La intransigencia de Felipe II, la absurda ejecución del duque de Egmont y el inicio de las guerras de Flandes

22 febrero 09

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Eran los Paises Bajos, a principios de la Edad Moderna, un conjunto de territorios de gran complejidad política, repleto de juegos de alianzas y contrapesos entre nobles, eclesiásticos y burgueses.

Tras el breve reinado de Felipe I (el hermoso), su hijo heredó los Paises bajos con el título de Carlos II. Después acabaría heredando los reinos de Castilla y León y los reinos de Aragón con el título de Carlos I y, finalmente, el Sacro Imperio Románo-Germánico con el título de Carlos V.

Carlos II había crecido en Flandes y conocía bien los tejemanejes del Señorío y, aunque residió pocas veces en los mismos Paises Bajos, durante su reinado el territorio se mantuvo pacífico. Es posible que el Emperador se imaginara que, sin embargo, su hijo no sería capaz de comprender Flandes, porque en varias ocasiones intentó desligarlo de su herencia. Pero no pudo ser y Felipe II heredaría un Señorío demasiado complejo para una mentalidad autócrata.

Felipe II carecía de la cintura política de su padre y desde el principio intentó gobernar, desde Madrid, férreamente todo el territorio flamenco. Siendo, por si fuera poco, mucho más intolerante en cuestiones religiosas de lo que había sido su padre, impuso la Inquisición en Flandes con instrucciones de realizar su labor con especial dureza. El protestantismo se extendía por el norte de Flandes, y el afán del Rey por combatirlo fue tan desmedido que gran parte del clero le recriminó su dureza.

Los nobles estaban descontentos por su pérdida de poder, los protestantes estaban descontentos por la persecución que sufrían, los burgueses estaban descontentos por las cortapisas a su enriquecimiento. En 1566 una rebelión popular protestante mostró su enfado quemando y destruyendo imagenes católicas. Cuando la gobernadora Margarita de Austria pidió ayuda a la nobleza, esta se negó a apoyarla. Al final Margarita conseguiría devolver la paz al territorio, cediendo… Lo cual hizo que su hermano Felipe II decidiera destituirla y nombrar al Duque de Alba.

La noticia de que iba a llegar el Duque de Alba sembró temor entre muchos de los que se habían destacado en sus críticas a Felipe II. Pero no entre los condes de Egmont y Horn. Aunque habían sido bastante críticos con el gobierno de Margarita de Austria, eran católicos y habían demostrado en infinidad de ocasiones su fidelidad hacia Felipe II, y no creyeron estar en peligro.  Egmont en particular, había sido compañero de armas del Duque de Alba en San Quintín y Gravelinas ¿por qué iba a temer de él?

Ambos fueron ejecutados públicamente. Las órdenes del Rey eran claras y el Duque de Alba gobernaría con mano de hierro, ensangrentada, toda la provincia… llevándola a la rebelión abierta.

Guillermo de Orange, por su parte, calvinista y de lealtad mucho más dudosa hacia Felipe II, huyó antes de la llegada del Duque de Alba. Poco después dirigiría el inicio de la Guerra de los 80 años, la primera de las guerras que, durante 150 años, marcarían la política exterior de los hagsburgo y lastrarían su imperio.

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Gail Kastner y el Dr. Shock

10 febrero 09

Esta es una de esas historias que uno cree que sólo puede encontrarse en una película o en una partida de Kult. Desgraciadamente, no es el caso. Debo comenzar avisando a mis lectores más sensibles que hoy os voy a contar algo horrible.

La periodista Naomi Klein, en su impactante libro La doctrina del Shock, nos narra su entrevista con Gail Kastner, una de las víctimas del doctor Ewen Cameron, también conocido como el Dr. Shock.

Gail Kastner era incapaz de recordar casi nada de lo que le había sucedido antes de los 20 años. También era incapaz de comprender porque una chispa eléctrica le producía un ataque de pánico incontrolable o porqué le temblaban las manos cada vez que quería enchufar el secador de pelo.

Gail Kastner sabía que, de joven, había sufrido depresiones, había sido adicta a medicamentos y había llegado a sufrir crisis nerviosas tan fuertes que había terminado en coma en un hospital.

Su hermana gemela le había hablado de un tiempo, inmediatamente anterior a todo esto, en el que había tenido que cuidarla. Gail Kastner se orinaba en cualquier lugar, se chupaba el dedo y trataba de quitarle el biberón a su sobrino. Ella no recordaba nada de esta etapa. Ni de nadaanterior.

