Tebas, la ciudad griega que derrotó a Esparta

4 agosto 08

“[…] fueron por la derecha del Eurotas quemando y saqueando casas repletas de bienes. En cuanto a los habitantes de la ciudad las mujeres no soportaban ver el humo siquiera, porque nunca habían visto enemigos; los espartiatas, cada uno en su puesto, aunque parecían y eran realmente pocos, vigilaban la ciudad que estaba sin murallas. “ Jenofonte. Helénicas.

Tebas era la ciudad más importante de la Beocia (región al norte del Ática y al sur de la Tesalia, en el centro de la Grecia continental). Desde los tiempos legendarios, Tebas había aspirado a mantener su hegemonía sobre sus vecinos, con resultados irregulares.

Mapa de Grecia durante el apogeo tebano

Cuando el Gran Rey persa Jerjes invadió Grecia, Tebas se alió con él y se convirtió, de facto, en la capital de la Grecia ocupada. Hasta que una coalición de griegos, liderada por atenienses y espartanos, les inflije una severa derrota en Platea (479 adC), ciudad al sur de la Beocia.

La derrota de los persas dejará a Grecia bajo el dominio de dos potencias que pronto empezarán a mirarse entre sí con hostilidad, Atenas y Esparta. Tebas jugará a las alianzas con uno y con otro intentando así asegurar lo que perdió tras la batalla de Platea, su dominio sobre la Beocia.

Platea se convierte apartir de entonces en el principal problema de la política exterior tebana. Aliada con Atenas, Platea pasa a ser una potencia de mediana importancia en la Beocia y pugnará con Tebas por el dominio de la provincia.

Pero esta situación durará tanto como el predominio de Atenas. Y así, durante las Guerras del Peloponeso, Esparta, destruirá la ciudad de Platea (373 adC), por petición tebana. Apartir de ahí Tebas, indiscutible dueña de la Beocia, iniciará su ascenso.

De las Guerras del Peloponeso salió Esparta fortalecida como potencia dominante de Grecia, una vez el poderío ateniense había sido destruido por los siracusanos y los espartanos. Sin embargo, era Esparta un gigante con pies de barro. Su brutal sistema social le exponía constantemente a las revueltas internas (que se sucederán constantemente). Y su sistema oligárquico le dará una importancia excesiva a un reducido número de ciudadanos-soldados, exponiendo el país entero a una catástrofe en caso de una derrota militar.

Así sucederá en la batalla de Leuctra (371 adC), cuando los tebanos aniquilarán a la flor y nata del ejército espartano, víctimas de una concepción de la guerra más anticuada y rígida que los tebanos. Desde este año, Tebas se convertirá en la potencia hegemónica de Grecia y, para asentar su dominio lanzará sendas campañas al norte (para poner freno al crecimiento de Tesalia) y al sur (para liberar a los arcadios y mesenos del dominio de Esparta).

Ambas campañas resultaron victoriosas. De Tesalia, los soldados tebanos se trajeron como prisionero a un joven que la historia conocería posteriormente como Filipo de Macedonia. En el Peloponeso los tebanos se entraron hasta la cocina y se plantaron, para su sorpresa, ante la legendaria Esparta.

Desde los tiempos legendarios, ningún ejército en armas había alcanzado jamás a Esparta. De hecho, la ciudad lacedemonia ni si quiera tenía murallas ¿para qué las necesitaba?

Todos los griegos se sorprendieron de la hazaña y de la osadía tebana, incluso los mismos tebanos que, desde que entraron en la tierra de los espartanos, actuaron con mucha mayor prudencia de la habitual en ellos. De hecho, todo parece indicar que si hubieran aceptado la realidad, que Esparta se encontraba de rodillas, podrían haberle dado el golpe de gracia.

No lo hicieron sin embargo, no se atrevieron, y después de devastar el territorio y asaltar algunas ciudades menores, abandonaron la Lacedemonia dándole a sus enemigos el tiempo que necesitaban tanto como el vivir.

Sin embargo, tras esta expedición quedó asentada la hegemonía tebana sobre toda Grecia, y ni si quiera la alianza entre Atenas y Esparta pudo evitarlo. Sin embargo, duraría poco.
Tan solo nueve años después, una coalición de pueblos del Peloponeso y del Ática será nuevamente derrotada por los tebanos en Mantinea (362 adC), en esa batalla, morirán los mejores líderes tebanos (incluido Epaminondas) y Esparta perderá lo que le quedaba. Era el momento más adecuado para la entrada de una nueva potencia en escena, y esa nueva potencia llegó del norte.

El debilitamiento de Tesalia había beneficiado a los macedonios de la misma manera que la destrucción de Platea había hecho con Tebas. Y el antiguo prisionero, Filipo de Macedonia, llegará con un ejército ante el cual ningún griego oponerse.

Apartir de Filipo de Macedonia, ninguna de las antiguas ciudades recuperará jamás su poder. Y apartir de su hijo, Alejandro Magno, el poder de los helenos se trasladará a reinos como Egipto, Macedonia o el Imperio Seleucida.

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La viruela y el Nuevo Mundo

28 julio 08

No se puede decir que las enfermedades infecciosas fueran desconocidas por los indígenas americanos antes de 1492, en particular tenían el disgusto de conocer la tuberculosis. Pero nunca habían estado espuestos a toda la pléyade de enfermedades que llevaban milenios afectando a europeos, africanos y asiático. Hanlo del sarampión, la peste, el cólera, la fiebre tifoidea, la difteria, la malaria, la escarlatina, la fiebre amarilla y, sobretodo, la viruela.

