, Fernando VII alcanzó el trono. Fue sin duda un déspota, pero no tuvo nada de ilustrado. Con él España alcanzó la Edad Contemporánea de la peor forma posible. Ya no había sitio en la nueva Europa para reyes bonachones e ilustrados. Apartir de entonces los reyes se quitarían la máscara y demostrarían su peor cara. Y la de Fernando VII era muy mala.

Carlos IV viviría el resto de su vida en Roma, junto a su mujer y… a Godoy. Había heredado la tercera potencia del mundo y había dejado un país arruinado por la guerra, atrasado y que en pocas décadas se quedaría descolgado dle  fuerte crecimiento que vivió el resto de Europa. Su balance ha de ser, necesariamente, negativo. Sin embargo, le resulta dificil caer mal. Seguramente porque, en el fondo, era un tonto feliz en un cargo demasiado elevado.

Fernando VII, el primer déspota contemporáneo de la historia de España. Organizó un brutal sistema represivo que fue criticado en toda Europa. Persiguió duramente a todo aquello que sonara a libertad o a modernidad y dilapidó los ingresos del estado y la vida de sus súbditos en operaciones suicidas destinadas a mantener primero y luego a reconquistar las colonias de América.


Vídeo de la caída de Constantinopla

11 febrero 07

La infografía puede ofrecer todo un mundo de maravillas a los amantes de la historia, creo que todo el mundo se ha dado cuenta ya de ello :).

En Crónicas Otomanas he descubierto un videoclip impresionante. Es un grupo turco que nos muestra la Constantinopla sitiada por los otomanos. Aguantar los primeros 40 segundos de calidoscopio, que merece la pena verlo ¡yo ya he visto el video unas doce veces! 😀

La inserción del video ha sido anulada, pincha aquí para verlo directamente en Youtube

En el vídeo podemos ver claramente lugares paradigmáticos de la antigua Constantinopla.

Así por ejemplo, el edificio que nos recuerda el Coliseo Romano es lo que quedaba del Gran Circo, edificio donde se realizaban las carreras de cuádrigas en tiempos más gloriosos para el Imperio Bizantino, y que aunque ya se encontraba en ruinas por aquel entonces, todavía los viajeros destacaban como una de las maravillas de la ciudad. Al fondo se aprecia el obelisco que ocupaba el centro del óvalo del Gran Circo, y que contó un viajero genovés, todavía se mantenía en pie.

El acueducto que vemos era el mayor que jamás se había construido, tanto en longitud como en altura, y tuvo su relevancia en la defensa de la ciudad (los turcos tuvieron problemas para cortar el suministro)

El gran edificio que aparece varias veces es el único que todavía podemos visitar en la actualidad (aunque bastante modificado), se trata de la Iglesia de Santa Sofía. Lógicamente, no se habían construido los emblemáticos cuatro minaretes que la acompañan en la actualidad.

Vemos también la cadena (luego se ve mejor) que tendieron los griegos para impedir que la flota turca pudiera atravesar el estrecho y así sitiar la ciudad por ambas partes.

Después de la flota turca vemos el Gran Cañón. Ante la fortaleza de las impresionantes murallas de Constantinopla, los turcos construyeron el más grande cañón que jamás se hubiera fundido. Tengo la impresión de que su importancia real en la campaña fue más bien reducida, pero psicológicamente tuvo una gran trascendencia, gracias a él los soldados turcos sentían que las tornas estaban igualadas.

Se nos muestran unas imagenes de la muralla del litoral, construida tras el asalto de los cruzados en 1204, apesar de tener tres siglos era la parte más nueva de las murallas (el resto tenían todavía más antigüedad, databan del sVI). Puede parecer sorprendente que Constantinopla tuviera unas murallas centenarias e, incluso, casi milenarias. Pero es que su entramado defensivo era tan impresionante y tan poderoso que no había necesitado ser ampliado ni sustituido por nuevas fortificaciones. Esas murallas resistieron exitosamente más de una veintena de sitios. Naturalmente, eso sí, habían sido restauradas y reforzadas a lo largo de los años.

Luego se nos muestran las murallas del Oeste, las más poderosas y más antiguas de su tiempo. Era una infraestructura impresionante que permitía a un ejército mínimo soportar el asalto de fuerzas muy superiores. Y el recinto abarcado era tan grande que incluso había grandes zonas de cultivo en el interior, lo que ayudaba a soportar cualquier asedio. Desgraciadamente para los defensores, las fuerzas de que disponían no eran pequeñas, sino pequeñísimas. Y llego a haber un momento en el que si dividías todos los defensores entre el número de torres a defender, salía a poco más de diez soldados por torre.

El sultán turco que se nos muestra necesariamente ha de ser Mehmed II. Se dice que cuando puso por primera vez pie en la Iglesia de Santa Sofía se quedó horas en silencio, impresionado. Creo que eso es lo que vemos en el video.