Ignorante de su pasado, e incapaz de hablar con una familia que le había dado la espalda, se pasó años sin comprender nada o suponiendo que se trataba de una serie de enfermedades mentales que, desgraciadamente, ella padecía como se puede padecer cualquier enfermedad.

Un día, se encontró con una noticia de periódico que le dio una pista sobre lo que podría haberle pasado. En la noticia se hablaba de personas que habían sufrido una investigación pagada por la CIA y realizada por un médico de Montreal. Las víctimas del experimento sufrían unos síntomas muy similares a los suyos.

Con esta pista, Gail Kastner empezó una lucha por recuperar su pasado. Y leyendo informes del Allan Memorial Institute, Gail Kastner se encontró con textos que hablaban de ella en circunstancias que había vivido pero era incapaz de recordar. Debe ser muy extraño leer sobre uno mismo como si fuera otra persona.

Eran los años cincuenta. Gail Kastner, con 18 años es una estudiante de enfermería con un curriculum prometedor, pero una serie de crisis de ansiedad la hicieron acudir al Allan Memorial Institute.

En el Allan Memorial Institute trabajaba el dr Ewen Cameron, una eminencia tan prestigiosa que incluso había participado como asesor en los juicios de Nuremberg. El propio Cameron escribirá sobre su primera entrevista con Kastner que se trata de una chica “razonablemente bien equilibrada” que sufre ataques psicológicos por parte de un padre demasiado autoritario.

¿Por qué un psiquiatra de fama internacional se interesa por una paciente con un cuadro sumamente habitual? En realidad, el caso de Kastner no era extraño. Revisando los pacientes que solía tratar el Dr Cameron nos encontraremos con infinidad de problemas menores como  depresiones post-parto o crisis de ansiedad como las sufridas por Gail Kastner.

¿Por qué buscaba el Dr. Cameron pacientes relativamente sanos? porque, en realidad, el objetivo de sus técnicas no eran las personas enfermas, sino las personas sanas. El Dr. Cameron estaba buscando la forma de producir un lavado de cerebro.

Eran los tiempos más paranoicos de la Guerra Fría, y los juicios de Stalin en los que se veían a tantas personas autoinculpándose hicieron creer a la CIA que la URSS había desarrollado un método de lavado de cerebros. En realidad, el sistema que estaban empleando los soviéticos era mucho más efectivo, más antiguo y más simple. Torturaban y amenazaban a la familia de sus víctimas hasta que estas se veían obligadas a aceptar lo que se les pidiera.

El Dr. Cameron creía que podía destruir totalmente la psicología de sus pacientes, creando una mente vacía sobre la que poder construir una mentalidad sana. Estas afirmaciones llamaron la atención de la CIA que, bajo el pretexto de intentar desarrollar maneras de entrenar a sus espías para resistir lavados de cerebro, en realidad lo que querían era tener un método que poder utilizar.

Kastner entró en el Allan Memorial Institute con síntomas de ansiedad y siendo descrita como una persona “alegre, sociable y simpática”. Apenas unas semanas recibiendo el tratamiento del Dr Cameron escribirían de ella que muestra “un comportamiento infantil, expresaba ideas extrañas y aparentemente estaba en estado de alucinación y era destructiva.” Esta chica, que sacaba buenas notas, se mostraba ahora incapaz de contar hasta seis. Después se volvió “manipuladora, hostil y muy agresiva”. Más tarde “pasiva y apática, incapaz de reconocer a los miembros de su familia”. Finalmente, fue diagnosticada con “esquizofrenia” y “con claros rasgos histéricos”. Un cuadro muy distinto de los “ataques de ansiedad” con los que entró.

Los informes nos cuentan que, varias veces, Kastner intentó huir del hospital y que afirmaba que el tratamiento era “erróneo y nocivo”, sin que nadie le hiciera el más mínimo caso.

Para destruir la mente de sus pacientes, el Dr Cameron confiaba en los electroshócks, una herramienta que ya entonces empezaba a sembrar dudas, entre otros motivos porque se probó que provocaba pérdidas masivas de memoria (como la que sufre Kastner, incapaz de recordar nada de su infancia). Pero, precisamente, eso es lo que buscaba el Dr Cameron. Que el paciente olvidara aquellas cosas que habían creado su enferemdad mental. Es por ello que en el Allan Memorial Institute se aplicaban hasta ocho veces más electroshócks de los considerados por entonces como aceptables.