Claro, también hubo otras enfermedades propiamente americanas que afectaron a los invasores, como la sífilis, pero por las propias características de estas enfermedades, no fueron tan mortíferas.

Los contactos entre poblaciones lejanas suelen conllevar expansión de enfermedades para las que los nuevos grupos de población no tienen las defensas apropiadas. La viruela por su parte, es probablemente la enfermedad más mortífera a la que se ha enfrentado la humanidad, no en vano siempre se ha dicho que las guerras biológicas en el futuro se realizarían con mutaciones de esta enfermedad. Europa padeció grandes epidemias de viruela al menos desde el sV a de C.

Era de esperar que la llegada a América de la viruela, a bordo de los primeros europeos, desencadenara una pandemia sin precedentes.

CARIBE Y MÉXICO

De hecho, la primera epidemia de viruela es casi inmediata. Ya las islas del Caribe se vieron afectadas por la enfermedad, sin bien es dificil calcular cuantas personas murieron a causa de la viruela y cuantas por la desnutrición y los malos tratos.

Era 30 de junio de1520, una espedición de conquistadores españoles mandada por Hernán Cortés, se había visto obligada a retirarse luchando de Tenochtitlan, con grandes bajas. La expedición europea se encontraba desmoralizada, diezmada y aislada del resto de posesiones españolas en el Caribe, creo que generalmente no se tienen en cuenta lo realmente cerca que estuvieron de ser aniquilados.

Sin embargo, la respuesta de los aztecas fue lenta y caótica, dándole a los invasores el tiempo que necesitaban para reorganizarse. En parte, esto se debe a la mentalidad azteca, menos agresiva que la europea. Pero parte de culpa la tuvo también la epidemia de viruela que automáticamente se desencadenó sobre la capital del Imperio. Se calcula que en unos pocos meses, el 25% de los aztecas murieron a causa de la epidemia, la mayoría de ellos soldados (que, por motivos obvios, habían mantenido un contacto “más estrecho” con los invasores).

Indígena mexicano infectado de viruela,

ilustración de la época

Una de las características de la viruela es la de que, aquellos que sobreviven, suelen quedar debilitados de por vida. No sabemos el porcentaje de soldados debilitados por la viruela tuvieron que enfrentarse en las posteriores campañas contra los españoles, pero es probable que fuera elevado. No debemos menospreciar tampoco el factor moral, al fin y al cabo, muchos aztecas ya consideraban que los invasores eran en realidad dioses y la propagación de una epidemia tan atroz tras haberles infrigido su más severa derrota, sin duda debió ser tenido en cuenta.

LOS ANDES

La instalación de los españoles en las Antillas primero y en México después, así como sus expediciones exploratorias (y a la captura de esclavos) por toda la costa del Caribe servirá para provocar la expansión de la epidemia que, desde ese momento, siempre llegará antes que los conquistadores. Así, sabemos que una epidemia de viruela se extendió por la actual Colombia a finales de la década de 1520, desde allí alcanzó lo que hoy es Venezuela y el Imperio Inca donde, junto a la guerra civil que se estaba produciendo, en un par de años, podría haber matado a cerca de la mitad de la población. El terror que creo la viruela puede verse reflejado en algunas obras de cerámica de la época.

Niño infectado de viruela

ilustración de la época

NORTEAMÉRICA

Los españoles exploraron la costa de norteamérica, incluso por unos pocos años intentaron establecer una colonia en el lugar que hoy conocemos como Virginia. Sin embargo, las primeras epidemias de viruela en la región que conocemos están relacionadas con los colonos ingleses y franceses. Así, por ejemplo, los hurones podrían haber perdido la mitad de sus efectivos entre 1634 y 1640. Los iroqueses aprovecharon entonces su debilidad para borrar al pueblo hurón de la historia (salvo dos pequeños grupos que emigraron a Quebeq y a Oklahoma)… y después sufrieron a su vez los efectos de la enfermedad.

Son numerosos los testimonios sobre aldeas enteras destruidas por la viruela. Las epidemias se sucederían unas a otras y la enfermedad se volvería endémica apartir del sXVIII. Durante la guerra de independencia de los EEUU, Peter Kalm estimaría en 125.000 las personas muertas en un solo año, y hablaría de aldeas abandonadas donde los pocos supervivientes, debilitados por la enferemdad, debían huir en pleno invierno para al final ser devorados por los lobos. O de supervivientes que habían perdido a toda su familia y que, desfigurados por la enfermedad, decidían acabar con su vida.

Apartir de 1780, por lo menos, la enfermedad también era endémica de las grandes llanuras del interior de Norteamerica. Entre los indios mandan se dio el primer brote el 14 de julio de 1837, en agosto del mismo año, prácticamente los indios mandan habían dejado de existir. George Clating nos describe la muerte del jefe Four Bears:

“Este hombre de calidad estaba sentado en su wigwan, y veía a todos los miembros de su familia, a sus mujeres y a sus hijos pequeños, muertos a su alrededor… Cubrió los cadáveres con telas, luego salió y fue a sentarse en una colina […] decidido a dejarse morir. Al sexto día tuvo todavía suficientes fuerzas para volver a su tienda, echarse junto a los cadáveres, cubrirse con la manta y esperar la muerte, que le llegó al noveno día de su ayuno.”

Serían de los últimos grandes afectados. En 1832 el gobierno de los EEUU emprendió un programa de vacunación masiva y, apartir de ahí las epidemias serían progresivamente menos mortíferas.