Se hecha de menos alguna aparición de su gran rival, Constantino XI. El último emperador griego rechazó la oferta de entregar la gran ciudad a los turcos y vivir como vasallo de estos, y renunció a abandonar la ciudad incluso cuando más desesperada era la situación. Hubiera molado que incluyeran su última carga, con su guardia de honor, ante la masa de turcos que habían conseguido atravesar la muralla. Evidentemente, Constantino murió allí, espada en mano, en la que fue la última carga del Imperio Romano.

La cámara hace un vuelo en el que se muestra la impresionante superficie cubierta por las murallas y que, como decíamos antes, iba mucho más allá de lo que era la propia ciudad.

Después se nos muestra otro de los acontecimientos más importantes del sitio. Ante la imposibilidad de pasar la flota turca del Mar Negro al Mediterráneo, por culpa de la cadena de la que ya hablamos (y de la artillería griega) los turcos transportaron parte de su flota por tierra, sorprendiendo a los defensores que se vieron, sin esperarlo, acosados desde ambos mares.


Qin Shi Huang ¿el emperador que quiso conquistar el ultramundo?

10 febrero 07

Qin Shi Huang es el nombre del primer emperador chino.

Antes de ser emperador, fue el último rey de Qin (pronunciado Chin, probablemente la palabra “China” proceda de ahí). Quin era uno de los siete Reinos Combatientes, el más espartano y militarizado. Shi Huang demostró una gran habilidad militar impulsando nuevas tácticas basadas en ballesteros (y no en arqueros, la película Hero comete un error debido a que en chino ambos tipos de guerreros se definen con la misma palabra).

 Gracias al poderoso ejército de Quin, a las nuevas tácticas y a una inusitada crueldad, el estado de Quin consiguió destruir a los otros seis reinos y formó el primer imperio chino. Pero el primer emperador no sólo unificó el país, sino que también lo organizó administrativamente y emprendió grandes obras faraónicas como la Gran Muralla China o el llamado ejército de guerreros de terracota.

El conjunto del ejército de guerreros de terracota y las tumbas-palacio de Qin Shi Huang forman, posiblemente, el más impresionante recinto funerario del mundo, sólo comparable con la Gran Pirámide.

Estamos hablando de un gran palacio fortificado, con sus trincheras y sus defensas varias, capaz de resistir un poderoso asalto con la tecnología de la época. El palacio está defendido por todo un ejército de terracota, formado por cerca de 7.000 soldados perfectamente armados y pertrechados, apoyados por carros de combate. Es evidente que se suponía que los soldados quedarían a las órdenes del emperador en la otra vida.

Los soldados de terracota nos proporcionan un fantástico documento sobre su época. No sólo nos permite observar una formación de batalla, tal y como eran descritas en el Arte de la Guerra, sino que además nos proporciona valiosísima información (por lo extraña) sobre peinados, vestidos, barbas, etc de aquella época. Incluso se ha podido describir el origen étnico de cada formación.

Cada uno de los soldados identificados es único, formando por sí sólo una obra maestra del arte chino. La increíble cantidad de figuras creadas en tan poco tiempo me hace pensar que probablemente se trate de las fuerzas de élite reales de Qin Shin Huang, inmortalizadas por toda la eternidad junto a su señor.

 

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Existen muchos otros ejemplos de fortalezas mortuorias, se me ocurre por ejemplo la mal llamada Tumba de Agamenón en Micenas. Pero con una importante diferencia, la Tumba de Agamenón tiene sus defensas y troneras orientadas… hacia el interior. Se trata de una construcción no destinada a proteger lo que guarda, sino a impedir que nada salga.

La tumba de Qin Shing Huang es el único ejemplo que conozco de fortaleza mortuoria destinada a protejerse no de un saqueo, sino de un asalto militar. ¿Asalto de quien? ¿de los vivos? ¿o quizás de los muertos?

El ejército de terracota es muy superior al que sería necesario para protejer la fortaleza que se construyó como última morada del emperador. ¿Sería posible que fuera una ejército de invasión? Quizás la tumba no fuera defensiva, como siempre se ha supuesto, sino la fortaleza que sirviera como centro de operaciones que sirviera para conquistar el otro lado. Al fin y al cabo, Qin Shin Huang había conquistado el mundo de los vivos ¿no es factible plantearse la conquista del mundo de los muertos?

Cómo anécdota comentar que los soldados de terracota estaban equipadas con armas de bronce reales (debidamente tratadas para evitar su oxidación). La mayor parte de tales armas han desaparecido al ser el ejército saqueado por un grupo de campesinos que, gracias a ellas, consiguieron realizar una revuelta popular contra la dinastía Qin. Ironías de la historia.