Pero los pacientes del Dr Cameron seguían aferrándose a sus personalidades, así que el Dr Cameron empezó a investigar como funcionan los mecanismos de defensa psicológica ante la tortura (aunque él jamás utilizó esta palabra). Llegó a la conclusión de que, para destruir sus defensas, era vital desorientar a sus víctimas, y para ello recurrió a cócteles de drogas que mezclaban alucinógenos, con antidepresivos, ansiolíticos… Kastner fue sometida a varios comas inducidos y se pasó días enteras bajo efectos de distintas drogas. Para intentar reconstruir una mentalidad sana en sus pacientes, el Dr Cameron utilizaba métodos tan infantiles como obligarles a escuchar mensajes del tipo “usted es una buena persona”. Al menos en una ocasión, el Dr Cameron obligó a un paciente a escuchar una cinta durante 101 días consecutivos.

Antes de contactar con el Dr Cameron, la CIA había experimentado con la privación sensorial, encerrando a voluntarios en habitaciones sin ningún estímulo sensorial. Apesar del dinero que cobraban los voluntarios, nadie aguantó esta situación durante más de dos días. El Dr Cameron sometió a sus víctimas a experimentos de privación sensorial que, al menos en una ocasión, duró hasta 35 días.

Los supervivientes de largos encierros y/o de torturas, suelen hablar de lo importante que son aquellas cosas que les atan al mundo. Que les recuerda que más allá del infierno, puede existir la felicidad. Es como el famoso Romance del Prisionero en el que un prisionero medieval nos canta: “que ni sé cuándo es de día / ni cuándo las noches son, /sino por una avecilla /que me cantaba el albor. /Matómela un ballestero; /déle Dios mal galardón.”


El Dr Cameron identificó esta ligadura como el último el último cabo al que se aferra la personalidad de su víctima. Y consideró que había que destruirlo para aniquilar su mentalidad.

El personal sanitario tenía prohibido hablar en presencia de las víctimas. La comida se servía de manera aleatoria. A veces, las víctimas eran inmovilizadas y se les colocaba cascos con música o sonidos estridentes como alarmas o llantos de bebé. Los demás sentidos también eran inutilizados, los ojos eran vendados, los dedos de las manos eran envueltos en cartón. Esta situación podía prolongarse durante días.

En otras ocasiones, por medio de drogas, el Dr Cameron sometía a sus pacientes a largos periodos de duermevela, en una especie de ensoñación constante que solía durar de quince a treinta días, aunque alguna víctima llegó a alcanzar los sesenta y cinco días. A veces, el Dr Cameron suministraba pequeñas dosis de curare, provocando una paralisis física que convertía a sus víctimas en prisioneras dentro de su propio cuerpo.

Los trabajos del Dr Cameron fueron financiados por la CIA hasta 1961. No fue hasta los años ochenta que la agencia se vería obligada a reconocer lo que, según un psicólogo de la agencia había sido “un terrible error”. Los archivos sobre estas investigaciones fueron destruidos antes de ser alcanzados por ningún juez. Aún así, la CIA ha tenido que pagar la indemnización más alta de su historia a varias de las víctimas de este experimento.

Ewen Cameron murió en 1967 sin que nadie le echara en cara, jamás, que sus experimentos sólo sirvieran para destruir la vida de sus pacientes.

Gail Kastner vive postrada en una butaca que puede adoptar infinidad de posiciones, incapaz de mantenerse mucho tiempo en la misma postura a causa de una multitud de lesiones en su esqueleto. Lesiones provocadas por los electroshócks y agravados por la edad. Su cerebro es incapaz de manejar de forma eficiente sus recuerdos, así que como los personajes de 100 años de soledad que iban perdiendo la memoria, Kastner vive rodeada de notas con las que intenta auxiliar a su deficiente memoria.

Todavía tiene pesadillas que ella define como “sueños eléctricos”.

El Dr Cameron quería destruir la personalidad del paciente para poder construir otra desde cero. La segunda parte fue desastrosa, pero la primera se demostró como muy eficaz. Las técnicas de desorientación y de privación sensorial desarrolladas por Cameron coinciden con los relatos de las víctimas de los interrogatorios estaedounidenses Irak, Afganistán y Guantánamo. Parece que la CIA no encontró del todo inutil su inversión.


El amor en la Edad de Piedra

6 febrero 09

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Cartelera de Historia utiliza esta emotiva y preciosa imagen como foco de inspiración para un curioso artículo sobre los sentimientos afectivos (no sólo amorosos) en la prehistoria. Lógicamente, son muy pocas las evidencias que tenemos sobre este tema, pero alguna hay. El artículo se llama El amor en la Edad de Piedra y me ha parecido muy interesante.

[EDITADO: La misma autora del blog me chiva que la imagen corresponde a un yacimiento neolítico cercano a Mantua (Italia), no a la famosa gruta Grimaldi como había indicado yo erroneamente]


Mana, un experimento contra los poderosos

1 febrero 09

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“no habrá ninguna mezcla de blancos: todos serán negros; los jefes negros.” Anne-Marie Jahouhey.