RESPONSABILIDAD DE LOS EUROPEOS

Tradicionalmente, se ha disculpado a los europeos de estas tragedias ya que se ha considerado que estos no podían saber las consecuencias que su contacto tendría sobre los indígenas. Pero esto no es del todo cierto.

Por una parte, las grandes epidemias de la historia (y las de viruela en América no son una excepción) han tenido cierta tendencia a producirse en épocas de hambre. La enfermedad está ahí, agazapada, matando a unas pocas personas al año, pero sólo cuando se produce la hambruna es cuando la enfermedad de pronto empieza a crecer y se convierte en epidemia.

Y es innegable que la presencia de los europeos tuvo mucho que ver en el hecho de que las poblaciones amerindias sufrieran los efectos del hambre.

Por otra parte, no debemos olvidar el hecho de que los europeos generalmente se alegraban cada vez que surgía una epidemia, y de hecho las consideraban enviada por Dios. Algunas veces, incluso, se dio un paso más allá:

El general británico Amherstm, en Fort Pitt (en la actual Pennsylvania) ordenó en 1763 “propagar la viruela entre esa chusma”, a lo cual su subordinado. el coronel Henry Bouquet, respondió que ya lo había hecho por el procedimiento de regalarles o venderles mantas contaminadas. El método “de las mantas contaminadas” pudo ser un proceso bastante común, a juzgar por lo que nos cuentan las fuentes.

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Caballería polaca contra panzers alemanes

26 julio 08

Caballería polaca

1 de septiembre de 1939. Un acorazado alemán bombardea, sin previo aviso, una guarnición polaca cercana a Danzig. Pocas horas después, la impresionante marea humana y material que entonces era el ejército alemán cruza la frontera. El 3 de septiembre el Reino Unido y la República Francesa le declaran la guerra a Alemania. Ha comenzado la II Guerra Mundial.

La superioridad alemana con respecto a sus enemigos polacos era simplemente aplastante. Alemania gastó en su ejército 24.000 millones de dólares (de la época) entre 1934 y 1936. En el mismo periodo los polacos habían dedicado 760 millones. Sólo en infantería, Alemania lanzó contra Polonia 37 divisiones frente a las 23 que pudieron oponer los polacos. Por si fuera poco, las divisiones alemanas estaban completas y equipadas con armamento y (sobretodo) medios de transporte modernos, mientras que las polacas habían sido formadas apresuradamente y pocas de ellas estaban completas. Alemania contaba con 5.805 cañones de campaña contra 2.065, 2.511 tanques contra 615, etc.

La estrategia polaca consistía en resistir. Para ello lo mejor habría sido un repliegue táctico hasta la zona central del país, donde los pantanos, los bosques y las malas comunicaciones facilitarían la defensa. Pero esta estrategia corría el riesgo de que los alemanes ocuparan con facilidad la mitad del territorio polaco (la mitad más poblada y más rica) y los franceses e ingleses no hicieran nada, como había sucedido con los Sudetes.

Así que los polacos estaban dispuestos a resistir lo más al oeste posible, mientras esperaban una ofensiva francesa en el Rin que obligara a los alemanes a aflojar su presión sobre Polonia.

Los alemanes por el contrario se basaban en la hipótesis de que Francia no entraría en guerra a causa de Polonia, Hitler estaba convencido de ello. Así que cometieron la temeridad de volcar hacia el este prácticamente todo su ejército. Si Francia hubiera realizdo una ofensiva entonces, poco habría podido oponer Alemania y la II Guerra Mundial hubiera durado un mes en vez de seis años. Pero Francia tenía otra mentalidad.

Ante la inmensa desproporción de medios, al ejército polaco sólo le quedó recurrir al heroísmo, pero el valor sin medios sirve de poco, especialmente ante unas tácticas novedosas que sorprendieron no sólo a los polacos, sino al mundo entero. En tan sólo un mes, todo el país había sido ocupado. Un último intento polaco de replegar su ejército hacia Hungría, para viajar luego hasta Francia y seguir la guerra desde allí, fue imposibilitado por la invasión soviética. Entonces aliados con los nazis, aprovecharon la coyuntura para ampliar sus propias fronteras.

Encuentro entre oficiales alemanes y soviéticos en Polonia

Posiblemente, la imagen que más poderosamente nos ha quedado de esta guerra ha sido la de los lanceros polacos cargando contra tanques alemanes, inmortalizada en documentales y películas y reflejada en infinidad de libros sobre el conflicto. Todo un símbolo de la desesperación de unas gentes valientes, pero impotentes ante una tecnología infinitamente superior.

Es indiferente que, en realidad, tal carga nunca haya existido. Los numerosos enfrentamientos entre caballería polaca y panzers alemanes se producían con los soldados polacos luchando a pie, como infantería, y utilizando sólo la caballería para desplazarse rápidamente a otros lugares del frente. Es indiferente que, lejos de actuar de un modo suicida, la caballería de élite polaca fueran los que más problemas dieran a los alemanes en su avance. En el fondo, la gente nos movemos por símbolos. Y esa imagen de las lanzas contra los tanques es una imagen muy poderosa sobre un pueblo que fue abandonado a sus propios medios cuando se vieron atacados por la tiranía y la sinrazón.

Artillería antitanque de la caballería polaca

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La Piedra Rosetta

30 enero 07

Aquel verano de 1799, en la población de Port Julien, junto a la antigua fortaleza de Rosetta, un grupo de soldados franceses se encontraban fortificando sus posiciones. Formaban parte de una expedición al mando de Napoleón, desastrosa en lo militar pero muy fructífera en lo científico.