Durante diez años (1836-1846) 477 personas de origen africano y una religiosa francesa demostraron que los esclavos podían convertirse en hombres libres y ganar su subsistencia al mismo nivel que los blancos. Los periódicos en manos de los esclavistas definieron este experimento como una utopía, una quimera y ante las evidencias, opusieron mordacidad. Casi dos siglos después, el experimento de Mana puede mostrarnos claramente como un experimento exitoso puede parecer fracasado si atenta contra aquellos que controlan los medios de comunicación.

La madre Anne-Marie Javouhey consiguió el 18 de septiembre de 1835 la autorización necesaria para iniciar un gran experimento social con un grupo de exclavos manumitidos en la Guayana Francesa. Era un experimento en que el gobierno francés estaba muy interesado, ya que tras prohibir la trata, quería ir prohibiendo la esclavitud poco a poco y necesitaba desmontar los argumentos de los esclavistas.

Javouhey se basó para su proyecto en las reduciones jesuíticas del Paraguay. El que haya visto la fabulosa película La Misión comprenderá en que consistían… y cual era su debilidad. Los indígenas estaban ahí para ser salvados, todos los cargos importantes eran ocupados por generosos hombres blancos benevolentes que creían saber que era lo mejor para los guaraníes. Javouhey introducirá la importante novedad de permitir que los negros se administraran a sí mismos. Era fundamental este hecho para demostrar la falsedad de la propaganda esclavista, que afirmaba que los negros no podían valerse sin la “protección” del hombre blanco.

La aldea de Mana contó con una crónica falta de financiación, que en gran parte pudo suplirse con las ayudas de la Sociedad Abolicionista Británica y de personajes individuales de la metropoli francesa, interesados por el fin de la esclavitud. Apesar de la poca finaciación y de los vaticinios de los esclavistas, la aldea consiguió su autosuficiencia y, lo que era más importante, no generó ningún problema a sus vecinos que, sin embargo, les percibían como una amenaza a toda su forma de vida.

Los habitantes blancos de la Guayana odiaban por motivos evidentes a la madre Javouhey. Y la tensión alcanzó techo en 1841 cuando presentó al gobierno de París un proyecto para comprar, forzosamente, todos los hijos de los esclavos de la Guayana con la intención de criarles en libertad en su aldea.

Pero los esclavistas pasaron a la ofensiva. La aldea de Mana producía suficiente maiz, mandioca y plátanos para alimentar a su población, pero ni rastro de café, bija o girasol que se producían en las plantaciones esclavistas. Basándose en este dato, consiguieron difundir la falsa sensación de que el sistema de Mana no era productivo. Al fin y al cabo, si alimentas a tus esclavos con lo mínimo imprescindible para sobrevivir, te queda mucha tierra que puedes dedicar a productos de exportación, pero si permites que estos cultiven lo que quieran lo primero que van a hacer es alimentarse en condiciones.

Y, en el fondo, lo que la metropoli quería era que le llegara un café barato.

Debido a esto, en 1847 la madre Javouhey fue desplazada y el Ministerio de Marina y Colonias colocará al mando a su gente y desplazará a los jefes negros, con desastrosos resultados.

Apesar de que los nuevos gestores forzaron el cultivo de productos de exportación, los gastos que generaba la comunidad (y que antes era autosuficiente) crecieron exponencialmente. La revolución de 1848 conllevó la definitiva prohibición de la esclavitud, pero esto no trajo ningún alivio a la colonia de Mana ahora gestionada por blancos que fueron cerrando aquellas cosas que resultaban “deficitarias” como su hospital, su colegio y su guardería infantil.

El mazazo definitivo a “la excepción” de Mana se produjo cuando se decide crear una colonia de presidiarios en la Guayana (experimento que ya se había intentado varias veces). Se quería alejar a los presidiarios de los decentes colonos de la Guayana, con tantos derechos como los franceses de la metrópoli, pero, como diría un ministro referiéndose a Mana “No hay propietarios colonos con los que tratar, y la presencia de 700 a 800 negros que pueblan esta localidad  se convierte, desde el punto de vista de la creación de un taller de deportados en una ventaja en lugar de un inconveniente.”

La nueva Francia había prohibido la esclavitud, pero seguía considerando que los esclavos necesitaban la protección de los sabios hombres blancos. El experimento de Mana demostraba lo contrario pero, como es habitual cuando se muestra una evidencia que no conviene a los poderosos, en seguida quedó olvidado.

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