Uno de los picos franceses, ocupado en excavar una trinchera, tropezó con algo duro. Seguramente el francés que se encontraba al otro lado del pico sintió fustración al creer haber encontrado una roca. Pero la decepción debió convertirse en satisfacción al examinarla y descubrir que tenía inscripciones en ella. El soldado había encontrado el pretexto que, sabía, le libraría del abrasador sol del agosto egipcio durante unas horas.

Acudió al oficial Dhautpoul para informarle de que había encontrado una piedra con extraños textos, y este mandó que se retirara el hallazgo con cuidado. El mismo oficial Dhautpoul advirtió que la piedra estaba escrita en tres idiomas, egipcio jeroglífico, un idioma que no supo identificar (se trataba de demótico) y griego. Se había encontrado la llamada Piedra Rosetta, probablemente el hallazgo arqueológico que más trascendencia haya tenido en la historia de las investigaciones sobre el Antiguo Egipto.

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La expedición francesa a Egipto era la primera gran operación en el extranjero de la Francia del Directorio, y estaban dispuestos a marcar un antes y un después. Los militares iban acompañados de gran cantidad de expertos científicos, con lo que se pretendía mostrar al mundo lo ilustrado de la joven República Francesa. Los expertos volverían deslumbrados por lo encontrado en tan lejanas tierras, e iniciarían en Europa la pasión por el Antiguo Egipto que, posiblemente, se puede decir que ha perdurado hasta la actualidad.

El texto en griego fue traducido al francés muy rápidamente, todavía en el mismo Egipto. A ningún experto se le escapaba la importancia del descubrimiento, podría ser la clave que permitiera descifrar los jeroglíficos egipcios. Inmediatamente los franceses realizaron varias copias de la inscripción. Copias que les serían muy útiles, porque tras su derrota frente a los ingleses, tuvieron que entregarles todas las obras artísticas que habían recogida (incluida la Piedra Rosetta), por lo que fueron esas copias las únicas que pudieron llegar a Francia.

El misterio de la Piedra Rosetta apasionaría a toda Europa durante años. El texto en demótico fue traducido relativamente rápido, basándose en el copto. De esta forma se demostraron dos importantes teorías, que el copto era un idioma procedente del idioma que hablaba los antiguos egipcios y que los tres idiomas que aparecían en la piedra Rosetta decían lo mismo.

El inglés Thomas Young, analizando la Piedra Rosetta y comparándola con otras inscripciones de las que se sabía el faraón que mencionaban, descubrió la forma como se escribían los nombres de los faraones en los textos jeroglíficos (en los llamados cartuchos). Gracias a ello, estudiando otros textos, consiguió identificar 204 palabras. Era la primera vez que se conocía alguna palabra jeroglífica.

Pero la traducción total la lograría un joven de tan sólo 18 años llamado Jean-François Champollion, del cual dice la leyenda que con 12 años ya había anunciado “¡Leeré, leeré los jeroglíficos cuando sea mayor!”.

A Champollion se le ocurrió una idea absolutamente revolucionaria. La de considerar que los jeroglíficos tenían un componente fonético (como nuestros alfabetos) y no sólo idiográfico (un símbolo = una palabra) como se daba por supuesto.

Recogió los jeroglíficos que Young había identificado como el nombre de Ptolomeo y observó que cada uno se correspondía con el dibujo de algo que, en copto, empezaba con una sílaba que unidas formaban la palabra Ptlomys. Repitió el experimento con más faraones de los identificados por Young, como Cleopatra, de la que leyó Cliopatra.

Emocionado con este descubrimiento, realizó la misma operación sobre todo el texto, pero descubrió que no siempre era válido. En realidad, el egipcio jeroglífico tampoco era una escritura puramente fonética, como la nuestra, sino un intermedio entre escritura alfabética e idiomática que, mediante distintos signos, indica al lector si debe ser leído de una forma o de otra. Una vez comprendido esto, la traducción salío por sí misma en muy poco tiempo. En 1822, el jovencísimo Champollion escribe una carta al secretario de la Académie des Inscriptions et Belles Lettres y en 1824 publicará su libro Précis du système hiéroglyphique des Anciens Égyptiens, 1.419 palabras jeroglíficas habían sido descifradas. Y gracias a ellas, y al método de Champollion otras muchas fueron descifradas en muy poco tiempo.

De pronto, los miles de textos jeroglíficos conocidos podían ser leídos, y un aluvión de información sobre el Antiguo Egipcio quedó al alcance de los investigadores europeos.

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Y Francia se rindió…

28 enero 07

22 de junio de 1940 la República Francesa, el símbolo de la libertad y la democracia, se rendía ante la Alemania Nazi.

En apenas unas semanas, el ejército francés, considerado el más poderoso del mundo, había sido derrotado, desmoralizado y humillado. Para comprender como es esto posible, debemos retrotraernos a la anterior guerra mundial, la Gran Guerra.

El 11 de noviembre de 1918, en el mismo vagón de tren y en el mismo lugar que 32 años después Francia se rendiría a Hitler, era muy distinta la situación. Mismos países, Alemania y Francia, pero opuestos resultados, eran por entonces los germanos los que se rendían ante la República Francesa. Entonces era Alemania la humillada.

Los franceses habían luchado con gran valor, habían sufrido una larga guerra en la que tuvieron que realizar increíbles sacrificios, pero habían ganado. Había sido un esfuerzo épico, heróico. Algo que recordaría la posteridad. Se habían hecho bien las cosas. Los generales que habían llevado a Francia a la victoria eran héroes.

En cambio, en Alemania, la cosa era muy distinta. Los alemanes habían sufrido lo mismo que los franceses en el frente, y más en la retaguardia, a causa de los bloqueos. Y encima, todo había sido en balde. Habían perdido la guerra. Todo se había hecho mal, desde el principio hasta el fin, la Gran Guerra al completo había sido un error. Los generales, y las tácticas utilizadas, habían resultado equivocados.

La postguerra fue muy dura para Alemania. El Tratado de Versalles pesó gravemente durante los años 20, pero se volvió insoportable apartir del Crack de Nueva York y la Gran Depresión subsiguiente. Los franceses sufrieron también la crisis, claro está, pero no de una forma tan dura.

Los franceses que tenían edad militar en 1940, eran los hijos de los que habían luchado en la Gran Guerra, y habían crecido oyendo los terribles relatos de las trincheras. La generación que votaba y trabajaba en 1940 era la misma que de jóvenes habían conocido el horror de la guerra. No querían una nueva, sabían muy bien lo que era y no querían enviar allí a sus hijos.

Los alemanes tenían ansia de venganza. Sabían que el estado de prostación que sufría Alemania se debía a su derrota y querían que una nueva guerra pusieran las cosas “en su sitio”.

Los franceses fueron a la guerra de mala gana y obligados. Los alemanes lo deseaban. Los franceses querían emplear las mismas tácticas que habían funcionado en la Gran Guerra, los alemanes venían con un montón de nuevas ideas que superaran los errores de aquellos tiempos.

Sobre el papel, la fama del poderío del ejército francés no era desmedida. “Menos mal que existe el ejército francés” había dicho Churchill unos años antes.

El frente francés del norte, donde se produjo la catástrofe, contaba con 144 divisiones francesas e inglesas, contra 140 alemanas. Los franceses tenían 2.300 tanques, a los que habría que sumar los 289 británicos mientras que los alemanes contaban con 2.580. Los aviones de caza franceses eran cerca de 2.000, frente a aproximadamente un millar de alemanes. La armada francesa, muy superior a la germana, no llegó a tener ninguna importancia real en el conflicto.

Lo dicho sobre la cantidad, también es válido para la calidad tecnológica. El armamento francés era perfectamente comprable con el alemán. De hecho, los tanques franceses eran superiores en blindaje y calibre a los alemanes.

Otra cosa muy distinta era la forma como cada uno de los dos bandos utilizaban sus respectivos recursos.

Francia había levantado la llamada Línea Maginot como forma de asegurarse que no iba a volver a ser invadida por Alemania. Se trataba de una impresionante (y carísima) línea defensiva que parecía totalmente inexpugnable. Pero había dos puntos que no estaban cubiertos por la Línea Maginot. Uno de ellos era la frontera con Bélgica, el otro era el llamado paso de las Ardenas. Una zona boscosa y pantanosa que los franceses consideraban infranqueable para un ejército moderno.

La Línea Maginot se había llevado la mayor parte del presupuesto francés de defensa de los últimos años, y sin embargo no sirvió de nada. Francia le declaró la guerra a Alemania cuando esta invadió a Polonia. Lo lógico habría sido realizar una ofensiva inmediata que sirviera para aliviar la situación de los polacos, tanto desde los criterios de la táctica moderna como de la antigua. Pero los franceses se quedaron tras la Línea Maginot. Con la cantidad de dinero que se habían gastado en ella, no iban a avanzar y establecer un frente fuera de ella.

Alemania pudo invadir a Polonia a placer, mientras tropas de infantería, con material anticuado, defendían su frontera de unos franceses que, por no atacar, ni si quiera lanzaban ataques aéreos (temían represalias de la luftwaffe). Una vez vencido el ejército polaco, pudieron concentrar sus mejores fuerzas sobre Francia.

Apesar de que se pensara que era imposible, Las Ardenas fueron cruzadas por las fuerzas alemanas. El estrechísimo paso elegido, por el que los tanques tuvieron que pasar de uno en uno, no pudo ser defendido por las escasísimas tropas francesas destacadas en el lugar.

Apesar de que la Línea Maginot había sido cruzada, los franceses todavía podrían haber contenido el ataque, si hubieran reaccionado a tiempo, pero no lo hicieron.

Los alemanes habían agrupado sus tanques en divisiones blindadas. Avanzando en estrecha colaboración con la aviación, los franceses no tenían nada capaz de parar tal concentración de blindados. En cambio, los franceses tenían sus tanques adscritos a la infantería, diseminados por todo el territorio. La consecuencia fue que, apesar de que los aliados contaban con más tanques que los alemanes, en todos los enfrentamientos de importancia los germanos contaron con una aplastante superioridad numérica.

El ataque sobre Francia fue dirigido por Guderian, un general de 52 años, fírmemente convencido de la importancia de la colaboración entre fuerzas aéreas y blindadas. Los franceses tenían en su más alto mando a Gamelin, un héroe de la Gran Guerra de 68 años, un gran general en 1914 que tenía sus capacidades mentales muy seriamente mermadas a causa de la sífilis.

Gamelin organizó su ejército a ejemplo de la I Guerra Mundial. Creó una infinidad de complicaciones burocráticas que a la práctica sólo sirvió para inmovilizar sus fuerzas. El ejército francés no utilizaba la radio, Gamelin apostaba por un sistema de mensajeros que se desplazaban en moto. Los blindados franceses casi, casi, estaban aparacados inactivos, Gamelin no creía en ellos. Las fuerzas terrestres y la aviación no tenían ni la más evidente coordinación, todas las decisiones debían pasar por Gamelin en París, lo que implicaba uno o dos días después. Aproximadamente dos tercios de los aparatos de aviación francesa nunca llegaron a despegar.

Pero lo peor sucedió cuando la tensión acució sus crisis mentales, que habían pasado desapercibidas. Gamelin alarmó a sus generales cuando estos comprobaron que el general en jefe sufría pérdidas de memoria y en ocasiones confundía el conflicto que estaban viviendo con la Gran Guerra.

Cuando los alemanes lanzaron su gran operación, la crisis dejó en evidencia la inectitud de Gamelin. El mando central diseñaba líneas defensivas que ya habían sido cruzadas mucho antes de que se emitieran las primeras órdenes para formarlas.

El gobierno francés, aterrado, sólo tuvo claro que había que destituir a Gamelin. Sin saber que hacer, llamaron a otro héroe de la I Guerra Mundial, Petain, de 84 años que ocupó el cargo de vicepresidente. Su primera decisión fue sustituir a Gamelin por Weygand, de 73 años. Grandes generales en el conflicto anterior, pero seguramente no las personas adecuadas para proporcionar el imprescindible revulsivo que necesitaban las fuerzas francesas.

Petain y Weygand nunca creyeron que existiera ninguna posibilidad de victoria. Su ideología de extrema derecha les hacía pensar que la rendición ante Alemania, en realidad, no era tan mala. Cuando el alto mando está convencido de que no existe ninguna posibilidad de victoria, difícilmente podría aumentar la moral de los combatientes.

A diferencia de Gamelin, y apesar de su edad, tanto Petain y Weygand eran muy inteligentes. Y fueron muy eficaces como agentes derrotistas. Cuando Churchill intentó pelotearle recordándole una de sus principales victorias en la I Guerra Mundial, Petain le respondió recordándole a su vez que por entonces contaba con una reserva de cincuenta divisiones, cifra equivalente a las fuerzas expedicionarias que Gran Bretaña había enviado en apoyo a Francia, mientras que en la actualidad Francia carecía de reservas y tan sólo había dos divisiones británicas en combate.

A favor de ellos hay que reconocerles que consiguieron asegurarse de que la flota francesa no pasara a ser controlada por los alemanes. Si no hubiera sido así, seguramente Gran Bretaña hubiera tenido aún mucho más dificil su supervivencia los meses subsiguientes.

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Alejandro se presentó ante Tiro

26 enero 07

El asedio de Tiro por Alejandro Magno era uno de los hechos de armas más conocido de la antigüedad, sin embargo no es tan conocido entre el gran público de la actualidad. Posiblemente por lo poco cinematográfico que tiene un asedio.

Era Alejandro hijo de Filipo de Macedonia, un rey que había convertido su montañés reino guerrero en la potencia hegemónica de Grecia.

El hijo no guardaba una buena relación con el padre, y Alejandro decidió superar los logros de Filipo. Pocas veces un hijo ensombrece a un gran padre, pero efectivamente fue el caso. Una vez dominada Grecia, sólo había una forma de superar los logros de Filipo. Invadir al Imperio Persa.

El Imperio Persa era todo un mundo en sí mismo. Desde el Indo hasta el Bósforo, desde Afganistán hasta Egipto, los dominios del Gran Rey eran la formación política más grande que jamás había existido en el mundo conocido por los griegos. Pero, en los tiempos de Alejandro, el Imperio Persa ya no era la formidable potencia que había llegado a arrasar Atenas. Los atenienses habían disputado su dominio sobre las ciudades helenas de Asia Menor (actual Turquía), incluso un ejército de mercenarios griegos habían regresado desde Persépolis hasta el Mediterráneo sin que el Gran Rey pudiera impedirlo.

Eso sí, una cosa era vencer en operaciones audaces a ejércitos concretos del poderoso Imperio Persa y otra muy distinta invadirlo y destruirlo. Cuando las fuerzas de Alejandro derrotan al Gran Rey en persona en la batalla de Issos, todo el mundo lo considera el culmen de lo alcanzable. Pero Alejandro quiere continuar. Dos posibilidades se abren ante él. La más inteligente probablemente sería seguir las conclusiones que había deducido de la lectura de la Anabasis y continuar con un ataque rápido contundente que impidiera a los persas aprovechar sus inmensas pero dispersas fuerzas (hoy lo llamaríamos blitzkrieg). La otra opción era girar hacia el sur y arrebatarle al persa el dominio de las ciudades fenicias e, incluso, de Egipto impidiendo así cualquier posible ataque futuro contra Grecia.

Alejandro, quizás confiado en su capacidad para ganar cualquier batalla, se dirigió hacia el sur, dándole a los persas tiempo para recuperar sus fuerzas. Oportunidad que los persas no aprovecharon, pero eso es tema para otro artículo.

El avance de Alejandro hacia el sur empezó siendo muy prometedor, los fenicios no podían imaginarse tener que enfrentarse a los griegos por tierra y las grandes ciudades, con Biblos y Sidón a la cabeza, se fueron rindiendo… hasta que las fuerzas macedónicas alcanzaron Tiro.

Confiaba Tiro en su fama de invulnerabilidad. Se consideraba (y se siguió considerando hasta los tiempos de las Cruzadas) prácticamente inexpugnable. La ciudad se encontraba sobre una isla a setecientos metros de la costa. La isla, a su vez, estaba rodeada por una muralla de 45 metros de altura que se alzaba justo donde empezaba el mar. Dentro vivía una de las principales poblaciones fenicias, abastecida y defendida por una de las más nutridas flotas del Mediterráneo. Nada parecería vencer a los tirios, si estos estaban dispuestos a resistir… Y la intención de resistir por parte de los tirios quedó de manifiesto cuando Alejandro les envió unos embajadores con la primera propuesta de rendición y estos fueron arrojados al mar desde las murallas.

Sin duda debió ser un momento complicado para Alejandro. El secreto del éxito contra los persas era la velocidad, detenerse meses y meses frente a Tiro era peligroso. Pero una vez ahí, no podía retroceder. Era Alejandro, nada servía más para aguzar su orgullo que el que algo tuviera leyenda de ser imposible. ¿Era imposible asaltar Tiro? él demostraría que no lo era.

Se inició el sitio de Tiro.

La táctica a seguir para tomar la ciudad, era clara. Sin una flota capaz de bloquear los dos puertos de la isla, no podría contar con la rendición por hambre. También era imposible el asalto marítimo por el mismo motivo. Sólo podría tomar la isla mediante un ataque por tierra. Y para ello debía convertir el mar en tierra.

Un ejército de zapadores recultados a la fuerza entre los habitantes de la zona, bajo la dirección de Diades (del que se dijo que “fue el hombre que tomó Tiro con Alejandro”) iniciaron la construcción de un enorme dique capaz de llegar hasta la isla. Para ello se dedicaron a clavar en el agua grandes estacas y troncos que rellenaron con piedras y tierra.

Pero los tirios no estaban por la labor de quedarse sentados comiendo altramuces mientras los zapadores de Diades les acercaban poco a poco al continente. Grandes artefactos empezaron a lanzar enormes piedras contra la construcción y sus obreros. Los barcos tirios se acercaban peligrosamente lanzando nubes de flechas.

Los macedonios por su parte, construyeron manteletes de tela y piedra que sirvieran de cobertura a sus trabajadores, y colocaron en el extremo del dique dos grandes torres de madera equipadas con catapultas. No se sabe como se las ingeniaron para que las torres avanzaran con la construcción, probablemente estuvieran dotadas de ruedas.

Hasta que un día los fenicios cargaron uno de sus barcos más grandes con pez y azufre y lo lanzaron, aprovechando un fuerte viento faborable, contra la construcción. El buque iba muy cargado en la popa, de tal forma que la popa iba levantada y gracias al fuerte impulso y su fondo plano, se “montó” sobre el espigón varios metros. Las trirremes tirias empezaron entonces a lanzar todo tipo de material incendiario sobre la construcción, y grupos de soldados aprovechaban la confusión para desembarcar en puntos estratégicos matando a grupos de trabajadores y extendiendo el fuego. Por si fuera poco, cuando los tirios se retiraron un fuerte temporal acabó con lo que quedaba. En un sólo día, se destruyó el trabajo de meses.

Pero no iban los macedónicos a darse por derrotados. Inmediatamente se empezó a construir un nuevo dique, esta vez más al norte (mejor protegido de los vientos) y de mayor embargadura. Las estacas eran ahora de mayor tamaño, la tierra de relleno era sustituida por piedra y cada pocos metros se construirían torres fijas que mantendrían permanentemente batallones de catapultas y arqueros.

Pero una nueva y desagradable sorpresa le esperaba a los defensores de la isla. Mientras realizaron una salida de rutina con su flota, avistaron buques enemigos. En un primer momento se prepararon para enfrentarlos, pero quedaron sobrecogidos al ver su gran número y decidieron refugiarse en puerto. Alejandro había obligado a las demás poblaciones fenicias a unir su flota al esfuerzo bélico y, apartir de ahora, los tirios encontrarían una fuerte oposición naval.

La necesidad agudiza el ingenio, y los defensores ensayaron nuevas tácticas. Valientes nadadores se deslizaban de noche por la muralla para acercarse hasta los pilares del dique, atándolos a cabos de los que se tiraba desde la ciudad, para desestabilizar la construcción. Los macedonios por su parte unieron varios barcos y colocaron sobre ellos grandes torres de asalto que acercaban hasta la muralla con la intención de asaltarla. Como respuesta a esta amenaza, los isleños construyeron grandes grúas que soltaban rocas sobre los barcos que se acercaban demasiado y arrojaron frente a la muralla grandes piedras que dificultaran la navegación. Los macedonios empezaron a atar cabos a las pierdas para arrastrarlas con los barcos a donde no molestaran. Los tirios a su vez enviaron buceadores que cortaran las cuerdas. Pero nada pudieron hacer cuando las cuerdas fueron sustituidas por cadenas.

El ingenio demostrado por unos y otros resultó inagotable. A falta de aceite, los tirios calentaban arena de playa que se deslizaba por entre la coraza y el cuerpo, provocando horribles quemaduras. La muralla fue reforzada con todo lo que se encontró y, a falta de otra cosa, cubierta con sacos llenos de algas que sirvieran para amortiguar los impactos de las piedras asaltantes.

Pero el dique seguía y seguía acercándose. Viendo la guerra perdida, los tirios intentaron romper el bloqueo de la flota enemiga con la intención de huir hacia Cartago. Aprovechando la sorpresa cerca estuvieron de hacerlo pero las fuerzas macedónicas respondieron con gran velocidad impidiéndolo.

Finalmente, el dique fue finalizado y grandes torres de asalto avanzaron por él para salvar la muralla. El asalto fue rechazado, no sin cierta dificultad. Pero vendrían nuevos ataques.

Entonces Alejandro decidió dar descanso durante un par de días a sus tropas, por motivos no conocidos. Probablemente lanzara un ultimatum a la población antes de realizar el asalto final.

Este se realizó por cuatro puntos, siete meses llevaban los macedónicos detenidos ante Tirio, no iban a escatimar esfuerzos ahora que estaba tan cerca la victoria. La flota se dividió en tres partes que intentaron el desembarco por ambos puertos y por un sector de la muralla que se encontraba especialmente dañado, el cuarto ataque se realizaba desde el dique. El primer grupo asaltante con éxito fue el de aquellos que atacaban desde el mar la muralla. Fueron capaces de terminar de destruir la muralla, desembarcar entre los escombros y contactar con las fuerzas que atacaban desde el dique. La suerte de la ciudad estaba echada.

Los macedónios perdonaron la vida a aquellos tirios que se refugiaron en los templos (mujeres y niños principalmente) lo que no impidió que 8.000 tirios murieran aquel día, según Arriano. Los sobrevivientes fueron vendidos como esclavos, salvo los ciudadanos cartagineses que se encontraban en la ciudad (Alejandro no quería problemas diplomáticos con la gran potencia naval) y unos quince mil tirios que, según se dice, fueron escondidos por los marinos de Sidón, ciudad que tradicionalmente había sido aliada de Tiro aunque en esta ocasión fuera obligada a prestar su flota a Alejandro. El dique construido por los atacantes se quedó allí, y con el tiempo acabó formando un itsmo. Tiro nunca más sería una isla.

Poco después de Tiro, Alejandro todavía tuvo que sostener otro sitio en Gaza, esta vez de tan solo dos meses. Después de ocupar ambas ciudades, la flota fenicia nunca más sería una amenaza para los griegos y las puertas de Egipto se le abrieron de par en par. Mientras tanto, los persas seguían derrochando la tregua que les concedía su enemigo.

Quizás, contra un enemigo más habil, todo el tiempo perdido sitiando Tirio podría no haber sido considerado como una gran hazaña bélica sino como el mayor error que Alejandro pudo cometer.
Nunca lo sabremos.

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Las primeras monedas cristianas… con textos en árabe

24 enero 07

Corría el sXI. La Península Ibérica estaba ocupada por una serie de reinos cristianos (en su tercio norte) y unos cuantos reinos musulmanes (el resto del territorio). A causa de su mayor belicosidad, los reinos del norte habían obligado a los del sur a pagar un tributo anual, las parias.

Por medio de este chantaje (o nos pagas tú o vamos nosotros y lo cojemos), empezó a afluir hacia la Europa cristiana una gran cantidad de moneda en oro y plata que tras pasar por manos del rey, iba redistribuyéndose y poniéndose en circulación, alcanzando algunas lejanos países, como Suecia o Polonia. Puede parecer hoy en día un poco extraño, pero en el fondo es muy sencillo. Por aquel entonces las monedas valían su valor en metal precioso, los romanos habían experimentado con monedas de valor más alto al de su metal (como las actuales) pero tal avance había sido abandonado.

Valiendo las monedas lo que pesaban, circulaban libremente de país en país. En realidad, ¿qué importancia tenía el país que la acuñara? hoy en día, una moneda extranjera no suele circular por otro país, sin embargo entonces era algo muy habitual. Las monedas de origen islámico eran de gran calidad, y se volvieron rápidamente las más prestigiosas que pudieran obtenerse en el norte de la península.

Pero, a finales del sXII, los reinos de taifas se liberaron de su obligación de pagar parias (desarrollaron un ejército equivalente al de los norteños, vamos) y el rey de Castilla, Alfonso VIII, se vio obligado a crear su propia moneda ante el riesgo de paralización del comercio castellano. Había nacido la primera moneda castellana.

Pero claro, no se puede crear una moneda desde cero y pretender que tenga prestigio. Lo más fácil es copiar una ya conocida. El maravedí árabe por ejemplo. Ventajas de unos tiempos en los que no existía la SGAE.

El maravedí castellano de Alfonso VIII era un plag… un homenaje del árabe. No sólo por tener la misma cantidad de oro (3.80 gramos) sino que, al igual que las monedas islámicas, no tenían ilustraciones (por motivos religiosos, en el caso islámico). En vez de ilustraciones y de ponernos el típico careto del rey de turno, aquellos maravedíes estaban cubiertos por textos… en árabe. Que le vamos a hacer, una moneda en latín no sería igual de prestigiosa.

Si alguien consiguiera una de estas monedas (advierto que son carillas), podría leer en un perfecto árabe el siguiente texto: “El príncipe de los católicos Alfonso hijo de Sancho ayúdele Dios y protéjale”, “el imán de la Iglesia cristiana el Papa de Roma la Mayor”, “Se acuñó este dinar en Toledo año 1213 de la Era de Safar” (1175 después de Cristo), “En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo el que crea y sea bautizado se salvará”.

Los maravedís cristianos, en sus distintas versiones (incluyendo plata y cobre) circularon por la Península hasta su definitiva retirada en tiempos de Isabel II (sXIX). Pero sospecho (aunque no lo sé) que con el tiempo los textos en árabe se irían dejando de lado a favor de otros “en cristiano”.

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